Translate

Mostrando las entradas con la etiqueta hijos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta hijos. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de diciembre de 2012

NAVIDAD, RARA NAVIDAD

Cuando decidí poner punto final a mi relación matrimonial de casi 15 años, muchas cosas pasaron. Intentos de reconstruir lo ya roto, sentimientos de culpa, desolación, miedos, angustias. Y mucho de todo eso se debía por los niños. Que cómo lo iban a tomar, cómo se iban a sentir, qué les iba a ocurrir, lo mala madre que sería por quebrar su familia, etc. Luego me di cuenta que quizás algunas cosas ocurrieran y otras no, que estaba especulando y sacando conclusiones por mis miedos, inseguridades y sentimiento de culpa, pero que no necesariamente debía ser así. Tenía que darme la oportunidad. La oportunidad de entender que yo no puedo controlar sus vidas, de que por más que son chicos, sacan sus propias conclusiones, que no importa cuántas palabras use, mis hijos no son fáciles de influenciar. Tienen una gran personalidad.
Así que me armé de valor y en febrero tomé la gran decisión de mi vida, pero no fue hasta setiembre cuando finalmente nos mudamos. Desde entonces muchas cosas han pasado. Muchísimas. Algunas muy feas y otras divinas. Y llegamos a diciembre, donde siento que se me ha tomado el examen final de las materias cursadas este año: paciencia y tolerancia. Y estoy segura que las apruebo con buena nota. Eso sí, son materias que uno no debe descuidar, quiero decir, son ese tipo de materias que se actualizan todo el tiempo, como la economía y sus índices, por ejemplo. No hay que perderles el rastro. En fin, creo que me gané el merecido pase para comenzar a transitar el perdón y el agradecimiento. Pero eso es digno de otra entrada al blog.
Hoy me trajo la Navidad. Esa fecha tan especial que reúne a la familia, que a los cristianos nos recuerda el nacimiento de Jesús, que es un día donde los niños son felices con sus regalos, que congrega a todos alrededor de un árbol, que nos permite brindar por el amor, la paz y la felicidad.
Mi familia hoy está reducida a tres: mis hijos y yo. No tengo padres ni hermanos con quien compartir este día. Sí amigos, muchos, que no han dejado de invitarme a sus casas a quienes se los agradezco infinitamente. También tengo tías y primos que estoy segura no tendrían el más mínimo problema de recibirme. Pero lo cierto es que mi familia, esa íntima que todos tenemos, se reduce a mis dos pequeños.
En el momento de la separación, mi hijo mayor nos pidió si podíamos pasar las fiestas todos juntos que, según dijo, no debiera ser complicado que compartiéramos dos días al año. No le prometí nada cuando lo dijo mientras todos aún vivíamos bajo el mismo techo porque si hay algo que no hago son promesas que no sé si pueda cumplir. Yo me esperaba una tormenta complicada luego de mudarnos pero fue peor, el volcán entró en erupción. Y por más que hoy puedo perfectamente vivir con las cenizas volcánicas, la lava no me va, así que imposible compartir esos días.
Ambos comprendieron (porque no son ajenos a las circunstancias) que no era apropiado y que yo no me sentiría cómoda. Fue así que surgió que el 24 pasaban conmigo y el 31 con su papá.
Mis hijos no creen en Papá Noel, pero sí sienten la magia de la Navidad. Entonces, volví a anteponerlos, como lo hago siempre. Les pregunté qué preferían, sabiendo la respuesta. No les iba a quitar la posibilidad de estar con sus únicos abuelos, tíos y primos en esa noche especial.
Es por eso que esta Navidad será extraña. Sé que no estaré sola, pero hay algo, dos algos en verdad, que me van a faltar y extrañaré mucho esa noche. Pensaré en ellos a las 12 y les mandaré un beso a distancia. Les pondré los regalos en el árbol y los abrirán al otro día, donde almorzaremos los tres juntos.
Esta Navidad será rara. Sé también que aunque callen me extrañarán. Pero también sé que ni una noche ni un día especial cambiará el amor que revolotea en este hogar.
Tomo decisiones y eso me da plenitud y felicidad. Mis hijos también toman las suyas. Y por eso somos una bella familia, porque nos sabemos respetar.
Los amo, niños. Feliz Navidad.

domingo, 9 de setiembre de 2012

DOLOR NO AJENO

La muerte de un hijo no tiene consuelo. Sea como sea, no lo hay. Si es que está enfermo, tenemos siempre la esperanza y fe de que mejore. Si es una muerte inesperada, de esas que aparecen de golpe, los primeros instantes parecen surrealistas, algo que no nos está sucediendo a nosotros.
No importa la edad que tenga. No estamos preparados ni programados psicológicamente para ver morir a nuestra descendencia. Lo lógico y normal indica que por edad cronológica primero nos toca a nosotros.
Sin embargo, los hijos mueren. Y los padres quedamos sin consuelo. Es cierto que muchas veces, en caso de enfermedades me refiero, el amor nos gana y deseamos su descanso, pero eso para nada significa que el dolor se reduzca. Sólo se trata de amor.
En estos días tuve que escuchar sobre dos muertes de niños, de las miles que ocurren en el mundo. 
Debo ser sincera y confesar que cuando me entero de la enfermedad, como fue el caso de Blanca Vicuña, si bien no soy ajena a la noticia porque resuena por todas partes, trato de no buscar información, de no indagar, de no saber más de lo que de rebote me entero. Sólo veía su foto circular por Facebook, pidiendo oraciones por ella y las pasaba muy rápido. Y pensaba: "Dios ya sabe que ha de hacer", ya fuera que siguiera viviendo o no. Realmente no podía quedarme leyendo o mirando esa carita angelical y pensando cómo estaría pasando. No podía ni quería.
Algo similar me pasó con el caso del bombero. Una noticia que circuló por aquí estos días: al bombero se le incendió la casa. Salvaron a dos de sus hijos, pero su beba de 11 meses murió  calcinada. Traté de no imaginar nada. No quise pensar en nada.
Pedidos de ayuda para esa familia que está hoy en la calle me han llegado por varias vías. Y sí, necesitan todo para reconstruirse. Inclusive y principalmente a su bebé. Pero ella no volverá cuando los muros de la vivienda vuelvan a levantarse.
Sé del dolor que estas muertes provocan. Lamentablemente lo sé y eso me permite comprender a estos padres y a tantos otros que no conozco porque no fueron noticia.
El dolor viene con o sin dinero. Siendo famoso o un simple bombero. El dolor por la muerte de un hijo no tiene consuelo. Se debe vivir el duelo, sufrirlo, llorarlo y no comprenderlo en esos momentos.
No hay otra forma de pasarlo.
Luego dependerá de cada ser el valor que le dé a la muerte de su hijo. 
Hay una parte que queda sin respuestas. De hecho, está escrito en el libro de "Preguntas sin contestar" con el que pienso irme cuando me muera.
Otra parte, uno trata de ir encontrándole el sentido y, si logramos encontrarlo, vivimos con un poco más de paz.
Igual esos ángeles no se olvidan. Nunca. Son seres de luz que impregnaron nuestras vidas. 
Yo no voy a dar cátedra de cómo y por qué estas cosas suceden ni de cómo hacer para superarlas. Vivo mi experiencia y, a la distancia, comprendo que tanto los papás famosos como el bombero y su esposa, o como cualquier otro papá y mamá que estén o hayan pasado por eso, tendrán un arduo camino por recorrer. Algunos podrán hacerlo. Otros quizás no. Y ambos merecen todo mi respeto.
Lo más tal es desearles paz eterna especialmente a estos dos angelitos que en estos días han sido noticia, al igual que a todos aquellos que se han calzado sus alas y emprendido vuelo. Y extender mi consuelo a todos los padres del mundo que sufren la pérdida de lo más preciado que la vida nos otorga, nuestros hijos.
Que la paz colme los corazones de todos. Que así sea.

