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viernes, 2 de mayo de 2014

DUELE, PERO AGRADEZCO RESPIRAR

Seguramente seré tildada como “mal de la cabeza” y algún otro improperio mayor quizás por lo que voy a escribir. También es probable que me digan “porque a vos no te pasó entonces no entendés nada” y están todos en su derecho de expresar lo que se les dé la gana, de la misma forma que lo voy a hacer yo ahora.
El asunto es que no paro de leer noticias sobre robos, asesinatos, violaciones y, lo que es peor aún, muchas no las leo, sino que me las cuentan en vivo y en directo aquellos a los que conozco, incluyendo a mi propia familia. Que el auto, que las garrafas, que el perro, que la invasión al hogar, que destrozos por aquí, destrozos por allá, que un fulano lo sigue, que otro lo intercepta y lo roba, que a uno lo amenazan con un fierro por reclamar lo propio, que se bajan de un auto para pegarles por tocarle bocina … en fin. Gracias a Dios ninguno de los cuentos que me llegan de las personas a las que quiero y tengo en mi círculo de amigos y familia le ha sucedido nada físico. Están todos en muy buen estado de salud y por ahora sólo debemos lamentar pérdidas materiales. Por ahora. Porque luego de someterse a este tipo de violencia, temo por la seguridad de todos. Incluyendo la mía.
Nadie está a salvo de nada. Y la impotencia que se genera es mucha. Y la rabia, frustración y dolor (porque detrás de todo siempre está el dolor) es aún mayor.
¿Y qué hacer nosotros, estos pobres cuatro gatos locos que somos, para cambiar en algo esta situación? ¿Hay realmente algo que podamos hacer? “Bunkearnos” en casa no podemos. Ya bastante entre rejas vivimos y tampoco funciona. No salir nunca más del hogar es algo totalmente inviable e imposible. Dejar siempre a alguien al cuidado de nuestras pertenencias, no asegura nada. Los ocupamientos ocurren con gente adentro, como le acaba de suceder a una amiga. No tener auto para que no te roben la nafta o te rompan los vidrios y andar en ómnibus todo el día, tampoco te da ninguna certeza, porque también allí te roban, te empujan, te tiran, te patean y hasta corrés el riesgo de que te atropellen cuando bajás o subís, porque también ha ocurrido en mi círculo, y esto sí con consecuencias gravísimas. Irreversibles.
Entonces, bajamos la cabeza y seguimos laburando. Y arreglamos los autos, compramos la garrafa de nuevo, esperamos que el auto que robaron no aparezca nunca más para poder recuperar algo con el seguro, ordenamos la casa y desinfectamos todo porque nos da asco pensar que estuvieron allí, lavamos el auto y lo ordenamos con la misma intención (sacar el olor a orina no es fácil, pero se puede con un buen limpiador de tapizados, lo garantizo), dejamos que nuestro ex socio se quede con lo que no le corresponde antes que nos parta un fierro en la cabeza, tomamos mayores precauciones en autos y hogares (sin estar seguros de que sean inviolables), confiamos ciegamente en que nuestros hijos están cuidados y guiados por seres celestiales y rezamos cada vez que salen para que nada les suceda y empezamos de a poquito a retomar nuestra vida lo mejor posible hasta que la rutina vuelve a ser la misma de antes. Hasta que otra vez pase algo y nos recuerde todo esto de nuevo.

Y sí, yo también estoy harta y cansada de todo esto. Y lo único que se me ocurre es que acá se aplique la maravillosa ley de Rudolph Giuliani, quien fuera alcalde de Nueva York, que impuso en una ciudad donde el robo y asesinato estaba al orden del día la tolerancia cero. Y funcionó. Y bajar la ley de imputabilidad que tanto discuten, porque los pastabaseros son niños que deberían estar estudiando igual que el tuyo o el mío pero, ¿sabés qué? Está robando porque esa es la educación que ha tenido de generación en generación. Porque ya debemos ir por la tercera generación de ladrones, donde en esa casa el abuelo (si es que está) cuenta de lo fantástico que le fue en el robo allá por el 68 (porque mucho más viejos no son). Y porque en la casa ya no educan, porque las madres van y le pegan una piña a la maestra y ese es el ejemplo que recibe el niño, que pegar y agredir está bien (el hijo de esa madre y otros tantos que andan en la vuelta y lo ven).
Entonces, bajá la ley y no lo metas en una cárcel donde supuestamente, como dice el Dr. Tabaré Vázquez, lo van a violar. Creá una cárcel de educación. Pero que estén encerrados estudiando, no en la calle robando. Y enséñales en el medio un oficio también, de paso. Y sé que todo es plata y que “no hay presupuesto”. Pero sí para las campañas políticas, sí para hacer boludeces como poner unas hermosas letras en la rambla o crear un parque de deportes o cualquier otra cosa. Todo queda divino, pero lo cierto es que a esta altura ya no me importa nada de eso. Me importa la educación. Y me importa sacar a toda esta gente de la calle, que no conoce otra cosa que robar o asesinar. EDUCACION y TOLERANCIA CERO. Cárceles educativas y los adultos a recoger la basura cuando los municipales están de paro, por ejemplo, o cualquier otra de las tantas cosas que hay para hacer. Ah, sí, me olvidaba de los derechos humanos. Pero si en medio del trabajo además les enseñamos también un oficio, ¿no cuenta? Porque los derechos humanos son unilaterales. Resulta que el que está en la cárcel por matar tiene más derecho humano que el pobre muerto que no tuvo ninguno al momento de ser asesinado por ese. Porque lo cierto es que mata porque ni su propia vida tiene valor para sí mismo, como ese que por no ser atrapado por la policía se pegó un tiro en medio de la calle hace unos días.
Sólo quiero un mundo mejor. Un país mejor. Un país donde los que aquí vivimos entendamos que vale la pena vivir y lo hagamos con alegría. Leí una nota el otro día de un haitiano que vino porque acá podía hacer algo por su vida. Y lo hizo. Y se graduó en Relaciones Internacionales. Y piensa volver a su país en un año para ayudar a niños y niñas de allá. Otro de República Dominicana (y a este lo conozco) vino porque tenía cuatro horas de luz por día en su casa, entre otras carencias. Vivía en situación deplorable. Acá es guardia de seguridad y es feliz con lo que gana (algo de lo que se quejan tantos). Y piensa hacer una sociedad con otros dominicanos para abrir un restaurante comunitario, donde todos ellos tengan qué comer, y a su vez tener venta de comidas típicas de su país.
Oportunidades hay, sólo que los de aquí no las ven. Ya están ciegos de odio y resentimiento. Para qué trabajar si es mejor robar al que trabaja. Para qué trabajar si tienen dinero fácil de vos, de mí y de todos.
La cosa está difícil, pero no imposible. Y si se hace bien, va a llevar su tiempo acomodar todo esto. Pero nos estamos convirtiendo en algo que no éramos y no me gusta nada. No quiero temer por la vida de mis hijos, mi familia, mis amigos, mi propia vida o mis pertenencias. No quiero vivir asustada.

