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domingo, 7 de noviembre de 2010

AY HIJO, QUE ME HACES LLORAR!


Hoy es un día de júbilo en lo de los Fernández-Pérez. Es que nació Julieta, la primer hija de Sebastián y Florencia. Todo salió mejor de lo esperado. Es que los nervios de Florencia le jugaban una mala pasada y la hacían imaginarse un parto interminable. Por su parte, Sebastián, ya se estaba preparando para despertar de golpe una madrugada y repasar la lista que tenía escrita para no olvidarse de nada.

Pero no. Julieta no vino a las apuradas ni en el medio de la noche. Dejó que sus padres descansaran, se despertaran como cada mañana (aunque Flor ya despertó con contracciones a las 5 y no pudo dormir más) y, unos minutos después fue cuando decidió empujar un poquito y romper la bolsa que hasta entonces había sido su morada. Flor le indicó tranquilamente a Sebastián dónde estaba su bolso y el de Julieta y unos instantes más tarde salieron para el hospital.

Inmediatamente los instalaron en la sala de pre-parto, porque Julieta no dejaba de empujar, por lo cual las contracciones eran cada vez más y más seguidas. Y más y más dolorosas.

Pero Julieta es una buena niña y decidió no hacer sufrir demasiado a su madre. Así que una hora y media después de haber llegado, Julieta largaba su primer grito al mundo.

Flor y Seba no paraban de sonreír y por supuesto alguna que otra lagrimita de felicidad también largaron.

Julieta estaba con ellos. Después de nueve largos meses de espera, de los preparativos, de comprar ropita diminuta, de leer libros de embarazo y los primeros meses de vida del niño, de ver que la piel de la panza se estira hasta el punto de llegar a un tamaño jamás imaginado, la bella niña de sus sueños se hizo realidad. Happy ending. Or beginning.

Porque lo cierto es que no hay nada más lindo que escuchar el llanto de un bebé ... en el preciso momento que nace. Este es el UNICO momento que el llanto de nuestros hijos nos da felicidad hasta las lágrimas. No es necesario pensar demasiado para darse cuenta que esto es verdad.

Pasado el momento del parto, nos vamos a la sala, a alojarnos con nuestro niño o niña recién nacido. Todo hinchadito de tanta fuerza que tuvo que hacer para salir, dormidito, chiquito, frágil, tierno, comestible. Es nuestra creación y aún no podemos creer que ese ser tan perfecto haya salido de nosotros.

Pasa un rato, unas horas quizás para las más afortunadas, y el primer llanto suena (en realidad, ya es el segundo). Hora de comer. La criaturita comienza con su proceso alimenticio y ahí empiezan las primeras complicaciones de esta vida. Hasta hace unas horas no tenía la menor idea de lo que era el hambre, ya que su alimento venía a través de un cordón. Ahora deberán proveerle el alimento y, para eso, deberá llorar. La madre acomoda al niño/a en su pecho, pensando que la criatura con su pequeña boquita succionará y sacará leche de su interior. Minutos más tarde se dormirá (si no lo hace mientras toma) y el proceso seguirá sin problemas. Pero no es tan sencillo. El bebé intenta desesperadamente poner su boca en la teta de la madre, la madre no sabe muy bien cómo acomodarlo, el bebé cada vez está más desesperado porque no deja de ser un cachorrito en busca de alimento, así que se prende rápidamente del pezón materno, como puede, y empieza a chupar. La madre, en un grito desesperado, pide a su esposo-compañero-padre de la criatura, que llame a la enfermera porque le va a arrancar la teta. La enfermera, paciente y master en el tema, ayuda a la madre a acomodarse y al niño/a succionar fervientemente, dándole el tan esperado alivio a la mamá.

Una vez finalizado este proceso, ya la criatura de panza llena, como era de esperarse, se duerme. Pero es hora de cambiar el pañal. Lo cual hace que el pequeño pimpollito se despierte y vuelva a llorar. La madre, con toda su ternura, tratará de consolarlo, sin importarle los dolores post-parto que tiene o si la cortaron de lado a lado, por haber tenido una cesárea. El dolor de una mujer, a partir del nacimiento de su hijo, quedará relegado por muchísimos años. Tantos, que cuando nos demos permiso para sentir dolor, nos daremos cuenta que no hay pedacito del cuerpo que no nos duela. Finalmente logramos que la criatura caiga nuevamente en brazos de Morfeo y nos permita tener unas dos-tres horas de descanso hasta que el proceso vuelva a empezar.

Lo cierto es que ya no lloramos más de felicidad ante el llanto de nuestro hijo, pero de aquí en más es muy probable que sí lloremos en muchas oportunidades en que los escuchemos llorar. Esto ocurrirá por primera vez cuando comience con sus cólicos y no sepamos lo que hacer, cuando el cansancio nos gane y el niño no nos deje dormir, cuando veamos a nuestro esposo-compañero-padre de la criatura dormir plácidamente y nosotras estemos paseándonos de lado a lado de la habitación con el niño en brazos. Y más adelante, quizás por no haber podido evitar que se cayera y se pegara o raspara, por no ser capaces de estar las 24 horas con el ojo encima de ellos (lo cual ya hubiera acabado con nuestras vidas, sin dudas) , cuando lo dejemos por primera vez en el jardín de infantes o cuando llore por alguna injusticia y tengamos que explicarle algo que ni nosotras mismas nos creemos, pero que es necesario para que confíe en la vida y tome valor para enfrentar más adelante desafíos mayores.

