domingo, 27 de abril de 2008

ENTRE MITOS Y PERSONAJES

Este también es un ejercicio de mi taller literario. Debía escribir una historia donde claramente se pudiera distinguir uno de los tres mitos propuestos. He aquí la historia que salió, a ver si descubren a quien me estoy refiriendo. Es demasiado fácil.



No recordaba jamás la falta de nada. Desde pequeño, sus padres le habían dado todo lo que quería. Y lo que no, también.
Era hijo único y eso, no sólo lo beneficiaba para obtener lo que quisiera, sino que además descendía de ciertos Condes y Condesas, por lo cual el dinero nunca fue un problema en su hogar.
Esto hizo que siempre viviera con cierta pedantería y que se lo considerara altanero. No tenía muchas amistades, más bien que sólo una, y era la sirvienta que desde siempre había estado a su disposición. A ella le contaba historias, tanto inventadas como vividas, con ella satisfacía a veces también sus deseos sexuales, aunque la pobre no estuviera muy de acuerdo, y también a ella la trataba como si fuera una alfombra vieja que ya hasta asco daba pisotear.
Pero Sebasthian tenía una vida social bastante activa. Visitaba clubes nocturnos, se daba el gusto de estar con cada hermosa mujer que se le precipitara y disfrutaba de los lujos materiales que este mundo le daba.
Vivía así y, a su manera, era feliz. Estaba seguro que llegaría el día en el que elegiría a alguna de las bellezas que lo acompañaba en las noches (tal vez la que demostrara ser más inteligente, aunque no había mucha elección en este caso) y finalmente formaría una familia. No era que esto le interesaba mucho, pero sentía que de alguna manera esto se lo debía a sus padres, por haberles dado una vida tan maravillosa y llena de lujos. Tampoco le importaba demasiado la felicidad de ellos, pero en fin, la fortuna que había amasado hasta ahora y seguiría amasando en el futuro, sería gracias a ellos, así que hacerles este pequeño favor (porque su vida no cambiaría en demasía, él no dejaría de darse todos esos gustos que se había dado hasta ahora), le aseguraba una vida rica y feliz.
Todo esto estaba muy bien para Sebasthian, que creía tener todo bajo control, hasta sus propios sentimientos (que a veces hasta él dudaba que los tuviera).
En una tarde de abril, su madre le anunció la visita de unos Nobles, por lo que pudo entender eran holandeses, y que requería su presencia esa tarde allí. Sebasthian odiaba este tipo de eventos sociales, aunque entendía que por sus padres se debía a ellos. Era por eso que con su mejor cara, bajaba las escaleras de su casa para recibir a aquellas visitas que para sus padres eran importantes.
Al llegar a la sala principal, llena de cuadros con figuras de antepasados y unos muebles más que envidiables para todo mortal, su madre le anunció que en pocos minutos los invitados llegarían y que esta vez había una particularidad. Sebasthian miró a su madre con cierto recelo, porque estaba seguro que esa particularidad tenía que ver con él. Cuando comenzaba a explicarle que debía dedicar un día completo para que uno de los invitados conociera la ciudad, fue cuando no tuvo tiempo de replicar, pues los agasajados estaban ingresando al salón.
Sebasthian, en su actitud de siempre, esperó a que sus padres se adelantaran y no fue hasta unos segundos después que sus ojos brillaron y su boca dejó de emitir tan siquiera una sola palabras, hecho que hizo que su padre lo mirara, pues entendía que Sebasthian acababa de cometer una de las peores faltas sociales, no recibir a los invitados con el saludo que el protocolo describía. Es que Sebasthian había quedado embelesado por el ser más bello que jamás había conocido. Una linda holandesa veinteañera, de largos rizos rubios y una mirada que iba más allá de lo que cualquier mortal podía ver. No sólo era perfecta físicamente, sino que, aunque no sabía cómo, estaba convencido que lo era también por dentro.
El protocolo social se cumplió tal cual estaba previsto, pero Sebasthian no pudo dejar en toda la noche de mirar a Sophie. Así era su nombre.
Cuando sus padres le indicaron socialmente que al día siguiente debía llevar a Sophie a conocer los lugares más importantes de la ciudad. Sebasthian, aceptó el encargo en forma inmediata. Pensó que nada mejor podía sucederle. Por primera vez en su vida estaría al lado de la mujer que, para él, ya era la elegida.
