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martes, 9 de agosto de 2011

LAKSHMI





Tras el velo de las ilusiones
yacen dormidas las pasiones.
Alimentan sueños y esperanzas;
matan cuentos y añoranzas.

Sin embargo, hay una diosa
que permanece armoniosa.
La diosa Lakshmi, que tiene paciencia,
me vuelve al centro, me trae conciencia.

Lakshmi es físicamente extraña,
sus extremidades son varias.
Sin embargo en su interior
trae fortuna y mucho amor.

Hace poco reconocí
este arquetipo que vive en mí.
Esta diosa que me cuida
ha traído paz a mi vida.

“El que espera desespera”,
dice un conocido refrán.
Yo elijo no desesperar,
y que mi mundo no deje de girar.

Eso sí, siempre consciente,
de que Lakshmi está presente.
Me permito su compasión,
y le dejo sostener mi corazón.

Namasté

miércoles, 4 de agosto de 2010

HERA

El me pega. Pero a mi no me importa. Porque muchas veces tiene razón. Sí, ya sé, otras tantas no. Pero ni loca lo enfrento, porque estoy segura que en vez de pegarme me mataría. Igual, cada vez es menos las veces que lo hace.

Yo le prometí lealtad el día que me casé con él. Y respeto. Dirán que él también, pero yo creo que de alguna manera también me respeta. El me deja hacer y deshacer en casa a mi antojo. Claro que le gusta ver todo limpio y ordenado, pero a mi también, así que en realidad eso no es un problema. Así que cuando llega a casa, sólo me resta atenderlo lo mejor posible. A veces estoy un poco cansada, es verdad, pero trato de esperarlo siempre con mi mejor cara, porque sino ya sé la que se viene. Si no está pronta la comida a la hora estipulada, se arma. Si la ropa no está pronta cuando sale del baño, también. Y si yo no quiero tener sexo con él, ni te cuento.
A veces lloro. Claro que él ni se entera. Pero sí, lloro. No cuando me pega. No. Ya a esta altura ni me duele cuando lo hace. Lloro cuando me duele la cabeza o cuando mi cuerpo se cansa, porque la verdad que hay días que no puedo más. Pero siempre lo hago cuando él no está. No quiero que me vea así. Yo quiero ser siempre su esposa, sin importar lo que suceda. Porque insisto, juré estar a su lado hasta que la muerte nos separe. Sea la mía o la de él. Por un lado preferiría morirme yo primero, porque la verdad que no sé que haría sin él. Mi vida ya no tendría sentido. Pero a veces, cuando se pone loco, me da unas ganas de que le de un infarto y quede ahí tirado en ese instante. Me viene como un odio de adentro que no puedo controlar. Por suerte se me pasa, porque es horrible sentirme así.
Una vez quedé embarazada, pero lo perdí. El nunca quiso que tuviéramos hijos, pero cuando quedé, quedé. Y bueno, lo aceptó. Esos días sí que la pasé bien. Me trataba como una reina. Pero duró poco. Un día me tuvieron que internar de apuro porque no paraba de sangrar y ahí mismo me abrieron y me sacaron todo. Lloré como una loca y él la verdad que se portó muy bien, cuidándome y estando a mi lado. Pero bueno, una vez que llegué a casa, todo volvió a ser como antes.
A veces sueño con ese bebé. Dormida y despierta sueño. Ya he aprendido a no llorar por él, pero me costó bastante. Igual, siempre pienso que si hubiera nacido la cosa hubiera sido muy diferente. Por algo la cosa fue como fue. Capaz que a la larga Omar me hubiera dejado y yo qué iba a hacer sola con un niño en la calle. Me hubiera convertido en una pordiosera, porque no sé hacer otra cosa que cuidar de mi casa. Nadie me iba a dar trabajo con una criatura y, como familia no tengo, no sabría a dónde ir. Las cosas no pasan porque sí, no señor.
Yo no digo que me trate mal. El es cariñoso. Cuando llega me da un beso y a veces hasta me abraza. También me dice palabras lindas y otras veces algunas un poco más atrevidas, que no me animo a repetir pero que también me gustan.
Qué se yo. Yo lo amo. No me imagino mi vida sin él. Vivo por él y para él.
De vez en cuando me trae regalos. A veces porque sí nomás me sorprende con algún chocolate o una flor. Y otras veces, en mi cumpleaños por ejemplo, me lleva al shopping y me compra algún vestido elegante. No sé ni para qué, porque no salimos a ningún lado, pero hay días que me llama y me pide que le prepare una cena especial y yo ya sé que ese día me tengo que vestir bien. Y la verdad que me encanta.
Eso sí, no lo sorprendo más. Porque me ha pasado de prepararle por gusto propio algo especial y vestirme elegante y ya ahí mismo, al entrar a casa y verme así, me zumbó de una cachetada. Porque para qué estaba vestida así, si era para otro, que qué había hecho durante el día cuando él no estaba y todo eso. Ya aprendí que las sorpresas no le gustan, así que mejor hacerlo cuando él me lo pide nomás.
Y bueno, así es mi vida, qué se le va a hacer. A veces me enojo pero me guardo la bronca en el bolsillo del delantal y sigo adelante. Igual, muchas mujeres desearían tener el tiempo que tengo yo para mirar novelas o pintarse las uñas en medio de la tarde sin que el marido se preocupara por eso, ¿no? Y si de algo estoy segura es que sin él yo no podría ser la mujer que soy hoy.

