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miércoles, 9 de junio de 2010

SABER ESPERAR

Hace días que vengo huyéndole a mi sentir. Porque yo me conozco y, cuando hay cierta información en algún rinconcito de mi alma que sé que me producirá dolor, angustia o preocupación, trato de eludirla y hacer como si nada pasara. Pero también sé que eso dura un suspiro (o varios en pocos días), porque es como si tuviera a alguien golpeando una puerta sin parar. Al final, por cansancio, porque no tolero más escuchar el golpeteo, abro y dejo entrar.

Bueno, algo así funciona el asunto dentro mío. El dolor, la angustia o la preocupación están ahí, yo los siento, pero los ignoro. Sin embargo, al principio los lapsos de tiempo en que se hacen notar son más extensos entonces no me molesta tanto. Pero a medida que pasan los días, es como si los golpes se hicieran más fuertes, más intensos, en todo sentido, hasta que llega un momento que entiendo que tengo que tomarme el tiempo para escucharme, aunque no me guste lo que vaya a oír.

Algunas veces lo que me motiva a escucharme son situaciones externas, como lo fue esta vez.
Hace ya un tiempo que estoy preocupada por mi, por mi futuro personal, por mis sueños, por mi camino en esta vida. Y hace un tiempo bastante más largo que he decidido buscar. Primero empecé por afuera. Error. La búsqueda debía ser por dentro. No tardé mucho en darme cuenta de esto. Entendí que si no me “arreglaba” por dentro, poco podía hacer hacia afuera, hacia los demás. Me llevó un buen período encontrar los caminos adecuados. La oferta es mucha y todos tratan de “vender” sus principios, su religión, su espiritualidad, como “esto es lo mejor”. Hay muchos que aprovechan toda esta movida de la “Era de Acuario”, por ejemplo, para hacer dinero. No digo que no sean seres espirituales también. Creo que sí, que lo son, pero sin dudas que si pueden “currar”, también lo harán. Entonces, encontrar a las personas apropiadas, que sean guías verdaderas en este camino, no es tarea fácil. Con el tiempo, uno aprende a descubrirlos. Pero insisto, lleva su tiempo.

En principio hice cursos varios: armonización de chakras, Magnified Healing, dos niveles de Reiki, Hoponopono, masajes terapéuticos. Más cerca en el tiempo, Numerología Tántrica y últimamente me dediqué a los Registros Akáshicos. Todos estos me brindaban (y me brindan) la posibilidad de ayudar a otros y, si bien con algunos me puedo ayudar a mí misma, aún me faltaba encontrarme conmigo, en mi interior. Hice entonces, ya hace un tiempo, un curso de Kabbalah y más tarde aprendí Tarot, no como método adivinatorio, sino como método de autoconocimiento. También practiqué yoga durante mucho tiempo y, no fue hasta encontrarme con Kundalini Yoga que empecé a encontrar mi lugar. Allí sentí que algo dentro de mi hacía “click”. Practicar Kundalini Yoga y aprender a meditar me ayudó muchísimo a ir encontrándome conmigo, a solucionar cosas que parecían no tener solución. A dejar de decir “soy así y chau”. Darme cuenta que uno es como es pero puede cambiar. Y cuando se producen cambios dentro nuestro, nuestro entorno también cambia. En fin, fue el camino para mi encuentro. También la escritura ha sido un gran descubrimiento personal. Hace poco me dijeron que era “el encuentro con mi alma” y sí, creo que así lo es.

Más tarde, pasé a reunirme con mujeres con las cuales tenemos el mismo fin: el crecimiento personal a través de la filosofía y otras artes y la búsqueda constante e incesante de nuestra esencia. Ese fue el otro “click” de mi vida (hasta ahora, claro). Empecé a descubrir aún más de mi ser. A entender que el ego es el que nos domina tantas veces. A descubrirlo cuando se exalta, cuando aparece. Y, una vez que lo reconozco, puedo dominarlo. O al menos intentarlo.

Es así que creo que tanto el tiempo como los seres que me rodean hoy en día hacen que mi crecimiento sea constante y que el descubrimiento de mi ser se haya vuelto tan transparente para mi en el último tiempo. Empecé a intimar conmigo misma.

Entonces, motivada por el autodescubrimiento, es que surge en mi la necesidad de algo nuevo (y aquí está lo que golpea la puerta). Llega un momento que, si bien la búsqueda interior no cesa y seguiré descubriéndome hasta el último día de mi vida, el descubrimiento traspasa ciertos límites y surgen nuevas necesidades, la de compartir. Compartir ese amor que va surgiendo en mi ser con y para otros. No con los seres que me rodean, que ya saben que los amo (y si no lo saben, entérense: ¡los amo!). Sino de brindar ese amor hacia otro tipo de situaciones y personas. A seres que hoy no conozco, pero que sé que necesitan sentirse amados y cuidados. Y mi angustia surge por el mismo problema de siempre: falta de tiempo. No tengo tiempo para dedicarme como quisiera a nada de eso. Trabajo todo el día y tengo dos niños aún pequeños. A eso le sumo mis actividades y reuniones, que si bien sólo son dos veces por semana, me llevan su tiempo y necesito de ellas para continuar en este camino. Dos días que mi marido tiene sus actividades sumado a la atención que debo darle a mis pequeños … en fin, que me quedo sin tiempo para dedicarme a nada de lo que realmente quisiera hacer.

