Translate

Mostrando las entradas con la etiqueta cumpleaños. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cumpleaños. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de agosto de 2011

Y DECIR 1O AÑOS ES DECIR AMOR



Verte crecer es como ver la obra maestra tomando forma.

Porque eso sos para mi, una de mis mejores obras maestras. Como siempre te digo, pasamos nueve meses juntos, sólo vos y yo, conversando largas tardes en mi reposo absoluto. Contándote de la batita que había aprendido a tejer y que, aunque no quedara muy bien, por honor nomás la ibas a usar aunque sea un día. Al final quedó linda y la usaste más de una vez.
También te contaba lo aburrida que estaba en esa cama, donde hasta cuando tenía necesidad de ir al baño tenía que llamar a mi madre (tu abuela) para que dejara de hacer lo que estaba haciendo y me trajera la chata para hacer pis. Suerte que vivía un piso más arriba y trabajaba en la misma cuadra donde vivíamos, sino no sé qué hubiéramos hecho. Papá trabajaba más lejos, así que sólo nos ayudaba en la noche.

¡Qué ganas de comer Ricardito que tenía! Y, para colmo, estaban agotados. Tu abuela, tu padre, mi prima … todos buscaban por todas partes el famoso chocolate por fuera, merengue de corazón, pero nada. No había Ricardito en plaza. Me traían todo tipo de sustitutos. Inclusive esos que preparan en las panaderías, tratando de igualar al original. Pero no había caso. Yo quería un Ricardito de verdad. Bueno, por algo tu manchita en la pierna tiene forma de Ricardito. Ahí te quedó, impregnado en la piel.

Nueve meses en casa, luego de casi desangrarme y gracias a la buena voluntad de un médico que, a pesar de la abundancia del sangrado, entendió que igual debería hacerse una ecografía antes que un legrado. Y ahí estabas, pendiendo de un hilo. Yo sé que ni manos formadas tenías por ese entonces, pero la imagen que me queda es que estabas, tipo monito, agarradito con tu mano de mi útero, con el cuerpo en el aire, diciendo “yo de acá no me voy”. Y así fue, no te fuiste, gracias a Dios.

También en el reposo empecé a sentir cómo te movías. ¡Y cómo te movías! Mi panza parecía tener vida propia. Se torcía para un lado, para el otro, asomaba tu puño, tu diminuto pie. Aaaah, cuánto placer me daba verte mover ahí adentro. Sentir que había una vida creciendo y que en unos meses estarías en mis brazos, para llenarte de mimos y abrazos.
Y un día, después de las miles de ecografías que me hicieron para saber que eras el milagro vivo, que estabas bien, que nada iba a pasar, que eras varón y era raro que estuvieras sano (a pesar de que se lo dije mil veces a los médicos, ellos tan científicos tenían que comprobarlo igual, jiji), finalmente me dijeron (creo que de tanto que insistía con verte) “está bien, señora, intérnese hoy de tarde. Le hacemos la cesárea”.
Saltábamos en una pata con tu padre. Bueno, él, yo no saltaba porque la verdad que tenía una barriga enorme y un número innombrable de kilos de más, porque el reposo me había “obligado” a consumir más alimentos de los necesarios.

Y allá nos fuimos, con los bolsos prontos desde hacía tiempo, a internarnos para recibirte.
He de contarte que mamá tiene una característica: nada le resulta por el camino fácil. Con los años he aprendido que esto tiene un por qué, pero por aquel entonces la ansiedad me ganaba y yo quería que nacieras ya. Pero claro, lo mío no era urgente, sino de ansiosa, que para eso bastante corte ya me habían dado y me tenían ahí. Así que pasaron todas las parturientas doloridas primero más todas aquellas cesáreas que resultaron ser urgentes, para que finalmente, después de una larga espera de 8 horas en ese hospital, vinieran a decirme, “bueno, ya es la hora”. Y de repente, me dio miedo. Miedo a que este mundo no te gustara. Ha que te hayamos formado para entregarte a una sociedad que no era de lo mejorcito que había en plaza. Miedo al mundo en el que tocaba vivir. Te sentía ahí dentro, en mi panza, tan inquieto pero feliz, que de verdad me dio mucho temor a entregarte a este mundo. Sabía que no podías seguir ahí dentro, pero la verdad que en ese momento lo prefería.