martes, 8 de junio de 2010

AFRODITA


Dime la verdad, deja de mentir,
quítame las ganas de querer morir.
Lléname de gracia, hazme sonreír,
guarda mis rencores, déjame sentir.

No me mates la ilusión,
no me robes la pasión,
no me dejes en lamentos,
mejor déjame sin aliento.

Alimenta mis tristes sueños,
pero no juegues a ser mi dueño.
Intenta quitarme la razón,
provoca arritmias a mi corazón.
...

Mientras tanto seguiré al instinto,
enredada en mi laberinto,
de pasiones encontradas
y esperanzas desoladas.

Esperaré hasta que llegue el día
en que puedas decir “eres mía”.
Entonces, tengo la sospecha,
que me sentiré satisfecha.

Pero no por poder tenerte,
sino porque me sentiré fuerte,
para decirte frente a frente
que aprendí a vivir sin ti, finalmente.

sábado, 17 de abril de 2010

HAY AMORES ...

Una Atenea como tantas


Susy acababa de salir de su clase de Pilates cuando su teléfono móvil sonó. Llovía torrencialmente, así que con la mano que no sostenía el paraguas, entre sapos y culebras que salían de su boca, hurgó con esa mano libre en el bolsillo de su mochila intentando alcanzar la llamada antes de que colgaran. Fue por eso que ni siquiera divisó en el visor quién llamaba, sino que simplemente contestó, arrimándose bajo el alero de un tejado cercano para mojarse lo menos posible.


- ¡Hola! – contestó, con voz apresurada
- Por el sonido exterior creo que no es buen momento para conversar – dijo una voz gruesa y grave del otro lado.


Quedó paralizada. Miró el teléfono tratando de hallar la respuesta que ya sabía. Y sí, era Iván, su ex.