Esa noche no durmió. Sus nervios no se lo permitieron. Sophie era la mujer más hermosa, con la que jamás había soñado. Aunque acababa de darse cuenta que en ningún momento de sus veintitrés años recordaba haber jamás soñado con alguna.
A la mañana siguiente y según lo pactado, Sebasthian acudió al recinto donde Sophie se alojaba, a fin de cumplir con el mandato de su familia, el cual por vez primera sería hecho con mucho gusto.
Sophie ya lo estaba esperando y, por más que Sebasthian la recibió con su mejor sonrisa, ella no le dio mayor importancia.
Los planes de Sebasthian eran hacer un pequeño recorrido por la ciudad y, al mediodía llevarla a almorzar a un lujoso restaurante, el mejor del lugar, para así poder conversar de forma larga y tendida, sobre él y sobre ella. En fin, conocerse. No lograba salir de su fascinación pensando que su futura esposa estaba frente suyo.
Pero los planes de Sophie eran otros. Conocía por cuentos que le habían llegado a Sebasthian y le parecía un ser absolutamente repulsivo y desagradable. Sólo verlo le generaba rechazo. Así que recorrería rápidamente algunos rincones de la ciudad para cumplir con el mandato de sus padres y se marcharía lo antes posible de allí.
Era tanta la ansiedad de Sophie por retirarse que apenas si escuchaba lo que Sebasthian le relataba sobre monumentos, museos y lugares de interés público.
Ya sobre el mediodía, Sebasthian le propuso tomarse un descanso e ir a almorzar. Ella lo miró como si éste hubiera enloquecido.
- De ninguna manera iré a almorzar contigo a ninguna parte. Lo que quiero es volver al hotel donde m estoy hospedando para aprovechar la tarde en compras.
- Pero ya he hecho reservaciones … por favor, permíteme llevarte a uno de los mejores restaurantes y hacerte conocer la comida típica de aquí. Y si quieres luego te acompaño de compras. Es algo que disfruto mucho hacer también, por lo menos, más que mirar monumentos – bromeó, y creo que por última vez, Sebasthian.
Sophie continuó mirándolo con un desprecio tal que hasta vergüenza ajena daba verle el rostro.
- No me interesa ni conocer restaurantes, ni comidas típicas, ni tu país, ni hacer una sola compra a tu lado y, por si no lo has entendido, ni siquiera me interesas tú. Esto lo hago pura y exclusivamente por mis padres, pues me libera luego de otros compromisos protocolares en mi país, pero quiero que te quede claro que mi interés en todo lo que te rodea, incluso en ti, es nulo, vacío, no existe.
Sebasthian no podía creer lo que oía. Nunca le había sucedido algo así. Las chicas caían rendidas a sus pies, ya fuera por su dinero, encanto y hasta se animaba a pensar que por su belleza, pues se sabía lo suficientemente lindo como para agradar a cualquier mujer. A cualquiera, pero menos a Sophie.
Era tal su orgullo que no lograba aceptar el rechazo en su interior. No lo aceptaba.
Sin embargo, Sophie comenzó a caminar unos pasos más adelante que Sebasthian, y éste a seguirla. No estaba dispuesto a dejarla partir, pero a Sophie poco le importaban las intenciones de Sebasthian.
- Sólo te pido una oportunidad, sólo una … para que me conozcas, para que sepas quien soy en realidad – y al decir esto, sin saber por qué, Sebasthian comenzó a reflexionar respecto a su vida, a todo lo que había vivido hasta ahora. Las chicas, las drogas, los clubes nocturnos, el sexo desenfrenado, el gasto desmesurado. Y hasta la violación que solía tener con su propia sirvienta. Acababa de darse cuenta que no había nada interesante para relatar. Que su vida siempre había sido frívola y aburrida para cualquiera a quien se la tuviera que contar. Nada trascendente ni destacable había ocurrido en todos estos años, sólo asuntos protocolares, que justamente no era lo que conquistaría a Sophie. No existía nada de lo cual se pudiera enorgullecer o destacar.
Vio como Sophie, la única mujer que le había provocado un sentimiento agradable, tal vez hasta amor, se alejaba.
La dejó ir. No encontraba nada en su interior que pudiera retenerla.
Miró cómo se perdía por las calles de su ciudad, cómo otros hombres giraban para verla, cómo la belleza de esa mujer le era inalcanzable.