Volví a tener mi dosis de realismo y me subí a la camilla que me llevaría a la sala de operaciones. La anestesia fue raquídea. La mejor opción que pude tener. Para variar (te dije que nada es fácil en mi vida), costó mucho sacarte dada unas adherencias uterinas que no sé bien qué rol cumplen. Eso hizo que tu primer apgar fuera muy bajo (3) pero un minuto después estabas a los chillidos (ya el segundo fue de 10), todo sucio, peludo, pero tan lleno de amor y vida que nada de eso importaba. Te pusieron al ladito de mi cabeza, para que te pudiera ver. Y te dije “Hola, mi amor, hola Dieguito de mi corazón” (ah, sí, porque también fue un dilema con el nombre. Un mes antes decidimos que te llamaras Juan Diego, cuando durante todo el embarazo fuiste solamente Diego). Y fui la mamá más feliz del mundo. No lloré como lo hacen muchas, o casi todas diría yo. Pero sí estaba radiante de felicidad.

Afuera, a pesar de ser las 2:22 de la mañana, todos esperaban ansiosos la noticia. Tu padre, por supuesto el principal, pero estaban tus abuelos y tíos, que al saberlo lloraron de alegría, se abrazaron y felicitaron entre todos. Claro que todo esto me lo contaron, yo seguía en la sala esperando me volvieran el cuerpo a la normalidad (o sea, lo cerraran). Es que fuiste un niño tan esperado, que la alegría se multiplicó. Qué digo multiplicó, ¡se elevó a la enésima potencia!
Papá te vio al ratito, desesperado de hambre, con todo tu puño dentro de la boca (puño enorme, porque tenías y tenés unas manotas gigantes!).

Y así, comenzó nuestra vida en familia. Vos viniste a formar esta familia, a consolidarla como tal. A llenar aquellos espacios de amor que habían quedado truncos y vacíos. A alegrar el hogar y que éste oliera a aroma a bebé. Vos viniste a darnos felicidad.

Miles de cosas pasaron en estos diez años que parecen tan pocos y sin embargo son un montón.
Hoy sólo voy a destacar que te has convertido en un niño increíble. Inteligente, astuto, audaz, complejo. Un niño seguro de sí mismo, que tiene claro lo que quiere y va tras sus ideales. Un niño que nos da un trabajo bárbaro por ser así, pero que es un orgullo tener en esta casa. Un niño que nos hace razonar, que nos enseña a ser padres, que nos demuestra que las cosas no son lineales (bueno, yo ya lo sabía, esto lo heredaste de mi, el problema es reeducar a tu hermano y a tu padre, jaja). Un niño rezongón por demás, que tendrá que aprender muchas cosas en la vida, pero que la vida misma se va a encargar de enseñarle. Un niño que de a poco deja de ser niño, que entra en la pre adolescencia y que crece, crece y crece.

Amor, quiero que sepas que tu padre y yo intentamos ser tus guías y espero que siempre puedas ver la luz que alumbra tu camino. Y cuando no logres verla, no temas preguntar, porque aquí estaremos para que nunca te pierdas en tu andar.

Y también tendrás que comprender que cometemos errores, pero que cada uno de ellos no son con la intención de dañarte o hacerte sufrir. Jamás haríamos algo así. Simplemente estamos aprendiendo a ser padres, tanto como vos a ser hijo. Hay una parte que es natural. Otra, que no está en ningún manual, así que es todo a prueba y error.

Gracias por darnos estos 10 años para desplegar todo nuestro amor. Espero poder estar muchos años más en tu vida, muchísimos. Hasta cuando seas viejito y yo siga diciéndote “mi bebé”. Porque siempre serás mi bebé adorado, sin importar los años que tengamos encima ni vos ni yo.