Y acá entra mi discurso tan bonito de “todos somos uno” en el que tanto me cuesta creer cuando pasan estas cosas. Pero no reniego de él tampoco. Ese que mata también soy yo vibrando en una energía totalmente opuesta a la mía. Y contagia. Y el otro vibra en esa misma energía también. Me acuerdo de la película “Pecados Capitales”, donde el protagonista, Brad Pitt, hace todo lo posible por no verse afectado por los pecados que van sucediéndose. Se mantiene firme a pesar de que hay momentos que parece que fuera a dominarlo el odio. Pero no, banca bien. Hasta que en el último, sucumbe: la ira. Si esto sigue así, vamos a vibrar todos en la misma energía y se va a convertir en una ciudad al mejor estilo del país descripto en “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago, donde algo epidémico terminó sacando lo peor de cada uno. 
Sigo creyendo que en esencia “todos somos uno” y que lo que nos “contamina” es el entorno, el ambiente, los malos consejos, la envidia, los celos y, sin duda alguna como componente principal, la falta de amor y contención. Probablemente otros factores que me estoy olvidando pero que no es lo que hacen esta historia. Todavía creo en el ser humano, pero no en las personas. No en esa máscara que se usa para ser malo, ladrón, asesino y, por ende, deshumanizado. Me cuesta mucho igual llegar a esta conclusión, pero así desperté hoy, pensando en todo esto y tratando de no llenarme yo también de odio, porque no gano nada y pierdo mucho. Soy amor y vibro en amor. Y voy a seguir intentándolo, aunque me incendien la aldea, como al cura bueno en “La Misión”. Yo creo. Así soy.

Me duele el alma ver a mi país así. No sé qué hacer más que proponer, porque no tengo herramientas a mi alcance para que se lleve a cabo nada de lo que propongo.
A quien quiera, lo invito a vibrar en positivo. Por favor, no se contaminen con ira porque no les hace nada bien y se logra el cometido del deshumanizado. Sigan siendo amor, perdonando y agradeciendo por lo que tienen en vez de lamentar lo que no. Sé que es super difícil, pero inténtenlo. Por favor.
Y dejo constancia que no escribo desde lo fácil de “a mi no me pasó nada”. Porque aunque no lo haga público, como a todos a mí también me pasó.


lunes, 13 de febrero de 2012

UNO CON EL TODO

Estoy con un grave bloqueo creativo. Llevo casi 4 meses sin publicar nada en este blog y recién hoy me percaté de eso. Me asustó un poco ver que había pasado tanto tiempo. El otro día, escuchando un disco de Calle 13, pensaba en René Pérez, su cantante, tan emblemático él, y pensaba en la vida conflictiva que habrá llevado pero que, aún así, en su alma había amor. Y escuché una frase en uno de sus temas musicales que dice: "No se puede escribir sobre el dolor cuando se escribe con miedo". Y me quedé pensando bastante en eso, concluyendo que era totalmente cierto. Quizás haya sido un poco de ambas cosas, de dolor y miedo, lo que me haya paralizado. No lo sé. Pero lo cierto es que hoy, después de tanto tiempo, surgió algo sobre qué escribir. No significa que la parálisis haya pasado, simplemente que hoy aparecieron algunas letras para plasmar, nada más. Dejemos fluir, que esa es la mejor forma de ser, al menos la que he descubierto hasta el momento.

En fin, lo que quería comentar, es que en esto de la espiritualidad y todo lo que tanto tiempo lleva rodeándome, he sentido que es muy difícil ser Uno con el Todo, algo que digo continuamente pero que experimento muy poco. Es más intelecto que espíritu lo que expreso cuando lo digo y, claro, el intelecto sólo me lleva a un análisis muy crítico y eficaz de que eso es algo maravilloso, pero no me permite realmente sentir qué es.

Puedo darme el lujo de decir que en momentos de meditación lo he logrado. En esos momentos donde mi concentración en el centro de mi ser es extrema y en donde mi mente se calla, me he sentido fusionada en la tierra en que me apoyo, he sentido que el aire que entra y sale de mis pulmones es parte del Universo, por lo cual también estoy siendo parte del mismo y, cuando he entrado en contacto con otros (ejercicios de meditación conjunta), me ha pasado de perder la noción de dónde comienza uno y dónde termina el otro. Es una sensación maravillosa. Pero sí, generalmente sólo lo he logrado en estados meditativos o en momentos de muchísima paz, donde mi alma parecía salida de mi cuerpo.