martes, 3 de abril de 2012

VERLOS CRECER


Hace años que me convertí en madre y es por eso que hace años que disfruto de mis hijos de diferente forma.
Cuando eran bebés, me deleitaba dándoles mordisquitos a los talones de sus diminutos pies, haciéndolos estallar en carcajadas, conviertiéndose esas risas en mi mayor deleite.
Ya más grandes, cuando comenzaron a dar sus primeros pasos, disfrutaba de verlos tambalearse, temerosos de sostenerse por sí mismos, o quizás temerosos de abandonar la dependencia total y absoluta de mamá o papá. Pero una vez que se cargaron de confianza, ya no había quien parara esos pasos que los llevarían a descubrir las maravillas del mundo. Amaba verlos huir rápidamente cuando tocaban algo que no debían (y sabían). Ver alejarse a esas colitas regordetas con pañales me daba mucha gracia y ternura.
Más tarde las palabras sueltas comenzaron a transformarse en oraciones, en largas charlas a veces sin sentido pero muchas otras veces se trataba de razonamientos complejos y elaborados. Me fascinaba escuchar cómo habían llegado a tal o cual conclusión -acertada o no, eso no era lo importante- y cómo descubrían la importancia de decir la palabra correcta en el momento adecuado.
Luego fue la lectura y escritura. Comenzar a descifrar todas esas letras que hasta ahora no eran más que dibujos extraños y empezar a materializar cosas que hasta ahora ni siquiera existían. Muchas veces sólo al decir algo esto se vuelve real y encontrar palabras nuevas hizo y hace que el mundo se vuelva cada vez más y más grande.
Las peleas por su lugar en su aún pequeña sociedad. Comenzar a descubrir las habilidades, los puntos fuertes, y aferrarse a ellos para no sentirse una isla desierta. Afirmar la autestima, buscar la palabra de mamá o papá que les diga lo fabulosos que son, buscar amor en cualquiera de sus formas, generar el abrazo o rechazarlo pero siempre necesitarlo.
Así son los niños. Frágiles, sensibles, divertidos, maravillosos, sorprendentes ... así son mis hijos.
Hoy soy madre de un niño de 7 y otro de 1o, y cada uno desde su edad y su lugar me llenan la vida. Sé que no son míos, aunque nacieron de mi. Sé que se me ha otorgado el derecho, la responsabilidad y la felicidad de criarlos, para que algún día ellos hagan lo propio también, con bases sólidas que les permitan ser mucho mejor seres humanos de lo que intento ser yo.
Sin embargo, no puedo sentirlos fuera de mi. Son mis generadores de amor, de dulzura, de risas, de sorpresas. Son mis grandes maestros en esta vida.
Mi peque me divierte con sus bailes, sus cantos y sus payasadas. Me conquista desde el alma, me llena de amor, de besos y mimos a cada instante. Su vocecita fina a veces me taladra los oídos, pero siempre contiene una ternura especial difícil de igualar.
Mi niño mayor me tiene encantada con sus charlas ya casi adultas, con su sarcasmo e ironía, con sus razonamientos inteligentes. Su intelecto me fascina y él lo sabe. A veces también me cuesta soportar su exigencia de perfección y esa superioridad que suele tener, la cual trato de bajarle de un hondazo cada vez que aflora. Así y todo, hoy siento que tengo a un gran niño, responsable de sí mismo, de su hermano muchas veces y, si bien suele demostrar frialdad y distancia, su sensibilidad y fragilidad son extremas. Y por suerte yo lo sé.
Me divierto entonando "estoy cantando mi garabato musical" o viendo ICarly y compartiendo risas y comentarios. Que me expliquen cosas que yo ya no entiendo y que me dejen entrar a su pequeño mundo.
Sé que dentro de no mucho las cosas cambiarán un poco, cuando llegue la adolescencia, pero también sé que lo que hoy se siembra en el futuro lo veré con creces.
Amo a mis hijos más que nada en este mundo. Como cualquier mamá o papá a los suyos.
Pero estos son míos. Y ninguna mamá los ama más.

jueves, 25 de agosto de 2011

Y DECIR 1O AÑOS ES DECIR AMOR



Verte crecer es como ver la obra maestra tomando forma.

Porque eso sos para mi, una de mis mejores obras maestras. Como siempre te digo, pasamos nueve meses juntos, sólo vos y yo, conversando largas tardes en mi reposo absoluto. Contándote de la batita que había aprendido a tejer y que, aunque no quedara muy bien, por honor nomás la ibas a usar aunque sea un día. Al final quedó linda y la usaste más de una vez.
También te contaba lo aburrida que estaba en esa cama, donde hasta cuando tenía necesidad de ir al baño tenía que llamar a mi madre (tu abuela) para que dejara de hacer lo que estaba haciendo y me trajera la chata para hacer pis. Suerte que vivía un piso más arriba y trabajaba en la misma cuadra donde vivíamos, sino no sé qué hubiéramos hecho. Papá trabajaba más lejos, así que sólo nos ayudaba en la noche.

¡Qué ganas de comer Ricardito que tenía! Y, para colmo, estaban agotados. Tu abuela, tu padre, mi prima … todos buscaban por todas partes el famoso chocolate por fuera, merengue de corazón, pero nada. No había Ricardito en plaza. Me traían todo tipo de sustitutos. Inclusive esos que preparan en las panaderías, tratando de igualar al original. Pero no había caso. Yo quería un Ricardito de verdad. Bueno, por algo tu manchita en la pierna tiene forma de Ricardito. Ahí te quedó, impregnado en la piel.

Nueve meses en casa, luego de casi desangrarme y gracias a la buena voluntad de un médico que, a pesar de la abundancia del sangrado, entendió que igual debería hacerse una ecografía antes que un legrado. Y ahí estabas, pendiendo de un hilo. Yo sé que ni manos formadas tenías por ese entonces, pero la imagen que me queda es que estabas, tipo monito, agarradito con tu mano de mi útero, con el cuerpo en el aire, diciendo “yo de acá no me voy”. Y así fue, no te fuiste, gracias a Dios.

También en el reposo empecé a sentir cómo te movías. ¡Y cómo te movías! Mi panza parecía tener vida propia. Se torcía para un lado, para el otro, asomaba tu puño, tu diminuto pie. Aaaah, cuánto placer me daba verte mover ahí adentro. Sentir que había una vida creciendo y que en unos meses estarías en mis brazos, para llenarte de mimos y abrazos.
Y un día, después de las miles de ecografías que me hicieron para saber que eras el milagro vivo, que estabas bien, que nada iba a pasar, que eras varón y era raro que estuvieras sano (a pesar de que se lo dije mil veces a los médicos, ellos tan científicos tenían que comprobarlo igual, jiji), finalmente me dijeron (creo que de tanto que insistía con verte) “está bien, señora, intérnese hoy de tarde. Le hacemos la cesárea”.
Saltábamos en una pata con tu padre. Bueno, él, yo no saltaba porque la verdad que tenía una barriga enorme y un número innombrable de kilos de más, porque el reposo me había “obligado” a consumir más alimentos de los necesarios.

Y allá nos fuimos, con los bolsos prontos desde hacía tiempo, a internarnos para recibirte.
He de contarte que mamá tiene una característica: nada le resulta por el camino fácil. Con los años he aprendido que esto tiene un por qué, pero por aquel entonces la ansiedad me ganaba y yo quería que nacieras ya. Pero claro, lo mío no era urgente, sino de ansiosa, que para eso bastante corte ya me habían dado y me tenían ahí. Así que pasaron todas las parturientas doloridas primero más todas aquellas cesáreas que resultaron ser urgentes, para que finalmente, después de una larga espera de 8 horas en ese hospital, vinieran a decirme, “bueno, ya es la hora”. Y de repente, me dio miedo. Miedo a que este mundo no te gustara. Ha que te hayamos formado para entregarte a una sociedad que no era de lo mejorcito que había en plaza. Miedo al mundo en el que tocaba vivir. Te sentía ahí dentro, en mi panza, tan inquieto pero feliz, que de verdad me dio mucho temor a entregarte a este mundo. Sabía que no podías seguir ahí dentro, pero la verdad que en ese momento lo prefería.

Volví a tener mi dosis de realismo y me subí a la camilla que me llevaría a la sala de operaciones. La anestesia fue raquídea. La mejor opción que pude tener. Para variar (te dije que nada es fácil en mi vida), costó mucho sacarte dada unas adherencias uterinas que no sé bien qué rol cumplen. Eso hizo que tu primer apgar fuera muy bajo (3) pero un minuto después estabas a los chillidos (ya el segundo fue de 10), todo sucio, peludo, pero tan lleno de amor y vida que nada de eso importaba. Te pusieron al ladito de mi cabeza, para que te pudiera ver. Y te dije “Hola, mi amor, hola Dieguito de mi corazón” (ah, sí, porque también fue un dilema con el nombre. Un mes antes decidimos que te llamaras Juan Diego, cuando durante todo el embarazo fuiste solamente Diego). Y fui la mamá más feliz del mundo. No lloré como lo hacen muchas, o casi todas diría yo. Pero sí estaba radiante de felicidad.

