Translate
lunes, 24 de diciembre de 2012
NAVIDAD, RARA NAVIDAD
Así que me armé de valor y en febrero tomé la gran decisión de mi vida, pero no fue hasta setiembre cuando finalmente nos mudamos. Desde entonces muchas cosas han pasado. Muchísimas. Algunas muy feas y otras divinas. Y llegamos a diciembre, donde siento que se me ha tomado el examen final de las materias cursadas este año: paciencia y tolerancia. Y estoy segura que las apruebo con buena nota. Eso sí, son materias que uno no debe descuidar, quiero decir, son ese tipo de materias que se actualizan todo el tiempo, como la economía y sus índices, por ejemplo. No hay que perderles el rastro. En fin, creo que me gané el merecido pase para comenzar a transitar el perdón y el agradecimiento. Pero eso es digno de otra entrada al blog.
Hoy me trajo la Navidad. Esa fecha tan especial que reúne a la familia, que a los cristianos nos recuerda el nacimiento de Jesús, que es un día donde los niños son felices con sus regalos, que congrega a todos alrededor de un árbol, que nos permite brindar por el amor, la paz y la felicidad.
Mi familia hoy está reducida a tres: mis hijos y yo. No tengo padres ni hermanos con quien compartir este día. Sí amigos, muchos, que no han dejado de invitarme a sus casas a quienes se los agradezco infinitamente. También tengo tías y primos que estoy segura no tendrían el más mínimo problema de recibirme. Pero lo cierto es que mi familia, esa íntima que todos tenemos, se reduce a mis dos pequeños.
En el momento de la separación, mi hijo mayor nos pidió si podíamos pasar las fiestas todos juntos que, según dijo, no debiera ser complicado que compartiéramos dos días al año. No le prometí nada cuando lo dijo mientras todos aún vivíamos bajo el mismo techo porque si hay algo que no hago son promesas que no sé si pueda cumplir. Yo me esperaba una tormenta complicada luego de mudarnos pero fue peor, el volcán entró en erupción. Y por más que hoy puedo perfectamente vivir con las cenizas volcánicas, la lava no me va, así que imposible compartir esos días.
Ambos comprendieron (porque no son ajenos a las circunstancias) que no era apropiado y que yo no me sentiría cómoda. Fue así que surgió que el 24 pasaban conmigo y el 31 con su papá.
Mis hijos no creen en Papá Noel, pero sí sienten la magia de la Navidad. Entonces, volví a anteponerlos, como lo hago siempre. Les pregunté qué preferían, sabiendo la respuesta. No les iba a quitar la posibilidad de estar con sus únicos abuelos, tíos y primos en esa noche especial.
Es por eso que esta Navidad será extraña. Sé que no estaré sola, pero hay algo, dos algos en verdad, que me van a faltar y extrañaré mucho esa noche. Pensaré en ellos a las 12 y les mandaré un beso a distancia. Les pondré los regalos en el árbol y los abrirán al otro día, donde almorzaremos los tres juntos.
Esta Navidad será rara. Sé también que aunque callen me extrañarán. Pero también sé que ni una noche ni un día especial cambiará el amor que revolotea en este hogar.
Tomo decisiones y eso me da plenitud y felicidad. Mis hijos también toman las suyas. Y por eso somos una bella familia, porque nos sabemos respetar.
Los amo, niños. Feliz Navidad.
domingo, 9 de setiembre de 2012
DOLOR NO AJENO
martes, 3 de abril de 2012
VERLOS CRECER

jueves, 25 de agosto de 2011
Y DECIR 1O AÑOS ES DECIR AMOR
jueves, 9 de junio de 2011
ESA BENDITA MANIA DE SONREIR

A veces, en ese afán de ordenar, me encuentro con cosas tiradas en el piso que me malhumoran un poco, como pedazos de papeles recortados por todas partes, origamis a medio hacer desparramados en el piso o con la manía de mi hijo menor de dejar pijamas de días anteriores tirados, ya que el niño decide usar uno diferente cada día, si no lo controlo.
Anoche, casi lo despierto de tanto que me enojé. Lo primero que vi fue un marcador indeleble metálico tirado en el piso y todo aplastado, seguramente con sus dientes. Había también algunas hojas escritas con dicho marcador. Hasta ahí, todo más o menos normal. Pero al llegar a la guitarra (esa de verdad que los Reyes Magos le trajeron en enero), la encuentro fuera de funda y ESCRITA con ese marcador.
