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domingo, 6 de setiembre de 2009

DESMEMORIADA


Con los años me he dado cuenta que he perdido una de mis más destacadas virtudes: la memoria.

Soy una convencida que hay una parte del cerebro que se conecta directamente con el útero. Cuando la mujer queda embarazada, no sé que tipo de transición sucede que algunos de esos recuerdos tan bien guardados pasan directamente a la placenta donde, una vez retirada del cuerpo, se va con nuestras memorias a perderse en el olvido (literalmente).

Porque lo cierto es que desde que nació Juan Diego mi memoria se redujo, digamos, un 25%. Y con la llegada de Renzo, otro 25% más.

Bien, aún conservaba un 50%. Esto me permitía atender las actividades de mis hijos sin usar un lápiz. Tenía clarísimo sus horarios, aunque no así los míos que ya se iban acumulando en mi agenda o papelitos o listas que hacía en un cuaderno cualquiera y guardaba en algún bolsillo (el cual por supuesto olvidaba revisar). Por ejemplo, si tenía que comprar champú, la única forma de recordarlo era ir rotando el frasco de lugar en lugar una vez que se había acabado. Esto significaba sacarlo de la ducha y tirarlo en la pileta del baño. Una vez que salía de la ducha y lo veía, debía colocarlo en el piso, al lado de la puerta del baño. Al salir, levantarlo y llevarlo conmigo hasta la cocina. Y así, hasta que llegara a anotarlo en alguna listita o tirar el frasco dentro del auto en el asiento del acompañante, cosa que cuando subiera recordara que tenía que comprar champú. Hoy ya no hago esas locuras. Primero que compro 2 frascos de un litro cada uno (cosa que me dure muchísimo) y segundo que cuando empiezo el primero ya me recuerdo que tengo que comprar más (probablemente lo haga cuando me quede la mitad del segundo, pero al menos no me quedo sin champú).

Pero me fui de tema. A lo que voy es que mi memoria en ese entonces era precaria pero aún recordaba ciertos detalles cuando, puf!, me llegó la quimio y con ella otro 25% de memoria perdida.

La adriamicina y la ciclofofamina que me administraron mató al bicho, neuronas y sin dudas las conexiones sinápticas del cerebro, o sea aquello que nos permite recordar.

Pero, sin embargo, y paradójicamente, me quedan recuerdos de cuando tenía buena memoria (o sea, puedo recordar que tenía buena memoria), entonces me niego a agendar las cosas, apelando a que pronto todo volverá a la normalidad. Pero no, no hay caso, me olvido.

Y lo peor, no es sólo de lo que no me interesa de lo que me olvido. También me olvido de cosas importantes, como cobrar un alquiler (sí, cobrar no pagar), de reuniones laborales o de llamar a alguna amiga.

Sin embargo, puedo recordar por ejemplo haber ido a tal o cual lugar hace años atrás. Recuerdo el lugar con total claridad y hasta recuerdo haber estado con un grupo de gente allí. Pero jamás de los jamases recordaré con quién.

Y ni que hablar de las personas que me cruzo continuamente a quienes saludo con entusiasmo (respondiendo el saludo del otro, claro) sin saber de dónde la o lo conozco ni tampoco su nombre. Yo sé, esto ocurre. A veces. No siempre, como es mi caso. Lamentablemente, fracaso con total éxito urgando en mi memoria. Nunca sé de dónde me resulta conocido.

En definitiva, soy una desmemoriada, mi sinapsis actúa a corto plazo y tengo memoria selectiva (pero como a ella se le ocurre, tampoco es cuestión de que yo elijo qué recordar, eh?).