Afuera, a pesar de ser las 2:22 de la mañana, todos esperaban ansiosos la noticia. Tu padre, por supuesto el principal, pero estaban tus abuelos y tíos, que al saberlo lloraron de alegría, se abrazaron y felicitaron entre todos. Claro que todo esto me lo contaron, yo seguía en la sala esperando me volvieran el cuerpo a la normalidad (o sea, lo cerraran). Es que fuiste un niño tan esperado, que la alegría se multiplicó. Qué digo multiplicó, ¡se elevó a la enésima potencia!
Papá te vio al ratito, desesperado de hambre, con todo tu puño dentro de la boca (puño enorme, porque tenías y tenés unas manotas gigantes!).

Y así, comenzó nuestra vida en familia. Vos viniste a formar esta familia, a consolidarla como tal. A llenar aquellos espacios de amor que habían quedado truncos y vacíos. A alegrar el hogar y que éste oliera a aroma a bebé. Vos viniste a darnos felicidad.

Miles de cosas pasaron en estos diez años que parecen tan pocos y sin embargo son un montón.
Hoy sólo voy a destacar que te has convertido en un niño increíble. Inteligente, astuto, audaz, complejo. Un niño seguro de sí mismo, que tiene claro lo que quiere y va tras sus ideales. Un niño que nos da un trabajo bárbaro por ser así, pero que es un orgullo tener en esta casa. Un niño que nos hace razonar, que nos enseña a ser padres, que nos demuestra que las cosas no son lineales (bueno, yo ya lo sabía, esto lo heredaste de mi, el problema es reeducar a tu hermano y a tu padre, jaja). Un niño rezongón por demás, que tendrá que aprender muchas cosas en la vida, pero que la vida misma se va a encargar de enseñarle. Un niño que de a poco deja de ser niño, que entra en la pre adolescencia y que crece, crece y crece.

Amor, quiero que sepas que tu padre y yo intentamos ser tus guías y espero que siempre puedas ver la luz que alumbra tu camino. Y cuando no logres verla, no temas preguntar, porque aquí estaremos para que nunca te pierdas en tu andar.

Y también tendrás que comprender que cometemos errores, pero que cada uno de ellos no son con la intención de dañarte o hacerte sufrir. Jamás haríamos algo así. Simplemente estamos aprendiendo a ser padres, tanto como vos a ser hijo. Hay una parte que es natural. Otra, que no está en ningún manual, así que es todo a prueba y error.

Gracias por darnos estos 10 años para desplegar todo nuestro amor. Espero poder estar muchos años más en tu vida, muchísimos. Hasta cuando seas viejito y yo siga diciéndote “mi bebé”. Porque siempre serás mi bebé adorado, sin importar los años que tengamos encima ni vos ni yo.

Te amo, mi bella obra maestra. FELICES 10 AÑOS DE VIDA, HIJITO DE MI CORAZÓN.

jueves, 9 de junio de 2011

ESA BENDITA MANIA DE SONREIR



Como siempre, el tiempo no me rinde. Es por eso que generalmente termino armando viandas para el cole, acomodando uniformes para el día siguiente o poniendo un poco de orden en el tiradero que van dejando mis niños a horas poco propicias, léase entre la 1 y 2 de la mañana. Por supuesto que a esa hora ya ellos duermen cual angelitos, por lo tanto, antes de retirarme de sus habitaciones, los arropo y les doy un beso de buenas noches en sus mejillas calentitas.
A veces, en ese afán de ordenar, me encuentro con cosas tiradas en el piso que me malhumoran un poco, como pedazos de papeles recortados por todas partes, origamis a medio hacer desparramados en el piso o con la manía de mi hijo menor de dejar pijamas de días anteriores tirados, ya que el niño decide usar uno diferente cada día, si no lo controlo.
Anoche, casi lo despierto de tanto que me enojé. Lo primero que vi fue un marcador indeleble metálico tirado en el piso y todo aplastado, seguramente con sus dientes. Había también algunas hojas escritas con dicho marcador. Hasta ahí, todo más o menos normal. Pero al llegar a la guitarra (esa de verdad que los Reyes Magos le trajeron en enero), la encuentro fuera de funda y ESCRITA con ese marcador.
No sé nada de guitarras, así que no puedo describir exactamente dónde estaba escrito, pero para para poder transmitir un poco la idea, en la parte de adelante, arriba (donde sale el "brazo" de la guitarra) estaba escrito de un lado la palabra CARLOS y del otro algo así como UEATER, aunque no era muy legible. Más abajo, unas rayas que supongo yo simularían rayos.
Corrí al baño en busca de alcohol y un poco de algodón, a ver si así la podía limpiar. Algo salió, pero igual quedó un sombreado del CARLOS y algunas líneas más.
Decidí reservarme el rezongo para esta mañana. A pesar del enojo, me dio lástima despertarlo. Total, lo hecho hecho estaba.
Esta mañana, entre corridas al trabajo y salidas al colegio, olvidé por completo el hecho. Pero, al llegar a casa en la tarde, no se salvó.
Le pregunto, con voz seria y firme, si recuerda qué había hecho con el marcador. Con carita de pollo mojado, me dice que había rayado su mesa (ya la había visto, pero tiene tantas rayas que eso no me preocupaba). Le respondo que sí, que está mal, que el marcador es sólo para escribir en hojas o cuadernos, no en cualquier lado. Pero que había algo más que había escrito y no debía haberlo hecho. Le volví a pedir que hiciera memoria. Entonces respondió: "la guitarra". "Exacto!", dije yo, con voz más enojada aún. Allí comenzó mi verborragia: "el marcador no es para usarlo en cualquier cosa, cómo vas a hacer eso!, además, lo destrozaste después de usarlo, ahora no sirve para nada. Y la guitarra, Renzo?? La guitarra?? A vos te parece andar escribiendo en la guitarra??" (seguía mirándome con esa carita de pollito mojado o Gato con Botas de Shrek que tan bien sabe poner). "Decime, qué quisiste escribir en la guitarra? Quién es Carlos? De dónde sacaste eso?". Entonces me dice "CARLOS WALTER". Ya sólo sentir la combinación del nombre Carlos Walter me dio gracia. Pero más aún cuando Juan Diego entró al cuarto y contó: "lo que pasa que en la tele están pasando una publicidad que te regalan la guitarra autografiada de CARLOS BAUTE, se ve que eso fue lo que quiso poner".
Listo. Se terminó el rezongo. Todos nos tentamos, excepto Renzo, claro, que no sabía si al reír iba a mejorar o empeorar la cosa.
Igual terminé mi discurso de buenos modales y de lo que puede escribir y lo que no, pero ya la autoridad, penitencia y todo lo que podía venir después, se desvaneció con la risa.
Este niño es la bendición de esta casa. Es el niño chispita. El niño que nos hace reír, aún cuando se porta mal.
Entonces, me quedo con eso, con la plenitud de tener un niño que haga lo que haga siempre logra arrancarle una sonrisa a los demás, ya sea con su cara de Gato con Botas de Shrek, con un autógrafo en una guitarra o con lo que se le dé la gana. Lo cierto es que no hay un sólo día que Renzo no nos haga reír. No en vano, como dice en el post que una vez escribí
LA VERDAD DE LA MILANESA él decide siempre sonreir.
Amo a mi niño como cualquier padre o madre ama a los suyos. Pero particularmente lo amo por la maravillosa forma que tiene de enseñarme día a día a ser feliz.

domingo, 7 de noviembre de 2010

AY HIJO, QUE ME HACES LLORAR!


Hoy es un día de júbilo en lo de los Fernández-Pérez. Es que nació Julieta, la primer hija de Sebastián y Florencia. Todo salió mejor de lo esperado. Es que los nervios de Florencia le jugaban una mala pasada y la hacían imaginarse un parto interminable. Por su parte, Sebastián, ya se estaba preparando para despertar de golpe una madrugada y repasar la lista que tenía escrita para no olvidarse de nada.

