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viernes, 2 de mayo de 2014

DUELE, PERO AGRADEZCO RESPIRAR

Seguramente seré tildada como “mal de la cabeza” y algún otro improperio mayor quizás por lo que voy a escribir. También es probable que me digan “porque a vos no te pasó entonces no entendés nada” y están todos en su derecho de expresar lo que se les dé la gana, de la misma forma que lo voy a hacer yo ahora.
El asunto es que no paro de leer noticias sobre robos, asesinatos, violaciones y, lo que es peor aún, muchas no las leo, sino que me las cuentan en vivo y en directo aquellos a los que conozco, incluyendo a mi propia familia. Que el auto, que las garrafas, que el perro, que la invasión al hogar, que destrozos por aquí, destrozos por allá, que un fulano lo sigue, que otro lo intercepta y lo roba, que a uno lo amenazan con un fierro por reclamar lo propio, que se bajan de un auto para pegarles por tocarle bocina … en fin. Gracias a Dios ninguno de los cuentos que me llegan de las personas a las que quiero y tengo en mi círculo de amigos y familia le ha sucedido nada físico. Están todos en muy buen estado de salud y por ahora sólo debemos lamentar pérdidas materiales. Por ahora. Porque luego de someterse a este tipo de violencia, temo por la seguridad de todos. Incluyendo la mía.
Nadie está a salvo de nada. Y la impotencia que se genera es mucha. Y la rabia, frustración y dolor (porque detrás de todo siempre está el dolor) es aún mayor.
¿Y qué hacer nosotros, estos pobres cuatro gatos locos que somos, para cambiar en algo esta situación? ¿Hay realmente algo que podamos hacer? “Bunkearnos” en casa no podemos. Ya bastante entre rejas vivimos y tampoco funciona. No salir nunca más del hogar es algo totalmente inviable e imposible. Dejar siempre a alguien al cuidado de nuestras pertenencias, no asegura nada. Los ocupamientos ocurren con gente adentro, como le acaba de suceder a una amiga. No tener auto para que no te roben la nafta o te rompan los vidrios y andar en ómnibus todo el día, tampoco te da ninguna certeza, porque también allí te roban, te empujan, te tiran, te patean y hasta corrés el riesgo de que te atropellen cuando bajás o subís, porque también ha ocurrido en mi círculo, y esto sí con consecuencias gravísimas. Irreversibles.
Entonces, bajamos la cabeza y seguimos laburando. Y arreglamos los autos, compramos la garrafa de nuevo, esperamos que el auto que robaron no aparezca nunca más para poder recuperar algo con el seguro, ordenamos la casa y desinfectamos todo porque nos da asco pensar que estuvieron allí, lavamos el auto y lo ordenamos con la misma intención (sacar el olor a orina no es fácil, pero se puede con un buen limpiador de tapizados, lo garantizo), dejamos que nuestro ex socio se quede con lo que no le corresponde antes que nos parta un fierro en la cabeza, tomamos mayores precauciones en autos y hogares (sin estar seguros de que sean inviolables), confiamos ciegamente en que nuestros hijos están cuidados y guiados por seres celestiales y rezamos cada vez que salen para que nada les suceda y empezamos de a poquito a retomar nuestra vida lo mejor posible hasta que la rutina vuelve a ser la misma de antes. Hasta que otra vez pase algo y nos recuerde todo esto de nuevo.

