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jueves, 3 de julio de 2008

LO ENCONTRE ...

EK ONG KAR
SAT NAM!
Durante mucho tiempo busqué dónde practicar Kundalini Yoga. Somos un pequeño país que no sólo dificulta encontrar a gente capacitada, sino que además a veces parece que encontramos a alguien y en realidad posee tantos conocimientos como los que podía tener yo a través de una página web o de un video bajado de internet.
Pero desde hace más de un mes, encontré el lugar adecuado, las personas adecuadas y todo lo adecuado para practicar esto, que desde hace tanto tiempo necesitaba y buscaba.
Y no sólo se trata de una simple práctica física (que por cierto, nunca imaginé que luego de clases de yoga saldría con mis músculos tan doloridos como si hubiera hecho 3 horas de aerobics), sino y principalmente, se trata de haber encontrado mi camino espiritual, ese del que vengo reclamando desde hace tiempo y que no sabía por dónde estaba. Era aquí, en Kundalini.

No voy a entrar en detalles por ahora. No me siento aún muy capacitada para dar información al respecto. Sólo puedo decir que estoy feliz. Que es lo que me gusta hacer. Que de a poco voy dominando mi mente, al menos le voy ganando a mi cuerpo de a poco. Que las enseñanzas espirituales son exactamente lo que pienso y que, si bien exteriorizo mucho malhumor, parece ser que es normal en esta primera etapa!!
Hice un curso de numerología tántrica que me encantó. No sólo por el curso en sí mismo, sino por todos los aportes intelectuales que recibí del Maestro Gurudass, a quien le estoy muy agradecida por los aportes personales que me realizó a posteriori.
También he solicitado y recibido mi nombre espiritual "Rajpreet Kaur". Los sikhs (seguidores del sikhismo, religión que surge a partir del conflicto de doctrinas entre el hinduismo y el islam), denominan Kaur a las mujeres y Singh a los hombres (princesa y león, respectivamente).
Raj podría ser traducido como soberanía y Preet es amor. Por lo cual, según las interpretaciones que he recibido al respecto, mi nombres sería algo así como "aquella mente donde el amor es soberano", lo cual es cierto y me encanta además. Ningún otro podía haber sido más apropiado.
Y en eso ando ... entre ejercicios, lecturas, entonaciones de mantras, búsqueda de información.
Combinando todo con un poco de Zen, donde trato de aplicar el "vivir el momento". La vida es eso, este momento ...

domingo, 27 de abril de 2008

ENTRE MITOS Y PERSONAJES

Este también es un ejercicio de mi taller literario. Debía escribir una historia donde claramente se pudiera distinguir uno de los tres mitos propuestos. He aquí la historia que salió, a ver si descubren a quien me estoy refiriendo. Es demasiado fácil.