Iván hacía dos años que había decidido darle un nuevo rumbo a su vida. Un rumbo en el cual Susy no estaba incluida. Hacía dos años habían terminado por causas ajenas a ellos. O más bien, causas ajenas a Susy. Iván fue enviado a China por su empresa como gerente de producción de una conocida firma automotriz. Había sido una oportunidad única y, si bien en principio lo dudó, luego decidió emprender el viaje. Tal vez porque Susy también le dio libertad absoluta para hacerlo. Estaba claro que ella no viajaría. Su carrera como administradora de empresas estaba apenas a un semestre de finalizar y su empresa le tenía preparado un puesto como tal. El haber ido también hubiera significado renunciar a sus sueños. No le parecía justo que él lo hiciera, pero tampoco era justo que ella terminara con su futuro profesional. Amaba a Iván, pero también amaba su vida y más aún se amaba a sí misma. Fue una decisión dura de tomar. Debió ser más objetiva y racional que nunca, pero sabía que si el destino les tenía preparado estar juntos, a la larga así sería.
Durante estos dos años mantuvieron contacto, aunque el tiempo también hizo que el mismo se fuera diluyendo y, si bien siempre supieron uno del otro, en los últimos meses apenas un par de correos electrónicos fueron los que trajeron y llevaron noticias de un continente a otro.


Al escuchar la voz de Iván al otro lado del teléfono Susy olvidó en ese instante la lluvia, el viento y el frío que cortaba su rostro. Parecía que el sol hubiera salido, al menos para ella. Es que sentía que había salido en su alma y alumbraba cada célula de su ser.
Iván hacía apenas unas horas que había llegado de China para quedarse y llamaba a Susy para verse ese día. Susy accedió inmediatamente y dos horas más tarde, ya en su casa, sólo esperaba con cierto nerviosismo la llegada de Iván. No iban a salir a ninguna parte. Ningún lugar era digno de recibirlos, de acogerlos con el silencio que ellos pretendían ni con la calidez que tanto añoraban. Su casa sería el recinto que los protegería esa noche de la incesante lluvia que seguía cayendo sobre la ciudad.


Susy se había esmerado en arreglarse. Se puso un jean gastado pero ceñido, unas botas negras de caña alta, un pulóver verde esmeralda que resaltaba sus ojos, y se peinó y maquilló con algo básico, sin exagerar. Sabía que estos dos años marcaban el paso del tiempo en su cuerpo entero, pero tampoco pretendía que Iván encontrara algo que ella no era.
Encendió un par de inciensos vainilla, el aroma favorito de Iván, y unas velas aisladas que le daban calidez a su hogar. Y justo en el momento que puso un CD en el equipo de música, sonó el timbre.


Apresurada salió a su encuentro. Abrió la puerta y de inmediato se fundieron en un abrazo interminable. Las lágrimas brotaron de los ojos de ambos y la sonrisa era un dibujo permanente pintado en sus caras.


No hubo mucho tiempo para charla al principio. Creo que Iván ni siquiera se percató de la esmerada vestimenta de Susy. Las prendas de los dos fueron quedando dispersas por la alfombra del living y la pasión se apoderó de ellos casi de inmediato. Otra vez Susy sintió las manos firmes y rugosas de Iván sobre su cuerpo. Esas caricias que sólo él era capaz de dar. Sintió cómo la electricidad recorría cada fibra de su cuerpo. Cómo se agitaba la respiración de ambos y cómo se entreveraba el aroma de la piel de uno y otro, provocando una fragancia exquisita, perceptible sólo para ellos.
Se amaron desenfrenadamente una y otra vez. Sus cuerpos expresaron lo que hacía tanto tiempo no expresaban: amor. Fue un encuentro lleno de magia y pasión. Un encuentro como los de antes, como los de siempre.


Ya más calmados, sin tanta necesidad de liberar los bajos instintos, pudieron conversar. Iván le contó sobre su experiencia en Beijing, sobre su carrera y sobre su futuro ya aquí, en Uruguay. Iván había terminado su contrato en China y había vuelto para quedarse.
Susy le contó sobre su trabajo, su carrera profesional y su futuro laboral que era bastante prometedor. Lo que Susy no le contó, fue que en tres semanas estaría viajando a Francia para hacer un posgrado por tres años en París.


Y sí, la vida está llena de encuentros y desencuentros. De elecciones. De decisiones. Susy e Iván. Iván y Susy. O Iván. Y despúes Susy. O viceversa. Ya el tiempo diría cuál de estos sería el verdadero final.