También lloraremos muchas otras veces sin que su llanto nos provoque el nuestro, aunque sí su ser sea el motivador del mismo. Cuando nos regale su primer sonrisa, le salga el primer diente, diga su primer palabra (que en raras ocasiones es "mamá"... el muy cretino) o dé su primer paso. Cuando lo veamos armar su primer puzzle de 4 piezas ("¡mi hijo es un genio!"), cuando comience a razonar y sacar sus primeras conclusiones para actuar en consecuencia, cuando escriba su nombre, empiece a leer o traiga su primer carné escolar.

Cuando nos vea llorar y no nos pregunte nada, sólo nos consuele con besos y abrazos, cuando vaya a su primer baile, tenga su primer novia o novio, con el cual seguro nos encariñaremos y de un día para el otro dejaremos de ver, cuando pierda su primer examen, por el cual pasó noches estudiando sin dormir, cuando tenga otra novia o novio y la cosa vaya "en serio" y decidan dejar el hogar y partir.

Y entonces, llegará el día en que volveremos a llorar de felicidad ante el llanto de un niño, cuando veamos a nuestros nietos nacer.

Lo cierto es que desde que tenemos hijos las lágrimas se hacen moneda corriente en la vida de una mujer (que si de por sí es sensible, deberá por el resto de su vida recordar tener pañuelos en su cartera).

Pero no por eso cambiaría jamás nada de lo sucedido ni de lo que vendrá. Porque prefiero derramar litros de lágrimas como para llenar una piscina de 100.000 litros antes que vivir en el árido desierto de no ser mamá.

jueves, 22 de julio de 2010

POCAS PULGAS


Yo debo ser tarada o algo por el estilo, no hay dudas (con perdón a los tarados y a los algos por el estilo).

Busco y urgo en el pasado, presente y futuro con el fin de lastimarme. Y lo peor de todo es que realmente lo logro. No sé cómo hago pero logro quitarme la sonrisa de los labios, anulo el esfuerzo que hace mi alma por hacerme sentir feliz, apago mi mirada y enlentezco los latidos de mi corazón. Parece que me molestara estar bien. De verdad lo digo.

Debo tener un problema psicológico, más aún que me niego a hacer terapia. Y vayan mis disculpas a todos mis psicólogos amigos. No es que no confíe en ustedes, pero cada vez que he ido, he tirado la plata. Al final me autoanalizo y me doy de alta cuando se me da la gana. Yo no sé si es que los piscólogos quedan sorprendidos ante tal insolencia pero todos coincidieron que estaba bien y que ya no necesitaba seguir concurriendo (o también quizás se alegraban por quitarse a un ser tan cambiante de encima -"¡vaya con su locura a otra parte!"-).

También he notado que tengo un problemita de confianza. No es que no confíe, ¿eh?. No, no. El problema es completamente lo contrario, es que confío de más. Y vuelvo a confiar. Y vuelvo a confiar. Sí, eso que estás pensando. Una tarada. Que conste que lo dije al principio.

Y, finalmente, como para reafirmar mi taradez, un día me enojo, al otro perdono y vuelvo a enojarme y vuelvo a perdonar (o a olvidar, o a reconstruir, o a empezar).

Entonces, ahí me sobreviene la angustia. Y por ahí que se me da por llorar. O gritar. O bailar. O meditar. O hacer nada de nada, alienarme con lo que tenga a mano (generalmente la compu, aunque a veces también puede ser la TV) y olvidarme de que existe el mundo. Por un rato va bien. Puede ser un rato corto o largo. Inclusive puede llegar a durar días. Pero indefectiblmente, tarde o temprano me cae la ficha. Entonces llega el momento en que no tengo más remedio que ponerme a pensar, a encarar, a enfrentar la realidad. Y lo cierto es que le venía huyendo porque me molestaba mucho afrontarla. Pero bueno, es eso o estar al borde del precipicio y, como ahí ya estuve alguna que otra vez, decidí que no quiero volver.

Por suerte, tengo gente que me cuida y me sostiene. Algunos más, otros menos, pero ahí están. Y yo les agradezco infitamente que así sea, porque no se imaginan de la cantidad de porrazos que me han evitado.

Mañana será otro día, dicen. Quizás es hora de irse a dormir, dejar el enojo de lado y esperar que las horas traigan un amanecer más tranquilo. Antes todo era más fácil, hasta vivir en la luna o irse a un rato a ella le daba a una la tranquilidad de retirarse cuando se le diera la gana. Ahora, ya ni eso. No importa, mañana será otro día, dicen. Dejémoslo llegar, a ver qué pasa ...

miércoles, 30 de junio de 2010

ENTRE JORDACHE Y EUCERIN


Hace mucho, pero mucho tiempo, había una publicidad de jeans que decía algo así como “Jordache es el jean tu jean ... Jordache es tu jean!” . Buscando en Youtube, descubrí una publicidad de 1979. En la misma se puede ver a una modelo con su pelo rubio enrulado, al mejor estilo Angeles de Charlie versión años 70 -muy sexy para entonces- llegando a una discoteca. Toca el hombro de un hombre que conversaba animadamente con sus amigos en la barra del pub. Este la mira y, acto seguido, la publicidad muestra una sesión fotográfica de esta chica, con su jean con costuras blancas mostrando la cola de la joven que resulta ser muy pero que muy chata (impensable en estos días). El comercial termina volviendo a la pista de baile donde se puede ver a la muchacha bailar y girar mientras cuatro hombres de pantalón de vestir y camisa la rodean. En eso, el logo de Jordache Jeans en blanco junto a la cabeza amarilla de un caballo (distintivo de la marca) aparece en la mitad de la pantalla. Fin. Patético ahora, precioso entonces, supongo.