Como verán, totalmente justificado todo. Tan pero tan justificado como para que nadie venga ahora a decirme que todo esto ocurre porque ya tengo 37 años. Quedó claro, ¿no?

jueves, 3 de setiembre de 2009

UN CUENTO DEL CUENTO


Había una vez un cuento que quería crecer.
Un día, salió con sus tapas y sus páginas en blanco a recorrer renglones en busca de nuevas frases para llenarlas.
En su camino, se encontró entonces con palabras feas que querían quedarse en él.
A pesar que lo que más deseaba en la vida era ser grande, sabía que las palabras feas a nadie le iban a gustar, por lo cual siguió por su ruta y sin ellas se quiso quedar.
Más adelante, encontró palabras tristes que también pidieron permiso para entrar en sus hojas.
Pero el cuento sólo quería tener alegría en su interior. Por lo cual, apretando fuertemente sus tapitas, continuó en su andar.
Siguió recorriendo y se topó con palabras enojadas, a quienes ni siquiera miró y apuró su paso hasta el próximo renglón.
Fue así como el cuento caminó y caminó hasta que un día con palabras lindas se encontró.
Y cuando sus páginas por fin abrió, a pesar de creer haber estado cerrado todo el tiempo, encontró palabras feas, tristes y enojadas. Entonces, el cuento entendió que no sólo de palabras lindas sería hecho, sino que también necesitaba de las otras para que sus hojas tuvieran todas las emociones que el corazón del hombre solía sentir.
Y ese fue el día que el cuento se dio cuenta que creció y que así en historia se transformó.

Y colorín colorado este cuento ha terminado ... y ahora la historia ha comenzado.

jueves, 27 de agosto de 2009

CUANDO Y POR QUE

Cuando el alma se viste de amor,
cuando el deseo se transforma en persona,
cuando dos seres se vuelven uno
y cuando en las noches la luna espera impaciente
que unos ojos fundidos en el cielo descansen su mirada sobre ella,
no es más que la vibración de tu ser la que recibe el mío.

Te amo por vibrar en mi misma sintonía.
Te amo por la metamorfosis que me provocas.
Pero por sobre todo te amo porque me dejas amar.

martes, 18 de agosto de 2009

AMOR ETERNO


Amante de mi amor eterno, del amor infinito, del que está arraigado desde hace tiempo, tal vez más allá de esta vida, desde que se creó el Universo.

Amante de aquellas almas que se buscan, que se encuentran, que se sienten y se mezclan.

Amante del amor que siento y del sentir que pienso. De la razón y del corazón. De la locura y la frescura. De la pasión y la quietud.

Amante del secreto que susurro en sus oídos, de la palabra no dicha y de la que tiene sonido. De la música, de recuerdos, de romances indiscretos. De esperanzas, de ilusiones, de glorias y deshonores.

Amante de la vida, de las rosas con espinas. De la luna, del sol, del mar, del viento.

Amantes perfectos no existen, sólo existen en los sueños.

Es por eso que me animo y entonces a veces sueño.

lunes, 17 de agosto de 2009

HOY VIVI


Hoy me dediqué a vivir. A vivir de verdad, con emociones en cada momento de mi día. A disfrutar, a escuchar, a hablar, a reír, a sentir.

Hoy presté especial atención a las veces que sonreía y valoré realmente a cada uno de los seres que me provocaron esas sonrisas.
Hoy disfruté del abrazo y de los besos. De mis hijos diciéndome “te quiero”. De los amigos que se sentían bien y de aquellos que no tanto pero quienes me dieron la oportunidad de sembrar en ellos una palabra con el fin de que se sintieran mejor. No sé si lo logré, pero al menos sé que hice el intento.

Hoy descubrí el sentido de una palabra vieja -tan vieja como decir luna- que dicha en su momento justo puede renovarse diariamente y generar un sinfín de emociones y sensaciones.

Hoy volví a sentir la sensación de ser más que tan sólo un alma. La sensación de sentir que soy más que yo.

Una frase alentadora, un mensaje divertido, una palabra única, un libro que vino de lejos, un marido con quien comparto una pasión, unos hijos que me aman por sobre todas las cosas, una obra de teatro con una actriz increíble, unas amigas que me hicieron reír.

Así fue mi día.
Así fue como viví hoy.
Así es como soy feliz.