No recordaba jamás la falta de nada. Desde pequeño, sus padres le habían dado todo lo que quería. Y lo que no, también.
Era hijo único y eso, no sólo lo beneficiaba para obtener lo que quisiera, sino que además descendía de ciertos Condes y Condesas, por lo cual el dinero nunca fue un problema en su hogar.
Esto hizo que siempre viviera con cierta pedantería y que se lo considerara altanero. No tenía muchas amistades, más bien que sólo una, y era la sirvienta que desde siempre había estado a su disposición. A ella le contaba historias, tanto inventadas como vividas, con ella satisfacía a veces también sus deseos sexuales, aunque la pobre no estuviera muy de acuerdo, y también a ella la trataba como si fuera una alfombra vieja que ya hasta asco daba pisotear.
Pero Sebasthian tenía una vida social bastante activa. Visitaba clubes nocturnos, se daba el gusto de estar con cada hermosa mujer que se le precipitara y disfrutaba de los lujos materiales que este mundo le daba.
Vivía así y, a su manera, era feliz. Estaba seguro que llegaría el día en el que elegiría a alguna de las bellezas que lo acompañaba en las noches (tal vez la que demostrara ser más inteligente, aunque no había mucha elección en este caso) y finalmente formaría una familia. No era que esto le interesaba mucho, pero sentía que de alguna manera esto se lo debía a sus padres, por haberles dado una vida tan maravillosa y llena de lujos. Tampoco le importaba demasiado la felicidad de ellos, pero en fin, la fortuna que había amasado hasta ahora y seguiría amasando en el futuro, sería gracias a ellos, así que hacerles este pequeño favor (porque su vida no cambiaría en demasía, él no dejaría de darse todos esos gustos que se había dado hasta ahora), le aseguraba una vida rica y feliz.
Todo esto estaba muy bien para Sebasthian, que creía tener todo bajo control, hasta sus propios sentimientos (que a veces hasta él dudaba que los tuviera).
En una tarde de abril, su madre le anunció la visita de unos Nobles, por lo que pudo entender eran holandeses, y que requería su presencia esa tarde allí. Sebasthian odiaba este tipo de eventos sociales, aunque entendía que por sus padres se debía a ellos. Era por eso que con su mejor cara, bajaba las escaleras de su casa para recibir a aquellas visitas que para sus padres eran importantes.
Al llegar a la sala principal, llena de cuadros con figuras de antepasados y unos muebles más que envidiables para todo mortal, su madre le anunció que en pocos minutos los invitados llegarían y que esta vez había una particularidad. Sebasthian miró a su madre con cierto recelo, porque estaba seguro que esa particularidad tenía que ver con él. Cuando comenzaba a explicarle que debía dedicar un día completo para que uno de los invitados conociera la ciudad, fue cuando no tuvo tiempo de replicar, pues los agasajados estaban ingresando al salón.
Sebasthian, en su actitud de siempre, esperó a que sus padres se adelantaran y no fue hasta unos segundos después que sus ojos brillaron y su boca dejó de emitir tan siquiera una sola palabras, hecho que hizo que su padre lo mirara, pues entendía que Sebasthian acababa de cometer una de las peores faltas sociales, no recibir a los invitados con el saludo que el protocolo describía. Es que Sebasthian había quedado embelesado por el ser más bello que jamás había conocido. Una linda holandesa veinteañera, de largos rizos rubios y una mirada que iba más allá de lo que cualquier mortal podía ver. No sólo era perfecta físicamente, sino que, aunque no sabía cómo, estaba convencido que lo era también por dentro.
El protocolo social se cumplió tal cual estaba previsto, pero Sebasthian no pudo dejar en toda la noche de mirar a Sophie. Así era su nombre.
Cuando sus padres le indicaron socialmente que al día siguiente debía llevar a Sophie a conocer los lugares más importantes de la ciudad. Sebasthian, aceptó el encargo en forma inmediata. Pensó que nada mejor podía sucederle. Por primera vez en su vida estaría al lado de la mujer que, para él, ya era la elegida.
Esa noche no durmió. Sus nervios no se lo permitieron. Sophie era la mujer más hermosa, con la que jamás había soñado. Aunque acababa de darse cuenta que en ningún momento de sus veintitrés años recordaba haber jamás soñado con alguna.
A la mañana siguiente y según lo pactado, Sebasthian acudió al recinto donde Sophie se alojaba, a fin de cumplir con el mandato de su familia, el cual por vez primera sería hecho con mucho gusto.
Sophie ya lo estaba esperando y, por más que Sebasthian la recibió con su mejor sonrisa, ella no le dio mayor importancia.
Los planes de Sebasthian eran hacer un pequeño recorrido por la ciudad y, al mediodía llevarla a almorzar a un lujoso restaurante, el mejor del lugar, para así poder conversar de forma larga y tendida, sobre él y sobre ella. En fin, conocerse. No lograba salir de su fascinación pensando que su futura esposa estaba frente suyo.
Pero los planes de Sophie eran otros. Conocía por cuentos que le habían llegado a Sebasthian y le parecía un ser absolutamente repulsivo y desagradable. Sólo verlo le generaba rechazo. Así que recorrería rápidamente algunos rincones de la ciudad para cumplir con el mandato de sus padres y se marcharía lo antes posible de allí.
Era tanta la ansiedad de Sophie por retirarse que apenas si escuchaba lo que Sebasthian le relataba sobre monumentos, museos y lugares de interés público.
Ya sobre el mediodía, Sebasthian le propuso tomarse un descanso e ir a almorzar. Ella lo miró como si éste hubiera enloquecido.
- De ninguna manera iré a almorzar contigo a ninguna parte. Lo que quiero es volver al hotel donde m estoy hospedando para aprovechar la tarde en compras.
- Pero ya he hecho reservaciones … por favor, permíteme llevarte a uno de los mejores restaurantes y hacerte conocer la comida típica de aquí. Y si quieres luego te acompaño de compras. Es algo que disfruto mucho hacer también, por lo menos, más que mirar monumentos – bromeó, y creo que por última vez, Sebasthian.
Sophie continuó mirándolo con un desprecio tal que hasta vergüenza ajena daba verle el rostro.
- No me interesa ni conocer restaurantes, ni comidas típicas, ni tu país, ni hacer una sola compra a tu lado y, por si no lo has entendido, ni siquiera me interesas tú. Esto lo hago pura y exclusivamente por mis padres, pues me libera luego de otros compromisos protocolares en mi país, pero quiero que te quede claro que mi interés en todo lo que te rodea, incluso en ti, es nulo, vacío, no existe.
Sebasthian no podía creer lo que oía. Nunca le había sucedido algo así. Las chicas caían rendidas a sus pies, ya fuera por su dinero, encanto y hasta se animaba a pensar que por su belleza, pues se sabía lo suficientemente lindo como para agradar a cualquier mujer. A cualquiera, pero menos a Sophie.
Era tal su orgullo que no lograba aceptar el rechazo en su interior. No lo aceptaba.
Sin embargo, Sophie comenzó a caminar unos pasos más adelante que Sebasthian, y éste a seguirla. No estaba dispuesto a dejarla partir, pero a Sophie poco le importaban las intenciones de Sebasthian.
- Sólo te pido una oportunidad, sólo una … para que me conozcas, para que sepas quien soy en realidad – y al decir esto, sin saber por qué, Sebasthian comenzó a reflexionar respecto a su vida, a todo lo que había vivido hasta ahora. Las chicas, las drogas, los clubes nocturnos, el sexo desenfrenado, el gasto desmesurado. Y hasta la violación que solía tener con su propia sirvienta. Acababa de darse cuenta que no había nada interesante para relatar. Que su vida siempre había sido frívola y aburrida para cualquiera a quien se la tuviera que contar. Nada trascendente ni destacable había ocurrido en todos estos años, sólo asuntos protocolares, que justamente no era lo que conquistaría a Sophie. No existía nada de lo cual se pudiera enorgullecer o destacar.
Vio como Sophie, la única mujer que le había provocado un sentimiento agradable, tal vez hasta amor, se alejaba.
La dejó ir. No encontraba nada en su interior que pudiera retenerla.
Miró cómo se perdía por las calles de su ciudad, cómo otros hombres giraban para verla, cómo la belleza de esa mujer le era inalcanzable.