Y sí, yo también estoy harta y cansada de todo esto. Y lo único que se me ocurre es que acá se aplique la maravillosa ley de Rudolph Giuliani, quien fuera alcalde de Nueva York, que impuso en una ciudad donde el robo y asesinato estaba al orden del día la tolerancia cero. Y funcionó. Y bajar la ley de imputabilidad que tanto discuten, porque los pastabaseros son niños que deberían estar estudiando igual que el tuyo o el mío pero, ¿sabés qué? Está robando porque esa es la educación que ha tenido de generación en generación. Porque ya debemos ir por la tercera generación de ladrones, donde en esa casa el abuelo (si es que está) cuenta de lo fantástico que le fue en el robo allá por el 68 (porque mucho más viejos no son). Y porque en la casa ya no educan, porque las madres van y le pegan una piña a la maestra y ese es el ejemplo que recibe el niño, que pegar y agredir está bien (el hijo de esa madre y otros tantos que andan en la vuelta y lo ven).
Entonces, bajá la ley y no lo metas en una cárcel donde supuestamente, como dice el Dr. Tabaré Vázquez, lo van a violar. Creá una cárcel de educación. Pero que estén encerrados estudiando, no en la calle robando. Y enséñales en el medio un oficio también, de paso. Y sé que todo es plata y que “no hay presupuesto”. Pero sí para las campañas políticas, sí para hacer boludeces como poner unas hermosas letras en la rambla o crear un parque de deportes o cualquier otra cosa. Todo queda divino, pero lo cierto es que a esta altura ya no me importa nada de eso. Me importa la educación. Y me importa sacar a toda esta gente de la calle, que no conoce otra cosa que robar o asesinar. EDUCACION y TOLERANCIA CERO. Cárceles educativas y los adultos a recoger la basura cuando los municipales están de paro, por ejemplo, o cualquier otra de las tantas cosas que hay para hacer. Ah, sí, me olvidaba de los derechos humanos. Pero si en medio del trabajo además les enseñamos también un oficio, ¿no cuenta? Porque los derechos humanos son unilaterales. Resulta que el que está en la cárcel por matar tiene más derecho humano que el pobre muerto que no tuvo ninguno al momento de ser asesinado por ese. Porque lo cierto es que mata porque ni su propia vida tiene valor para sí mismo, como ese que por no ser atrapado por la policía se pegó un tiro en medio de la calle hace unos días.
Sólo quiero un mundo mejor. Un país mejor. Un país donde los que aquí vivimos entendamos que vale la pena vivir y lo hagamos con alegría. Leí una nota el otro día de un haitiano que vino porque acá podía hacer algo por su vida. Y lo hizo. Y se graduó en Relaciones Internacionales. Y piensa volver a su país en un año para ayudar a niños y niñas de allá. Otro de República Dominicana (y a este lo conozco) vino porque tenía cuatro horas de luz por día en su casa, entre otras carencias. Vivía en situación deplorable. Acá es guardia de seguridad y es feliz con lo que gana (algo de lo que se quejan tantos). Y piensa hacer una sociedad con otros dominicanos para abrir un restaurante comunitario, donde todos ellos tengan qué comer, y a su vez tener venta de comidas típicas de su país.
Oportunidades hay, sólo que los de aquí no las ven. Ya están ciegos de odio y resentimiento. Para qué trabajar si es mejor robar al que trabaja. Para qué trabajar si tienen dinero fácil de vos, de mí y de todos.
La cosa está difícil, pero no imposible. Y si se hace bien, va a llevar su tiempo acomodar todo esto. Pero nos estamos convirtiendo en algo que no éramos y no me gusta nada. No quiero temer por la vida de mis hijos, mi familia, mis amigos, mi propia vida o mis pertenencias. No quiero vivir asustada.

Y acá entra mi discurso tan bonito de “todos somos uno” en el que tanto me cuesta creer cuando pasan estas cosas. Pero no reniego de él tampoco. Ese que mata también soy yo vibrando en una energía totalmente opuesta a la mía. Y contagia. Y el otro vibra en esa misma energía también. Me acuerdo de la película “Pecados Capitales”, donde el protagonista, Brad Pitt, hace todo lo posible por no verse afectado por los pecados que van sucediéndose. Se mantiene firme a pesar de que hay momentos que parece que fuera a dominarlo el odio. Pero no, banca bien. Hasta que en el último, sucumbe: la ira. Si esto sigue así, vamos a vibrar todos en la misma energía y se va a convertir en una ciudad al mejor estilo del país descripto en “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago, donde algo epidémico terminó sacando lo peor de cada uno. 
Sigo creyendo que en esencia “todos somos uno” y que lo que nos “contamina” es el entorno, el ambiente, los malos consejos, la envidia, los celos y, sin duda alguna como componente principal, la falta de amor y contención. Probablemente otros factores que me estoy olvidando pero que no es lo que hacen esta historia. Todavía creo en el ser humano, pero no en las personas. No en esa máscara que se usa para ser malo, ladrón, asesino y, por ende, deshumanizado. Me cuesta mucho igual llegar a esta conclusión, pero así desperté hoy, pensando en todo esto y tratando de no llenarme yo también de odio, porque no gano nada y pierdo mucho. Soy amor y vibro en amor. Y voy a seguir intentándolo, aunque me incendien la aldea, como al cura bueno en “La Misión”. Yo creo. Así soy.