Sebasthian no llegó a su casa ese día. Ni el siguiente. Ni tampoco al otro. Fue encontrado muerto, en uno de los hoteles de lujo que solía frecuentar, semidesnudo, junto a dos bellas mujeres, también muertas. La habitación estaba llena de envases vacíos y la cocaína era la gran vedette alrededor de ellos.

La historia fue muy dolorosa, principalmente para sus padres, que además debían justificar su muerte. Más allá del duelo interno que debían hacer para la sociedad la muerte de Sebasthian fue contada como asesinato. No podía trascender de ninguna manera el hecho real.
Pero de alguna forma, no estaba lejos de la realidad. Nadie lo sabía, pero Sebasthian había sido asesinado por el amor irreal, por algo oculto que jamás se conocerá.
Por otra parte, Sophie, esa tarde ni siquiera acudió a su funeral. Debía tomarse medidas con su modista para una fiesta Real.

domingo, 20 de abril de 2008

TENGO 35, Y SE NOTA!!!! NOCHE DE BUITRES


Y creo que eso es lo que más me duele, que se note. Ya sé que la madurez esto y la madurez aquello, pero la verdad es que no quiero envejecer!!!!

Acabo de llegar del recital de Buitres. Peluffo, mmmhh, como siempre encantador. Tuve la oportunidad de verlo más cerca que en ningún recital. Es más, dudo que alguna vez esté tan cerca nuevamente. Sólo nos separaban tres filas de la valla de seguridad.

Pero estar en ese lugar, significaba estar entre gente joven que no le importa nada más que vibrar y saltar ante la música de Buitres. Puede estar su propia madre al lado y darle un codazo en la cara que ni se enteran. Y el pogo .... definitivamente ya no estoy para hacer pogo.

Pero todo tiene su precio. Si quería ver a Gabriel Peluffo de cerca, debía aceptar esa tortura. Y la acepté. Y valió la pena, aunque ahora no pueda ni respirar del humo que salía del escenario y haya tenido que usar todo tipo de inhaladores al llegar a casa. Aunque me pisaron, me empujaron y poco faltó para que me tiraran, pero aguanté firme. Aunque me uní al pogo (porque no había más remedio, o te unías o te unías) y pude sobrevivir a él. Aunque mis zapatos y pantalón estén llenos de tierra así como mis pies y mi nariz. Aunque tenga un dolor inmenso en las piernas, no tanto por estar parada, sino por estar casi todo el recital en puntas de pie para ver mejor!!! Aunque me duelan los brazos de sacudirlos en el aire. Aunque las 2 de la mañana para los de 35 sea más lindo acostarse que entrar a bañarse por el estado calamitoso en el que uno llega (y así y todo, no haya más remedio que entrar a bañarse porque hasta asquito da acostarse así).

A pesar de todos los peros, pude ver a Peluffo en cada gesto que hacía, disfrutar de cada movimiento, vibrar con su música y envolverme con el amor de sus canciones, porque estas letras de rock están llenas de amor.

Dudo mucho que vuelva a estar "metida" en esa masa de gente, en su mayoría menores que yo, con otra energía y vitalidad.

Así que no queda más nada por decir, excepto que hoy ha sido mi noche buitrera. Que una vez más me deleité con Gabriel y su banda y que sentirlos tocar y cantar transporta a mis pensamientos a lugares increíbles.

"Toca buitres y si muero hoy, el cielo puede esperar".

Buitres, el mejor grupo nacional por lejos! A mi parecer, claro está.

La fotito, no muy nítida, pero es lo mejor que pude sacar estando en movimiento.
Me voy a dormir ...por lo menos aún me resuenan sus canciones en mi cabeza, y eso acompaña el movimiento de sus piernas ...

sábado, 19 de abril de 2008

FRASES FRASEADAS

Dibujo de M.C. Escher


Hace ya unos días que por ciertos motivos, he ido recopilando frases a través de la web o en libros que tengo en mi cargada biblioteca (no es que lea tanto, he heredado unos cuantos de mi mamá luego que falleció).

Y me he encontrado con algunas que me han hecho pensar, más de lo habitual tal vez. Mencionaré algunas, porque son muchas las que han movido alguna cosita dentro de mi. Tal vez si alguien más las lee, pueda sentir lo mismo. Bah!, o no. Pero aquí las dejo.