Claro que aún más patético es que ese jingle hoy haya decidido instalarse en mi cabeza sin razón alguna. Y, obvio, una vez que digo “sin razón alguna” la razón se hace presente y me dice “¡iujuu! ¡Estoy acá!”. Es entonces cuando tengo que tomar conciencia de algo que en realidad NO QUIERO TOMAR CONCIENCIA.

Sí, ya sé por qué. Esto sucede porque en una semana cumplo años.
Lo cierto es que estoy feliz y agradecida de la vida. He tenido un año interiormente espléndido y exteriormente maravilloso. Si bien no ha sido un año de cumplir sueños, creo que he materializado muchas cosas y eso me gratifica enormemente. Mi salud ha estado bien. La de mi familia con algunos altibajos, pero finalmente ha resultado todo como Dios manda y puedo sentirme dichosa de ello. Económicamente no ha sido un año de florecimiento, más bien ha sido de hojas marchitas, pero no es algo que me preocupe en demasía ya que nunca nos faltó para comer ni para educar a los niños ni nada. En este aspecto ha sido con esfuerzo pero se ha logrado. Vivo más armoniosamente que antes y el amor me circunda, lo cual para alguien como yo es primordial en esta vida.
En fin, que no puedo pedir más, realmente.

Entonces me salta la frivolidad, porque por suerte del resto no tengo de qué quejarme. Pero soy mujer y quejosa por naturaleza. Mala combinación, pero soy así. Por eso es que entiendo por qué canto el jingle de Jordache. Algo tan sencillo, tan simple, tan fácil de expresar con pocas palabras... tan todo que de tan tan le doy mil vueltas y escribo centenares de letras antes de nombrarlo. “¡Coraje, mujer, lárgalo de una vez por todas!”, me digo internamente (y me trato de tú porque soy muy respetuosa). Es que no es falta de coraje, es miedo de asumirlo … pero bueno, ahí va … canto Jordache, una publicidad de hace tantos pero tantos años porque, porque, porque … ESTOY ENVEJECIENDO!!!!!!!

Ahí está, ya lo dije. Dos palabritas nomás y, sin embargo, sólo leerlas me hacen sentir hecha pelota. Pero sí, es la realidad. Y agradezco infinitamente a todos los que alimentan mi ego y me dicen “¡pero si estás bárbara!” o “ay, che, ¡si parecés mucho menor!” o “¿en serio vas a cumplir 38?, yo pensé que tenías 32 o 33”. Gracias, muchas gracias, de corazón. No saben lo bien que me hacen sentir. Aunque sea mentira, no importa, continúen diciéndolo. Mi ego se cree que todo es verdad.

Pero la realidad es que hay algo que no miente (lo más terrible): el espejo.

Todos los años, desde que mi mamá falleció, me compro un regalo en su nombre. Cada mes de julio, para sentirme más joven y bella, acudo a alguna tienda de moda (en ninguna de ellas venden Jordache, por cierto) y me gasto unos pesos en ropa de estación. Generalmente encuentro las primeras liquidaciones, así que salgo contenta y feliz con mi buzo o pantalón nuevo que estreno ese día y siento de alguna manera que mi mamá está conmigo. Sí, soy emotiva hasta para vestirme, qué le voy a hacer.

Pero este año algo cambió. Lo primero fue que hice las compras por anticipado. Y lo segundo, fue el tipo de compra que realice. Este junio y no julio, tomé conciencia (“¡Cáspita! Para qué lo habré hecho?” –sigo hablando conmigo misma en otro idioma que no entiendo) de que los años estaban pasando de verdad. Cuando llegué a casa y abrí mis bolsas de compras, me encontré con:

- Maquillaje para tapar las imperfecciones
- Rizador de pelo, para que el peinado llame más la atención que el resto
- Y, la frutillita de la torta, MI PRIMER TRATAMIENTO ANTIARRUGAS HYALURON-FILLER CONCENTRATE

Con el dolor en el alma me doy cuenta que es momento de empezar a usarlo. Las famosas “patas de gallo” comienzan a asentarse y, cuando estiro la piel de la cara (como cuando decimos con el gesto un “no sé” o damos un beso), me doy cuenta que la piel ya no es la misma.
Es por eso que finalmente entendí que Jordache es una marca de jeans que por allá por los años 70 fue aclamada y comenzaba a imponerse en el mercado mundial. Y yo, allá por los años 70, comenzaba apenas a imponerme en esta vida para llegar al 2010 y cumplir mis 38 con un mundo de gente a mi alrededor. Mi mundo, mi gente.

Para consolarme me gusta pensar que yo sólo tengo arrugas y Jordache, en mi mundo, dejó de existir hace ya tiempo. Que sea una buena marca en otros lados no hace mella en el asunto. Al menos, no en mis asuntos. Pero por las dudas y dadas dichas condiciones (que son reales y muestran a unas preciosas modelos que posan con ya nada de cola chata), es que hoy me siento con todo el derecho del mundo a proclamar, en voz alta y con la crema antiage como estandarte en mi mano:

“¡Muerte a Jordache! ¡Larga vida para mí!”