Me duele el alma ver a mi país así. No sé qué hacer más que proponer, porque no tengo herramientas a mi alcance para que se lleve a cabo nada de lo que propongo.
A quien quiera, lo invito a vibrar en positivo. Por favor, no se contaminen con ira porque no les hace nada bien y se logra el cometido del deshumanizado. Sigan siendo amor, perdonando y agradeciendo por lo que tienen en vez de lamentar lo que no. Sé que es super difícil, pero inténtenlo. Por favor.
Y dejo constancia que no escribo desde lo fácil de “a mi no me pasó nada”. Porque aunque no lo haga público, como a todos a mí también me pasó.


sábado, 5 de octubre de 2013

NUNCA ES UN BUEN DIA

Imagen: Joan Llimona

Otra vez estás sentada en ese suelo frío de cerámicas color caoba de tu baño, llorando como una Magdalena, aunque nunca supiste cómo llora la Magdalena, pero debe ser que llora mucho, por eso es que ahora te comparás con ella y pensás que más tarde quizás vayas a Google y te fijes por qué se dice eso cuando alguien llora tanto, pero no ahora. Ahora no podés fijarte en nada, porque tus ojos no te permiten ver ni siquiera la pared que tenés enfrente.

Apagás la luz del baño para sentirte más íntima, porque aunque no haya nadie no querés ni que el WC te vea llorar de esa manera, y te acostás boca abajo, dejando que tu pecho sienta el frío de las cerámicas, a ver si así se te enfría el corazón. Aprovechás que estás ahí sola y ya nadie te ve para gritar un poco, tampoco tanto, porque te pueden escuchar y lo que menos querés en este momento es que alguien te escuche. Querés que sólo la tierra te escuche y se lleve esta angustia que te nace en el medio del pecho y la transmute, quizás por un poco de alegría, que hace tanto no sentís.

No entendés esta forma de amar por más que te lo haya explicado una, diez o mil veces. Nunca la vas a entender. Dice que no quiere vivir más en la mentira. Que así ha vivido durante toda su vida. Que es hora de empezar a vivir en la verdad. Por un rato te creés que es cierto, que está bueno que haya decidido vivir su vida así. Hasta por el amor que le tenés le das una especie de bendición. Pero no es cierto. No le das nada una bendición. ¿Cómo vas a dejar que toque a otra, bese a otra, acaricie a otra? Dice que está cansado y necesita un tiempo de reposo ¿El se cansó? ¿Ahora que sos suya como tantas veces soñó que lo fueras, de verdad se cansó? No es admisible. No tolerás que esté cansado. Porque si de verdad te ama, no debe estar en ningún otro lugar que no sea a tu lado. Si es cierto todo el amor que dice tenerte, no puede seguir en este juego absurdo, esperando que algún día lo perdones. Y vos sabés que no lo vas a perdonar. Ya se lo advertiste. No ahora, antes. Ya le dijiste que tenías un límite de tolerancia a las cosas. Así que no venga ahora a pedirte que esperes un poco más. No hay derecho. 

