
No sabía si esa frase había conquistado a su empleador o su curriculum, pero el hecho es que hacía dos semanas ya que trabajaba como encargada de una de las zapaterías más importantes del país.
Así que cuando el Mercedes 190 se acercó con su cartel de LIBRE, estiró su mano. El taxista frenó frente a ella y Blanca subió.
- A 18 y Ejido, por favor - El malhumor que llevaba encima para la hora del día en que estaba y la ansiedad por llegar a su trabajo a tiempo hizo que ante la pregunta del taxista de “¿por qué camino prefiere ir?” fuera suficiente para contestar de mal modo: “por el más rápido”.
El taxista poco pareció percibir el estado de Blanca, así que cautivado por su belleza continuó con una conversación trivial:
- Se – contestó Blanca, que no quitaba la mirada del libro que acababa de sacar de su bolso.
- ¿Trabaja por la zona? – continuó el taxista, ignorando el modo en que ella le había contestado.
Blanca levantó la vista, ya un poco fastidiada. ¿Es que el hombre no se daba cuenta que lo que menos quería era conversar?
- Cerca – comentó Blanca, esperando que ese fuera el fin de la conversación. Pero no. El hombre seguía insistiendo.
- Ajá. ¿Dónde trabaja? Si se puede saber… – le preguntó, mirándola por el espejo retrovisor.
- No, no se puede - Blanca comenzó a sentirse un poco incómoda e intimidada.
- Bueno, no se ofenda. Sólo preguntaba por curiosidad. ¿Trabaja muchas horas? – continuó.
- Las suficientes – Blanca miraba el taxímetro avanzar y comenzó a contar sus monedas. Se dio cuenta que ni siquiera podría pagar el destino que le había dicho previamente. Debería bajar un par de cuadras antes
- Molestia ninguna, pero me parece que llegará tarde si no la dejo en su trabajo. La noto un poco nerviosa – bueno, al menos el hombre se había percatado de cómo estaba ella. Al final, no parecía ser tan despistado.
- No se preocupe. Es que debo pasar antes por la farmacia – mintió Blanca
- ¡Ah, pero yo la espero, señorita!
- No, no. ¡No hay necesidad! – respondió Blanca un tanto nerviosa – Vaya que haya mucha gente y pierda pasaje.
- Ya le dije, molestia ninguna. Será un placer llevarla a destino y poder conversar con usted un rato más – no había caso, el hombre insistía con hablar. Blanca sentía que no tenía escapatoria. Pensó y volvió a pensar cómo haría para pagar el viaje, pero no había manera de hacerlo. No encontraba salida. Excepto …
- Mire, la realidad es que estoy con el dinero justo. Si usted me espera no podré pagarle, así que le agradezco mucho pero déjeme aquí – ya habían llegado al lugar indicado y el taxi estaba estacionando cerca del cordón. El taxista cerró el taxímetro y se dio vuelta diciéndole:
- Señorita, le dije que será un placer llevarla a destino. No se preocupe por el resto del viaje. Va por mi cuenta.
Fue así como esta historia de amor comenzó. Gregorio (Krikor se llamaba en realidad, pero se traducía en Gregorio) fue a buscarla a la salida del trabajo y, a pesar de sus idas y venidas, de los 11 años que los separaban, de las culturas diferentes de las que venían (ella de padres de campo y él de inmigrantes armenios), a pesar de su carácter dulce y de la tosquedad de él, dos años después se casaron. Y dos años más tarde se convirtieron en papás. Y el tiempo pasó y los años también. Y las miserias llegaron y las riquezas también. Todo fue parte del diario vivir. Las peleas, las reconciliaciones, la crianza de su única hija, los viajes, el arduo trabajo, el dolor, el sufrimiento, la felicidad … todo se hizo presente en los casi 33 años que estuvieron unidos.
Todo eso y tantas cosas más para que hoy, en pleno siglo XXI, con dos nietos aquí y uno allá, yo pueda recordarlos y escribir su historia con todo, pero todo el amor que me supieron dar. Así fue como mis padres se conocieron. Así es como hoy yo estoy acá.
Nota: El 24 de abril se conmemora un nuevo aniversario de la partida de mi papá. En menos de un mes, el 20 de mayo, el de mi mamá. Este es mi homenaje hacia ellos, mi forma de recordarlos, mi forma de amarlos.