Te amo, mi bella obra maestra. FELICES 10 AÑOS DE VIDA, HIJITO DE MI CORAZÓN.

jueves, 7 de julio de 2011

OVERFLOWING!


“En el fondo de nosotros mismos, siempre tenemos la misma edad” – Graham Greene
“Quiero creer que voy a mirar este nuevo año como si fuera la primera vez que desfilan 365 días ante mis ojos” – Paulo Coelho




Así me vengo sintiendo estos días, overflowing. Desbordante de mimos. Aunque, para hablar con total sinceridad, a mi nunca me sobran y siempre son y serán bienvenidos.

Desde todas partes han llegado mensajes de texto, llamados, gratas compañías, mensajes en mi muro de Facebook, correos electrónicos, todos ellos colmados de deseos de felicidad y de que mis sueños se hagan realidad, de besos y abrazos, de dulces palabras y caricias al alma. Así es como se ha llenado de amor mi corazón, que hoy se encuentra tan pero tan colmado, que parece que va a explotar de alegría.

Cuando en mi foto de perfil de FB coloqué la imagen que acompaña este texto, lo hice pensando en todo lo que me estaba costando asumir los treinta “y todos”. Porque ya no habrá unidades para sumar a esta decena. La próxima vez que cumpla años, habrá que cambiar ambos dígitos.

Pero, pensando en eso de que si uno se repite a sí mismo las cosas es más fácil asumirlas, decidí poner esa imagen, como una forma de verla durante todo el día y, de alguna manera, comenzar a enamorarme de mis años. Esto iba bien en el orden de cómo desde hace un tiempo he decidido vivir esta vida. Sin prisa y sin descanso. Observando y esperando. Dejando ser lo que tenga que ser. Dejándome ser.

Pero así es como la vida también me sorprende y lo cierto es que no hubo necesidad de repetirme nada. Me enamoré más rápido de lo que esperaba. Porque todos y cada uno de los que han dicho "presente", de una u otra forma, me han hecho AMAR cumplir un año más de vida. Parece ser que cuanto más años cumplo, más amor me rodea, y eso es lo que hace que cada año disfrute, siempre de manera diferente pero con creces, el cumplir un año más.

De muchísimos rinconcitos de mi país me ha llegado el cariño de mis amigos, de mi familia -"la chica", mi esposo y mis hijos, que me soportan cada día y hoy más que nunca me han llenado de besos, abrazos y mimos, y la "grande", primos, tíos, cuñados, suegros, sobrinos-, de mis hermanos y hermanas que me he ido encontrando en el transitar de esta ruta, de aquellos con los que he compartido algún momento a lo largo de mi vida y que, por algún motivo- grande o pequeño, no importa la magnitud-, volvemos hoy a estar unidos, de algunos que conozco muy poquito, pero que también cariñosamente pararon a desearme felicidades y regalarme alegrías. Gente que conozco personalmente y gente que no vi jamás en mi vida, pero que sé que me quieren bien porque así me lo hacen sentir, no un día, sino muchos, y sé que sus deseos nacen del corazón. De la misma forma y de la misma magnitud he recibido saludos desde Israel, Venezuela, España, USA, Argentina, Panamá, México … y espero no haberme olvidado de nadie porque, sinceramente, me resulta increíble en todos los lugares donde (ya sea por un recordatorio en una red social, en una agenda, en un celular o en donde sea) se han acordado de dejar un mensaje para mi. Uy! Se me llena el alma de emoción! Overflowing again!

Gracias a todos por celebrar conmigo un año más. Gracias por permitirme sentir y recibir tanto AMOR. Gracias por permitirme seguir vibrando en tan bella sintonía.
Repito las palabras de un tal Jorge Torres, que desconozco quien es, pero que aplican completamente a mi sentir: “AMAR NO ES UNA IDEA, UN CONCEPTO, UN PARADIGMA. AMAR ES UN ESTADO DEL SER. NO SE FOCALIZA EN ALGUIEN O ALGO, SOLO FLUYE CON TODO LO QUE TE RODEA. AMAR ES MI ESTILO DE VIDA”.

Gracias … TOTALES!!