Nadie dijo que esto iba a ser fácil. Hasta Romeo y Julieta terminaron mal, pero juntos. El no debería dejarte ir. No debería hacerte sufrir de esta manera tan cruel. Porque te conoce, y mucho. Sabe cómo te sentís en este momento y vos no podés entender de ninguna forma que esté siendo tan cruel. Seguís llorando sola en el baño. A veces sollozás, hasta que el recuerdo de aquella noche que te preparó la cena especialmente para vos, te vuelve a desarmar. O cuando pensás en sus manos, en sus caricias, en su mirada. Cuando pensás que va a penetrar otro cuerpo que no es el tuyo, que va a tocar los muslos de otra mujer que no sos vos, que va a besar otros labios, que seguro no serán tan suaves como pétalos de rosa, porque esos son solo tuyos, mi amor, pero sí besará pétalos de claveles en todo caso. La mirará a los ojos o, lo peor de todo, se reirá con ella. Otra vez ese llanto doloroso que te atraviesa el pecho. No querés que se ría con más nadie. Las risas son tuyas. Vos lo hacés reír y él a vos. Vos le alegrás la vida y él la tuya. Mierda. Te estás convirtiendo en una de esas mujeres de manual de autoayuda, de las que aman demasiado. No querés ser esa mujer. No sos esa mujer. Nunca mujer de manual. 
Así que te levantás un poco dolorida después de haber estado tirada tanto rato en ese piso frío, prendés la luz y das unos pasos hacia el lavabo. Te mirás en el espejo. Siempre te gusta mirarte al espejo cuando tenés los ojos llenos de lágrimas. Están tristes, pero tienen un brillo especial. Hasta parecen más claros. Es eso, por eso te gusta. Porque toman una tonalidad verdosa que no sabés si es que se están pudriendo con tanto llanto o es que cambian de color realmente. Abrís la canilla y dejás que corra un poco de agua, te lavás la cara y te secás. Nunca dejás de mirarte. Respirás hondo y decidís que tenés que seguir adelante, sea como sea, aunque no tengas ganas de nada hoy.
Date el permiso de no hacer nada hoy. Ni mañana. Pero no mucho más porque no sos de las que se abandonan tiradas en una cama por un amor que no pudo ser. Sí, sos de esas, pero no podés hacerlo porque hay todo un mundo que sigue girando, esté él en tu vida o no. Estés vos en esta vida o no. Pero más vale estar, porque no le vas a dar el gusto de sentir culpa. No le vas a dar ese gusto de que se victimice. 

No pienses más en lo que no vas a tener. No pienses que perdiste el mejor sexo de la historia ni a la persona que más te ha entendido en tu maldita vida. Pensá en lo que ganás. Y pensá realmente si no sos vos la que vas a vivir en la verdad, en vez de él. Te libera de andar a escondidas. Te libera de esas tardes que te sentías una pobre desdichada a pesar de que había sido idea tuya la de ir al departamento que arrendó especialmente para vos y llegar en su Van tirada en el piso de atrás, tapada con una sábana de pies a cabeza, por si él se nos cruza, mi amor, basura urbana, mortajada como si estuvieras muerta. Muerta. Quizás fue un presagio, porque así es como te sentís ahora. Pero entonces te libera de amarlo, porque en el momento en que lo imagines en brazos de la otra, lo vas a detestar. Hacelo, detestalo por un tiempo. No va a ser para siempre, pero desde ese lugar vas a poder tomar fuerzas para despedirlo finalmente. Enseguida te acordás de la frase de Lorrie Moore que tanto te gustó, porque es un poco cruel y en estos momentos tenés ganas de ser cruel, muy cruel: "Algún día, como todo el mundo, este hombre al que realmente amas, va a morirse. No importa lo mucho que lo ames, no puedes salvarlo. No importa lo mucho que lo ames: nada, nadie, dura”. 

Volvés a tu imagen en el espejo. Tus ojos están bastante más secos. Te das vuelta y vas hacia el WC cómplice a quien no mirás mucho porque te da vergüenza pensar que te haya visto llorar de esa manera tan pasional. Tomás un pedazo de papel higiénico, te limpiás la nariz y lo desechás en el tarrito de basura que tenés en el baño. Abrís la puerta. Aún con pocas fuerzas das un paso hacia el abismo, porque sabés que nunca, pero nunca, será un buen día para volver a empezar.

jueves, 7 de febrero de 2013

TRANSMUTACION

No es un día como cualquiera.
Hoy se cierran sueños compartidos
y lo vivido pasa efectivamente
al álbum de los recuerdos.
No hay festejos ni brindis,
como fueron sugeridos,
porque no amerita que este ciclo
se cierre con alegría.
Duele, aunque la decisión sea mía.
Duele concluir lo que algún día
soñé para el resto de mis días.
No se trata de arrepentimiento,
sino de respeto por lo que existió.
y aunque sólo se trate de la legalidad
se siente la desolación,
la desvinculación,
la última separación posible.
Yo no festejo.
Más bien que me meto en mi caparazón
y me refugio en mis niños,
en ellos que son quienes mantendrán un hilo de unión.
Me retiro sabiendo,
que pase lo que pase,
aunque no a todos les resulte
fácil de comprender,
que de mi parte quedará siempre
respeto por lo vivido
y esta forma diferente
de sentir amor.