Entonces, me empieza a preocupar. Porque yo sé que mi alma siente esa necesidad y, sin embargo, no la puedo cubrir. Y al sentir que no puedo cubrirla, me siento un poco vacía interiormente, siento que no estoy cumpliendo con lo que debo hacer.

Pero el destino se encarga de ponerme en el camino las respuestas. Lo primero fue escucharme, ver qué sucedía ahí dentro y, unos días después, tomar conciencia de que ahora no podía, que el momento llegaría después. Para convencerme aún más, llegó a mi vida la historia de unos seres con mucha luz que tuve la suerte de conocer hace poquito. Su misión de vida trajo a flote una historia de amor incondicional hacia la humanidad pero que conllevó cierto descuido hacia su propia familia.

Fue así que entendí que debo esperar, ser paciente (sigo trabajando en esto, que tanto me cuesta) y dar lo que puedo dar ahora, desde donde estoy. Mis niños me necesitan y allí está mi energía puesta ahora. Por supuesto que las herramientas que he ido recolectando en el camino me “ayudan a ayudar”, pero el resto deberá esperar. Me duele también posponer, porque siento que lo que pospongo es amor, pero no me queda más que esperar. Elegí formar una familia, tener hijos, criarlos y educarlos. Eso ya es toda una tarea. Y allí es donde debo estar. Allí es donde estoy ahora. Y porque me comprometo a hacer las cosas con todo mi corazón, es que estoy segura que cuando pueda brindarme como deseo, mi alma me regalará risas y sonrisas, de esas que provocarán que mis ojos se nublen y las lágrimas que caerán serán la mejor forma de expresar felicidad. Estoy segura que lo voy a lograr, sólo debo saber esperar.

sábado, 10 de octubre de 2009

MUJERES DE NEGRO


Ellas alimentan mi alma, me enseñan, me toman de la mano para que juntas caminemos, comparten sus sentimientos más profundos, me dan un abrazo y un beso cargado de amor, me sonríen, lloran conmigo, me entienden sin tener que decirles palabras, se preocupan por saber cómo estoy, me miman, me cuidan, me contienen, me hacen sentir especial.
Mis mujeres de negro han penetrado en mi corazón y tienen la varita mágica para tocar mi alma. Aprendo a través de sus palabras y lloro de emoción muchas veces tan sólo por verlas a ellas emocionarse.
Mis mujeres de negro son mujeres únicas, mujeres con un potencial enorme de amor para dar a los demás. Mujeres que sienten compasión por el otro. Una compasión que lejos está de ser un sentimiento que indica lástima. Ellas entienden que la compasión es com-pasión, porque así viven todo, con una pasión increíble por lo que creen y defienden.
Mis mujeres de negro aman de verdad, con el amor más puro que pueda existir, aceptan al otro tal como es, trabajan arduamente en la aceptación de sí mismas de forma incondicional para luego poder aceptar al otro de la misma manera. Y esa es la forma de amor más divino. Porque intentan comprender y aceptar tanto la alegría como el sufrimiento del otro, haciéndolo propio.
En fin, podría enumerar mil cualidades de mis mujeres de negro y cada una de ellas sería para halagarlas más y más. Ellas saben que no se precisan palabras para expresar lo que sentimos. Que muchas veces el silencio también es sonido. Y que con una mirada, podemos decirnos muchísimas cosas.
Sólo voy a agregar algo más. Mis mujeres de negro, hermanas que la vida ha puesto en mi camino, son las mujeres más blancas que conocí jamás. La pureza de sus almas, de esa esencia divina y pura, es la que llena mi corazón y la que hace que cada vez que las vea me sienta realmente feliz, contenida y regocijada por tanto amor.
Gracias por barrer mis malos tragos y gracias por las pócimas mágicas que juntas preparamos, para llevarnos luego a casa nuestros frasquitos de pasión, amor y tolerancia con el fin de que nos dure unos cuantos días, al menos hasta el próximo encuentro.
Gracias por ser parte de mi vida y dejarme pertenecer a la de ustedes. Gracias a quien desde arriba nos ha guiado para que juntas brillemos como el sol al mediodía, en todo su esplendor.
Este lazo es eterno y ya no importa lo que pase, porque lo cierto es que este amor no se mueve más de mi corazón.

martes, 29 de setiembre de 2009

MOVIENDO TU CORAZON


Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos.
San Agustín
Nos quejamos por todo.

Porque hace calor, porque hace frío, porque llueve, porque hay mucho sol. Nos quejamos porque los niños lloran o porque gritan mucho, porque hay demasiado silencio, porque tenemos hambre y la heladera sólo tiene un poco de fiambre y pan en rodajas o porque esta llena y nada de lo que hay nos gusta, porque estamos cansados, porque estamos aburridos, porque tenemos mucho trabajo ... podría seguir enumerando miles de quejas que tenemos a diario y de las que muchas de ellas ni siquiera nos damos cuenta que expresamos, ya sea a otros o en nuestro interior.