¡Ma sí, con arrugas o sin ellas!
He dicho.

jueves, 20 de mayo de 2010

DESPECHADA


Sácame de esta tortura,
de este lugar de locura.
Quítame la venda que tengo,
desnúdame de este atuendo.

No me dejes sentir dolor,
ayúdame, por favor.
Libérame de esta pena,
permíteme sentir plena.

Quiero dormirme en tus brazos,
despertarme en tu regazo.
Necesito vivir el amor,
ya no quiero sentir temor.

Acaríciame mientras descanso,
siempre serás mi remanso.
Estés donde estés, amado,
contigo todo es apasionado.

Dame vida, dame sueños,
déjame sentirte dueño.
Dame sexo, dame placer,
a tu lado vuelvo a nacer.

Una vez y otra más,
no quiero que pares jamás.
Desliza tus dedos, muerde mi boca,
penétrame, vuélveme loca.

Grita, gime, muévete, goza,
hazme sentir una diosa.
Escúchame, siente, disfruta,
déjame ser tu prostituta.

Sube, baja, muévete, llega,
tócame, rózame, siente mi entrega.
Toma mi cuerpo, elévalo al cielo,
hazlo tu altar, tu cáliz, tu desvelo.

Ahora descansa, toma aire, respira ...
ya llegó el tiempo de la mentira.
Dime que me amas, que sin mi no existirías,
total, después de mañana, serán nuevos días.

No importa si vuelves en tres horas o en cinco,
yo te esperaré como siempre, con ahínco.
Hasta pronto, querido. ¡Ah! y no te sorprendas,
si tu mujer encuentra manchas de rouge en tus prendas.

martes, 27 de abril de 2010

RECETAS ANTIGRIPALES


Buenas y santas, damas y caballeros. En el día de hoy, vengo a entregarles un recetario muy útil, práctico y necesario en los tiempos que se avecinan en las costas del Río de la Plata y parte del Atlántico. Recetas que no deberían faltar en la cartera de la dama o en el bolsillo del caballero. Bueno, o en la cama de uno u otro, visto que lo que nos cita hoy es el resfrío agudo o la nunca bien recibida gripe.

Paso a comentarles que podrán surtir el botiquín del baño con antigripales varios de bajos efectos, ya que los estudiosos en la materia aseguran que "la gripe es un proceso" y por más pichicatas que consuman, no se les irá. Igualmente, las farmacias agradecidas de que la población ignore tales consideraciones y continúe malgastando sus monedas en la automedicación.
El punto en cuestión es que consumimos pastillas por doquier, jarabes para la tos y pañuelos descartables (estos últimos son los únicos justificables), pero los mocos, la tos y el decaimiento se instalan por unos días y son inamovibles, hasta que deciden emprender la retirada de forma natural. Después de tres blisters de antigripales todavía tenemos el descaro de decir "¡aah, pero este último sí que me hizo bien!". No, señoras y señores, es que es lógico que en algún momento los mocos emprendan la retirada. De lo contrario, estamos hablando ya de procesos infecciosos que deberán ser tratados con medicamentos más fuertes, como ser antibióticos, a lo cual aquí sí deberé recomendarles una previa visita al profesional.
Sin embargo, existen recetas caseras para tratar esas molestias que son tan habituales en invierno y que ahorran nuestro presupuesto. Aunque no sean más efectivas que los clásicos y comunes antigripales sin dudas son muchísimo más placenteras. Paso a enumerar algunas de las mismas:

SUDORES DE PECHO
Para que esta receta sea efectiva, es necesaria la presencia de otra persona (no detallo sexo, pues hay para todos los gustos, pero sin dudas que deberá ser alguien por quien nos sintamos atraídos). El elegido o elegida deberá colocarse encima o debajo suyo. Esta posición deberá ir acompañada por movimientos que oscilarán entre lentos y rápidos. Ambos deberán regular el ritmo adecuado (dadas las circunstancias, recomiendo que la persona elegida se coloque encima suyo ... soporte el peso, recuerde que usted está débil y no podrá movilizarse mucho, pero irá a gusto del consumidor ya que el efecto es el mismo). Luego de unos instantes su pecho comenzará a transpirar. De esta forma, liberará las toxinas acumuladas en su cuerpo (principalmente en su pecho, donde se encuentran los congestionados pulmones). Al finalizar, recomiendo completar esta rutina con un baño caliente (podrá ser solo o en compañía, depende las energías que le queden).
Tal vez en este estado de decaimiento se sienta un poco más cansado, por lo cual es recomendable hacerlo en la noche o, si no va a trabajar, hágalo libremente cuando le plazca ya que podrá dormir si así lo desea.
Si es de aquellos que no tienen acceso a nadie con quien ejecutarlo, le recomiendo frotar su pecho con Vick Vaporub o similar y calentarlo con una bolsa de agua caliente, pero lejos está de ser tan efectivo como lo anterior.