miércoles, 24 de octubre de 2012

VOS ... YO ... VOS

Estoy cansada de ser tan importante para los demás. Y no lo digo con orgullo ni soberbia, sino con hastío. Porque me parece increíble que la gente no tenga nada mejor que hacer que hablar de los problemas ajenos, que juzguen al otro como si sus vidas fueran inmaculadas, que no tengan la menor idea de lo que uno ha vivido como para venir a decir si lo que uno pudo (o no) haber hecho lo hizo bien o lo hizo mal. Que en pro del bien, hagan mal. Y que, gratuitamente, se sientan dioses o semidioses por haber obrado dentro de sus conceptos de bien.
Ya no sé si es grato o ingrato el saber que soy tema de conversación en las mesas. Lo cierto es que hubiera deseado escribir la historia de mi vida en papel. Sin dudas que el libro se vendería como agua en todas las librerías -más allá de que fuera interesante o no, verdad o mentira. Eso no es importante cuando de hablar del otro se trata. Luego de leerlo quizás la opinión no fuera buena, porque en definitiva no era tan interesante como se pensaba, pero el hecho real sería que el libro se vendería y el dinero estaría inflando mi flaquísima cuenta del banco-. Los programas de chismes de la tarde estarían sacando su buena y jugosa tajada si fuera famosa -y, otra vez, mi cuenta del banco creciendo-.
Pero lo cierto es que no, no lo soy, y la plata (al igual que a la mayoría), no me alcanza.
Simplemente soy una mujer como cualquiera, con miles de problemas resueltos y ocupándome de resolver las cosas día a día, sin pre-ocuparme por lo que vendrá. 
Soy una mujer que toma decisiones, en el acierto o en el error, pero que no se queda parada mirando pasar la vida, porque me gusta que la vida pase siempre a través de mí. 
Soy alguien que se cae y se levanta mil veces y lo hará mil veces más si es necesario.
No soy un ángel. 
Tampoco un demonio. 
Soy un ser humano en vías de extinción, como cualquiera de nosotros. 
Soy quien se equivoca y aprende. 
Soy quien reconoce que aún le queda mucho por entender y hacer carne sobre un montón de cosas, algunas que ya se visualizan y otras que aún no. 
Soy la que busca soluciones para sí misma, porque sabe que mejorarán su entorno. Quien va a terapia para entenderse y quien hace yoga para distenderse.
Esta soy yo. La que sobrevivió a la muerte propia y ajena, la que lloró pérdidas en incansables ocasiones, la que deseó morir y agradeció por vivir, la que se ciega de orgullo y también la que aprende a aceptar, la que muchos hablan porque conocen y de la que otros hablan porque desconocen, la que decide y se hace cargo. La que opta por lo positivo y desecha lo negativo. La que aún tiene mucho por pulir para construir, pero que sabe que será tarea de toda la vida, porque la luz llega en cuentagotas y, cuanto más consciente  se hace uno de la oscuridad, mayores son las posibilidades de que la luz se revele.
No soy nadie y soy todo. 
Soy amada y odiada, pero por suerte para mi, muchísimo más amada. 
Basta de hablar de mi. Sería muchísimo mejor si me hablan a mi.
Y por cierto, no me olvido que somos espejo. Reflejémonos.

lunes, 27 de agosto de 2012

No quiero

No quiero tantas cosas
que con eso debiera bastar
para decir basta.
Pero no siempre suficiente
es una palabra que contenga magia
y transforme lo real en lo imaginario.
O viceversa.

Pero hoy no quiero;
y digo basta.
Y aunque ese basta no baste,
esta noche ya me alcanza.


lunes, 13 de febrero de 2012

UNO CON EL TODO

Estoy con un grave bloqueo creativo. Llevo casi 4 meses sin publicar nada en este blog y recién hoy me percaté de eso. Me asustó un poco ver que había pasado tanto tiempo. El otro día, escuchando un disco de Calle 13, pensaba en René Pérez, su cantante, tan emblemático él, y pensaba en la vida conflictiva que habrá llevado pero que, aún así, en su alma había amor. Y escuché una frase en uno de sus temas musicales que dice: "No se puede escribir sobre el dolor cuando se escribe con miedo". Y me quedé pensando bastante en eso, concluyendo que era totalmente cierto. Quizás haya sido un poco de ambas cosas, de dolor y miedo, lo que me haya paralizado. No lo sé. Pero lo cierto es que hoy, después de tanto tiempo, surgió algo sobre qué escribir. No significa que la parálisis haya pasado, simplemente que hoy aparecieron algunas letras para plasmar, nada más. Dejemos fluir, que esa es la mejor forma de ser, al menos la que he descubierto hasta el momento.