En las mañanas suelo ser más sensible que en el resto del día. No sé por qué. Quizás mi cuerpo aún no se contamina de rutina y eso me hace percibir las cosas tal cual son. O lo más cerca posible, al menos. Puedo ir escuchando algún tema musical y llorar emocionada con la dedicatoria de él a ella, o viceversa, pensando en lo lindo que se deben haber sentido ambos, tanto el que dedicó la canción como el que la recibió. Me los imagino, cada uno en su casa, hablando por teléfono, diciéndose cuánto se aman. Y me emociona. Porque a mi el amor me emociona, sea el formato que sea que tenga.

Así iba yo a trabajar esta cálida mañana de febrero, conduciendo por las mismas calles de todos los días, cuando de repente miré por mi espejo retrovisor, lo vi y, una vez más, me enamoré. Ese Río de la Plata super tranquilo, dorado por los rayos de sol matutinos. Tan fascinada quedé con la imagen que agradecí por estar allí en ese preciso instante y no haberme perdido ese instante de paz que me había sido transmitido.

Pero al mirar al frente (porque fueron tan sólo unos escasos segundos, el tránsito en la mañana es bien complicado), empecé a percibir otras cosas, como por ejemplo, las aves que revoloteaban sobre la costa. Y sentí la libertad que debían estar sintiendo en ese preciso momento.

Volteé la cabeza hacia el otro lado y descubrí el verde de las copas de los árboles y sentí su oxígeno, la fragancia fresca que poseen y, cómo describirlo, una frescura que sólo un árbol puede sentir a esas horas de la mañana.

En ese momento, felizmente sorprendida, me dije: "esto es ser Uno con el Todo". Pero entonces, empecé a observar a los otros seres humanos que pasaban caminando o que, al igual que yo, conducían sus vehículos. Y no sentí lo mismo. No me sentí Uno con ellos. Y pensé entonces que algo estaba mal. Que podía hacerlo con la naturaleza, pero no así con un igual a mi. Y me pregunté, "¿por qué es que siempre los veo como 'otros', no como la Unidad que somos? ¿Por qué me cuesta tanto si somos el mismo género?". Y de repente, lo entendí. Es que yo no veo su alma. Veo su ego. Veo su mente. Veo su accionar a partir de su raciocinio o de su personalidad. Nunca desde su niño interior, desde su inocencia, desde ese lugar que habita en ellos y que está puro, aunque ni ellos lo vean. Por eso, es que es muchísimo más difícil. Porque en la mayoría de los casos, ni ellos lo perciben. No se ven como seres de luz, sino como el más fuerte, el más débil, el más alto, el más bajo, el más bueno, el más malo, el más víctima, el más victimizado, el más irrespetuoso, el más encolerizado, el más arrogante, el más tímido, el más frágil, el más desprotegido, el más protector ... siempre los veo desde "su" personalidad, nunca desde "nuestro" centro compartido. Porque nunca se muestran así. Es difícil despojarse de toda vestidura y quedar desnudo frente al otro. Desde los tiempos de Adán y Eva que esto es difícil. No en vano tuvieron que usar una hoja para ocultar algo. Tuvimos la sabiduría del árbol y la vergüenza de quedar expuestos. Pero también tenemos la inteligencia suficiente como para saber que quedar expuestos nos va a lastimar sólo si nuestro ego así lo permite.

Tras ese cuerpo que camina o maneja a mi lado, reside un alma, que está unida a mi. Tras el violador, el indigente, el amargado, el deprimido, el asesino, el drogadicto, el ladrón o el vendedor del quiosco de la esquina, hay un alma que está unida a mi. Lo que le haya tocado vivir y cómo lo haya manejado en este plano, no es asunto mío. O sí, si es que me toca ayudar en su evolución, como a otros les toca en la mía, porque a veces también pasa a ser asunto de uno. Pero a veces es asunto de otro. Y otras veces, no es asunto de nadie, porque es lo que tiene que vivir. Pero el alma está allí, aunque nos cueste horrores aceptar su pureza. No es el alma lo que está impura, es su razón en desequilibrio con su corazón. Muchas veces las circunstancias sociales llevan a actuar de cierta manera. Y no lo digo como justificación, porque también sé de casos de gente brillante en todo sentido que sale de lugares de los cuales nadie imaginaría que alguien bueno podría salir de allí.

El alma es lo que conecta contigo y conmigo. Lo que hace el nosotros. Lo que nos hace ser Uno con el Todo. El alma y todo lo que nos rodea. Es difícil, muy difícil dejar de mirar con estos ojos que se nos han dado y llevamos en el rostro y ver con los otros, que también se nos han dado y hemos ido cubriendo de velos al punto de quedarnos ciegos.

Ojalá algún día, ese estado que sentí hoy, pueda ser permanente y no sólo me pase de vez en cuando, que no sea sólo cuando los rayos de sol matutinos se desplieguen sobre el mar.

Por el momento, seguiré agradeciendo cada vez que esto suceda, pero también deseando que el correr los velos que tapan mi visión comience a volverse algo natural, como parte de mi diario vivir.