No sé nada de guitarras, así que no puedo describir exactamente dónde estaba escrito, pero para para poder transmitir un poco la idea, en la parte de adelante, arriba (donde sale el "brazo" de la guitarra) estaba escrito de un lado la palabra CARLOS y del otro algo así como UEATER, aunque no era muy legible. Más abajo, unas rayas que supongo yo simularían rayos.
Corrí al baño en busca de alcohol y un poco de algodón, a ver si así la podía limpiar. Algo salió, pero igual quedó un sombreado del CARLOS y algunas líneas más.
Decidí reservarme el rezongo para esta mañana. A pesar del enojo, me dio lástima despertarlo. Total, lo hecho hecho estaba.
Esta mañana, entre corridas al trabajo y salidas al colegio, olvidé por completo el hecho. Pero, al llegar a casa en la tarde, no se salvó.
Le pregunto, con voz seria y firme, si recuerda qué había hecho con el marcador. Con carita de pollo mojado, me dice que había rayado su mesa (ya la había visto, pero tiene tantas rayas que eso no me preocupaba). Le respondo que sí, que está mal, que el marcador es sólo para escribir en hojas o cuadernos, no en cualquier lado. Pero que había algo más que había escrito y no debía haberlo hecho. Le volví a pedir que hiciera memoria. Entonces respondió: "la guitarra". "Exacto!", dije yo, con voz más enojada aún. Allí comenzó mi verborragia: "el marcador no es para usarlo en cualquier cosa, cómo vas a hacer eso!, además, lo destrozaste después de usarlo, ahora no sirve para nada. Y la guitarra, Renzo?? La guitarra?? A vos te parece andar escribiendo en la guitarra??" (seguía mirándome con esa carita de pollito mojado o Gato con Botas de Shrek que tan bien sabe poner). "Decime, qué quisiste escribir en la guitarra? Quién es Carlos? De dónde sacaste eso?". Entonces me dice "CARLOS WALTER". Ya sólo sentir la combinación del nombre Carlos Walter me dio gracia. Pero más aún cuando Juan Diego entró al cuarto y contó: "lo que pasa que en la tele están pasando una publicidad que te regalan la guitarra autografiada de CARLOS BAUTE, se ve que eso fue lo que quiso poner".
Listo. Se terminó el rezongo. Todos nos tentamos, excepto Renzo, claro, que no sabía si al reír iba a mejorar o empeorar la cosa.
Igual terminé mi discurso de buenos modales y de lo que puede escribir y lo que no, pero ya la autoridad, penitencia y todo lo que podía venir después, se desvaneció con la risa.
Este niño es la bendición de esta casa. Es el niño chispita. El niño que nos hace reír, aún cuando se porta mal.
Entonces, me quedo con eso, con la plenitud de tener un niño que haga lo que haga siempre logra arrancarle una sonrisa a los demás, ya sea con su cara de Gato con Botas de Shrek, con un autógrafo en una guitarra o con lo que se le dé la gana. Lo cierto es que no hay un sólo día que Renzo no nos haga reír. No en vano, como dice en el post que una vez escribí LA VERDAD DE LA MILANESA él decide siempre sonreir.
Amo a mi niño como cualquier padre o madre ama a los suyos. Pero particularmente lo amo por la maravillosa forma que tiene de enseñarme día a día a ser feliz.
domingo, 7 de noviembre de 2010
AY HIJO, QUE ME HACES LLORAR!

Pero no. Julieta no vino a las apuradas ni en el medio de la noche. Dejó que sus padres descansaran, se despertaran como cada mañana (aunque Flor ya despertó con contracciones a las 5 y no pudo dormir más) y, unos minutos después fue cuando decidió empujar un poquito y romper la bolsa que hasta entonces había sido su morada. Flor le indicó tranquilamente a Sebastián dónde estaba su bolso y el de Julieta y unos instantes más tarde salieron para el hospital.
Inmediatamente los instalaron en la sala de pre-parto, porque Julieta no dejaba de empujar, por lo cual las contracciones eran cada vez más y más seguidas. Y más y más dolorosas.
Pero Julieta es una buena niña y decidió no hacer sufrir demasiado a su madre. Así que una hora y media después de haber llegado, Julieta largaba su primer grito al mundo.
Flor y Seba no paraban de sonreír y por supuesto alguna que otra lagrimita de felicidad también largaron.