BESOS CON GUSTO A LIMON
Si, podrán resultarle ácidos, lo sé. Pero sin dudas que es más rico que tomar un jugo de limón natural caliente. El limón y sus propiedades (vitamina C) le dan a nuestro cuerpo defensas contra la tan desagradable gripe, fortaleciendo nuestro sistema inmunológico. Por algo las abuelas siempre lo recomiendan (el té de limón caliente, no los besos). Si logramos que quien nos ejecute los sudores de pecho sustituya los juegos previos con chantilly por jugo de limón, podremos ir bebiendo el mismo del cuerpo caliente de nuestro acompañante, dejando que aplique luego tranquilamente la receta anterior. Insisto, si no tiene con quién, caliéntese un té nomás.

MIMOS VARIOS
Ayudan a sentirse mejor. Por lo menos, podrá sentirse cuidado y querido. Dicen que el amor todo lo cura. No sé si se le irá la gripe, pero al menos se sentirá protegido. Recomendable antes, durante y después de los sudores de pecho.
Sustituto: acuéstese con su mascota (sólo recomendable para esta receta, no se le ocurra aplicar otras).

QUIETUD
El reposo es fundamental, con excepción del primer remedio mencionado. Deberá solicitar apoyo logísitico y recibir la comida en su cama para una pronta mejoría.
Sustituto: pida al delivery

CONTROL REMOTO
En esta etapa, hágalo suyo. Distraerse le va a hacer bien para olvidarse un poco de lo mal que se siente. Por unos días, monopolízelo.
No hay sustituto. Siempre fue suyo, así que aquí no tendrá problema.

Si todo esto no funciona, vuelva a intentar con el primer remedio sugerido. Si bien ya sabe que no lo cura, por lo menos lo hará sentirse bien y en compañía, porque existen grandes probabilidades que quien se los proporcione también termine en cama con usted. Al menos, tendrá con quien conversar y entenderá sus quejas de lo mal que se siente.
Y si sigue solo como siempre, ahorre en antigripales e invierta en una notebook y rooter inalámbrico y chatee con alguien desde su cama que seguro habrá varios en la mismas condiciones que usted. Al menos será mejor persona por no contagiar a nadie y también tendrá compañía.


No deje que la gripe opaque su mundo. Opáquela usted, humíllela y demuéstrele que igual puede ser divertido estar en cama, a pesar de que ella insista con hacerlo sentir mal.
¡Sea un mocoso feliz!

miércoles, 10 de marzo de 2010

DESEO


Su mirada era de deseo. Cualquiera podría haberlo notado, pero tal vez por estar sentado frente a ella hacía que en ese preciso instante la observara con tanto detenimiento.

Fue entonces cuando su lengua recorrió tímidamente sus labios, empapándolos y dejándolos con un brillo sexy y peculiar.

Sus ojos se detuvieron en mi entrepierna. El roce fue casi imperceptible cuando un instante después sus dedos tocaron mi muslo izquierdo y comenzaron a deslizarse con delicadeza pero firmeza sobre lo que muchas veces ha sabido tener entre sus manos.

Duro. Así fue con lo que se encontró. Por mi parte, no podía quitar mi vista de su rostro. Me encantaba observarla, en toda su magnitud.

Se afianzó con cierta desesperación, pero siempre siendo cuidadosa. Sus ganas locas hicieron que pronto se lo llevara a su boca, dejando que su saliva se entreverara con el fluido que nada tardó en emanar de allí, llenándola completamente, como una fuente de placer para saciar sus ansias.

Volcó su cabeza hacia atrás y sus ojos se entrecerraron. Tras detener su respiración durante unos segundos, separó sus labios y dejó salir un pequeño gemido de satisfacción.

Mientras tanto, yo seguía mirándola, sonriendo.

Reposó un instante y creo haber escuchado de sus labios un “mmh, qué rico”.

Volvió a deslizar su mano por mi entrepierna con la misma delicadeza y firmeza del principio, esta vez para dejar allí el envase de Coca-Cola que había saciado su sed.

domingo, 22 de noviembre de 2009

OPERACIONES Y AFINES



Como no me alcanza con las pasadas, voy a intentarlo de nuevo. Digo, en esto de la humillación ya creo que me llevo la medalla de oro.

Yo sé, son asuntos médicos, pero vaya que me siento explorada por todas partes. Después dicen si le doy o no el valor que mi cuerpo se merece.

¿Importa acaso si tengo celulitis y todos la ven cuando me pongo el bikini? ¿Importa acaso si ahora que estoy envejeciendo en mis piernas empiezan a aparecer alguna que otra venita más marcada? ¿Importa acaso si estoy o no bien depilada? Y la verdad es que sí, que a mi me importa a pesar de todo. Por eso mismo, también me importa cuando cada año desde hace ya varios tengo que someterme a algún tipo de cirugía.

"Que las cicatrices son las marcas de la vida". ¡Joder! Que preferiría haber vivido menos, ¿eh?

Pensé que el 2010 sería el año sabático. Pero no. Allá iré a quirófano de nuevo. Vaya que me pongan falta.

Otra vez quitarme mis atuendos para vestir una hermosa bata de hospital, gorrito, zapatones ... todo para llegar a sala de operaciones, me despojen de mis vestiduras como si nada y empiecen a cortar aquí o allá.

Está bien, la mayoría de las veces he estado completamente dormida (algunas fueron con anestesia local), pero eso no hace que no sienta la exposición absoluta de mi cuerpo.

"Relajate, todo va estar bien". Claro, ¡si a estas alturas no hay cirujano, médico o enfermero que no me conozca en bolas! ¡Si hasta el hijo del Presidente de la República me vió! Sólo me faltó salir en Cadena Nacional. Seguro que a mi no me censuraban en ninguno de los canales privados. Eso sí, hubiera salido en "horario de protección al menor".