En fin, lo que quería comentar, es que en esto de la espiritualidad y todo lo que tanto tiempo lleva rodeándome, he sentido que es muy difícil ser Uno con el Todo, algo que digo continuamente pero que experimento muy poco. Es más intelecto que espíritu lo que expreso cuando lo digo y, claro, el intelecto sólo me lleva a un análisis muy crítico y eficaz de que eso es algo maravilloso, pero no me permite realmente sentir qué es.

Puedo darme el lujo de decir que en momentos de meditación lo he logrado. En esos momentos donde mi concentración en el centro de mi ser es extrema y en donde mi mente se calla, me he sentido fusionada en la tierra en que me apoyo, he sentido que el aire que entra y sale de mis pulmones es parte del Universo, por lo cual también estoy siendo parte del mismo y, cuando he entrado en contacto con otros (ejercicios de meditación conjunta), me ha pasado de perder la noción de dónde comienza uno y dónde termina el otro. Es una sensación maravillosa. Pero sí, generalmente sólo lo he logrado en estados meditativos o en momentos de muchísima paz, donde mi alma parecía salida de mi cuerpo.

En las mañanas suelo ser más sensible que en el resto del día. No sé por qué. Quizás mi cuerpo aún no se contamina de rutina y eso me hace percibir las cosas tal cual son. O lo más cerca posible, al menos. Puedo ir escuchando algún tema musical y llorar emocionada con la dedicatoria de él a ella, o viceversa, pensando en lo lindo que se deben haber sentido ambos, tanto el que dedicó la canción como el que la recibió. Me los imagino, cada uno en su casa, hablando por teléfono, diciéndose cuánto se aman. Y me emociona. Porque a mi el amor me emociona, sea el formato que sea que tenga.

Así iba yo a trabajar esta cálida mañana de febrero, conduciendo por las mismas calles de todos los días, cuando de repente miré por mi espejo retrovisor, lo vi y, una vez más, me enamoré. Ese Río de la Plata super tranquilo, dorado por los rayos de sol matutinos. Tan fascinada quedé con la imagen que agradecí por estar allí en ese preciso instante y no haberme perdido ese instante de paz que me había sido transmitido.

Pero al mirar al frente (porque fueron tan sólo unos escasos segundos, el tránsito en la mañana es bien complicado), empecé a percibir otras cosas, como por ejemplo, las aves que revoloteaban sobre la costa. Y sentí la libertad que debían estar sintiendo en ese preciso momento.

Volteé la cabeza hacia el otro lado y descubrí el verde de las copas de los árboles y sentí su oxígeno, la fragancia fresca que poseen y, cómo describirlo, una frescura que sólo un árbol puede sentir a esas horas de la mañana.

En ese momento, felizmente sorprendida, me dije: "esto es ser Uno con el Todo". Pero entonces, empecé a observar a los otros seres humanos que pasaban caminando o que, al igual que yo, conducían sus vehículos. Y no sentí lo mismo. No me sentí Uno con ellos. Y pensé entonces que algo estaba mal. Que podía hacerlo con la naturaleza, pero no así con un igual a mi. Y me pregunté, "¿por qué es que siempre los veo como 'otros', no como la Unidad que somos? ¿Por qué me cuesta tanto si somos el mismo género?". Y de repente, lo entendí. Es que yo no veo su alma. Veo su ego. Veo su mente. Veo su accionar a partir de su raciocinio o de su personalidad. Nunca desde su niño interior, desde su inocencia, desde ese lugar que habita en ellos y que está puro, aunque ni ellos lo vean. Por eso, es que es muchísimo más difícil. Porque en la mayoría de los casos, ni ellos lo perciben. No se ven como seres de luz, sino como el más fuerte, el más débil, el más alto, el más bajo, el más bueno, el más malo, el más víctima, el más victimizado, el más irrespetuoso, el más encolerizado, el más arrogante, el más tímido, el más frágil, el más desprotegido, el más protector ... siempre los veo desde "su" personalidad, nunca desde "nuestro" centro compartido. Porque nunca se muestran así. Es difícil despojarse de toda vestidura y quedar desnudo frente al otro. Desde los tiempos de Adán y Eva que esto es difícil. No en vano tuvieron que usar una hoja para ocultar algo. Tuvimos la sabiduría del árbol y la vergüenza de quedar expuestos. Pero también tenemos la inteligencia suficiente como para saber que quedar expuestos nos va a lastimar sólo si nuestro ego así lo permite.