Pero no. Julieta no vino a las apuradas ni en el medio de la noche. Dejó que sus padres descansaran, se despertaran como cada mañana (aunque Flor ya despertó con contracciones a las 5 y no pudo dormir más) y, unos minutos después fue cuando decidió empujar un poquito y romper la bolsa que hasta entonces había sido su morada. Flor le indicó tranquilamente a Sebastián dónde estaba su bolso y el de Julieta y unos instantes más tarde salieron para el hospital.

Inmediatamente los instalaron en la sala de pre-parto, porque Julieta no dejaba de empujar, por lo cual las contracciones eran cada vez más y más seguidas. Y más y más dolorosas.

Pero Julieta es una buena niña y decidió no hacer sufrir demasiado a su madre. Así que una hora y media después de haber llegado, Julieta largaba su primer grito al mundo.

Flor y Seba no paraban de sonreír y por supuesto alguna que otra lagrimita de felicidad también largaron.

Julieta estaba con ellos. Después de nueve largos meses de espera, de los preparativos, de comprar ropita diminuta, de leer libros de embarazo y los primeros meses de vida del niño, de ver que la piel de la panza se estira hasta el punto de llegar a un tamaño jamás imaginado, la bella niña de sus sueños se hizo realidad. Happy ending. Or beginning.

Porque lo cierto es que no hay nada más lindo que escuchar el llanto de un bebé ... en el preciso momento que nace. Este es el UNICO momento que el llanto de nuestros hijos nos da felicidad hasta las lágrimas. No es necesario pensar demasiado para darse cuenta que esto es verdad.

Pasado el momento del parto, nos vamos a la sala, a alojarnos con nuestro niño o niña recién nacido. Todo hinchadito de tanta fuerza que tuvo que hacer para salir, dormidito, chiquito, frágil, tierno, comestible. Es nuestra creación y aún no podemos creer que ese ser tan perfecto haya salido de nosotros.

Pasa un rato, unas horas quizás para las más afortunadas, y el primer llanto suena (en realidad, ya es el segundo). Hora de comer. La criaturita comienza con su proceso alimenticio y ahí empiezan las primeras complicaciones de esta vida. Hasta hace unas horas no tenía la menor idea de lo que era el hambre, ya que su alimento venía a través de un cordón. Ahora deberán proveerle el alimento y, para eso, deberá llorar. La madre acomoda al niño/a en su pecho, pensando que la criatura con su pequeña boquita succionará y sacará leche de su interior. Minutos más tarde se dormirá (si no lo hace mientras toma) y el proceso seguirá sin problemas. Pero no es tan sencillo. El bebé intenta desesperadamente poner su boca en la teta de la madre, la madre no sabe muy bien cómo acomodarlo, el bebé cada vez está más desesperado porque no deja de ser un cachorrito en busca de alimento, así que se prende rápidamente del pezón materno, como puede, y empieza a chupar. La madre, en un grito desesperado, pide a su esposo-compañero-padre de la criatura, que llame a la enfermera porque le va a arrancar la teta. La enfermera, paciente y master en el tema, ayuda a la madre a acomodarse y al niño/a succionar fervientemente, dándole el tan esperado alivio a la mamá.

Una vez finalizado este proceso, ya la criatura de panza llena, como era de esperarse, se duerme. Pero es hora de cambiar el pañal. Lo cual hace que el pequeño pimpollito se despierte y vuelva a llorar. La madre, con toda su ternura, tratará de consolarlo, sin importarle los dolores post-parto que tiene o si la cortaron de lado a lado, por haber tenido una cesárea. El dolor de una mujer, a partir del nacimiento de su hijo, quedará relegado por muchísimos años. Tantos, que cuando nos demos permiso para sentir dolor, nos daremos cuenta que no hay pedacito del cuerpo que no nos duela. Finalmente logramos que la criatura caiga nuevamente en brazos de Morfeo y nos permita tener unas dos-tres horas de descanso hasta que el proceso vuelva a empezar.

Lo cierto es que ya no lloramos más de felicidad ante el llanto de nuestro hijo, pero de aquí en más es muy probable que sí lloremos en muchas oportunidades en que los escuchemos llorar. Esto ocurrirá por primera vez cuando comience con sus cólicos y no sepamos lo que hacer, cuando el cansancio nos gane y el niño no nos deje dormir, cuando veamos a nuestro esposo-compañero-padre de la criatura dormir plácidamente y nosotras estemos paseándonos de lado a lado de la habitación con el niño en brazos. Y más adelante, quizás por no haber podido evitar que se cayera y se pegara o raspara, por no ser capaces de estar las 24 horas con el ojo encima de ellos (lo cual ya hubiera acabado con nuestras vidas, sin dudas) , cuando lo dejemos por primera vez en el jardín de infantes o cuando llore por alguna injusticia y tengamos que explicarle algo que ni nosotras mismas nos creemos, pero que es necesario para que confíe en la vida y tome valor para enfrentar más adelante desafíos mayores.

También lloraremos muchas otras veces sin que su llanto nos provoque el nuestro, aunque sí su ser sea el motivador del mismo. Cuando nos regale su primer sonrisa, le salga el primer diente, diga su primer palabra (que en raras ocasiones es "mamá"... el muy cretino) o dé su primer paso. Cuando lo veamos armar su primer puzzle de 4 piezas ("¡mi hijo es un genio!"), cuando comience a razonar y sacar sus primeras conclusiones para actuar en consecuencia, cuando escriba su nombre, empiece a leer o traiga su primer carné escolar.

Cuando nos vea llorar y no nos pregunte nada, sólo nos consuele con besos y abrazos, cuando vaya a su primer baile, tenga su primer novia o novio, con el cual seguro nos encariñaremos y de un día para el otro dejaremos de ver, cuando pierda su primer examen, por el cual pasó noches estudiando sin dormir, cuando tenga otra novia o novio y la cosa vaya "en serio" y decidan dejar el hogar y partir.

Y entonces, llegará el día en que volveremos a llorar de felicidad ante el llanto de un niño, cuando veamos a nuestros nietos nacer.

Lo cierto es que desde que tenemos hijos las lágrimas se hacen moneda corriente en la vida de una mujer (que si de por sí es sensible, deberá por el resto de su vida recordar tener pañuelos en su cartera).

Pero no por eso cambiaría jamás nada de lo sucedido ni de lo que vendrá. Porque prefiero derramar litros de lágrimas como para llenar una piscina de 100.000 litros antes que vivir en el árido desierto de no ser mamá.

miércoles, 9 de junio de 2010

SABER ESPERAR

Hace días que vengo huyéndole a mi sentir. Porque yo me conozco y, cuando hay cierta información en algún rinconcito de mi alma que sé que me producirá dolor, angustia o preocupación, trato de eludirla y hacer como si nada pasara. Pero también sé que eso dura un suspiro (o varios en pocos días), porque es como si tuviera a alguien golpeando una puerta sin parar. Al final, por cansancio, porque no tolero más escuchar el golpeteo, abro y dejo entrar.

Bueno, algo así funciona el asunto dentro mío. El dolor, la angustia o la preocupación están ahí, yo los siento, pero los ignoro. Sin embargo, al principio los lapsos de tiempo en que se hacen notar son más extensos entonces no me molesta tanto. Pero a medida que pasan los días, es como si los golpes se hicieran más fuertes, más intensos, en todo sentido, hasta que llega un momento que entiendo que tengo que tomarme el tiempo para escucharme, aunque no me guste lo que vaya a oír.

Algunas veces lo que me motiva a escucharme son situaciones externas, como lo fue esta vez.
Hace ya un tiempo que estoy preocupada por mi, por mi futuro personal, por mis sueños, por mi camino en esta vida. Y hace un tiempo bastante más largo que he decidido buscar. Primero empecé por afuera. Error. La búsqueda debía ser por dentro. No tardé mucho en darme cuenta de esto. Entendí que si no me “arreglaba” por dentro, poco podía hacer hacia afuera, hacia los demás. Me llevó un buen período encontrar los caminos adecuados. La oferta es mucha y todos tratan de “vender” sus principios, su religión, su espiritualidad, como “esto es lo mejor”. Hay muchos que aprovechan toda esta movida de la “Era de Acuario”, por ejemplo, para hacer dinero. No digo que no sean seres espirituales también. Creo que sí, que lo son, pero sin dudas que si pueden “currar”, también lo harán. Entonces, encontrar a las personas apropiadas, que sean guías verdaderas en este camino, no es tarea fácil. Con el tiempo, uno aprende a descubrirlos. Pero insisto, lleva su tiempo.