Julieta estaba con ellos. Después de nueve largos meses de espera, de los preparativos, de comprar ropita diminuta, de leer libros de embarazo y los primeros meses de vida del niño, de ver que la piel de la panza se estira hasta el punto de llegar a un tamaño jamás imaginado, la bella niña de sus sueños se hizo realidad. Happy ending. Or beginning.
Porque lo cierto es que no hay nada más lindo que escuchar el llanto de un bebé ... en el preciso momento que nace. Este es el UNICO momento que el llanto de nuestros hijos nos da felicidad hasta las lágrimas. No es necesario pensar demasiado para darse cuenta que esto es verdad.
Pasado el momento del parto, nos vamos a la sala, a alojarnos con nuestro niño o niña recién nacido. Todo hinchadito de tanta fuerza que tuvo que hacer para salir, dormidito, chiquito, frágil, tierno, comestible. Es nuestra creación y aún no podemos creer que ese ser tan perfecto haya salido de nosotros.
Pasa un rato, unas horas quizás para las más afortunadas, y el primer llanto suena (en realidad, ya es el segundo). Hora de comer. La criaturita comienza con su proceso alimenticio y ahí empiezan las primeras complicaciones de esta vida. Hasta hace unas horas no tenía la menor idea de lo que era el hambre, ya que su alimento venía a través de un cordón. Ahora deberán proveerle el alimento y, para eso, deberá llorar. La madre acomoda al niño/a en su pecho, pensando que la criatura con su pequeña boquita succionará y sacará leche de su interior. Minutos más tarde se dormirá (si no lo hace mientras toma) y el proceso seguirá sin problemas. Pero no es tan sencillo. El bebé intenta desesperadamente poner su boca en la teta de la madre, la madre no sabe muy bien cómo acomodarlo, el bebé cada vez está más desesperado porque no deja de ser un cachorrito en busca de alimento, así que se prende rápidamente del pezón materno, como puede, y empieza a chupar. La madre, en un grito desesperado, pide a su esposo-compañero-padre de la criatura, que llame a la enfermera porque le va a arrancar la teta. La enfermera, paciente y master en el tema, ayuda a la madre a acomodarse y al niño/a succionar fervientemente, dándole el tan esperado alivio a la mamá.
Una vez finalizado este proceso, ya la criatura de panza llena, como era de esperarse, se duerme. Pero es hora de cambiar el pañal. Lo cual hace que el pequeño pimpollito se despierte y vuelva a llorar. La madre, con toda su ternura, tratará de consolarlo, sin importarle los dolores post-parto que tiene o si la cortaron de lado a lado, por haber tenido una cesárea. El dolor de una mujer, a partir del nacimiento de su hijo, quedará relegado por muchísimos años. Tantos, que cuando nos demos permiso para sentir dolor, nos daremos cuenta que no hay pedacito del cuerpo que no nos duela. Finalmente logramos que la criatura caiga nuevamente en brazos de Morfeo y nos permita tener unas dos-tres horas de descanso hasta que el proceso vuelva a empezar.
Lo cierto es que ya no lloramos más de felicidad ante el llanto de nuestro hijo, pero de aquí en más es muy probable que sí lloremos en muchas oportunidades en que los escuchemos llorar. Esto ocurrirá por primera vez cuando comience con sus cólicos y no sepamos lo que hacer, cuando el cansancio nos gane y el niño no nos deje dormir, cuando veamos a nuestro esposo-compañero-padre de la criatura dormir plácidamente y nosotras estemos paseándonos de lado a lado de la habitación con el niño en brazos. Y más adelante, quizás por no haber podido evitar que se cayera y se pegara o raspara, por no ser capaces de estar las 24 horas con el ojo encima de ellos (lo cual ya hubiera acabado con nuestras vidas, sin dudas) , cuando lo dejemos por primera vez en el jardín de infantes o cuando llore por alguna injusticia y tengamos que explicarle algo que ni nosotras mismas nos creemos, pero que es necesario para que confíe en la vida y tome valor para enfrentar más adelante desafíos mayores.
También lloraremos muchas otras veces sin que su llanto nos provoque el nuestro, aunque sí su ser sea el motivador del mismo. Cuando nos regale su primer sonrisa, le salga el primer diente, diga su primer palabra (que en raras ocasiones es "mamá"... el muy cretino) o dé su primer paso. Cuando lo veamos armar su primer puzzle de 4 piezas ("¡mi hijo es un genio!"), cuando comience a razonar y sacar sus primeras conclusiones para actuar en consecuencia, cuando escriba su nombre, empiece a leer o traiga su primer carné escolar.