Tras ese cuerpo que camina o maneja a mi lado, reside un alma, que está unida a mi. Tras el violador, el indigente, el amargado, el deprimido, el asesino, el drogadicto, el ladrón o el vendedor del quiosco de la esquina, hay un alma que está unida a mi. Lo que le haya tocado vivir y cómo lo haya manejado en este plano, no es asunto mío. O sí, si es que me toca ayudar en su evolución, como a otros les toca en la mía, porque a veces también pasa a ser asunto de uno. Pero a veces es asunto de otro. Y otras veces, no es asunto de nadie, porque es lo que tiene que vivir. Pero el alma está allí, aunque nos cueste horrores aceptar su pureza. No es el alma lo que está impura, es su razón en desequilibrio con su corazón. Muchas veces las circunstancias sociales llevan a actuar de cierta manera. Y no lo digo como justificación, porque también sé de casos de gente brillante en todo sentido que sale de lugares de los cuales nadie imaginaría que alguien bueno podría salir de allí.

El alma es lo que conecta contigo y conmigo. Lo que hace el nosotros. Lo que nos hace ser Uno con el Todo. El alma y todo lo que nos rodea. Es difícil, muy difícil dejar de mirar con estos ojos que se nos han dado y llevamos en el rostro y ver con los otros, que también se nos han dado y hemos ido cubriendo de velos al punto de quedarnos ciegos.

Ojalá algún día, ese estado que sentí hoy, pueda ser permanente y no sólo me pase de vez en cuando, que no sea sólo cuando los rayos de sol matutinos se desplieguen sobre el mar.

Por el momento, seguiré agradeciendo cada vez que esto suceda, pero también deseando que el correr los velos que tapan mi visión comience a volverse algo natural, como parte de mi diario vivir.

(Un especial agradecimiento a los pajaritos que cantan mientras escribo)