- Inteligente es aquel que sólo cree la mitad de lo que oye, brillante es aquel que sabe qué mitad creer

- Las guerras seguirán existiendo mientras el color de la piel sea más importante que el color de los ojos

- No todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven

- Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes

- Cuando todos los días resultan iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo

- Cuando alguien desea algo, debe saber que corre riesgos. Y por eso la vida vale la pena.

- El alma que puede hablar con los ojos, también puede besar con la mirada

Y luego, unas cuantas sobre el silencio, que ha sido el tema que he desarrollado esta semana en mi taller literario:

- Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, entonces no lo digas

- Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra

- A los silenciosos no se les puede quitar la palabra

- Para toda clase de males hay dos remedios, el tiempo y el silencio

Me he dado cuenta que es la segunda vez que escribo una historia sobre el silencio. Una fue un cuento escrito para niños, incorporado en una obra infantil. La otra, la historia de la creación. Sin embargo, las dos historias empiezan de la misma manera.

Es evidente que el silencio es algo que en mi vida no prevalece. Intentaré trabajar en él más a menudo.

domingo, 13 de abril de 2008

RETORNO A MI ITACA

Este es un ejercicio que tuve que hacer para mi taller literario en el módulo de Mitos. Realmente no me ha resultado un módulo muy atractivo y me ha costado bastatne llevar a cabo algunas consignas, como esta.
Se trataba de escribir mi regreso personal a Ítaca. Itaca es el lugar desde donde Ulises sale debido a la guerra de Troya, su lugar natal. Diez años dura la guerra y otros diez tarda en volver. Todo esto ocurre en La Odisea, libro que no he leído ni creo que lea en lo que me resta de vida.
La consigna se trataba de escribir cómo hubiera sido ese regreso en base a las características del regreso de Ulises y las vivencias del mismo.
Me resultó extremadamente difícil y tampoco sé si lo hice bien. Pero sí sé que éste, es el regreso que yo haría a mi Ìtaca, los obstáculos y los beneficios con los que me toparía y, sin duda, todavía no hubiera llegado a destino.
Como me gustó como quedó (porque tiene gran contenido personal) es que lo hago público aquí, aunque ni siquiera haya sido evaluado.



Mi retorno se está haciendo largo y doloroso. Hace ya diez años que he emprendido esta búsqueda espiritual y el camino no ha sido fácil, pues he tenido que ir descubriéndolo a cada paso.
Ahora el regreso a mi misma, a mi esencia, es lo que más cuesta.
Porque no todas han sido glorias, por el contrario he tenido que pelear contra muchas batallas, algunas en las cuales he salido herida y en otras, fortalecida.
Siento que cada paso que iba dando en esa ruta llena de obstáculos, iba adquiriendo mayor conocimiento de mi misma, de mi yo interior, de quien realmente quería ser.
Y sabía que el retorno no sería fácil. Pues todas esas piedras que había encontrado antes en mi camino sabría cómo sortearlas, pero estaba segura que no eran las únicas que habían allí. Y no me equivoqué. En el regreso también hay enfrentamientos, tal vez más difíciles de los que me encontré a la ida.
Voy pasando por diferentes sensaciones y, como un juego de adivinanzas, hasta no saber realmente cuál es mi aprendizaje, no se me permite avanzar.
Actualmente estoy estancada. Tengo las preguntas ya planteadas y también las respuestas para dar, pero no siempre se sabe si son las adecuadas. Da miedo equivocarse, porque si esto sucediera, tendría que desviarme del camino y eso me llevaría mucho más tiempo volver, retornar desde donde una vez salí.
Algunos se preguntarán por qué tengo tanto empeño en volver. Y es que allí es donde realmente me daré cuenta de los logros obtenidos, no ahora transitando, no ahora caminando.
A veces se plantean ciertas incertidumbres y no tener más que una almohada con quien consultarlo, hace que sea más difícil tomar la decisión. Sí es cierto que puedo confiar en muchos de los que me rodean, pero al final, la elección del camino, siempre saldrá de mí.
La lucha es diaria, entre lo correcto e incorrecto, entre lo positivo y negativo, entre estar mejor o peor. Incertidumbres que tendré hasta no involucrarme al punto tal de iniciar la batalla que tanto temo, porque paradójicamente, también en ese camino he logrado paz y, cuando librar una batalla es la última opción, debo estar completamente segura de que así sea: la última opción.
En el medio de esta búsqueda, han aparecido dos personas que me han dado tanto nueva fuerza como miedos que hasta entonces no concebía: mis hijos. Ellos han traído una gran carga en mis decisiones. Sin ellos, era más fácil tomarlas o, al menos, equivocarse, porque sólo involucraba a uno mismo. Sin embargo, desde su existencia, mi crecimiento está abocado también al de ellos. No sólo sigo en esta búsqueda interior por mi misma, sino también por ellos, para darles lo que yo considero es lo mejor. Pero, ¿y si me equivoco? ¿Si en el medio tomo las decisiones erróneas y les causo un dolor que les cueste superar y, en vez de ayudarlos en ese crecimiento, trunco alguna parte de su psique? Es por ellos que los obstáculos cada vez son más difíciles y que las alternativas cada vez son menores.
Sé que al final del camino me sentiré plena y realizada. Sé que todo lo que haya cultivado lo habré cosechado. Sé que ese final depara un nuevo comienzo. Sé que llegaré feliz de haber pasado todas las batallas y, sin embargo, seguir allí, de pie, llena de cicatrices, pero de pie y con orgullo.
Pero aún me queda mucho por transitar, por aprender y por aprehender.
Llegaré un día, aunque nadie más que mi antiguo yo sea el que me esté esperando allí, sentado, que por cierto es el único que sabe que en algún momento regresaré y, finalmente, él podrá morir de una vez.