(Un especial agradecimiento a los pajaritos que cantan mientras escribo)


jueves, 11 de agosto de 2011

LA ERA DEL ROJITO




Esta entrada es sumamente materialista, pero así y todo, no puedo obviarla porque también ha sido y es parte de mi. También vivo en este planeta, al fin de cuentas.
Llegó el día de recibir al Rojito de la familia. Chiquito pero confortable, de diseño anatómico y, por qué no, divertido. Será quien nos lleve y nos traiga de aquí para allá, idas al Colegio de los niños, paseos varios y, principalmente, instrumento de trabajo.
Pero no estoy tan emocionada como quisiera estarlo. Si bien es algo que se viene planificando hace ya un tiempo, si bien el pequeño Celta ya necesitaba muchos arreglos que para el uso tan cotidiano no justificaba hacerle, me dio pena dejarlo en la automotora hoy.
Sí, ya sé, es un bien material viejo que se fue para que entre uno nuevo, para ganar confort y, más que nada, ahorrar. Pero así y todo, sentí que parte de mi vida quedaba allí.
Fueron 6 años en los que mi querido grisecito me acompañó en duras luchas, pero que también supo darme hermosos momentos.
Mi auto es como mi segunda casa, paso demasiadas horas sobre él y muchas veces se convierte en mi espacio de lectura, meditación, es el que me acerca rápidamente a quienes quiero, en el que llevo y traigo a lo más preciado de mi vida, mis hijos, el que me permite trabajar, el que me cobija del frío en invierno y el que me refresca en verano. El que paro bajo una sombra para comer y escuchar un poco de música en mitad de mi jornada. Es el que me cubre de la lluvia, tanto externa como interna y en donde he sabido reír a carcajadas.
No es que nada de esto no lo haga en otros ámbitos, pero mi auto es como mi escudo protector en muchos sentidos.
Fue el auto donde llevamos a mi más pequeñito a casa, luego de nacer.
Fue el auto donde tantas lágrimas derramé, haciendo el duelo de mi mamá.
En ese auto dejé pelos de mi quimio y fue el lugar donde decidí que un pañuelo me quedaba mejor que una peluca.
Fue en ese auto desde donde miré muchísimas veces el mar, desde distintos ángulos, en donde nacieron muchos versos y cuentos, algunos de ellos colgados en este blog.
En ese auto iba y venía cuando mi hijo estaba enfermo.
En ese auto viajaron todos mis amigos, o casi todos. Y con muchos de ellos compartí risas por doquier y charlas profundas durante horas, muchas de ellas hasta la madrugada.
En ese auto pasé horas y horas de mi vida. Cientos de ellas.
En ese auto, increíblemente, crecí.
Y aunque sé, sé y sé que no es más que un lugar físico de los muchos que he dejado atrás y dejaré en el futuro, estos años en los que pasé allí dentro fueron intensamente ricos.
Por eso me costó tanto desprenderme de él (no hice escándalo en la automotora, lo dejé como una lady, pero en el camino le dejé alguna que otra lágrima en su interior).
Hoy comienza la Era del Rojito. Mi nuevo Chevrolet Spark LS, donde hasta el nombre es divertido. Y estoy segura que tendré millones de gratificaciones más estando en él, de la misma forma que también será cobijo en muchísimos días de mi vida. Este auto tiene chispa desde el nombre mismo (spark=chispa) y en su color.
Así que a ajustarse el cinturón, que de aquí en más, un nuevo comienzo lleno de nuevas aventuras espera por delante, para que dentro de él el mundo se siga abriendo ante mis ojos y la vida siga sorprendiéndome, como lo ha hecho hasta el día de hoy.
Bienvenido, Spark. Desde hoy y por unos años, me camuflo de rojo y me lleno de chispa. Veamos qué tal me va ...

martes, 27 de abril de 2010

RECETAS ANTIGRIPALES


Buenas y santas, damas y caballeros. En el día de hoy, vengo a entregarles un recetario muy útil, práctico y necesario en los tiempos que se avecinan en las costas del Río de la Plata y parte del Atlántico. Recetas que no deberían faltar en la cartera de la dama o en el bolsillo del caballero. Bueno, o en la cama de uno u otro, visto que lo que nos cita hoy es el resfrío agudo o la nunca bien recibida gripe.

Paso a comentarles que podrán surtir el botiquín del baño con antigripales varios de bajos efectos, ya que los estudiosos en la materia aseguran que "la gripe es un proceso" y por más pichicatas que consuman, no se les irá. Igualmente, las farmacias agradecidas de que la población ignore tales consideraciones y continúe malgastando sus monedas en la automedicación.
El punto en cuestión es que consumimos pastillas por doquier, jarabes para la tos y pañuelos descartables (estos últimos son los únicos justificables), pero los mocos, la tos y el decaimiento se instalan por unos días y son inamovibles, hasta que deciden emprender la retirada de forma natural. Después de tres blisters de antigripales todavía tenemos el descaro de decir "¡aah, pero este último sí que me hizo bien!". No, señoras y señores, es que es lógico que en algún momento los mocos emprendan la retirada. De lo contrario, estamos hablando ya de procesos infecciosos que deberán ser tratados con medicamentos más fuertes, como ser antibióticos, a lo cual aquí sí deberé recomendarles una previa visita al profesional.
Sin embargo, existen recetas caseras para tratar esas molestias que son tan habituales en invierno y que ahorran nuestro presupuesto. Aunque no sean más efectivas que los clásicos y comunes antigripales sin dudas son muchísimo más placenteras. Paso a enumerar algunas de las mismas:

SUDORES DE PECHO
Para que esta receta sea efectiva, es necesaria la presencia de otra persona (no detallo sexo, pues hay para todos los gustos, pero sin dudas que deberá ser alguien por quien nos sintamos atraídos). El elegido o elegida deberá colocarse encima o debajo suyo. Esta posición deberá ir acompañada por movimientos que oscilarán entre lentos y rápidos. Ambos deberán regular el ritmo adecuado (dadas las circunstancias, recomiendo que la persona elegida se coloque encima suyo ... soporte el peso, recuerde que usted está débil y no podrá movilizarse mucho, pero irá a gusto del consumidor ya que el efecto es el mismo). Luego de unos instantes su pecho comenzará a transpirar. De esta forma, liberará las toxinas acumuladas en su cuerpo (principalmente en su pecho, donde se encuentran los congestionados pulmones). Al finalizar, recomiendo completar esta rutina con un baño caliente (podrá ser solo o en compañía, depende las energías que le queden).
Tal vez en este estado de decaimiento se sienta un poco más cansado, por lo cual es recomendable hacerlo en la noche o, si no va a trabajar, hágalo libremente cuando le plazca ya que podrá dormir si así lo desea.
Si es de aquellos que no tienen acceso a nadie con quien ejecutarlo, le recomiendo frotar su pecho con Vick Vaporub o similar y calentarlo con una bolsa de agua caliente, pero lejos está de ser tan efectivo como lo anterior.

BESOS CON GUSTO A LIMON
Si, podrán resultarle ácidos, lo sé. Pero sin dudas que es más rico que tomar un jugo de limón natural caliente. El limón y sus propiedades (vitamina C) le dan a nuestro cuerpo defensas contra la tan desagradable gripe, fortaleciendo nuestro sistema inmunológico. Por algo las abuelas siempre lo recomiendan (el té de limón caliente, no los besos). Si logramos que quien nos ejecute los sudores de pecho sustituya los juegos previos con chantilly por jugo de limón, podremos ir bebiendo el mismo del cuerpo caliente de nuestro acompañante, dejando que aplique luego tranquilamente la receta anterior. Insisto, si no tiene con quién, caliéntese un té nomás.

MIMOS VARIOS
Ayudan a sentirse mejor. Por lo menos, podrá sentirse cuidado y querido. Dicen que el amor todo lo cura. No sé si se le irá la gripe, pero al menos se sentirá protegido. Recomendable antes, durante y después de los sudores de pecho.
Sustituto: acuéstese con su mascota (sólo recomendable para esta receta, no se le ocurra aplicar otras).

QUIETUD
El reposo es fundamental, con excepción del primer remedio mencionado. Deberá solicitar apoyo logísitico y recibir la comida en su cama para una pronta mejoría.
Sustituto: pida al delivery

CONTROL REMOTO
En esta etapa, hágalo suyo. Distraerse le va a hacer bien para olvidarse un poco de lo mal que se siente. Por unos días, monopolízelo.
No hay sustituto. Siempre fue suyo, así que aquí no tendrá problema.

Si todo esto no funciona, vuelva a intentar con el primer remedio sugerido. Si bien ya sabe que no lo cura, por lo menos lo hará sentirse bien y en compañía, porque existen grandes probabilidades que quien se los proporcione también termine en cama con usted. Al menos, tendrá con quien conversar y entenderá sus quejas de lo mal que se siente.
Y si sigue solo como siempre, ahorre en antigripales e invierta en una notebook y rooter inalámbrico y chatee con alguien desde su cama que seguro habrá varios en la mismas condiciones que usted. Al menos será mejor persona por no contagiar a nadie y también tendrá compañía.


No deje que la gripe opaque su mundo. Opáquela usted, humíllela y demuéstrele que igual puede ser divertido estar en cama, a pesar de que ella insista con hacerlo sentir mal.
¡Sea un mocoso feliz!

domingo, 29 de noviembre de 2009

AH! - POLITICA!


Ah! La política!

Harta. Así estoy de los temas políticos de mi país. Harta de escuchar discusiones. Harta de que la gente se pelee. Harta del banderazo, de los cañones, del arsenal de armas, de acusaciones, de encuestas verdaderas o truchas, de si es más de lo mismo, de si es distinto, del IRPF, del NO IRPF, del país mejor.

Me había dicho a mi misma que no iba a opinar de nada, pero ya a pocas horas de las elecciones me venció la campaña.

Siempre he sido apolítica. No soy ni seré jamás partidaria de ningún partido. Ni de blancos, ni colorados, ni frenteamplistas, ni rosados, ni independientes, ni nada.

Claro que con los años he logrado entender algunas cosas porque no me ha quedado más remedio, al punto de encontrarme hablando de política en más de una oportunidad, cuando toda mi vida evité el tema. Supongo que la madurez (dice un amigo que esto suena mejor que decir la vejez, lo cual es cierto) hace que me replantee ciertas cosas.

Igual no deja de sorprenderme que la gente siga luchando por cosas que no me parecen del todo lógicas.

¡Hay tantas otras cosas por las que luchar! Por el amor, por la libertad, por la igualdad, por ejemplo. Y esto, no se logra con la política, aunque muchos puedan retrucarme que sí. Un presidente no hará que seamos mejores seres humanos. Por el contrario, hoy por hoy, los están degenerando. Crean rivalidades y enemistades varias, fanatismos, desprecio, egocentrismo …

No es así como nos hacemos mejores cada día.

No es así como haremos un país mejor. Y mucho menos, un mundo mejor.

Mañana elegiremos presidente.

Mañana muchos sentirán que eligieron lo mejor. Otros, se quedarán tristes, no entendiendo por qué pasan estas cosas.

Por mi parte, seguiré siendo apolítica toda mi vida.

Por supuesto que mañana sufragaré como corresponde que lo haga. No soy indecisa. No voy a votar en blanco ni anulado. Elegiré a quien considero debo elegir, a pesar de los pesares.

Pero sin importar quien sea electo, seguiré trabajando para que mi propia lucha continúe.

Sin fanatismos, ni enemistades, ni desprecios.

Seguiré luchando para combatir mi ego, bregando por la libertad, la igualdad y el amor desinteresado hacia el otro.