domingo, 30 de octubre de 2011

EL CANDADO ESTA ABIERTO


El dolor viene en varios formatos y la realidad es inevitable.
Dicen que aprendemos tanto del dolor como del placer (o sea, el generador de buenos momentos) y, luego de haber escuchado esa frase por primera vez hace ya algunos años, comprendí que era real.
Si no conocía aquello que me causara dolor, jamás valoraría realmente lo bueno con tanto ahínco.
El problema radica cuando el dolor se convierte en sufrimiento. Ahí sí, estamos fritos. Y sólo nos queda una alternativa: superarlo. Si se trata de un dolor físico, nos sentimos el ser más desdichado del mundo entero y, para peor, nuestro ego trata de asegurarse de que así sea, con frases del estilo "te merecías esto", "dudo que algún día te sientas lo suficientemente bien", "capaz que te volvés a enfermar de alguna otra porquería, porque además, estás con las defensas bajas, de seguro te vas a agarrar alguna otra peste", y etc, etc. Pero por suerte, hay una luz al final de camino, el sufrimiento cede y seguimos adelante, inclusive perdonando a nuestro ego, olvidándonos de aquello con lo que nos atormentaba. ¿Y con qué más seguimos adelante? Con la experiencia del dolor experimentado.
Si el dolor es emocional, el sufrimiento se torna aún peor. Porque no se calma quizás con un analgésico, sino que hay que usar otros métodos. Y el ego, otra vez en juego "nadie me quiere", "no valgo lo suficiente", "no soy digno de vivir en este mundo", "soy un maldito fracasado", "jamás podré volver a salir adelante", etc, etc. O sea, que además, tenemos que enfrentarnos con nuestros miedos. Miedos a lo que vendrá, miedos a los cambios, a las pérdidas, a la soledad, a nuestra propia capacidad de acción ...
Y al ego, y al miedo, se le suma la mente. La mente que piensa y piensa y nos pone en los peores escenarios. Nos lleva a las más crueles situaciones. Se aliena con el ego y nos hace sentir que somos los seres más incapaces del Universo.
Porque lo cierto es que estamos acostumbrados a vivir sumidos en la rutina, en la comodidad, en el conformismo. Es lo que nos enseñaron y nosotros aceptamos y hemos vivido así desde entonces.
Nuestra mente proyecta nuestro futuro y nuestro ego es el que se encarga de crearnos los peores escenarios.
Entonces, yo pregunto a todos los que nos jactamos de ser seres libres (me incluyo, obviamente) ¿No se trata justamente de todo lo contrario a esto la libertad? ¿No se trata de dejar fluir, de dar paso a lo que tenga que venir sin siquiera pensar en lo que tenga que venir?
Yo sé, hay estructuras inamovibles. Hay rutinas que deben cumplirse. Debemos trabajar para mantenernos y para ello se nos exige un horario. Aunque no se nos exige ir siempre por el mismo camino a trabajar ni subir el mismo ascensor, ni hacer las cosas habituales de la manera habitual.
También tenemos que alimentar a nuestros niños quienes los tenemos y llevarlos al colegio para que aprendan. ¿Pero no está bueno también darle momentos diferentes cada vez que podamos? ¿Que hayan momentos que no sean rutinarios para ellos?
Hoy escribí esto sentada frente a un sol radiante con un cielo totalmente despejado, escuchando el canto de los pájaros, algún perro ladrar que no era el mío, unos niños un poco más lejos jugando, un avión que pasaba cerca y la brisa primaveral dándome en la cara.
Ese momento fue libertad. Eso fue sin saber si terminaría de escribir estas letras o no. Simplemente estaba allí, en ese momento presente, sin saber qué sucedería el próximo instante.
Amo la vida. Amo esos momentos. Y de eso se trata, de vivir lo que me queda así, con esa libertad.
Sé que esto no es fácil de entender para todos, porque no se racionaliza. Se siente. Y sé también que en el medio me encontraré con muchos momentos que tratarán de volverme al lugar anterior, al cómodo, al que antes solía tener. Muchas de esas actitudes saldrán de un ego herido. Y yo las aceptaré, intentaré comprenderlas y bendeciré con amor cada acción que determine esta búsqueda desesperada de mi antiguo yo.
Pero no vuelvo atrás. Sólo espero a aquellos que quieran venir, avanzar, llegar. Quizás algún día el tiempo por sí mismo permita que esto se haga carne en todos los corazones.
Y, finalmente, la libertad de vivir sin miedos, sin estructuras y con la aceptación de lo que maktub* tiene para nosotros, será manifestada y aceptada.

*maktub= está escrito

jueves, 29 de setiembre de 2011

EQUILIBRIO



Estoy enraizada a esta tierra. Parece todo muy estático, sin embargo, mis ramas se mueven, mis raíces se expanden y aunque no soy como el pájaro que alcanza alturas para mi inexplicables, también desde aquí puedo sentir mi libertad.
Vivo con mis defectos y virtudes, con mi plenitud y arrepentimientos, con mis penas y mis glorias, entre mi intuición y mi intelecto, recibiendo luz y aceptando la oscuridadNo siempre comprendo lo que pasa, sin embargo, el silencio en el que permanezco, despierta preguntas que encuentran su respuesta en la maravilla del Universo.
Hay momentos en los que las lágrimas se vuelven fuente para la tierra que me nutre y otras tantas le devuelvo el amor que cada día vuelve a florecer.
He aprendido a entender cuándo hay más dominio de la emoción sobre la razón. Y viceversa. Reconocer esos momentos me permite volver a mi centro con mayor prontitud

Soy yin. Soy yang.
Soy equilibrio.
Soy.

sábado, 30 de julio de 2011

MUNDO (I)LIMITADO




Quisiera emprender un vuelo
que me llevara hasta el cielo.
Tocar el sol con las alas
Para luego caer en picada.

Visitar a la luna en las noches
y pasearme por ella en coche.
Ir saltando de estrella en estrella
hasta que me canse de estar en ellas.

Quisiera que la vida fuera diferente
y ver al mundo de la vereda de enfrente.
Cantar, bailar, disfrutar de la vida,
soñar en colores, despertar con alegría.

Quisiera que el mundo me viera reír
y en mi sonrisa descubrieran mi sentir.

Quisiera ... pero no puedo,
porque mi mundo se limita
a una I y a un pañuelo.