jueves, 10 de abril de 2008

ME SIENTO SUPERADA


Entre ayer y hoy he tenido unos días bastante complicaditos, por diferentes motivos.

Mi hijo empezó sus clases de piscina y, como considero es un muy buen nadador con futuro, me parece apropiado que vaya con malla y no con bermudas veraniegas. Claro, el pobre (y con toda la razón del mundo), si bien la usó el primer día, ya para la siguiente clase me pidió por favor si podía ir de shorts. Le dije que intentaría que tuviéramos un término medio.

Por lo tanto, el día de ayer me dediqué a buscar mallas pero tipo boxer, más larguitas. Primer punto: es casi imposible encontrarlas. No sé por qué en este país las cosas después de temporada desaparecen! Y el segundo punto: las pocas que encontré, superaban ampliamente el precio que estaba dispuesta a pagar, por ser de marca, anticloro y qué se yo que más. Vaya si un niño de 6 años necesita tantos cuidados en su malla!!! En fin, fue un día estresante y agotador, porque cada lugar que visitaba me deprimía más y más. Terminé en una de las tiendas más baratas del país comprando una bermuda veraniega de liquidación a un precio extremadamente barato (compré sólo una porque no había talle, sino hubiera comprado más). Pero me indigna tener que recorrer medio Montevideo en busca de algo, como si lo que buscara fuera tan raro y extraño de encontrar.


Y hoy, la tecnología. Me superó. Desde el otro día que mandé a actualizar el antivirus de mi notebook y a "ordenar" un poco la información, no logro conectarme a las páginas que quiero, me cuesta entrar a los grupos de MSN que estoy suscripta, no puedo escribir en ellos, me vive dando errores el explorer. En fin, una basura. Todo una complicación. Odio el explorer 7!!


Lo más lindo del día ... varias personas lograron arrancarme sonrisas ... suficiente para que el día haya valido la pena ... a pesar de sentirme superada.

lunes, 7 de abril de 2008

PROMESA FOR KIDS




Y luego de que mi hijo de 6 años me hizo prometerle que dejaría de fumar y, posterior a la promesa, agregó: "si no cumplís con la promesa, entonces yo NUNCA te voy a creer más nada", finalmente lo dejé.

Me sentí presionada por el niño y le pedí unos meses para intentarlo. Le di todas las explicaciones habidas y por haber: que no era sencillo, que hacía muchísimos años que fumaba y quitarme el hábito no iba a ser fácil de hacer de un día para el otro y etc, etc.

Hace pocos dias volvió a recordármelo. Le dije que lo estaba intentando. Y era cierto. Había empezado a concurrir a la clínica antitabaquismo y, por medio de medicación (que ya habíamos probado otras veces, pero tal vez yo no le di tanto valor o importancia, por eso no dio los resultados esperados), el jueves pasado, en la noche, aproximadamente a esta hora, fumé mi último cigarrillo.