Tengo 37 años y estoy cansada de que mi cuerpo no se entere de mi edad. Apenas si tengo unas arruguitas. Y las canas se cubren con un buen color chocolate (que dicho sea de paso ya es hora que retoque). Eso hace que muchas veces me gane un "¿¿37?? ¡¡Pensé que tenías mucho menos!!". Precioso comentario que alimenta mi ego, aunque de todas formas el resto de mi físico parece que intenta persuadir todo piropo y decide que es hora de concurrir nuevamente a las instalaciones del Hospital Británico (son muy lindas, pero realmente preferiría no tener que visitarlas con tanta asiduidad).

Humor, humor ... tomemos la vida con humor antes que nos gane la depresión.

Bueno, las cesáreas y legrado podría dejarlos fuera, pero si he de sumar intervenciones debo contarlas.

Lo mismo con las cauterizaciones de la nariz. Una con anestesia local y otra con general. Igual no zafé de la batita (toda abierta de costado, por supuesto, el chiripá, gorro y zapatones).

Luego, las hemorroides (de esta es la que se viene el bis). Y voy a contar sólo la operación, no las 17 personas que me miraron el culo en menos de 36 horas, ¿eh?. Ni tampoco voy a contar que cuando llamé a urgencias vino el médico más guapo de todos y encima era cirujano así que muy orondo él empezó a empujar todo aquello para adentro y yo mientras tanto hundía mi cabeza en la almohada, no sólo por el dolor sino por la humillación de que JUSTO ese médico tenía que venir a verme. Tampoco voy a hablar de lo que fue horas más tarde estar en el hospital, en la sala de emergencias, boca abajo con una mecha y un leuco que atravesaba mis nalgas. Ni cuando el médico retiró después de dos horas la mecha y a mi me poseyó el demonio y maldije a toda su familia, por lo cual el médico concluyó mi repertorio con un "queda ingresada" (que por suerte no fue a un psiquiátrico). Estos son mínimos detalles que no hacen la historia, no señor.

Después, el cáncer de mama. Dos operaciones y encima en la última, antes de irme de alta, entra a sala de nuevo un guapetón (creo que fue el mismo de las hemorroides, pero no lo puedo confirmar con exactitud) a retirar el drenaje. El tipo tiró, tiró, tiró, se apoyó en mi teta tratando de hacer palanca y nada, no hubo forma. No logró retirarlo. Allá me fui a casa con mi carterita roja colgando durante una semana.

Por suerte con la quimio nadie miraba nada, pero las 35 sesiones de radioterapia, otra vez exposición total. Sumado claro a todos los controles que hasta el día de hoy me hago. Ya perdí la cuenta. Pero entre las radio, los controles médicos y mamografías, debo pasar las 100 seguro.

Pero sigo con las operaciones nomás, no sumemos por sumar tampoco.

Un año después, los retoques correspondientes. Dos veces para que la pobre maltratada quedara más o menos bien. Y todos los controles extras, por supuesto con el cirujano de turno. Genio absoluto si los hay, pero no se salva de mi suma de humillaciones.

¡Ah! La fibrogastroscopía y dos fibrocolonoscopía (una fresquita). Anestesia general y vaya uno a saber qué sucedió.

Y finalmente, este año, la vesícula. Operación sencillísma si las hay cuando de laparoscopía se trata, pero que suma a las exposiciones varias.

A ver, mi abuela con 102 años la única que vez que visitó un hospital fue hace poco más de diez años para operarse de cataratas porque no podía enhebrar la aguja (¿?). Y encima parece un chiste que cada vez que cumplo años me diga "ojalá vivas tanto como yo". ¡Ja! ¡Si llego a la mitad ya me siento feliz!

No voy a sacar promedios ni contar las exposiciones-humillaciones que tuve (ya perdí la cuenta), pero sólo de operaciones llevo 12. ¡Uy! ¡Se me viene la 13! Menos mal que no soy supersticiosa, porque sino ...

Dijo el médico ayer que la otra opción eran unas "gomas". No quiero averiguar mucho, porque antiguamente se ataban unas banditas elásticas en las hemorroides hasta que éstas caían. ¡Qué necesidad! Para eso duérmanme y corten todo lo que quieran. ¡¡Total, con un buen calmante y unos días culo pa'rriba seguro voy a ser más feliz!!

Eso sí, miremos siempre el lado positivo del asunto. Capaz que tengo suerte y con tanta exposición logro trascender y entrar en el libro Guiness de los Records!

martes, 15 de setiembre de 2009

¿ORDEN U OBSESION?


No podía concentrarme en la conversación que estábamos teniendo mi primo y yo. Mientras me hablaba, trataba de llevar un pedacito de su tarta de manzana a la cuchara, sin éxito. El utensilio (y es así, sin ll, ya hace tiempo que me saqué la duda consultando la RAE) iba y venía en el plato, empujando el pedacito de tarta de un lado para el otro, pero nunca llegaba a destino. A él parecía no importarle, sin embargo para mi ya se había transformado en una obsesión. Tuve que interrumpirlo y pedirle que si no podía empujara con el dedo pero que por favor pusiera ese pedacito de alimento donde iba, porque sino lo iba a terminar haciendo yo. Se empezó a reír. No tanto por lo que acababa de decirle, sino porque unos minutos antes me había estado observando y se había percatado que una vez que terminaba de tomar algo tenía su misma costumbre, limpiar el borde del vaso con mis dedos. Ese día nos dimos cuenta que somos obsesivos.