Sebasthian no llegó a su casa ese día. Ni el siguiente. Ni tampoco al otro. Fue encontrado muerto, en uno de los hoteles de lujo que solía frecuentar, semidesnudo, junto a dos bellas mujeres, también muertas. La habitación estaba llena de envases vacíos y la cocaína era la gran vedette alrededor de ellos.

La historia fue muy dolorosa, principalmente para sus padres, que además debían justificar su muerte. Más allá del duelo interno que debían hacer para la sociedad la muerte de Sebasthian fue contada como asesinato. No podía trascender de ninguna manera el hecho real.
Pero de alguna forma, no estaba lejos de la realidad. Nadie lo sabía, pero Sebasthian había sido asesinado por el amor irreal, por algo oculto que jamás se conocerá.
Por otra parte, Sophie, esa tarde ni siquiera acudió a su funeral. Debía tomarse medidas con su modista para una fiesta Real.

domingo, 20 de abril de 2008

TENGO 35, Y SE NOTA!!!! NOCHE DE BUITRES


Y creo que eso es lo que más me duele, que se note. Ya sé que la madurez esto y la madurez aquello, pero la verdad es que no quiero envejecer!!!!

Acabo de llegar del recital de Buitres. Peluffo, mmmhh, como siempre encantador. Tuve la oportunidad de verlo más cerca que en ningún recital. Es más, dudo que alguna vez esté tan cerca nuevamente. Sólo nos separaban tres filas de la valla de seguridad.

Pero estar en ese lugar, significaba estar entre gente joven que no le importa nada más que vibrar y saltar ante la música de Buitres. Puede estar su propia madre al lado y darle un codazo en la cara que ni se enteran. Y el pogo .... definitivamente ya no estoy para hacer pogo.