Pasé viernes, sábado y domingo sin fumar. Y lunes. La diferencia está en que hoy estoy al borde del ataque de nervios! Necesito un cigarrillo ya!!!

Y todo es autocontrol, me digo, todo es autocontrol ... porque los cigarrillos están en el bolso, pero debo aprender a controlarme y no tocarlos ... no tocarlos ... no tocarlos. No! Olfatearlos tampoco! Mmmhh, que necesidad tengo de ellos hoy. Y no hay Rivotril que me alcance!!!

Dormir, dormirme pronto. Eso es lo único que me mantendrá alejada del vicio. Ay! Cómo quiero fumar!!!!!! Soy una maldita adicta al tabaco!!!


sábado, 5 de abril de 2008

NO PUDIERON HABER CAMBIADO TANTO MIS PLANES!!




Estamos en abril. Vengo revisando mis entradas al blog y me encuentro con la primera que hice el primer día de este año 2008, donde tenía algunos proyectos y planes para cumplir en el año.

Y me doy cuenta que estamos en abril, apenas a pasado cuarta parte de este año y algunos de ellos ya han cambiado.

Pensando en el taller literario, en eso voy bien. Por lo menos continuo, con asiduidad y entusiasmo, así que ALGO al menos se ha cumplido.

El viaje a NY que haría con amiga o sin ella, no la haré ni con amiga ni sin ella. Luego de hacer una evaluación económica, hemos decidido que era mucho dinero, con el cual podemos hacer bastante mantenimiento del hogar. Ya me haré alguna escapadita a Buenos Aires supongo (de compras tengo que salir igual!!!).

El teatro, qué tema! Me ha costado mucho tomar la decisión de abandonarlo, y más que nada por los afectos que me unen a él. Pero sé que mis afectos seguirán a mi lado y, sinceramente, me cansa mucho en invierno ir y venir, aunque sólo sea un día, pero llegar a mi casa a las 12 de la noche con el frío que hace. Así que, con cierta nostalgia, me bajé de las tablas.

Respecto a la salud, creo que en eso vengo hasta ahora bien. Me hago los controles regularmente y ante cualquier duda, se investiga, pero todo viene dando correctamente. También he incorporado una serie de ejercicios matinales que, si bien no son gran cosa, me ayudan a movilizar mis músculos y arrancar el día con un poco más de movimiento. Mi cutis (que ya tiene 35 años y no el de una adolescente, aunque aún me gustaría serlo) también está siendo más cuidado, con cremas! Ni yo me creo que cada noche me limpio bien el maquillaje.

Ya he pasado por mi primera intervención del año. Nada grave, sólo una cauterización de cornetes, pero que hasta ahora no ha servido para nada, así que sigo con otros tratamientos.

La vesícula, por el momento seguirá esperando.

Respecto al cigarrillo, con ayuda de la medicina, estoy haciendo un tratamiento para abandonarlo. Hoy es mi segundo día sin él y, sinceramente, he tenido momentos de desesperación. Pero como buena adicta en curación, no los he tocado.

Sigo trabajando en PSP cada vez que puedo, descubriendo nuevas formas de arte, lo cual me divierte mucho.

Aún no encuentro el camino correcto o en el que me sienta lo suficientemente cómoda a nivel espiritual. Y tal vez no me esté dando cuenta que se trata de eso, que para mi no hay un camino, sino rescatar de diferentes llamémosle corrientes, lo que mejor me haga. Lo único claro que tengo es que deseo seguir trabajando para ser mejor ser humano para conmigo misma y para los demás. Trabajar en la tolerancia, en la paciencia y en otras cosas que de seguro no me doy cuenta pero ahí están, como piedras en el zapato.

No me queda mucho tiempo libre tampoco. Entre el trabajo, mis peques y mis obligaciones maritales y hogareñas, no es mucho lo que me queda para mi. Pero aún así, soy una constante buscadora de la felicidad y, si bien tengo claro que son sólo momento, no dejo escapar ninguna oportunidad que pueda generármelo.

Y amor ... ponerle el ingrediente de amor a cada cosa que hago, aunque a veces me de trabajo o me olvide pero, si esto último sucede, enseguida me doy cuenta, porque las cosas no salen como deberían ser.

Nuevos proyectos? No muchos. Sólo leer más de lo que vengo haciendo cada año. El resto, me lo irá diciendo la vida, que día a día no deja de sorprenderme y, gracias a Dios, en la mayoría de los casos, gratamente.