Cuando nos vea llorar y no nos pregunte nada, sólo nos consuele con besos y abrazos, cuando vaya a su primer baile, tenga su primer novia o novio, con el cual seguro nos encariñaremos y de un día para el otro dejaremos de ver, cuando pierda su primer examen, por el cual pasó noches estudiando sin dormir, cuando tenga otra novia o novio y la cosa vaya "en serio" y decidan dejar el hogar y partir.
Y entonces, llegará el día en que volveremos a llorar de felicidad ante el llanto de un niño, cuando veamos a nuestros nietos nacer.
Lo cierto es que desde que tenemos hijos las lágrimas se hacen moneda corriente en la vida de una mujer (que si de por sí es sensible, deberá por el resto de su vida recordar tener pañuelos en su cartera).
Pero no por eso cambiaría jamás nada de lo sucedido ni de lo que vendrá. Porque prefiero derramar litros de lágrimas como para llenar una piscina de 100.000 litros antes que vivir en el árido desierto de no ser mamá.
miércoles, 9 de junio de 2010
SABER ESPERAR
Hace días que vengo huyéndole a mi sentir. Porque yo me conozco y, cuando hay cierta información en algún rinconcito de mi alma que sé que me producirá dolor, angustia o preocupación, trato de eludirla y hacer como si nada pasara. Pero también sé que eso dura un suspiro (o varios en pocos días), porque es como si tuviera a alguien golpeando una puerta sin parar. Al final, por cansancio, porque no tolero más escuchar el golpeteo, abro y dejo entrar. Bueno, algo así funciona el asunto dentro mío. El dolor, la angustia o la preocupación están ahí, yo los siento, pero los ignoro. Sin embargo, al principio los lapsos de tiempo en que se hacen notar son más extensos entonces no me molesta tanto. Pero a medida que pasan los días, es como si los golpes se hicieran más fuertes, más intensos, en todo sentido, hasta que llega un momento que entiendo que tengo que tomarme el tiempo para escucharme, aunque no me guste lo que vaya a oír.
Algunas veces lo que me motiva a escucharme son situaciones externas, como lo fue esta vez.
Hace ya un tiempo que estoy preocupada por mi, por mi futuro personal, por mis sueños, por mi camino en esta vida. Y hace un tiempo bastante más largo que he decidido buscar. Primero empecé por afuera. Error. La búsqueda debía ser por dentro. No tardé mucho en darme cuenta de esto. Entendí que si no me “arreglaba” por dentro, poco podía hacer hacia afuera, hacia los demás. Me llevó un buen período encontrar los caminos adecuados. La oferta es mucha y todos tratan de “vender” sus principios, su religión, su espiritualidad, como “esto es lo mejor”. Hay muchos que aprovechan toda esta movida de la “Era de Acuario”, por ejemplo, para hacer dinero. No digo que no sean seres espirituales también. Creo que sí, que lo son, pero sin dudas que si pueden “currar”, también lo harán. Entonces, encontrar a las personas apropiadas, que sean guías verdaderas en este camino, no es tarea fácil. Con el tiempo, uno aprende a descubrirlos. Pero insisto, lleva su tiempo.
En principio hice cursos varios: armonización de chakras, Magnified Healing, dos niveles de Reiki, Hoponopono, masajes terapéuticos. Más cerca en el tiempo, Numerología Tántrica y últimamente me dediqué a los Registros Akáshicos. Todos estos me brindaban (y me brindan) la posibilidad de ayudar a otros y, si bien con algunos me puedo ayudar a mí misma, aún me faltaba encontrarme conmigo, en mi interior. Hice entonces, ya hace un tiempo, un curso de Kabbalah y más tarde aprendí Tarot, no como método adivinatorio, sino como método de autoconocimiento. También practiqué yoga durante mucho tiempo y, no fue hasta encontrarme con Kundalini Yoga que empecé a encontrar mi lugar. Allí sentí que algo dentro de mi hacía “click”. Practicar Kundalini Yoga y aprender a meditar me ayudó muchísimo a ir encontrándome conmigo, a solucionar cosas que parecían no tener solución. A dejar de decir “soy así y chau”. Darme cuenta que uno es como es pero puede cambiar. Y cuando se producen cambios dentro nuestro, nuestro entorno también cambia. En fin, fue el camino para mi encuentro. También la escritura ha sido un gran descubrimiento personal. Hace poco me dijeron que era “el encuentro con mi alma” y sí, creo que así lo es.