No sé si es tanto obsesión o simplemente orden, hacer que todo esté prolijo y en donde tiene que estar, pero lo cierto es que somos un poquito más histéricos que la normalidad de gente que nos ronda.
No voy a hablar de sus asuntos, a eso lo dejo a él que sabe hacerlo muy bien también. Pero entre los míos se encuentra por ejemplo la costumbre de tener un lugar exacto para cada cosa.
Los adornos en el mueble del living, los perfumes en mi cómoda, las porquerías que tengo sobre la mesada del baño. Todo tiene que estar en su exacto lugar, y esto a veces se transforma en una lucha callada pero eterna con mi prima que ordena mi casa a su gusto y yo luego vuelvo todo a su lugar de origen.
¡Los libros! Todos están ordenados por tema en la biblioteca. Todos con sus lomos visibles y para el mismo lado (detesto los que vienen con el lomo para el otro lado pues hace que los tenga que poner al revés en el estante).
La ropa también no sólo tiene que estar doblada de una manera especial, sino que a su vez está ordenada por tipo: musculosas, remeras de manga corta, manga tres cuartos, manga larga, buzos de lana, pantalones, todo doblado en diferentes pilas. Y la colgada también: primero las polleras (faldas), luego los vestidos, las camisas, los trajes, las camperas, los tapados más largos.
Los zapatos están en cajas, todas con nombre y, si no es así, por tipo también: en una caja grande los que no tienen talón y en otras los que sí. Los deportivos con los deportivos y los de vestir con los de vestir.
Las facturas pagas descansan en un cajón por un par de meses (y esto sucede únicamente por falta de tiempo) y luego un día terminan todas en un biblorato con separaciones de colores bien destacados por empresa.
Los colgantes, las pulseras, los anillos, los relojes. Todo tiene su cajita y su lugar.
En el trabajo soy igual. Todos los papeles en orden y el material de trabajo separado. Cuando trabajaba en la oficina, mis cajones parecían más cajones de exhibición de materiales de oficina que de un trabajador.

Me pregunto cuándo fui que me puse tan histéricamente ordenada, porque recuerdo mis años de juventud donde todo quedaba donde caía. Y por supuesto nunca sabía dónde estaba nada. Pero no me importaba.
Tal vez la falta de tiempo es que hace que tenga todo así, tan prolijito, cosa de ir rápidamente por lo que quiero sin tener que perder minutos buscando.
Podría decir que mi vida está en orden.
Pero hay una trampa.
Es sólo la que se ve.
La otra, la que sólo veo yo y algunos pocos … privilegiados?, tiene matices, altibajos, idas y venidas.
Esa no es tan fácil de controlar.
Y tal vez este sea otro de los motivos por el que mantengo lo de afuera tan ordenadito. Porque lo de adentro es pura revolución.
Lo más cómico es que me gusta ser así, desordenada por dentro, porque es un desafío diario, un encuentro eterno con mi ser, un descubrimiento y una aventura.

Así que podría concluir diciendo que mientras tenga vida tendré desafíos, encuentros y desencuentros, búsquedas y hallazgos, orden y caos.
Mientras tenga vida tendré asegurado el eterno encanto de la seducción por aquellas cosas en las que creo con pasión que me brindarán ese orden interior.
Lo cierto es que mientras tenga vida, viviré persiguiendo mi obsesión.

domingo, 6 de setiembre de 2009

DESMEMORIADA


Con los años me he dado cuenta que he perdido una de mis más destacadas virtudes: la memoria.

Soy una convencida que hay una parte del cerebro que se conecta directamente con el útero. Cuando la mujer queda embarazada, no sé que tipo de transición sucede que algunos de esos recuerdos tan bien guardados pasan directamente a la placenta donde, una vez retirada del cuerpo, se va con nuestras memorias a perderse en el olvido (literalmente).

Porque lo cierto es que desde que nació Juan Diego mi memoria se redujo, digamos, un 25%. Y con la llegada de Renzo, otro 25% más.

Bien, aún conservaba un 50%. Esto me permitía atender las actividades de mis hijos sin usar un lápiz. Tenía clarísimo sus horarios, aunque no así los míos que ya se iban acumulando en mi agenda o papelitos o listas que hacía en un cuaderno cualquiera y guardaba en algún bolsillo (el cual por supuesto olvidaba revisar). Por ejemplo, si tenía que comprar champú, la única forma de recordarlo era ir rotando el frasco de lugar en lugar una vez que se había acabado. Esto significaba sacarlo de la ducha y tirarlo en la pileta del baño. Una vez que salía de la ducha y lo veía, debía colocarlo en el piso, al lado de la puerta del baño. Al salir, levantarlo y llevarlo conmigo hasta la cocina. Y así, hasta que llegara a anotarlo en alguna listita o tirar el frasco dentro del auto en el asiento del acompañante, cosa que cuando subiera recordara que tenía que comprar champú. Hoy ya no hago esas locuras. Primero que compro 2 frascos de un litro cada uno (cosa que me dure muchísimo) y segundo que cuando empiezo el primero ya me recuerdo que tengo que comprar más (probablemente lo haga cuando me quede la mitad del segundo, pero al menos no me quedo sin champú).