MAS DE COELHO, SOBRE LA PASION


... la pasión hace que uno deje de comer, de dormir, de trabajar, de estar en paz.

Mucha gente se asusta porque cuando aparece derrumba todas las cosas viejas que encuentra.

Nadie quiere desorganizar su mundo. Por eso mucha gente consigue controlar esta amenaza y es capaz de mantener en pie una casa o una estructura que ya está podrida. Son los ingenieros de las cosas superadas.

Otra gente piensa exactamente lo contrario, se entrega sin pensar, esperando encontrar en la pasión las soluciones para todos sus problemas. Descarga sobre la otra persona toda la responsabilidad por su felicidad y toda la culpa por su posible infelicidad.

Está siempre eufórica por algo que sucedió o deprimida porque algo inesperado acabó destruyéndolo todo.


Apartarse de la pasión, o entregarse ciegamente a ella ... ¿cuál de las dos actitudes es la menos destructiva? No lo sé ...

DE COELHO: EXTRACTO DE "ONCE MINUTOS"


El pecado original no fue la manzana que Eva comió, fue creer que Adán tenía que compartir exactamente lo que ella había probado.

Eva tenía miedo de seguir su camino sin la ayuda de alguien, y entonces quiso compartir lo que sentía.


Ciertas cosas no se comparten. Tampoco se puede tener miedo de los océanos en los que nos sumergimos por nuestra libre voluntad; el miedo obstaculiza el juego de todo el mundo.

El hombre está pasando por infiernos para entenderlo.


Amémonos los unos a los otros, pero no intentemos poseernos los unos a los otros.

jueves, 3 de abril de 2008

EL SUEÑO DEL HERRERO DE TEPOZTLAN

Tepoztlán era un pueblo muy particular, rodeado de grandes y hermosas cadenas montañosas, de gran atractivo visual. Sólo que para sus habitantes era cosa de todos los días, como suele pasar.
Don Alberto, el herrero del lugar, como tantos otros trabajadores, había heredado el oficio de sus ancestros. Y cada generación se había perfeccionado en su labor. Era por eso que a Don Alberto nunca le faltaba trabajo.
Había dedicado su vida al servicio de los demás a través de su herrería. Vivía con su gato Misha, su única compañía. Su taller estaba instalado a un costado de su morada, por lo tanto era poco lo que Don Alberto salía del hogar. Si no fuera por Doña Carmela que siempre había estado cerca y le traía las noticias de aquí y de allá, seguramente no hubiera conocido mucho más de lo que sus ojos llegaban a observar.
Doña Carmela era conocida como la solterona del pueblo. Y de más joven las malas lenguas decían que iba a la casa de Don Alberto buscando algún tipo de placer que las damas correctas ni siquiera se animaban a nombrar. Ya de vieja, a pesar de que a ella nunca le importaron los rumores, los mismos se habían desvanecido y todos daban por sentado que ella era “la mujer” de Don Alberto. Nada más lejos de la realidad. Aunque, claro, le hubiera gustado que así fuera. Doña Carmela estaba enamorada de Don Alberto desde muy temprana edad y era tan grande su amor por él, que había decidido sufrirlo en silencio. El simple hecho de verlo diariamente y ser su compañía durante algunos instantes, le era suficiente.
Si bien Don Alberto apreciaba mucho todo lo que ella hacía por él, nunca se animó a hablarle de amor. Tal vez por temor al rechazo o quizás por respeto a tan maravillosa mujer que durante años lo había acompañado. O simplemente porque consideraba que la herrería era una pasión imposible de igualar.
Y así vivían cada día. Doña Carmela le llevaba la comida, intercambiaban algunas palabras, le ordenaba un poco la hedionda casa (porque donde vive sólo un hombre y un gato nunca puede haber buen olor) y se iba tranquila a su hogar.
Ya al anochecer, Don Alberto abandonaba su taller y en su casa disfrutaba de la cena que Doña Carmela le había preparado. Pero siempre solo, nunca siquiera tuvo la gentileza o la imaginación suficiente como para invitarla a cenar.
Más tarde intentaba informarse a través del periódico de los hechos más notorios del día (aunque a esa hora ya quedaban vetustos) y con su cuerpo cada vez más agotado según pasaban los años se dirigía a su habitación a descansar, para en un nuevo día retomar sus tareas de manera habitual.
Pero pese a todo y aunque su apariencia no lo decía, Don Alberto, tanto dormido como despierto, no dejaba de soñar. Estaba por llegar a los 70 años y desde niño había querido conocer el mar. Día tras día había imaginado el olor, la calidez o el frío que le provocaría, la anchura que tendría, el estremecimiento que sentiría al hundir sus pies en él. Sabía que ya a esa edad pocos años le restarían por vivir, así que tomaría la gran decisión de su vida: por primera vez cerraría la herrería por dos semanas y se iría a cumplir su sueño. Y había algo más. Iría con Doña Carmela. Nada podía ser más perfecto que conocerlo junto a ella, a quien si bien no se había detenido a amarla, estaba convencido que dentro suyo ese amor existía y se despertaría frente al mar.
Esa noche, Don Alberto soñó que estaba en un barco, junto a ella y a su gato Misha. Las olas parecían blancas telas que se movían al ritmo de su corazón y el barco navegaba entre ellas, formando estelas brillantes que reflejaban la luz del sol.
A la mañana siguiente, se dirigió a su herrería como siempre, con la diferencia que ese día anunciaría a sus clientes que las siguientes dos semanas la misma permanecería cerrada. Sabía que recibiría quejas al respecto, pero no estaba dispuesto a dejarse persuadir por ellos. La decisión ya estaba tomada. También era el día en que le pediría a Doña Carmela apenas llegara esa mañana que viajara junto a él. Misha lo miraba desde lejos, sospechando que algo extraño estaba a punto de suceder.