Casi nunca valoramos el tener cada día y al alcance de nuestras manos alimento para llevar a nuestra boca, abrir la canilla y tener agua potable, poder darnos un baño calentito, reirnos un montón de veces al día, recibir un abrazo como al pasar, tener ropa para vestirnos, tener un techo que nos proteje de la lluvia, del frío y del sol, poder disfrutar al aire libre, caminar, correr, reirnos a carcajadas, tener manos para escribir, acariciar, pintar, dibujar, hacer las cosas del hogar ... en fin, es muy raro que cada día tomemos conciencia real de todo lo "normal" que nos rodea.

Tal vez a veces nos ceguemos a la realidad como forma de defensa de nuestra integridad mental. A mi me ha sucedido. Inclusive con los informativos, los cuales he dejado de mirar porque me hacían mal.

Pero no por eso las noticias dejan de llegar. Estoy convencida que cuando algo es necesario que se sepa, se sabe.

Es así que desde hace ya unos días me he sentido por demás removida en mi interior.

En lo personal, he vivido muchos nervios por un muy querido amigo que estaba mal de salud. Por suerte, todo solucionable, pero esto me ha hecho evaluar mi forma de ver la vida que, si bien con mis propias experiencias he logrado canalizar muchísimos temores, otros han quedado por el camino y a través de lo que me rodea sigo aprendiendo a modelar mi transcurrir.
También con una amiga muy querida que se encuentra con graves problemas psiquiátricos, anteponiendo su necesidad de huir de este mundo, dejando quizás a sus niños chiquitos sin una madre, sin importarle nada más que su propio dolor. Quién soy yo para juzgar lo que está bien o lo que está mal. También sé lo que se siente en momentos de tanta depresión. Y quizás por eso, porque lo sé, trato de hacerle entender que los hijos son fuente de sanación de nuestras penas, de nuestros dolores, de nuestras angustias. Sus besos, sus sonrisas, sus miradas, sus caricias ... cada gesto de amor se multiplica a la enésima potencia y nos llena de Luz para continuar andando.

Y al pensar en ese amor incondicional, se me viene a la mente la Aldea de la Bondad, ubicada en la ex Ruta 3 km503, en Salto. Una Organización de Sociedad Civil sin fines de lucro que llevan adelante los padres de Herman, el novio de mi cuñada Lucía, que desde hace más de 20 años les da atención y hogar de por vida a personas de escasos o mínimos recursos económicos que han nacido con daño cerebral irreversible. Esas personas que, aunque no las conozca personalmente, me consta que brindan su amor incondicional a darles a estos seres especiales la mejor calidad de vida que les es posible y todo con poquísimos recursos.

O Shanti, otra asociación ubicada en el departamento de Maldonado, hecha a pulmón y amor, que brinda recursos para niños con problemas de autismo, que va creciendo lentamente, muy lentamente, porque lo económico siempre pesa, pero que sé aunque no he estado (y pronto espero hacerlo) que el amor es el principal factor para que estos niños avancen día a día en sus aprendizajes.

Y así, tantas otras instituciones que funcionan de la misma forma, algunas que conozco de nombre y miles que no, pero que tienen un mismo motor Universal: el amor.

Y hoy un caso particular.
Ninguna institución, sino una niña de un año de edad, Alejandra Martins.
Gracias a Claudia A., con quien trabajo, me entero de la historia de esta niña de Salto (Uruguay)que vive con su familia compuesta por su mamá, su papá y siete hermanos más. Alejandra fue dada en adopción, luego de que su madre biológica se enterara de su enfermedad. Esta familia no dudó en hacerse cargo de esta pequeña y asumir la enorme responsabilidad que significaba cuidar a una niña "piel de cristal o mariposa".

Alejandra no podrá correr, ni tomar sol, ni bañarse como lo hacemos nosotros, ni revolcarse en el césped, ni usar ropas ajustadas, ni rascarse, ni refregarse los ojos, ni cruzarse de piernas, ni recibir un fuerte abrazo, ni tantas cosas que para nosotros son "normales", cotidianas, del día a día.

La enfermedad piel de cristal o piel de mariposa es, como el nombre lo indica, una piel super frágil, donde al menor roce se ampolla o traumatiza.

Alejandra necesita muchos, muchísimos cuidados. Necesita cremas muy caras, shampú especial, cambios de pañales con mayor asuidad.

Por suerte, Alejandra está en buenas manos. Por suerte, su historia llegó al corazón de Claudia. Por suerte, Claudia lo expandió al corazón de todos los que con ella trabajamos . Por suerte, Alejandra ya es parte de nuestra familia de días hábiles a partir de hoy.

Mi reflexión final es que tengamos conciencia plena de todo lo que nos rodea. No nos olvidemos de las cosas que parecen tan sencillas y que están al alcance de nuestras manos. Cada una de esas cosas son una bendición. No olvidemos agradecer por ellas. Porque nadie está libre de nada. Nadie está libre de un día despertar sin techo, sin comida, sin agua, sin ropa, sin un abrazo, sin sol.