Por suerte tengo un esposo que me acompaña en esta ruta, lo cual me asegura que nuestros hijos crecerán bajo estos ideales, entendiendo que en la vida no se es mejor o peor según el presidente que tengamos, sino por el mundo que construimos nosotros mismos.

¿Utópico mi pensamiento? Sólo si todos seguimos pensando de esa manera. El día que dejemos de pensar que es una utopía es cuando lo convertiremos en realidad.

Buen sufragio para los ciudadanos de mi país.

Por mi parte, el voto más valedero ya fue puesto en casa.

lunes, 19 de octubre de 2009

MI LUGAR EN EL MUNDO


A medida que iba cayendo la tarde, la sombra de los edificios anunciaban el final de la jornada laboral. Las luces comenzaban a encenderse en los mismos y la gente transitaba en las calles con paso apresurado, huyendo de la noche que pronto se apoderaría de Manhattan.

Era raro, pero a mi la ciudad me gustaba tanto de día como en la noche. Ya hacía un año que vivía allí y aún no me había acostumbrado a ese ritmo alocado y a la vez estructurado que tienen los neoyorquinos. Para mi Nueva York era como vivir siempre dentro de una película hollywoodense. Donde fuera que fuera recordaba algo de algún film: el Central Park, el Empire State, el Chrysler Building, la Biblioteca Nacional, los museos, los hoteles, la 5ta Avenida, la 42th, Saks, Macys, Bloomingdale’s, el Madison Square Garden, el Rockefeller Center con su pista de patinaje que majestuosamente se baña en oro cada noche, los pretzels recién hechos en las esquinas, el aroma al café de los Starbucks, el vapor de los subtes subiendo desde el piso que, increíblemente en la noche, le daba hasta un aspecto siniestro a la ciudad.

Ya no era una turista, sin embargo, el vivir cada instante con tanta pasión me hacía sentir como tal. Yo no corría a Grand Central por el primer tren que me llevara a mi humilde departamento en las afueras de la ciudad. Por el contrario, me quedaba disfrutando de ver correr a los demás.
El frío en invierno parecía cortar la piel, es verdad. Ni que hablar si nevaba. Pero con mi nariz casi congelada a pesar de estar cubierta con una buena bufanda, llegaba a eso de las cinco de la tarde a la estación y sólo me sentaba a mirar pasar a los pasajeros.

Nueva York es una ciudad muy heterogénea y no hay más que tomarse algunos minutos para darse cuenta de la variedad no sólo de razas y culturas, sino de locuras que hay por allí.
Estaba el violinista con su melodía a veces triste y otras más alegres. Algunos pocos dejaban caer dos o tres monedas, pero sin siquiera escuchar qué notas salían de su violín.
Estaban los maquinistas, con sus gorras azules bien armadas, que iban de un andén a otro, tratando de que sus vagones salieran en tiempo y forma. Atrasarse un minuto puede llevar a una demanda en esa ciudad.

Y también estaba la señora negra, alta, delgada, con su pelo corto y encrespado, de unos cuarenta y cinco años, que cargaba una bolsa azul. Lo particular era que ella nunca iba apurada. Su paso era lento y pausado, y su destino siempre el mismo. Iba hasta los asientos siempre vacíos al costado del andén 4. Con un suave movimiento giraba y se sentaba en el primero, a la derecha del andén, lugar que parecía estar reservado para ella. Una vez allí, parecía desinflarse. Permanecía estática por algunos segundos. Luego de recuperar energías, supongo, aún sentada doblaba su cuerpo hacia delante y abajo y colocaba la bolsa bajo el asiento. Volvía a incorporarse y permanecía quieta allí, esperando. Nunca supe qué ni a quién. Jamás me fui después que ella.

Me gustaba Nueva York. En especial me gustaba Manhattan. A pesar del frío tan frío en invierno. A pesar del calor tan caluroso en verano. Me gustaban los tulipanes en primavera en cada vidriera, en cada esquina. El otoño con su desfile de Saint Patrick por la 5ta. Avenida. El Soho, China Town y el Bronx, aunque este último sólo de día.
Me gustaba ser John Lennon y Yoko Ono paseando por el Central Park, Madonna de compras por las mejores tiendas, Al Pacino comiendo pasta en Little Italy o desayunar con Truman Capote cerca de Tiffany’s.
Me gustaba el arte que encontraba en lugares comunes pero también en rincones inimaginables. Ser Andy Warhol y tener mis 15 minutos de fama.

En Nueva York me sentía como en casa.
Y hasta el día de hoy me pregunto si realmente no lo sería. No sé por qué siempre tengo la bendita o maldita manía de volar. Mi falta de estabilidad conmigo misma hizo que un día me fuera por otros cielos, buscando nuevas ramas donde parar. No sé por qué me soy tan infiel. Aunque pensándolo bien y hablando de infidelidades, tal vez fue porque Manhattan es la Gran Manzana, y hasta a mi me superó el hecho de imaginarme pecando con algo de semejante magnitud.

jueves, 25 de junio de 2009

SEDUCCION NATURAL


A la ciudad siempre la miro con ojos urbanos. Como corresponde. O como ella quiere que la miremos.

Ello conlleva a que el smog nuble mi mirada, a que el cemento gris se acople al invierno de cada uno de los ciudadanos que se visten en composé con las veredas. Y a que si en algún momento deciden cambiar su atuendo tan poco colorido, le agreguen simplemente algunos toques de negro fúnebre o pasen a la gama de marrón árbol deshojado.
Pero hoy, hice un pequeño cambio en mi mirada y decidí prestarle más atención al poco verde que aún con este frío la viste.
También miré el cielo y estaba despejado, se veía el sol. Y la luna. Finita ella, pero ahí estaba, marcando tímidamente su presencia.