En principio hice cursos varios: armonización de chakras, Magnified Healing, dos niveles de Reiki, Hoponopono, masajes terapéuticos. Más cerca en el tiempo, Numerología Tántrica y últimamente me dediqué a los Registros Akáshicos. Todos estos me brindaban (y me brindan) la posibilidad de ayudar a otros y, si bien con algunos me puedo ayudar a mí misma, aún me faltaba encontrarme conmigo, en mi interior. Hice entonces, ya hace un tiempo, un curso de Kabbalah y más tarde aprendí Tarot, no como método adivinatorio, sino como método de autoconocimiento. También practiqué yoga durante mucho tiempo y, no fue hasta encontrarme con Kundalini Yoga que empecé a encontrar mi lugar. Allí sentí que algo dentro de mi hacía “click”. Practicar Kundalini Yoga y aprender a meditar me ayudó muchísimo a ir encontrándome conmigo, a solucionar cosas que parecían no tener solución. A dejar de decir “soy así y chau”. Darme cuenta que uno es como es pero puede cambiar. Y cuando se producen cambios dentro nuestro, nuestro entorno también cambia. En fin, fue el camino para mi encuentro. También la escritura ha sido un gran descubrimiento personal. Hace poco me dijeron que era “el encuentro con mi alma” y sí, creo que así lo es.

Más tarde, pasé a reunirme con mujeres con las cuales tenemos el mismo fin: el crecimiento personal a través de la filosofía y otras artes y la búsqueda constante e incesante de nuestra esencia. Ese fue el otro “click” de mi vida (hasta ahora, claro). Empecé a descubrir aún más de mi ser. A entender que el ego es el que nos domina tantas veces. A descubrirlo cuando se exalta, cuando aparece. Y, una vez que lo reconozco, puedo dominarlo. O al menos intentarlo.

Es así que creo que tanto el tiempo como los seres que me rodean hoy en día hacen que mi crecimiento sea constante y que el descubrimiento de mi ser se haya vuelto tan transparente para mi en el último tiempo. Empecé a intimar conmigo misma.

Entonces, motivada por el autodescubrimiento, es que surge en mi la necesidad de algo nuevo (y aquí está lo que golpea la puerta). Llega un momento que, si bien la búsqueda interior no cesa y seguiré descubriéndome hasta el último día de mi vida, el descubrimiento traspasa ciertos límites y surgen nuevas necesidades, la de compartir. Compartir ese amor que va surgiendo en mi ser con y para otros. No con los seres que me rodean, que ya saben que los amo (y si no lo saben, entérense: ¡los amo!). Sino de brindar ese amor hacia otro tipo de situaciones y personas. A seres que hoy no conozco, pero que sé que necesitan sentirse amados y cuidados. Y mi angustia surge por el mismo problema de siempre: falta de tiempo. No tengo tiempo para dedicarme como quisiera a nada de eso. Trabajo todo el día y tengo dos niños aún pequeños. A eso le sumo mis actividades y reuniones, que si bien sólo son dos veces por semana, me llevan su tiempo y necesito de ellas para continuar en este camino. Dos días que mi marido tiene sus actividades sumado a la atención que debo darle a mis pequeños … en fin, que me quedo sin tiempo para dedicarme a nada de lo que realmente quisiera hacer.

Entonces, me empieza a preocupar. Porque yo sé que mi alma siente esa necesidad y, sin embargo, no la puedo cubrir. Y al sentir que no puedo cubrirla, me siento un poco vacía interiormente, siento que no estoy cumpliendo con lo que debo hacer.

Pero el destino se encarga de ponerme en el camino las respuestas. Lo primero fue escucharme, ver qué sucedía ahí dentro y, unos días después, tomar conciencia de que ahora no podía, que el momento llegaría después. Para convencerme aún más, llegó a mi vida la historia de unos seres con mucha luz que tuve la suerte de conocer hace poquito. Su misión de vida trajo a flote una historia de amor incondicional hacia la humanidad pero que conllevó cierto descuido hacia su propia familia.

Fue así que entendí que debo esperar, ser paciente (sigo trabajando en esto, que tanto me cuesta) y dar lo que puedo dar ahora, desde donde estoy. Mis niños me necesitan y allí está mi energía puesta ahora. Por supuesto que las herramientas que he ido recolectando en el camino me “ayudan a ayudar”, pero el resto deberá esperar. Me duele también posponer, porque siento que lo que pospongo es amor, pero no me queda más que esperar. Elegí formar una familia, tener hijos, criarlos y educarlos. Eso ya es toda una tarea. Y allí es donde debo estar. Allí es donde estoy ahora. Y porque me comprometo a hacer las cosas con todo mi corazón, es que estoy segura que cuando pueda brindarme como deseo, mi alma me regalará risas y sonrisas, de esas que provocarán que mis ojos se nublen y las lágrimas que caerán serán la mejor forma de expresar felicidad. Estoy segura que lo voy a lograr, sólo debo saber esperar.

jueves, 15 de abril de 2010

LA VERDAD DE LA MILANESA


Hoy soné antigua con esta frase y mi primo, muy moderno y joven él, enseguida me lo hizo notar.

Y sí, estoy vieja. Mis canas que estos días han brotado como árbol en primavera me lo hacen saber. También el cansancio que llevo encima, el cual pinta unas ojeras espantosas en mi rostro.

La angustia y desesperación supieron visitarme de nuevo y esa es "la verdad de la milanesa".

Siempre es horrible ver a un niño enfermo. Pero nada es peor que ver a uno propio. La buena onda y el positivismo parecen desaparecer como arte de magia y la paciencia no es una aliada, sino enemiga.

Pero en todo este milagro de vida que es verlos crecer, aprender y salir adelante, aparecen las enseñanzas en el camino. Para todos. A veces, muy difíciles de visualizar. Otras, no tanto. Ayer, en medio de su llanto, vía en la mano, otra en su pecho, alimentos artificiales y antibióticos, me dijo "mami, yo hoy voy a hacer todo lo posible por sonreír". Y lo logró. Pasó todo el día sonriendo. A veces, forzadamente, pero jamás abandonó su sonrisa. Y yo lo miraba y pensaba: "cómo no ser positiva cuando un niño de 5 años se propone serlo?".

La sabiduría que me transmite estos días es incalculable.

También antes de su segunda operación, mientras él lloraba y yo también, preguntó a su padre qué le pasaba a mami. Juan le explicó que yo estaba cansada y me dolía la espalda. Y mi pequeño niño dijo: "y por qué entonces no se va a casa un rato y se acosta en su cama?". Nunca le importó su dolor, sino el mío. Cómo no esperar que salga adelante una personita tan noble como lo es él?

Entonces, creo que por su nobleza y poder de recuperación fue que hoy finalmente le retiraron su sonda gástrica. Y comenzó a tomar jugos y comer gelatinas. Aún falta para decir que está bien, pero su esfuerzo y voluntad han hecho que su mejoría se haga notar (sin quitarle crédito a los médicos que hicieron su parte, por supuesto).