Doña Carmela entró a la herrería como todos los días. Acarició a Misha y llamó en voz alta a Don Alberto. Si bien hacía muchos años que entraba en esa casa, siempre el respeto se anteponía y no solía dar un paso sin la autorización de él. Esperó un momento, pero poco después comenzó a impacientarse. Ya estaba bastante vieja para esperar. Y más si de Don Alberto se trataba. El la había hecho esperar demasiado en estos años. Dio unos pasos en dirección a la puerta que comunicaba la herrería con la casa y allí lo vio, tirado en el suelo, sosteniendo una de sus herramientas, aferrado a ella, como si la misma lo mantuviera atado a la realidad. Salió corriendo a pedir ayuda, los hombres de las casas vecinas entraron a asistirlo, un médico que por allí pasaba se abrió paso entre la multitud que comenzaba a aglomerarse en la puerta de entrada. Doña Carmela observaba todo desde un rincón, con Misha en sus brazos, acariciándolo y con algunas lágrimas que ya comenzaban a recorrer los surcos de su rostro.
Don Alberto había muerto. Nunca conoció el mar. Y aunque no supo cómo amar a Doña Carmela, ella fue fiel a sus sentimientos y estaba segura que él los había sabido valorar. Fue por eso que nadie se sorprendió cuando Doña Carmela pidió guardar sus cenizas. Todos creían que nadie merecía más que ella conservarlas.
Pocos días después de la muerte de Don Alberto, Doña Carmela se dio cuenta que si no iba tras sus sueños lo mismo le sucedería a ella y tal vez con cierta prontitud, porque aunque gozaba de buena salud, los años se hacían notar. Ya había perdido al amor de su vida, no estaba dispuesta a perder lo único que le quedaba: la posibilidad de conocer el mar. Pensó que era una pena que Don Alberto no estuviera para acompañarla, aunque no estaba segura si él la hubiera seguido. Armó una pequeña valija y la llenó con algunas prendas de ropa, pero principalmente con valor y, por primera vez en su vida, dejó atrás Tepoztlán.
El viaje no lo hizo sola. Llevó las cenizas de Don Alberto consigo. Sentía que de alguna forma él igual sería su compañía. Pero no regresó con ellas. Nunca había visto algo tan maravilloso. Ni siquiera en sus sueños. El mar era mucho más inmenso de lo que ella jamás hubiera podido imaginar. Y por amor a Don Alberto decidió que ese sería el mejor lugar para que finalmente descansara en paz. Se despidió de él con un hasta siempre, porque entendía que si había sido su compañera en vida también lo sería en el momento de su propia muerte. Lanzó las cenizas al mar. Pocos días más tarde volvió sola, pero con un aire renovado, a Tepotzlán, sin saber que el sueño de Don Alberto finalmente se había hecho realidad.