Me fui acercando a la costa, lugar donde vivo. Me vinieron ganas de ver el mar. Me encontré a unos pocos pescadores frente a una playa dibujada apenas con unas pequeñas olas. El agua parecía un espejo que reflejaba el azul del cielo, dándole a la tarde invernal un toque más de frialdad, aunque agradable para los ojos que allí decidieran reposar.

Por esas cosas de la vida que no vienen al caso, hoy llevaba mi cámara conmigo (igual la tecnología ha hecho que siempre tenga una al alcance de mi mano, pero esta vez era mi cámara de fotos de verdad). Entonces comencé a fotografiar lo que veía: los árboles sin hojas, los con hojas, las flores de tuna, el perro que asomaba la nariz por debajo del portón de madera de su casa, el cielo, el sol, el agua, el pescador, la arena y hasta un nabo que por ahí decidió parar (era un nabo de verdad, no un humano "nabo", que también los hay, claro está).

Fotografié a las aves que en bandada hacían círculos para aquí y para allá. Nunca entendí si no sabían si irse o quedarse o si sólo habían decidido salir a jugar. Se me antojó lo segundo, así que sonreí al verlas pasar.

Y de repente, fotografié lo que para mi fue un segundo de paz. Un rayo de sol, un poste de luz y allá en lo alto un pájaro que miraba toda la escena desde un ángulo al cual sólo él podía llegar.

Hoy volví a casa más contenta.
Esa simple imagen de lo natural hizo que mi día dejara de tener el gris de la urbanidad.

jueves, 29 de marzo de 2007

LIVE FROM NEW YORK!

HORAS DE SUENIO (no hay enie): ESCASAS 7 POR DIA

INGESTAS POR DIA COMPLETAS: 1 (EL DESAYUNO, WAFFLES CON CAFE)

CALORIAS CONSUMIDAS POR DIA: 1.200.879 (incluye mucha Coca Cola o Pepsi -en su defecto-, papas chips, castanias de caju, pizzas con o sin pepperoni, papas fritas con nuggets, waffles, etc, etc)

CIGARRILLOS: POCOS, NO LLEVO MUCHO LA CUENTA, PERO NO PASAN DE 6 (pocos lugares donde fumar y encima con peques a cuesta ... ademas que cada caja sale entre 6 y 8 dolares!!!!)

KILOMETROS CAMINADOS DIARIOS: ENTRE 6 y 8

DINERO GASTADO EN TICKETS DE TREN, COMIDAS, SNACK, ETC, DIARIAMENTE (o sea, nada de compras): UNOS 100 X DIA

VECES QUE DIGO EL NOMBRE DE MIS HIJOS PARA QUE ME HAGAN CASO: 3.578.692

DISCUSIONES CON MI MARIDO: 2 (PROMEDIO ... SIN DUDA BUENO!!!)

VECES QUE PIENSO EN MI FUTURO HOGAR: DE 1 A 3 (tambien bueno, despues de haber estado dias obsesionada)

COSAS QUE QUIERO COMPRAR POR DIA Y ME AGUANTO: 50 O MAS

Me voy a dormir. Ya todos estan acostaditos. Solo quedo yo.

sábado, 24 de marzo de 2007

ME MARCHO A NUEVA YORK

Cantaba Mecano ... pero yo me voy en serio.

Llegó el día tan esperado. Sólo 24 horas me separan del Aeropuerto Internacional de Carrasco donde tomaremos el vuelo familiar hacia la ciudad de Nueva York.

Este será mi tercer viaje a esa ciudad llena de magia, de gente, de cemento. Es poco lo que conozco del mundo, pero así y todo puedo asegurar que es la ciudad de mis sueños.

Todo tan cosmopolita, tan fashion, tan glamouroso (dijera una amiga que así me ha bautizado).

Recuerdo la primera vez que fui y al final de mi viaje ya era una neoyorquina más, andaba por las calles apurada. Cuando tomé conciencia me senté a reír, porque la ciudad me había llevado a su ritmo, aún estando yo de vacaciones.

Pero me encanta.

Y este viaje será muy especial. No sólo es un viaje familiar, lo cual tiene su encanto (y desencantos, porque viajar con un niño de 2 años no ha de ser muy divertido), sino y principalmente que Juan Diego estará con su madrina (mi mejor amiga que vive allí), se subirá a un avión por primera vez, visitará una ciudad enorme y maravillosa. Y sé que nada de esto se borrará de su memoria.

Ansío ver su carita en todos los momentos y no quiero perderme de ninguno.

En fin ... NY nos espera .... allá vamos!!!!!!


domingo, 25 de febrero de 2007

PASAPORTES Y VISAS


Mañana sacamos los pasaportes. Trámite que ya me agota hacer antes de empezar. Me estresa pensar que tengo que estar cuidando que Renzo (el de 2) no toque nada, que no moleste a Juan Diego (el de 5), que no griten, que no se peleen, que se mantengan tranquilos mientras hacemos el trámite.

Ya sé que no lo voy a lograr, pero no puedo evitar pensar en estresarme. Además, como si fuera poco, el nene mayor (o sea, mi esposo) no tiene todos los papeles que precisa llevar! Y eso que le avisé con 20 días de anticipación. Problema de él si no le dan el pasaporte. No viajará. O tendrá que pagar nuevamente día y hora. No sé. Con mis dos hijos y conmigo misma es más que suficiente para juntar papeles.

A las 11 AM estaremos iniciando el trámite para después correr como una loca a dejarlos en el trabajo a mi marido, en el jardín al peque y en el colegio al mayor. Ah, antes de esto, debo llevar a los menores a almorzar a algún Mc Donalds, ya que todo tiene que ser rápido. Y con suerte, después que todos retomen sus tareas, me toca a mi empezar a trabajar (claro que en el medio debo pasar por un cambio a pagar las visas de USA en algún lado).