Aún estaré ausente unos días, internada a su lado, pero cuando volvamos a casa empezaremos todos a respirar mejor. De verdad. Y en la mesa sin dudas que habrá milanesas.

viernes, 18 de diciembre de 2009

AMOR PERFECTO


Hoy hace ya diez años que conocí al amor perfecto. Ese amor que no tiene barreras, que es incondicional, el amor que nos lleva a dar la vida por alguien o hasta implorar por su muerte si eso es lo mejor para el ser amado. El amor que todo lo puede, que nos hace sentir vivos cada día, que nos llena con su luz. El amor de madre.
Hoy hace diez años que fui mamá. Que sentí lo maravilloso de crear a un ser y llevarlo durante casi nueve meses dentro mío y que al verlo el mundo tomara otro sentido.
Hoy hace diez años que nació Agustín, mi hijo.
Agustín llegó a mi vida pendiendo de un hilo y me llenó de un amor hasta entonces desconocido. Al verlo, poco me importó la decena de cables que tenía conectados. Todos fueron invisibles para mis ojos. Sólo veía a un niño hermoso descansando en una cuna, no a un niño enfermo.
Hoy soy lo que soy gracias a los 17 días que vivió Agustín. Hoy me siento una luchadora porque no hacerlo sería una deshonra, habiendo sido testigo directo de cómo un bebé luchaba tanto por su supervivencia. Hoy entiendo que no podemos interferir en el Plan Divino. Que el mapa de nuestras vidas ya está trazado y que lo único que podemos hacer es aceptarlo o morirnos de una depresión si es que no lo hacemos.
Hoy mi vida es plena con mis dos soles y estoy convencida que la Luz de Agustín los guía en cada paso que dan, que los cuida y protege. Que mis hijos de verdad tienen un Angel de la Guarda.
Hoy visitamos el cementerio. Sólo voy una vez por año, porque sé que mi hijo no está allí. Sin embargo, estar allí me acerca un poco más a él, a lo que quedan de su cenizas, y me tomo el tiempo para meditar y reflexionar con él.
Fuimos los cuatro. Renzo preguntó: “por qué vinimos aquí?”, dejándonos sin palabras tanto a Juan como a mi. Pero Juan Diego, ante la falta de respuesta, le dijo “vinimos a rezar”, y a Renzo lo conformó. Luego, en la preocupación de decirle algo, Juan le preguntó: “vos sabías que tenías un hermano mayor?” y mi cara lo dijo todo, porque aún no quiero que se entere. Entonces, otra vez Juan Diego me miró y le dijo a su hermano: “sí, soy yo tu hermano mayor”.
No puedo sentirme más que orgullosa de la familia que hemos formado. Con Juan, Juan Diego, Renzo … y Agustín. Porque sin él yo no hubiera podido hacer todo esto ni ser quien soy hoy.
Así que, hijo mío, sea donde sea que estés, gracias por venir a mi vida, por ser el ángel que me visitó en la tierra, por darme fuerzas para seguir, por enseñarme sobre ese amor incondicional y único, por hacerme crecer.
Te amo, como sólo una mamá puede amar a un hijo. Presente o ausente, con vida o sin ella, cuando se ama incondicionalmente el amor nunca se va.

domingo, 29 de noviembre de 2009

AH! - POLITICA!


Ah! La política!

Harta. Así estoy de los temas políticos de mi país. Harta de escuchar discusiones. Harta de que la gente se pelee. Harta del banderazo, de los cañones, del arsenal de armas, de acusaciones, de encuestas verdaderas o truchas, de si es más de lo mismo, de si es distinto, del IRPF, del NO IRPF, del país mejor.

Me había dicho a mi misma que no iba a opinar de nada, pero ya a pocas horas de las elecciones me venció la campaña.

Siempre he sido apolítica. No soy ni seré jamás partidaria de ningún partido. Ni de blancos, ni colorados, ni frenteamplistas, ni rosados, ni independientes, ni nada.

Claro que con los años he logrado entender algunas cosas porque no me ha quedado más remedio, al punto de encontrarme hablando de política en más de una oportunidad, cuando toda mi vida evité el tema. Supongo que la madurez (dice un amigo que esto suena mejor que decir la vejez, lo cual es cierto) hace que me replantee ciertas cosas.

Igual no deja de sorprenderme que la gente siga luchando por cosas que no me parecen del todo lógicas.

¡Hay tantas otras cosas por las que luchar! Por el amor, por la libertad, por la igualdad, por ejemplo. Y esto, no se logra con la política, aunque muchos puedan retrucarme que sí. Un presidente no hará que seamos mejores seres humanos. Por el contrario, hoy por hoy, los están degenerando. Crean rivalidades y enemistades varias, fanatismos, desprecio, egocentrismo …

No es así como nos hacemos mejores cada día.

No es así como haremos un país mejor. Y mucho menos, un mundo mejor.

Mañana elegiremos presidente.

Mañana muchos sentirán que eligieron lo mejor. Otros, se quedarán tristes, no entendiendo por qué pasan estas cosas.

Por mi parte, seguiré siendo apolítica toda mi vida.

Por supuesto que mañana sufragaré como corresponde que lo haga. No soy indecisa. No voy a votar en blanco ni anulado. Elegiré a quien considero debo elegir, a pesar de los pesares.

Pero sin importar quien sea electo, seguiré trabajando para que mi propia lucha continúe.

Sin fanatismos, ni enemistades, ni desprecios.

Seguiré luchando para combatir mi ego, bregando por la libertad, la igualdad y el amor desinteresado hacia el otro.

Por suerte tengo un esposo que me acompaña en esta ruta, lo cual me asegura que nuestros hijos crecerán bajo estos ideales, entendiendo que en la vida no se es mejor o peor según el presidente que tengamos, sino por el mundo que construimos nosotros mismos.

¿Utópico mi pensamiento? Sólo si todos seguimos pensando de esa manera. El día que dejemos de pensar que es una utopía es cuando lo convertiremos en realidad.

Buen sufragio para los ciudadanos de mi país.

Por mi parte, el voto más valedero ya fue puesto en casa.

viernes, 25 de setiembre de 2009

NOCHE DE TESOROS


Es semana de vacaciones de primavera y, si bien los niños de casa están felices de que hayan llegado, no es fácil complacerlos en estos días.
Aún el tiempo está frío como para que jueguen tanto rato afuera. Es cierto que el sol ya empieza a calentar un poco más que hace apenas unas semanas atrás, lo cual permite que se salgan y se oxigenen un poco, más que nada en horas del mediodía; pero después no sólo se aburren de andar en sus bicicletas y patinetas sino que ya es hora de ponerse una camperita o entrar. Generalmente terminan optando por lo segundo.
Uno a la computadora. Otro al playstation. La tecnología ayuda, no hay dudas, pero como madre me entra la culpa de ver a esos niños alienados con los aparatos. Claro, qué ejemplo puedo darles cuando yo hago lo mismo, ¿no?. Mala madre, mala madre, mala madre, me castigo. Se terminó. Hoy decidí que el día fuera diferente. Bueno, al menos la noche.
Aprovechando que mi marido no volvería hasta tarde, empezamos la fiesta. Primero fuimos a comprar unos pegotines nuevos para las bicicletas. Aunque parezca algo muy banal, tiene su explicación para que resulte atractivo.
Salimos de casa y enfilaron para el auto. “No niños, hoy vamos caminando”. Increíble aventura traspasar las rejas que amurallan nuestro hogar y caminar una cuadra por el barrio. Iban contentos, felices, ¡libres!. Llegamos a la bicicletería y tuvieron durante 5 minutos al pobre hombre que paró su trabajo de reparación de pinchaduras para atender a mis lindos solcitos. Miraron los stickers, eligieron, se arrepintieron y volvieron a elegir. Pagaron (cada uno llevaba su propio dinero) y volvimos a casa por el mismo camino que habíamos trazado a la ida.
Apenas entraron corrieron hacia sus bicis a pegarles sus nuevas adquisiciones y después a andar en ellas. Seguro que rodaban mejor con los nuevos calcos. ¡Habían quedado super!
Luego de jugar un rato, volvimos a salir. Esta vez a la peluquería a hacer los cortes típicos de vacaciones para que el lunes vuelvan prolijos a la escuela.
Ya cansada de las dos míseras cuadras que caminamos, decidí que iríamos en el auto. Caminar 10 cuadras más (en total, de ida y vuelta), no estaba en mis planes del día.
Por suerte cuando llegamos no había nadie, así que en menos de media hora ya estábamos rumbo a casa y de pelos cortos. Quedaron preciosos y, lo que es muchísimo mejor, conformes.
Ya casi era hora de cenar, por lo tanto pedimos empanadas que demoraron apenas una media hora en traer. Mientras tanto, cada uno volvió a sus aparatos electrónicos.
Lo bueno es que mantenemos ciertas tradiciones. Es por eso que una vez que la cena llegó, nos sentamos los tres a comer y a compartir una linda charla donde el humor como siempre fue abundante, gracias al menor de la familia.
La cena transcurrió sin discusiones y con una motivación, lo cual hizo que los platos se vaciaran más rápido que lo normal: se venía la búsqueda del tesoro.
Dibujé un mapa de la casa y marqué ciertos puntos en dorado, identificados con distintos símbolos. En cada punto había una pista que los llevaba a la siguiente, no sin antes cumplir una prenda para poder acceder. Las mismas consistían en lavarse los dientes, levantar los platos de la mesa, ponerse el pijama, razonamientos lógicos y bailar. Si lograban pasarlas, debían avanzar hasta la siguiente de un modo especial (en un pie, en cuatro patas, cangrejo, una mano en la cabeza y la otra en la cola del compañero, etc), hasta llegar a la última que los llevaría al GRAN TESORO, dos Super Push Pop (chupetines triples, hablando en español).
Se divirtieron enormemente, haciendo lo que hacen todos los días pero con un desafío por cumplir, además de bailar al ritmo de Daddy Yankee y su “Llamado de emergencia” o de jugar al cine mudo para conseguir su siguiente pista.
Ya con los super chupetines en su poder, me invitaron a ver una película: Open Season. Nos acurrucamos los tres en la cama grande, apagamos las luces y nos pusimos a mirar al oso y al alce de un solo cuerno hacer sus locuras por el bosque.
Al terminar, cada uno se fue a su cuarto, los arropé y nos dimos el beso y abrazo de buenas noches.
Hoy se fueron a dormir sin pelear, sin rezongar, sin gritar. Hoy se durmieron plenos de felicidad.
Y todo porque logramos salir un rato de la tecnología y disfrutar de mimos, juegos y diversión.
Ojalá volvamos a repetirla. Con vacaciones o sin ellas. Seguro que ellos lo recuerdan. Generalmente somos los adultos que nos olvidamos pronto de todo esto.