Más tarde, pasé a reunirme con mujeres con las cuales tenemos el mismo fin: el crecimiento personal a través de la filosofía y otras artes y la búsqueda constante e incesante de nuestra esencia. Ese fue el otro “click” de mi vida (hasta ahora, claro). Empecé a descubrir aún más de mi ser. A entender que el ego es el que nos domina tantas veces. A descubrirlo cuando se exalta, cuando aparece. Y, una vez que lo reconozco, puedo dominarlo. O al menos intentarlo.
Es así que creo que tanto el tiempo como los seres que me rodean hoy en día hacen que mi crecimiento sea constante y que el descubrimiento de mi ser se haya vuelto tan transparente para mi en el último tiempo. Empecé a intimar conmigo misma.
Entonces, motivada por el autodescubrimiento, es que surge en mi la necesidad de algo nuevo (y aquí está lo que golpea la puerta). Llega un momento que, si bien la búsqueda interior no cesa y seguiré descubriéndome hasta el último día de mi vida, el descubrimiento traspasa ciertos límites y surgen nuevas necesidades, la de compartir. Compartir ese amor que va surgiendo en mi ser con y para otros. No con los seres que me rodean, que ya saben que los amo (y si no lo saben, entérense: ¡los amo!). Sino de brindar ese amor hacia otro tipo de situaciones y personas. A seres que hoy no conozco, pero que sé que necesitan sentirse amados y cuidados. Y mi angustia surge por el mismo problema de siempre: falta de tiempo. No tengo tiempo para dedicarme como quisiera a nada de eso. Trabajo todo el día y tengo dos niños aún pequeños. A eso le sumo mis actividades y reuniones, que si bien sólo son dos veces por semana, me llevan su tiempo y necesito de ellas para continuar en este camino. Dos días que mi marido tiene sus actividades sumado a la atención que debo darle a mis pequeños … en fin, que me quedo sin tiempo para dedicarme a nada de lo que realmente quisiera hacer.
Entonces, me empieza a preocupar. Porque yo sé que mi alma siente esa necesidad y, sin embargo, no la puedo cubrir. Y al sentir que no puedo cubrirla, me siento un poco vacía interiormente, siento que no estoy cumpliendo con lo que debo hacer.
Pero el destino se encarga de ponerme en el camino las respuestas. Lo primero fue escucharme, ver qué sucedía ahí dentro y, unos días después, tomar conciencia de que ahora no podía, que el momento llegaría después. Para convencerme aún más, llegó a mi vida la historia de unos seres con mucha luz que tuve la suerte de conocer hace poquito. Su misión de vida trajo a flote una historia de amor incondicional hacia la humanidad pero que conllevó cierto descuido hacia su propia familia.
Fue así que entendí que debo esperar, ser paciente (sigo trabajando en esto, que tanto me cuesta) y dar lo que puedo dar ahora, desde donde estoy. Mis niños me necesitan y allí está mi energía puesta ahora. Por supuesto que las herramientas que he ido recolectando en el camino me “ayudan a ayudar”, pero el resto deberá esperar. Me duele también posponer, porque siento que lo que pospongo es amor, pero no me queda más que esperar. Elegí formar una familia, tener hijos, criarlos y educarlos. Eso ya es toda una tarea. Y allí es donde debo estar. Allí es donde estoy ahora. Y porque me comprometo a hacer las cosas con todo mi corazón, es que estoy segura que cuando pueda brindarme como deseo, mi alma me regalará risas y sonrisas, de esas que provocarán que mis ojos se nublen y las lágrimas que caerán serán la mejor forma de expresar felicidad. Estoy segura que lo voy a lograr, sólo debo saber esperar.
jueves, 15 de abril de 2010
LA VERDAD DE LA MILANESA
viernes, 18 de diciembre de 2009
AMOR PERFECTO

Hoy hace diez años que fui mamá. Que sentí lo maravilloso de crear a un ser y llevarlo durante casi nueve meses dentro mío y que al verlo el mundo tomara otro sentido.
Hoy hace diez años que nació Agustín, mi hijo.
Agustín llegó a mi vida pendiendo de un hilo y me llenó de un amor hasta entonces desconocido. Al verlo, poco me importó la decena de cables que tenía conectados. Todos fueron invisibles para mis ojos. Sólo veía a un niño hermoso descansando en una cuna, no a un niño enfermo.
