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sábado, 13 de febrero de 2010

A MIS AMIGOS


Amo a mis amigos. A los de aquí y a los de allá. A los que llamo siempre y a los que hablo de vez en cuando. A los que veo más a menudo y a los que visito ocasionalmente. A los que conozco plenamente y a los que aprendí a conocer a través de internet.

Amo a cada uno de mis amigos, porque cada uno de ellos son una pieza fundamental del rompecabezas de mi alma.

Ellos son mi escape de este mundo, mis risas, mis alegrías, mis análisis profundos, mis intercambios culturales, mis lectores de sentimientos. Son las manos me que me sotienen para que no me caiga. Son los consejos que escucho. Son las caricias cuando me equivoco o tropiezo contra las piedras de mi camino.

Ellos son los que me mantienen cuerda. Los que entienden que ser madre a veces me cansa. Que ser esposa no siempre es divertido. Que tener una casa es pura responsabilidad.

Ellos son los que me hacen sentir que no soy la única que vive así.

Con ellos puedo ser irresponsable. Puedo tomarme licencias de mi vida de todos los días. Puedo reir y llorar sin que pregunten por qué.

Aaah! Mis amigos ... qué haría yo sin todos ellos.

Gracias amigos por estar ahí. Gracias a los que leen, a los que no, a los que ríen, a los que lloran, a los que sufren, a los que pelean, a los que sueñan, a los que escriben, a los que juegan, a los que hablan, a los que critican, a los que vuelan, a los que tienen los pies sobre la tierra, a los que miman, a los que marcan distancia.

Pero el mayor gracias es para todos, porque me dejan ser parte de sus vidas siempre. También ustedes son la luz de mis días.

domingo, 13 de diciembre de 2009

MATILDE Y MARIANA


Matilde y Mariana eran dos jóvenes muy diferentes. Y no tanto. Habían nacido en familias con culturas distintas, fueron criadas bajo reglas diferentes y educadas en colegios con diferentes religiones. Pero aún así las unían muchas cosas en común. Cosas tal vez sin importancia para tantos otros, cosas sencillas, cotidianas, como fumar la misma marca de cigarrillos, comprarse carteras iguales y sorprenderse al verlas, intentar hablar en el mismo instante para decir la misma cosa y reírse a carcajadas de ello, ser mujeres emprendedoras, por donde se las mirase, ser seductoras de cuerpo y mente y -aún más importante- dejarse seducir por el intelecto.

Todo eso, entre tantas otras cosas.

Y es probable que esos hayan sido factores más que suficientes para que entablaran una amistad, para que se quisieran con todo el corazón y para que, a pesar del tiempo y la distancia, sigan sintiendo lo mismo hasta hoy.
Porque resulta ser que algunos meses después de tan intensa amistad Matilde decidió ir tras sus raíces, en busca de un sueño, de un futuro, de un descubrimiento de sí misma y de un amor que ni siquiera ella imaginó iba a encontrar. Decidió salir en busca de su ser mujer, dejando atrás a sus padres y hermano -que no tardaron en unírsele- y a sus amigos, algunos que sabía no volvería a saber de ellos y a otros que miles de kilómetros no serían capaz de separar. Entre ellos, estaba Mariana, que lloró su partida como si una parte de ella también se fuera en ese avión. Y pensándolo bien, probablemente fue así.
Mariana continuó su vida aquí y Matilde allá.
Mariana se casó con el hombre que Matilde había conocido, aunque el tiempo hizo que éste cambiara tanto -no sólo físicamente, claro- que con seguridad Matilde no lo reconocería.
Matilde se casó con ese amor que conoció y la hizo tan feliz.
Ambas tuvieron dos hijos. Por supuesto que cuando Matilde llamó a Mariana para contarle de su primer embarazo, Mariana estaba embarazada.
Ambas, cada cual en su país, salió adelante, triunfó, cayó y se levantó. Quizás hoy ninguna se siente completamente realizada. Ambas tienen sueños que han quedado en el camino y otros que se vislumbran en el futuro, pero las dos saben que eso mismo hace que la vida valga la pena vivirla.
Hace unos años se reencontraron en lo que yo llamaría "país neutral". Matilde fue al casamiento de un amigo e invitó a Mariana a pasar un par de días con ella. Mariana no quiso perder la oportunidad.
Luego del abrazo apretado, los dos días transcurrieron como si nunca se hubieran separado. Hablaron horas, tomaron café en un shopping luego de hacer varias compras y disfrutaron de las instalaciones del hotel. Fueron dos días cargados de emociones y sensaciones, de esos que uno no se arrepiente de vivir.
El tiempo siguió su paso y a pesar de la lejanía, de vivir en continentes diferentes, de criar a sus hijos en distintas culturas, una vez más encontraron un punto de contacto: la escritura.
Matilde y Mariana son dos mujeres que aman vivir. Que saben vivir. Que sienten, que sufren, que lloran, que ríen, que sueñan. Dos mujeres distintas pero con muchas cosas en común. Cosas sin importancia, cosas cotidianas, cosas sencillas, pero que hoy al leerse pueden seguir descubriéndose, día tras día.

Matilde y Mariana son amigas que saben que un "hasta siempre" es algo que se dice, pero que también es algo que se puede cumplir.

sábado, 10 de octubre de 2009

MUJERES DE NEGRO


Ellas alimentan mi alma, me enseñan, me toman de la mano para que juntas caminemos, comparten sus sentimientos más profundos, me dan un abrazo y un beso cargado de amor, me sonríen, lloran conmigo, me entienden sin tener que decirles palabras, se preocupan por saber cómo estoy, me miman, me cuidan, me contienen, me hacen sentir especial.
Mis mujeres de negro han penetrado en mi corazón y tienen la varita mágica para tocar mi alma. Aprendo a través de sus palabras y lloro de emoción muchas veces tan sólo por verlas a ellas emocionarse.
Mis mujeres de negro son mujeres únicas, mujeres con un potencial enorme de amor para dar a los demás. Mujeres que sienten compasión por el otro. Una compasión que lejos está de ser un sentimiento que indica lástima. Ellas entienden que la compasión es com-pasión, porque así viven todo, con una pasión increíble por lo que creen y defienden.
Mis mujeres de negro aman de verdad, con el amor más puro que pueda existir, aceptan al otro tal como es, trabajan arduamente en la aceptación de sí mismas de forma incondicional para luego poder aceptar al otro de la misma manera. Y esa es la forma de amor más divino. Porque intentan comprender y aceptar tanto la alegría como el sufrimiento del otro, haciéndolo propio.
En fin, podría enumerar mil cualidades de mis mujeres de negro y cada una de ellas sería para halagarlas más y más. Ellas saben que no se precisan palabras para expresar lo que sentimos. Que muchas veces el silencio también es sonido. Y que con una mirada, podemos decirnos muchísimas cosas.
Sólo voy a agregar algo más. Mis mujeres de negro, hermanas que la vida ha puesto en mi camino, son las mujeres más blancas que conocí jamás. La pureza de sus almas, de esa esencia divina y pura, es la que llena mi corazón y la que hace que cada vez que las vea me sienta realmente feliz, contenida y regocijada por tanto amor.
Gracias por barrer mis malos tragos y gracias por las pócimas mágicas que juntas preparamos, para llevarnos luego a casa nuestros frasquitos de pasión, amor y tolerancia con el fin de que nos dure unos cuantos días, al menos hasta el próximo encuentro.
Gracias por ser parte de mi vida y dejarme pertenecer a la de ustedes. Gracias a quien desde arriba nos ha guiado para que juntas brillemos como el sol al mediodía, en todo su esplendor.
Este lazo es eterno y ya no importa lo que pase, porque lo cierto es que este amor no se mueve más de mi corazón.

lunes, 24 de diciembre de 2007

DEL MAIL AL BLOG EN NAVIDAD

Este es un mail que escribí a mis seres queridos. Lo publico aquí para hacerlo extensivo a todos aquellos que hagan un stop. Si bien hay cosas muy personales, mis augurios son para toda la humanidad.

“Despertás y ya sabés, no es un día más …”

Así empieza la canción de despedida de Buitres en sus recitales. Y hoy, tomo prestada esa estrofa porque me parece oportuna. La Navidad es un día de familia, un día de amigos, de reunirse con gente que queremos. Para algunos de ustedes no tiene un significado en sí mismo, no es más que una excusa para reunirse. Para otros, es la celebración del nacimiento de Jesús.

Para los primeros quiero decirles que no tomen este día como un día más, sino que tomen conciencia de la gran dicha de tener amor por cada una de las personas con las que elegimos estar, de tener platos llenos de comida y vasos llenos de los que beber. Agradezcamos que existan excusas para reunirnos y disfrutar de esta vida con pequeños y grandes placeres. Celebren el estar vivos y, si no es del todo, medianamente saludables. Gocen de este día y disfrútenlo. Sean felices y dediquen un minuto a pensar en lo maravilloso que es tener padres quienes los tengan, hermanos, hijos, pareja o amigos con quienes levantar una copa y brindar. Siéntanse dichosos de lo que la vida les da.

Para los otros, tómense un momento para meditar sobre todo lo anterior y también sobre el significado de la Navidad, qué estamos celebrando y por qué lo hacemos.

Para quienes los tengan como yo, disfruten ver a sus hijos abrir los regalos y recuerden que eso es parte de la magia de la Navidad, ver esas caritas felices y llenas de ilusiones al encontrarse con lo que les trajo Papá Noel. Quienes tengan hijos grandes que ya sepan sobre el esfuerzo que hacemos para que tengan lo que les gusta en el árbol esa noche, pónganle magia a este día a través de otras cosas, preparando la mesa en familia, cocinando juntos o generando algo que se transmita de generación en generación, porque eso es amor, el cual quedará en sus recuerdos por siempre.

Por mi parte, aunque no tenga hermanos, aunque mis padres ya no estén, aunque tenga un hijo que los acompaña en el cielo o donde quiera que estén, aunque haya tenido que luchar por vivir, aún así siento que tengo mucho que agradecer y celebrar. Agradezco estar viva para poder compartir con ustedes estas palabras, agradezco a mis papás por enseñarme a vivir cada día renovando el amor hacia los demás, agradezco a mi hijo que me enseñó que la vida es eso, sólo un instante, que hay cosas que no dependen de nosotros, que uno puede salir adelante a pesar de las adversidades. Y agradezco especialmente a todos mis amigos (los de cerca y los de lejos), a mi familia grande y familia chica que han estado a mi lado siempre a pesar de los pesares, bancándome malhumores, llantos, cansancio y transmitiéndome alegría, fuerza y amor incondicional.

También agradezco por los que están llegando a mi vida, brindándose con cariño y ternura, permitiéndome que los conozca y dándose la oportunidad de conocerme.

Y por los que conozco a distancia, que sin conocerlos personalmente han sabido escucharme o leerme y darme sus palabras de aliento cuando las necesitaba.

Por todo esto y por mucho más, les deseo una muy Feliz Navidad.