Y yo, muy ilusa, hoy quería adelantar trámites. Se me ocurrió imprimir los formularios que necesitamos para la embajada. Cuando comencé a llenarlo, ya me aburrió. No sólo me piden millones de datos los cuales tuve que buscar por agendas, celular y pasaportes anteriores, sino que cuando quise intentar imprimirlos (intentar, porque hace 2 días que el toner de la impresora empezó a escasear, por lo cual tampoco sé si iba a poder imprimirlos) resulta que no puedo porque la fecha de impresión no puede ser anterior a la fecha de emisión de los pasaportes (o sea, mañana). Divino. Perdí una hora de mi tiempo para nada.

Así que tal vez mañana vaya a un cyber cafe e intente hacerlo desde allí, con pasaporte en mano y fechas anotadas en alguna hoja (que seguro perderé).

El martes, otro día de locos. Embajada a las 9,15 AM (esta vez, sola con los niños! Más estresante aún). Luego, jardín y colegio (esto significa volver a mi casa, pues están a dos cuadras de aquí). De allí otra vez al centro, al trabajo. A eso de 11,30 AM ir a comprar los pasajes.

Y ahí si, creo que ya respiro tranquila hasta el 25 de marzo que nos vamos (igual, luego que tenga las visas, debo ir a buscar los pasaportes a no sé dónde recién a los 3 días).

En fin, me voy a dar un baño y a acostar, que mañana el día será un poco complicado.

Buenas noches.

viernes, 23 de febrero de 2007

NO ME BANCO LAS HORMIGAS ...

... y eso que vivo en la ciudad.
Estoy al borde de un ataque de hormiguitis aguda. Hace ya unos meses que vengo peleando con las malditas hormigas. Invadieron la planta superior de mi casa y aún no entiendo por qué ni por dónde vienen.
Empezaron por el baño. Una hormiga un día, tres otro y al final eran como diez en el piso. Al principio las dejaba porque me daban lástima (no soy bichera, menos insectera, pero igual, me daba pena). Después, cuando fueron más, dejé de tener sentimiento compasivo y las empecé a matar a dedazo limpio nomás (total, las que venían al lugar equivocado eran ellas ... si no hubieran entrado seguirían vivitas y coleando, si es que pueden colear). Pero la cosa se empezó a poner fea. Las mataba y parecía que se multiplicaban. Siempre, desde chica, tuve la sensación que las hormigas acudían al funeral de las otras.
Aún no había manejado el veneno como opción para eliminarlas pero cuando las vi sobre la moquette de mi cuarto (y eso que es difícil verlas, porque el color de la moquette es azul-celeste jaspeadita) ya fue el acabóse. Ahí sí, metí Raid Casa y Jardín por todos lados. La moquette, el baño (ya habían invadido el murito a continuación de la bañera) y terraza de mi dormitorio. Quedaban fritas al instante. Lo mejor de todo, el veneno tiene efecto residual, así que si aparecían más, también desaparecían.
Estaba de lo más contenta cuando lo peor sucedió. Encontré hormigas en el placard de mi hijo menor (2 años). Entre su ropita pequeñita y lavadita. Entre sus zapatitos, entre sus pañales!!! Fue como que me hubieran metido una por el traste. Empecé a matarlas ya con bronca. Invadieron uno de los lugares de privilegio de mi casa. Vacié el placard, puse veneno y, otra vez, eliminadas. A todo esto, ya habían comenzado a aparecer de nuevo en el baño.
Creí que iba a tener ahí mismo el ataque que mencioné al principio (no vuelvas para atrás a leer, se trata del de hormiguitis aguda), pero no. Me controlé y empecé a hacer tratamiento intensivo. Veneno por todos lados, vaciamiento de placard por 48 horas, revisación de prendas una por una y sacudida por las dudas que quedara alguna. La prohibición a mis hijos de comer absolutamente nada en la planta superior fue inmediata. Ni el más mínimo resto de miga podía existir allí arriba. Por suerte, fue respetada.
A los pocos días, volví a encontrar hormigas en el baño. Descubrí que una jabonera que está en el murito de la bañera era un buen atractivo (se ve que los restos de jabón las atraen). Así que saqué todo lo que allí había y volví a echar veneno. En el placard, encontré alguna más pero muerta, excepto el día que vi que se estaban introduciendo por un paquete de toallitas húmedas mal cerrado (se ve que también esto las atrae). Vacié ese estante y eché veneno, revisé el resto y todo solucionado. Estaba segura que las había controlado. Sólo era cuestión de revisar todos los días y, si aparecía alguna, volver a controlar la situación con el veneno en cuestión.
Pero hoy sí me vino el ataque fulminante (porque casi muero yo también después de tanto veneno). Estaban en la cama de mi hijo (el menor)!!!. Encontré al menos 15 hormigas en su cama al momento de acostarlo. Fuera de mi, empecé a eliminarlas, destendí la cama, puse la ropa a lavar, eché veneno por todas partes, inclusive en su colchón y lo mandé a dormir con su hermano (que por suerte tiene una cama marinera). Mañana llamo a la Liga Sanitaria. Lograron ganarme estos pequeños e intolerables insectos.
Me siento derrotada, me pica todo el cuerpo (psicosis) y no paro de estornudar de todo el veneno que inhalé.
FUERA A LAS HORMIGAS DE MI PLANETA!!! Me importa nada la cadena ecológica. En mi casa eso no funciona. Y que venga Greenpeace a decirme algo nomás!!!
(21.02.2007 - 00:38 hs)