Hoy soy lo que soy gracias a los 17 días que vivió Agustín. Hoy me siento una luchadora porque no hacerlo sería una deshonra, habiendo sido testigo directo de cómo un bebé luchaba tanto por su supervivencia. Hoy entiendo que no podemos interferir en el Plan Divino. Que el mapa de nuestras vidas ya está trazado y que lo único que podemos hacer es aceptarlo o morirnos de una depresión si es que no lo hacemos.
Hoy mi vida es plena con mis dos soles y estoy convencida que la Luz de Agustín los guía en cada paso que dan, que los cuida y protege. Que mis hijos de verdad tienen un Angel de la Guarda.
Hoy visitamos el cementerio. Sólo voy una vez por año, porque sé que mi hijo no está allí. Sin embargo, estar allí me acerca un poco más a él, a lo que quedan de su cenizas, y me tomo el tiempo para meditar y reflexionar con él.
Fuimos los cuatro. Renzo preguntó: “por qué vinimos aquí?”, dejándonos sin palabras tanto a Juan como a mi. Pero Juan Diego, ante la falta de respuesta, le dijo “vinimos a rezar”, y a Renzo lo conformó. Luego, en la preocupación de decirle algo, Juan le preguntó: “vos sabías que tenías un hermano mayor?” y mi cara lo dijo todo, porque aún no quiero que se entere. Entonces, otra vez Juan Diego me miró y le dijo a su hermano: “sí, soy yo tu hermano mayor”.
No puedo sentirme más que orgullosa de la familia que hemos formado. Con Juan, Juan Diego, Renzo … y Agustín. Porque sin él yo no hubiera podido hacer todo esto ni ser quien soy hoy.
Así que, hijo mío, sea donde sea que estés, gracias por venir a mi vida, por ser el ángel que me visitó en la tierra, por darme fuerzas para seguir, por enseñarme sobre ese amor incondicional y único, por hacerme crecer.
Te amo, como sólo una mamá puede amar a un hijo. Presente o ausente, con vida o sin ella, cuando se ama incondicionalmente el amor nunca se va.
domingo, 29 de noviembre de 2009
AH! - POLITICA!
Ah! La política!
Harta. Así estoy de los temas políticos de mi país. Harta de escuchar discusiones. Harta de que la gente se pelee. Harta del banderazo, de los cañones, del arsenal de armas, de acusaciones, de encuestas verdaderas o truchas, de si es más de lo mismo, de si es distinto, del IRPF, del NO IRPF, del país mejor.
Me había dicho a mi misma que no iba a opinar de nada, pero ya a pocas horas de las elecciones me venció la campaña.
Siempre he sido apolítica. No soy ni seré jamás partidaria de ningún partido. Ni de blancos, ni colorados, ni frenteamplistas, ni rosados, ni independientes, ni nada.
Claro que con los años he logrado entender algunas cosas porque no me ha quedado más remedio, al punto de encontrarme hablando de política en más de una oportunidad, cuando toda mi vida evité el tema. Supongo que la madurez (dice un amigo que esto suena mejor que decir la vejez, lo cual es cierto) hace que me replantee ciertas cosas.
Igual no deja de sorprenderme que la gente siga luchando por cosas que no me parecen del todo lógicas.
¡Hay tantas otras cosas por las que luchar! Por el amor, por la libertad, por la igualdad, por ejemplo. Y esto, no se logra con la política, aunque muchos puedan retrucarme que sí. Un presidente no hará que seamos mejores seres humanos. Por el contrario, hoy por hoy, los están degenerando. Crean rivalidades y enemistades varias, fanatismos, desprecio, egocentrismo …
No es así como nos hacemos mejores cada día.
No es así como haremos un país mejor. Y mucho menos, un mundo mejor.
Mañana elegiremos presidente.
Mañana muchos sentirán que eligieron lo mejor. Otros, se quedarán tristes, no entendiendo por qué pasan estas cosas.
Por mi parte, seguiré siendo apolítica toda mi vida.
Por supuesto que mañana sufragaré como corresponde que lo haga. No soy indecisa. No voy a votar en blanco ni anulado. Elegiré a quien considero debo elegir, a pesar de los pesares.
Pero sin importar quien sea electo, seguiré trabajando para que mi propia lucha continúe.
Sin fanatismos, ni enemistades, ni desprecios.
Seguiré luchando para combatir mi ego, bregando por la libertad, la igualdad y el amor desinteresado hacia el otro.