lunes, 7 de abril de 2008

PROMESA FOR KIDS




Y luego de que mi hijo de 6 años me hizo prometerle que dejaría de fumar y, posterior a la promesa, agregó: "si no cumplís con la promesa, entonces yo NUNCA te voy a creer más nada", finalmente lo dejé.

Me sentí presionada por el niño y le pedí unos meses para intentarlo. Le di todas las explicaciones habidas y por haber: que no era sencillo, que hacía muchísimos años que fumaba y quitarme el hábito no iba a ser fácil de hacer de un día para el otro y etc, etc.

Hace pocos dias volvió a recordármelo. Le dije que lo estaba intentando. Y era cierto. Había empezado a concurrir a la clínica antitabaquismo y, por medio de medicación (que ya habíamos probado otras veces, pero tal vez yo no le di tanto valor o importancia, por eso no dio los resultados esperados), el jueves pasado, en la noche, aproximadamente a esta hora, fumé mi último cigarrillo.

Pasé viernes, sábado y domingo sin fumar. Y lunes. La diferencia está en que hoy estoy al borde del ataque de nervios! Necesito un cigarrillo ya!!!

Y todo es autocontrol, me digo, todo es autocontrol ... porque los cigarrillos están en el bolso, pero debo aprender a controlarme y no tocarlos ... no tocarlos ... no tocarlos. No! Olfatearlos tampoco! Mmmhh, que necesidad tengo de ellos hoy. Y no hay Rivotril que me alcance!!!

Dormir, dormirme pronto. Eso es lo único que me mantendrá alejada del vicio. Ay! Cómo quiero fumar!!!!!! Soy una maldita adicta al tabaco!!!


sábado, 9 de febrero de 2008

BUSCANDO ESPACIOS

Estoy entre los Padrinos Mágicos, pistas de Hot Wheels, Mickey Mouse (todo modernoso, por supuesto, no el que veía yo), bananas de postre y yo qué sé cuántas cosas más relacionadas con los niños que están en estos momentos "activas" en la casa y mi vida: Paint Shop Pro (PSP), un cigarrillo, un vaso de coca-cola, cargando mp3 en mi celular y luchando con las insoportables moscas que este año han invadido el país (no sé qué pasa este verano, en vez de mosquitos hay moscas ... está bien, no pican, pero son más difíciles de combatir y molestan!!!).
En fin, como siempre, debatiéndome entre ser madre y ser mujer-independiente-solitaria-que-quiere-tranquilidad. Igual lo sigo intentando y no me doy por vencida. Me sigo generando espacios en medio del caos. Creo que a estas alturas se ha vuelto un desafío conseguirlo.
Es sábado a la noche y perdí una llamada al celular donde nos invitaban a la casa de unos amigos. Mala suerte. Otra vez será. Igual estoy bastante cansada como para salir. Prefería quedarme en el caos.
Acabo de terminar unos trabajitos prometidos para unas amigas con el PSP. En un rato me voy a hacer mi ejercicio semanal del taller literario. Tendría que hacer un poco de yoga, pero la verdad, no tengo ganas. Hoy me tomo un flex y a otra cosa mariposa. Descubrí que dormir sin almohadas me hace mejor para la espalda. El primer día me costó, pero ahora ya me acostumbré. Al menos, me levanto sin dolor. Claro que con el correr del día aparece pero por lo menos estoy teniendo un buen despertar.
Hoy no estoy inspirada ... no sé qué pasa últimamente que todo lo que escribo apesta. Mejor me voy.


lunes, 17 de diciembre de 2007

RETOMANDO ...

Un poco por obligación y otro poco por placer es que decidí retomar la escritura en este pedacito de hoja en blanco que con el movimiento de mis dedos se va llenando.
(gracias Gabriela por tu empujón ... y te hice caso, cambié la foto. Si bien no es la mejor, es la única que hay actualizada, por ahora).
No es un buen día para retomar ... o tal vez sí. Esta dualidad que tengo a veces me mata ... y me da vida.
En definitiva, hoy concurrí a la pediatra de mi hijo mayor. Es que ayer, con sólo 6 años, lo vi colgado de una cuerda. Claro que los pies le llegaban al piso, pero él había colocado su cabeza en un cinturón de su bata de piscina que estaba atado a la cuerda de colgar la ropa. Y no es la primera vez que "juega" con cuerdas (bonito juego se buscó). Si bien lo ha hecho en otras oportunidades, nunca fue suspendido de algo, sino con una cuerda alrededor de su cabeza. Tras haberle explicado en previas que eso no era un juego y las consecuencias podían ser muy graves, ayer al verlo obviamente corrí a sacarlo de allí y, sin ánimo de ser histérica pero sí madre enojada y preocupada, le planté la pregunta: "¿Vos querés matarte?", a lo cual respondió: "No". A continuación, una breve explicación sobre que uno no puede "jugar a morirse para ver qué pasa". Que si nos morimos desaparecemos para siempre y nunca nos vamos a enterar de cómo es porque no podemos volver (la explicación religiosa o sobre reencarnaciones obviamente no venían al caso, más allá de que creo fervientemente en ellas). Para él no era más que un juego, porque al saber que con eso "no se puede jugar", inmediatamente siguió haciéndolo con otra cosa. Pero, la preocupación en mi quedó. Al igual que en mi esposo. Así que hoy me fui a la pediatra y terminó dándome un pase para psiquiatría infantil. Si bien ella está de acuerdo conmigo (y le pareció muy bien el modo en que se lo había preguntado, lo cual me dio cierta tranquilidad de haber actuado bien como madre), también está de acuerdo en que más vale prevenir que lamentar.
Claro está que todo el orgullo que siento como madre de tener un hijo inteligente que termina su último año de nivel incial sabiendo leer, escribir, sumar y restar, que las calificaciones son destacadas y tiene un montón de felicitaciones, que recibe su primer diploma por obtener el 2º lugar en un concurso de agilidad mental, se me desvanece al saber que esa inteligencia muchas veces pueda actuar en su contra. Y capáz que me estoy preocupando de más, pero me es inevitable.
En cambio el más pequeño, pronto para cumplir 3 años el mes siguiente, corre, salta, juega al aire libre y no para ni un minuto. No presta atención a nada porque lo único que le interesa es salir y divertirse. Está todo el tiempo propenso a caerse, romperse una pierna o recibir costuras en su cuerpo. Pero sé que serán accidentes y estoy preparada para enfrentarlos, porque tarde o temprano ocurrirán.
Sin embargo, los aspectos psicológicos son los que más me preocupan porque esos ... no los puedo predecir ni frenar.

sábado, 24 de marzo de 2007

ME MARCHO A NUEVA YORK

Cantaba Mecano ... pero yo me voy en serio.

Llegó el día tan esperado. Sólo 24 horas me separan del Aeropuerto Internacional de Carrasco donde tomaremos el vuelo familiar hacia la ciudad de Nueva York.

Este será mi tercer viaje a esa ciudad llena de magia, de gente, de cemento. Es poco lo que conozco del mundo, pero así y todo puedo asegurar que es la ciudad de mis sueños.

Todo tan cosmopolita, tan fashion, tan glamouroso (dijera una amiga que así me ha bautizado).

Recuerdo la primera vez que fui y al final de mi viaje ya era una neoyorquina más, andaba por las calles apurada. Cuando tomé conciencia me senté a reír, porque la ciudad me había llevado a su ritmo, aún estando yo de vacaciones.

Pero me encanta.

Y este viaje será muy especial. No sólo es un viaje familiar, lo cual tiene su encanto (y desencantos, porque viajar con un niño de 2 años no ha de ser muy divertido), sino y principalmente que Juan Diego estará con su madrina (mi mejor amiga que vive allí), se subirá a un avión por primera vez, visitará una ciudad enorme y maravillosa. Y sé que nada de esto se borrará de su memoria.

Ansío ver su carita en todos los momentos y no quiero perderme de ninguno.

En fin ... NY nos espera .... allá vamos!!!!!!


lunes, 19 de marzo de 2007

(NO) TENGO UNA CASITA ... ASI Y ASI

El título hace alusión a un versito que les cuento a mis hijos desde hace un tiempo.
"Tengo una casita, así y así (con las manos formamos un cuadrado, para un lado y para el otro)
Con una puertita que golpeo así y así (dibujo una puertita con los dedos y golpeo con los puños tomados para un lado y para el otro)
Me lustro los zapatos, así y así (para un lado y para el otro)
Y por la chimenea sale el humo así y así (dibujo con los dedos la chimenea y el humo que gira)."
Bueno, la idea es que esto empieza a decirse muy bajito y la casita y sus dibujos son todos chiquitos. Se va aumentando de volumen hasta pegar gritos desaforados y movimientos excesivos.
En fin, es muy divertido. Mis hijos se ríen mucho y lo uso cuando vamos en el auto y la cosa se pone aburrida (claro, cuando no manejo yo) o cuando estamos en casa y nada los entretiene.
El tema es que ahora se me hizo personal el asunto. Porque yo no tengo una casita, así y así. Apenas si tengo zapatos que lustro de vez en cuando!
El tema de la búsqueda de hogar me tiene mal. No encuentro nada que me convenza, que me guste, que colme mis expectativas. Y que esté en el precio que pretendo pagar. Es mucho pedir??
Hoy vimos todos (la familia a pleno) una casa que nos gustó mucho. Claro, el precio no. Pero será cuestión de conversarlo. Mañana por tercera vez iremos a verla (porque yo ya la había visto) con un arquitecto de por medio para que nos informen de algún problemilla que detectamos y, como no conocemos nada de construcción, nos diga si es económicamente solucionable o no. Si está todo bien, ofertaremos y veremos. Y sino, a seguir buscando (cosa que no me divierte en demasía, bastante me ha costado encontrar esta).
En fin ... el domingo viajamos. Aún no he empezado a preparar las valijas. Pero al menos ya las he bajado de los placares.

domingo, 25 de febrero de 2007

PASAPORTES Y VISAS


Mañana sacamos los pasaportes. Trámite que ya me agota hacer antes de empezar. Me estresa pensar que tengo que estar cuidando que Renzo (el de 2) no toque nada, que no moleste a Juan Diego (el de 5), que no griten, que no se peleen, que se mantengan tranquilos mientras hacemos el trámite.

Ya sé que no lo voy a lograr, pero no puedo evitar pensar en estresarme. Además, como si fuera poco, el nene mayor (o sea, mi esposo) no tiene todos los papeles que precisa llevar! Y eso que le avisé con 20 días de anticipación. Problema de él si no le dan el pasaporte. No viajará. O tendrá que pagar nuevamente día y hora. No sé. Con mis dos hijos y conmigo misma es más que suficiente para juntar papeles.

A las 11 AM estaremos iniciando el trámite para después correr como una loca a dejarlos en el trabajo a mi marido, en el jardín al peque y en el colegio al mayor. Ah, antes de esto, debo llevar a los menores a almorzar a algún Mc Donalds, ya que todo tiene que ser rápido. Y con suerte, después que todos retomen sus tareas, me toca a mi empezar a trabajar (claro que en el medio debo pasar por un cambio a pagar las visas de USA en algún lado).

Y yo, muy ilusa, hoy quería adelantar trámites. Se me ocurrió imprimir los formularios que necesitamos para la embajada. Cuando comencé a llenarlo, ya me aburrió. No sólo me piden millones de datos los cuales tuve que buscar por agendas, celular y pasaportes anteriores, sino que cuando quise intentar imprimirlos (intentar, porque hace 2 días que el toner de la impresora empezó a escasear, por lo cual tampoco sé si iba a poder imprimirlos) resulta que no puedo porque la fecha de impresión no puede ser anterior a la fecha de emisión de los pasaportes (o sea, mañana). Divino. Perdí una hora de mi tiempo para nada.

Así que tal vez mañana vaya a un cyber cafe e intente hacerlo desde allí, con pasaporte en mano y fechas anotadas en alguna hoja (que seguro perderé).

El martes, otro día de locos. Embajada a las 9,15 AM (esta vez, sola con los niños! Más estresante aún). Luego, jardín y colegio (esto significa volver a mi casa, pues están a dos cuadras de aquí). De allí otra vez al centro, al trabajo. A eso de 11,30 AM ir a comprar los pasajes.

Y ahí si, creo que ya respiro tranquila hasta el 25 de marzo que nos vamos (igual, luego que tenga las visas, debo ir a buscar los pasaportes a no sé dónde recién a los 3 días).

En fin, me voy a dar un baño y a acostar, que mañana el día será un poco complicado.

Buenas noches.

sábado, 24 de febrero de 2007

JAQUE MATE, MAMA

Aquí está el azúcar:
Mi hijo de 5 años suele obsesionarse con el aprendizaje. Por estos días, su obsesión pasó a ser el ajedrez. Como soy la única persona de esta casa que sabe mover las piezas (no jugar, porque de estrategias no sé nada), me ha tocado compartir este espacio lúdico y de aprendizaje con él. No me quejo, por el contario, nada más lindo que compartir con los hijos.

Es así que a pesar de tener un precioso y preciado ajedrez tallado en piedra en el cual jugamos por primera vez, hoy le compré uno acorde a su edad, o sea de plástico. Fue uno de los regalos que más feliz lo ha hecho. Ver su carita de felicidad al recibirlo me regocija.

El problema es que mis tiempos son siempre muy ajustados, por lo cual recién a última hora de la noche logré sentarme a jugar nuevamente con él. Es increíble la capacidad de aprendizaje que tienen estos niños. No dejo de sorprenderme. El primer día conocía algunos movimientos (como ser el de la Reina o los Peones ... aún me pregunto cómo aprendió, ya que ni él mismo sabe responderme). Ese día estuve explicándole cómo debían moverse las demás piezas y, a pesar de su corta edad, ha retenido bastante los movimientos. Por supuesto que esa noche el Jaque Mate lo hice yo.

Hoy "la clase" fue más que nada sobre atención en los movimientos del otro jugador. Ver en forma estratégica cuál era el mejor movimiento para evitar perder piezas. Aunque a veces uno esté tentado de "comer" al oponente, es probable que luego él te haga perder una de las tuyas.

Así venía desarrollándose el juego, entre Caballos, Torres y Alfiles, cuando de repente mueve una de sus piezas y dice: "Jaque Mate, mamá". Acababa de jaquearme al Rey con su Reina. Mi Rey no tenía escapatoria. Era un Jaque Mate real.

Entre derrotada y abatida, también me sentí plena de orgullo. Mi hijo de 5 años me derrotó en su segundo partido de ajedrez.

Se fue a dormir con una sonrisa de felicidad en su rostro. Mañana seguro me espera un nuevo "duelo", como lo llama él. Por mi parte intentaré defender el reino, porque es la mejor forma de que pueda aprender. Pero lo cierto es que siempre estaré deseando escuchar "Jaque Mate, mamá", y sin dudas me volveré a sentir orgullosa y feliz cuando MI REY logre derrotar al Rey de un juego de ajedrez.