Pero me fui de tema. A lo que voy es que mi memoria en ese entonces era precaria pero aún recordaba ciertos detalles cuando, puf!, me llegó la quimio y con ella otro 25% de memoria perdida.

La adriamicina y la ciclofofamina que me administraron mató al bicho, neuronas y sin dudas las conexiones sinápticas del cerebro, o sea aquello que nos permite recordar.

Pero, sin embargo, y paradójicamente, me quedan recuerdos de cuando tenía buena memoria (o sea, puedo recordar que tenía buena memoria), entonces me niego a agendar las cosas, apelando a que pronto todo volverá a la normalidad. Pero no, no hay caso, me olvido.

Y lo peor, no es sólo de lo que no me interesa de lo que me olvido. También me olvido de cosas importantes, como cobrar un alquiler (sí, cobrar no pagar), de reuniones laborales o de llamar a alguna amiga.

Sin embargo, puedo recordar por ejemplo haber ido a tal o cual lugar hace años atrás. Recuerdo el lugar con total claridad y hasta recuerdo haber estado con un grupo de gente allí. Pero jamás de los jamases recordaré con quién.

Y ni que hablar de las personas que me cruzo continuamente a quienes saludo con entusiasmo (respondiendo el saludo del otro, claro) sin saber de dónde la o lo conozco ni tampoco su nombre. Yo sé, esto ocurre. A veces. No siempre, como es mi caso. Lamentablemente, fracaso con total éxito urgando en mi memoria. Nunca sé de dónde me resulta conocido.

En definitiva, soy una desmemoriada, mi sinapsis actúa a corto plazo y tengo memoria selectiva (pero como a ella se le ocurre, tampoco es cuestión de que yo elijo qué recordar, eh?).

Como verán, totalmente justificado todo. Tan pero tan justificado como para que nadie venga ahora a decirme que todo esto ocurre porque ya tengo 37 años. Quedó claro, ¿no?

viernes, 19 de junio de 2009

Y ... TAL VEZ ES UN BUEN DÍA

Para retomar, para escribir, para contar, para compartir.
Tal vez es un buen día para sonreír, para llorar, para cantar, para callar.
Tal vez o sin tal vez, aquí estoy, después de casi un año tirando líneas al azar y con una anécdota para contar.
Hoy empecé el día a lo loco. Me dormí, así que ya salí apurada, manejando a más de la velocidad permitida todo el camino, con los ojos muy abiertos intentando evitar policías de tránsito (ya me harté de las multas y, excepto por la velocidad, tomo todas las precauciones posibles: manos libres, cinturón, luces encendidas ... y los ojos bien abiertos para ver chalecos naranjas).
Ya en la rambla tuve mi segundo ataque de stress. No sé si había un accidente o qué, lo cual implicaba desvío. Como buena uruguaya que me creo super viva, vi venir el trancazo y subí una cuadra antes. Claro que dos más adelante estaba toda la fila de autos subiendo y volví a trancarme.
Me di por vencida y decidí seguir a la multitud (cosa que no me gusta mucho hacer, pero en este caso no había más remedio).
Llegué finalmente a la oficina, corrí a poner un ticket en el auto, subí al ascensor arreglándome la ropa, el pelo, la cartera ... nadie me abre la puerta, uso mi tarjeta de ingreso, ya en el último número siento el "click click". Alguien me estaba abriendo.
En fin, para hacerla corta, llego a mi puesto de trabajo y tras chequear el correo me dispongo a buscar un documento que hacía dos días se encontraba en la oficina (necesitaba agregarle un dato). Dada la burocracia interna, estuve unos 40 minutos tras el mismo hasta que finalmente apareció.
A todo esto, el tiempo pasaba y yo tenía que estar en menos de media hora en una reunión a unos 20 minutos de allí (previo debía pasar por otra empresa a dejarle un material ... o sea, seguía a las corridas).
Salí con paquetes en la mano, sobres, agenda ... sostenía con las manos, los brazos, la cabeza. Y claro, al llegar al auto, las llaves estaban en el bolsillo de la campera. Imposible sacarlas.
Apoyé todo en el techo del auto y abrí el baúl. Comencé a acomodar las cosas cuando suena el celular. Atiendo, me pongo a hablar, cierro la tapa y subo al auto. Sigo hablando. Arranco y al doblar en la esquina un hombre que me dice algo. Yo que carajeo "Si! Ya vi el cartel de PARE!!!!" .... hasta que miro por mi espejo retrovisor y todos mis paquetes estaban tirados en la calle. Nunca llegué a poner todo en la valija del auto!!.
Vestida de vergüenza de pies a cabeza, di marcha atrás mientras veía que una amable señora recogía todas mis pertenencias mientras hablaba con el hombre y unos diez obreros de la construcción que por allí andaban.
Gracias INFINIT por hacer unos lentes tan oscuros y envolventes!! Sin ellos no hubiera podido bajar.
En ese momento me di cuenta que o prestaba un poquito más de atención o los atentados inconscientes que podía llegar a cometer en el día podrían ser muy perjudiciales.
Un llamado y un almuerzo en compañía de mi primo lo mejoraron notoriamente.
Luego de reírme bastante ya los niveles de stress se disiparon. Uff! Como necesitamos volver al mundo real personal!! En el otro vuelan paquetes. En el de uno, la que despega es el alma.