Por suerte tengo un esposo que me acompaña en esta ruta, lo cual me asegura que nuestros hijos crecerán bajo estos ideales, entendiendo que en la vida no se es mejor o peor según el presidente que tengamos, sino por el mundo que construimos nosotros mismos.
¿Utópico mi pensamiento? Sólo si todos seguimos pensando de esa manera. El día que dejemos de pensar que es una utopía es cuando lo convertiremos en realidad.
Buen sufragio para los ciudadanos de mi país.
Por mi parte, el voto más valedero ya fue puesto en casa.
viernes, 25 de setiembre de 2009
NOCHE DE TESOROS

Aún el tiempo está frío como para que jueguen tanto rato afuera. Es cierto que el sol ya empieza a calentar un poco más que hace apenas unas semanas atrás, lo cual permite que se salgan y se oxigenen un poco, más que nada en horas del mediodía; pero después no sólo se aburren de andar en sus bicicletas y patinetas sino que ya es hora de ponerse una camperita o entrar. Generalmente terminan optando por lo segundo.
Uno a la computadora. Otro al playstation. La tecnología ayuda, no hay dudas, pero como madre me entra la culpa de ver a esos niños alienados con los aparatos. Claro, qué ejemplo puedo darles cuando yo hago lo mismo, ¿no?. Mala madre, mala madre, mala madre, me castigo. Se terminó. Hoy decidí que el día fuera diferente. Bueno, al menos la noche.
Aprovechando que mi marido no volvería hasta tarde, empezamos la fiesta. Primero fuimos a comprar unos pegotines nuevos para las bicicletas. Aunque parezca algo muy banal, tiene su explicación para que resulte atractivo.
Salimos de casa y enfilaron para el auto. “No niños, hoy vamos caminando”. Increíble aventura traspasar las rejas que amurallan nuestro hogar y caminar una cuadra por el barrio. Iban contentos, felices, ¡libres!. Llegamos a la bicicletería y tuvieron durante 5 minutos al pobre hombre que paró su trabajo de reparación de pinchaduras para atender a mis lindos solcitos. Miraron los stickers, eligieron, se arrepintieron y volvieron a elegir. Pagaron (cada uno llevaba su propio dinero) y volvimos a casa por el mismo camino que habíamos trazado a la ida.
Apenas entraron corrieron hacia sus bicis a pegarles sus nuevas adquisiciones y después a andar en ellas. Seguro que rodaban mejor con los nuevos calcos. ¡Habían quedado super!
Luego de jugar un rato, volvimos a salir. Esta vez a la peluquería a hacer los cortes típicos de vacaciones para que el lunes vuelvan prolijos a la escuela.
Ya cansada de las dos míseras cuadras que caminamos, decidí que iríamos en el auto. Caminar 10 cuadras más (en total, de ida y vuelta), no estaba en mis planes del día.
Por suerte cuando llegamos no había nadie, así que en menos de media hora ya estábamos rumbo a casa y de pelos cortos. Quedaron preciosos y, lo que es muchísimo mejor, conformes.
Ya casi era hora de cenar, por lo tanto pedimos empanadas que demoraron apenas una media hora en traer. Mientras tanto, cada uno volvió a sus aparatos electrónicos.
Lo bueno es que mantenemos ciertas tradiciones. Es por eso que una vez que la cena llegó, nos sentamos los tres a comer y a compartir una linda charla donde el humor como siempre fue abundante, gracias al menor de la familia.
La cena transcurrió sin discusiones y con una motivación, lo cual hizo que los platos se vaciaran más rápido que lo normal: se venía la búsqueda del tesoro.
Dibujé un mapa de la casa y marqué ciertos puntos en dorado, identificados con distintos símbolos. En cada punto había una pista que los llevaba a la siguiente, no sin antes cumplir una prenda para poder acceder. Las mismas consistían en lavarse los dientes, levantar los platos de la mesa, ponerse el pijama, razonamientos lógicos y bailar. Si lograban pasarlas, debían avanzar hasta la siguiente de un modo especial (en un pie, en cuatro patas, cangrejo, una mano en la cabeza y la otra en la cola del compañero, etc), hasta llegar a la última que los llevaría al GRAN TESORO, dos Super Push Pop (chupetines triples, hablando en español).
Se divirtieron enormemente, haciendo lo que hacen todos los días pero con un desafío por cumplir, además de bailar al ritmo de Daddy Yankee y su “Llamado de emergencia” o de jugar al cine mudo para conseguir su siguiente pista.