Pero todo tiene su precio. Si quería ver a Gabriel Peluffo de cerca, debía aceptar esa tortura. Y la acepté. Y valió la pena, aunque ahora no pueda ni respirar del humo que salía del escenario y haya tenido que usar todo tipo de inhaladores al llegar a casa. Aunque me pisaron, me empujaron y poco faltó para que me tiraran, pero aguanté firme. Aunque me uní al pogo (porque no había más remedio, o te unías o te unías) y pude sobrevivir a él. Aunque mis zapatos y pantalón estén llenos de tierra así como mis pies y mi nariz. Aunque tenga un dolor inmenso en las piernas, no tanto por estar parada, sino por estar casi todo el recital en puntas de pie para ver mejor!!! Aunque me duelan los brazos de sacudirlos en el aire. Aunque las 2 de la mañana para los de 35 sea más lindo acostarse que entrar a bañarse por el estado calamitoso en el que uno llega (y así y todo, no haya más remedio que entrar a bañarse porque hasta asquito da acostarse así).

A pesar de todos los peros, pude ver a Peluffo en cada gesto que hacía, disfrutar de cada movimiento, vibrar con su música y envolverme con el amor de sus canciones, porque estas letras de rock están llenas de amor.

Dudo mucho que vuelva a estar "metida" en esa masa de gente, en su mayoría menores que yo, con otra energía y vitalidad.

Así que no queda más nada por decir, excepto que hoy ha sido mi noche buitrera. Que una vez más me deleité con Gabriel y su banda y que sentirlos tocar y cantar transporta a mis pensamientos a lugares increíbles.

"Toca buitres y si muero hoy, el cielo puede esperar".

Buitres, el mejor grupo nacional por lejos! A mi parecer, claro está.

La fotito, no muy nítida, pero es lo mejor que pude sacar estando en movimiento.
Me voy a dormir ...por lo menos aún me resuenan sus canciones en mi cabeza, y eso acompaña el movimiento de sus piernas ...

sábado, 19 de abril de 2008

FRASES FRASEADAS

Dibujo de M.C. Escher


Hace ya unos días que por ciertos motivos, he ido recopilando frases a través de la web o en libros que tengo en mi cargada biblioteca (no es que lea tanto, he heredado unos cuantos de mi mamá luego que falleció).

Y me he encontrado con algunas que me han hecho pensar, más de lo habitual tal vez. Mencionaré algunas, porque son muchas las que han movido alguna cosita dentro de mi. Tal vez si alguien más las lee, pueda sentir lo mismo. Bah!, o no. Pero aquí las dejo.


- Inteligente es aquel que sólo cree la mitad de lo que oye, brillante es aquel que sabe qué mitad creer

- Las guerras seguirán existiendo mientras el color de la piel sea más importante que el color de los ojos

- No todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven

- Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes

- Cuando todos los días resultan iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo

- Cuando alguien desea algo, debe saber que corre riesgos. Y por eso la vida vale la pena.

- El alma que puede hablar con los ojos, también puede besar con la mirada

Y luego, unas cuantas sobre el silencio, que ha sido el tema que he desarrollado esta semana en mi taller literario:

- Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, entonces no lo digas

- Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra

- A los silenciosos no se les puede quitar la palabra

- Para toda clase de males hay dos remedios, el tiempo y el silencio

Me he dado cuenta que es la segunda vez que escribo una historia sobre el silencio. Una fue un cuento escrito para niños, incorporado en una obra infantil. La otra, la historia de la creación. Sin embargo, las dos historias empiezan de la misma manera.

Es evidente que el silencio es algo que en mi vida no prevalece. Intentaré trabajar en él más a menudo.

domingo, 13 de abril de 2008

RETORNO A MI ITACA

Este es un ejercicio que tuve que hacer para mi taller literario en el módulo de Mitos. Realmente no me ha resultado un módulo muy atractivo y me ha costado bastatne llevar a cabo algunas consignas, como esta.
Se trataba de escribir mi regreso personal a Ítaca. Itaca es el lugar desde donde Ulises sale debido a la guerra de Troya, su lugar natal. Diez años dura la guerra y otros diez tarda en volver. Todo esto ocurre en La Odisea, libro que no he leído ni creo que lea en lo que me resta de vida.
La consigna se trataba de escribir cómo hubiera sido ese regreso en base a las características del regreso de Ulises y las vivencias del mismo.
Me resultó extremadamente difícil y tampoco sé si lo hice bien. Pero sí sé que éste, es el regreso que yo haría a mi Ìtaca, los obstáculos y los beneficios con los que me toparía y, sin duda, todavía no hubiera llegado a destino.
Como me gustó como quedó (porque tiene gran contenido personal) es que lo hago público aquí, aunque ni siquiera haya sido evaluado.



Mi retorno se está haciendo largo y doloroso. Hace ya diez años que he emprendido esta búsqueda espiritual y el camino no ha sido fácil, pues he tenido que ir descubriéndolo a cada paso.
Ahora el regreso a mi misma, a mi esencia, es lo que más cuesta.
Porque no todas han sido glorias, por el contrario he tenido que pelear contra muchas batallas, algunas en las cuales he salido herida y en otras, fortalecida.
Siento que cada paso que iba dando en esa ruta llena de obstáculos, iba adquiriendo mayor conocimiento de mi misma, de mi yo interior, de quien realmente quería ser.
Y sabía que el retorno no sería fácil. Pues todas esas piedras que había encontrado antes en mi camino sabría cómo sortearlas, pero estaba segura que no eran las únicas que habían allí. Y no me equivoqué. En el regreso también hay enfrentamientos, tal vez más difíciles de los que me encontré a la ida.
Voy pasando por diferentes sensaciones y, como un juego de adivinanzas, hasta no saber realmente cuál es mi aprendizaje, no se me permite avanzar.
Actualmente estoy estancada. Tengo las preguntas ya planteadas y también las respuestas para dar, pero no siempre se sabe si son las adecuadas. Da miedo equivocarse, porque si esto sucediera, tendría que desviarme del camino y eso me llevaría mucho más tiempo volver, retornar desde donde una vez salí.
Algunos se preguntarán por qué tengo tanto empeño en volver. Y es que allí es donde realmente me daré cuenta de los logros obtenidos, no ahora transitando, no ahora caminando.
A veces se plantean ciertas incertidumbres y no tener más que una almohada con quien consultarlo, hace que sea más difícil tomar la decisión. Sí es cierto que puedo confiar en muchos de los que me rodean, pero al final, la elección del camino, siempre saldrá de mí.
La lucha es diaria, entre lo correcto e incorrecto, entre lo positivo y negativo, entre estar mejor o peor. Incertidumbres que tendré hasta no involucrarme al punto tal de iniciar la batalla que tanto temo, porque paradójicamente, también en ese camino he logrado paz y, cuando librar una batalla es la última opción, debo estar completamente segura de que así sea: la última opción.
En el medio de esta búsqueda, han aparecido dos personas que me han dado tanto nueva fuerza como miedos que hasta entonces no concebía: mis hijos. Ellos han traído una gran carga en mis decisiones. Sin ellos, era más fácil tomarlas o, al menos, equivocarse, porque sólo involucraba a uno mismo. Sin embargo, desde su existencia, mi crecimiento está abocado también al de ellos. No sólo sigo en esta búsqueda interior por mi misma, sino también por ellos, para darles lo que yo considero es lo mejor. Pero, ¿y si me equivoco? ¿Si en el medio tomo las decisiones erróneas y les causo un dolor que les cueste superar y, en vez de ayudarlos en ese crecimiento, trunco alguna parte de su psique? Es por ellos que los obstáculos cada vez son más difíciles y que las alternativas cada vez son menores.
Sé que al final del camino me sentiré plena y realizada. Sé que todo lo que haya cultivado lo habré cosechado. Sé que ese final depara un nuevo comienzo. Sé que llegaré feliz de haber pasado todas las batallas y, sin embargo, seguir allí, de pie, llena de cicatrices, pero de pie y con orgullo.
Pero aún me queda mucho por transitar, por aprender y por aprehender.
Llegaré un día, aunque nadie más que mi antiguo yo sea el que me esté esperando allí, sentado, que por cierto es el único que sabe que en algún momento regresaré y, finalmente, él podrá morir de una vez.