Ya con los super chupetines en su poder, me invitaron a ver una película: Open Season. Nos acurrucamos los tres en la cama grande, apagamos las luces y nos pusimos a mirar al oso y al alce de un solo cuerno hacer sus locuras por el bosque.
Al terminar, cada uno se fue a su cuarto, los arropé y nos dimos el beso y abrazo de buenas noches.
Hoy se fueron a dormir sin pelear, sin rezongar, sin gritar. Hoy se durmieron plenos de felicidad.
Y todo porque logramos salir un rato de la tecnología y disfrutar de mimos, juegos y diversión.
Ojalá volvamos a repetirla. Con vacaciones o sin ellas. Seguro que ellos lo recuerdan. Generalmente somos los adultos que nos olvidamos pronto de todo esto.
lunes, 7 de abril de 2008
PROMESA FOR KIDS

Me sentí presionada por el niño y le pedí unos meses para intentarlo. Le di todas las explicaciones habidas y por haber: que no era sencillo, que hacía muchísimos años que fumaba y quitarme el hábito no iba a ser fácil de hacer de un día para el otro y etc, etc.
Hace pocos dias volvió a recordármelo. Le dije que lo estaba intentando. Y era cierto. Había empezado a concurrir a la clínica antitabaquismo y, por medio de medicación (que ya habíamos probado otras veces, pero tal vez yo no le di tanto valor o importancia, por eso no dio los resultados esperados), el jueves pasado, en la noche, aproximadamente a esta hora, fumé mi último cigarrillo.
Pasé viernes, sábado y domingo sin fumar. Y lunes. La diferencia está en que hoy estoy al borde del ataque de nervios! Necesito un cigarrillo ya!!!
Y todo es autocontrol, me digo, todo es autocontrol ... porque los cigarrillos están en el bolso, pero debo aprender a controlarme y no tocarlos ... no tocarlos ... no tocarlos. No! Olfatearlos tampoco! Mmmhh, que necesidad tengo de ellos hoy. Y no hay Rivotril que me alcance!!!
Dormir, dormirme pronto. Eso es lo único que me mantendrá alejada del vicio. Ay! Cómo quiero fumar!!!!!! Soy una maldita adicta al tabaco!!!
sábado, 9 de febrero de 2008
BUSCANDO ESPACIOS
En fin, como siempre, debatiéndome entre ser madre y ser mujer-independiente-solitaria-que-quiere-tranquilidad. Igual lo sigo intentando y no me doy por vencida. Me sigo generando espacios en medio del caos. Creo que a estas alturas se ha vuelto un desafío conseguirlo.
Es sábado a la noche y perdí una llamada al celular donde nos invitaban a la casa de unos amigos. Mala suerte. Otra vez será. Igual estoy bastante cansada como para salir. Prefería quedarme en el caos.
Acabo de terminar unos trabajitos prometidos para unas amigas con el PSP. En un rato me voy a hacer mi ejercicio semanal del taller literario. Tendría que hacer un poco de yoga, pero la verdad, no tengo ganas. Hoy me tomo un flex y a otra cosa mariposa. Descubrí que dormir sin almohadas me hace mejor para la espalda. El primer día me costó, pero ahora ya me acostumbré. Al menos, me levanto sin dolor. Claro que con el correr del día aparece pero por lo menos estoy teniendo un buen despertar.
Hoy no estoy inspirada ... no sé qué pasa últimamente que todo lo que escribo apesta. Mejor me voy.

lunes, 17 de diciembre de 2007
RETOMANDO ...
Claro está que todo el orgullo que siento como madre de tener un hijo inteligente que termina su último año de nivel incial sabiendo leer, escribir, sumar y restar, que las calificaciones son destacadas y tiene un montón de felicitaciones, que recibe su primer diploma por obtener el 2º lugar en un concurso de agilidad mental, se me desvanece al saber que esa inteligencia muchas veces pueda actuar en su contra. Y capáz que me estoy preocupando de más, pero me es inevitable.
sábado, 24 de marzo de 2007
ME MARCHO A NUEVA YORK

lunes, 19 de marzo de 2007
(NO) TENGO UNA CASITA ... ASI Y ASI
domingo, 25 de febrero de 2007
PASAPORTES Y VISAS
sábado, 24 de febrero de 2007
JAQUE MATE, MAMA
Aquí está el azúcar:

