sábado, 29 de enero de 2011

LOVE POISON


Maldita adicción que envenena mi sangre
que me lleva a desearte con toda mi carne;
me sacude el alma, desempolva recuerdos
me conduce al abismo de todos mis sueños.
Te extraño en el día, te sueño en la noche
sudo las lágrimas de mis propios reproches;
me duele la voz por callar mis lamentos
las horas son años en tan sólo un momento.
Mi piel está muerta, mis sentidos perdidos ...
¡Ay, superaré este vicio si no me descuido!
Más si así fuera y me encuentre perdida
estará bien claro quien alumbra mi vida.
Lo que todo este tiempo ha perturbado mi calma
es aquello que a gritos me desgarra el alma;
la abstinencia no nace de este duro dolor
sino todo lo contrario, surge del más puro y cruel amor.

martes, 18 de enero de 2011

RINCON MAGICO


Como todo lo mío, si algo no es perfecto entonces, no es.
Si lo que escribo no alcanza mis estándares de exigencia, queda archivado en algún espacio del disco duro, entreverado en un cajón con facturas ya pagas o escondido sin salir jamás a la luz en las entradas no publicadas de mi blog.
Si no alcanza mis estándares pero se aproxima bastante, entonces puede llegar a ser público y las letras pueden ser leídas en mi ciber-rincón.
Y, si por alguna loca razón, las palabras se conjugan de forma audaz con otras logrando sorprenderme, es probable entonces que puedan llegar a participar de algún concurso. Pero no siempre. Si el concurso no se vislumbra en el horizonte es casi un hecho que en una semana, como mucho, cambie de parecer y el texto ya no me parezca tan bueno como para participar de nada.
Con la escuela filosófica a la cual asisto, me sucede lo mismo. Si realizo algún trabajo, éste deberá ser aprobado casi como sale del horno. De lo contrario, nadie llegará nunca a enterarse siquiera de su existencia.
Con la pintura, exactamente igual. La exigencia de colores, detalles y contornos es tanta que muy rara vez termino disfrutando del logro obtenido. No miro con lupa, pero casi.
Y así, en todos los órdenes de mi vida y con todos los cursos que he ido realizando. Masajes terapéuticos, reiki, maginified healing, Tarot, etc. Todo lo sé y nada sé, o al menos, así lo creo.
Pero, bien dicen que más vale tarde que nunca, he descubierto al culpable de toda esta situación. Se escondía detrás de mi alma y la machacaba sin parar. Entonces, me paré a observar. Suena bastante tormentoso el hecho de que algo o alguien esté continuamente dándole duro a mi más libre expresión, sin embargo, cuando eso convive con uno desde su más temprana infancia, se vuelve parte del ser. O eso parece. Por este motivo, es que cuesta tanto identificarlo.
Gracias a mi amiga-artista Cala, que la mimoseé con mi corazón y mis brazos por sus logros, sumado al silencio que hice en mi interior, terminé por descubrir al arquetipo que me ha complicado tanto la existencia: el Juez.
Si tuviera que describir a mi Juez, diría que es alguien que mira con recelo, se regodea con mis angustias, se frota una mano con la otra en posición semi encorvada y sonríe malévolamente cada vez que logra su cometido, que no es otro que sabotear todo aquello que nace desde mi centro y me hace sentir tan bien.
Mi Juez no deja que me divierta ni permite que disfrute en lo más mínimo de mi creatividad. Transforma cada acción en una exigencia.
Hasta ahora, se la ha dado de ganador, pues siempre termino frustrada y abandonando todo aquello que tantas horas me llevó.
Pero esta vez, lo descubrí. Logré sorprenderlo antes que la desazón me volviera a visitar. Esta vez, le hice frente y lo agarré tan desprevenido que no supo cómo reaccionar.
Allí está, aún lo veo y siento su presencia, pero estoy segura que una vez descubierto pierde poder.
Hoy comencé con el acondicionamiento de mi rincón MAGico. Aún le faltan algunas cosas, pero ya el proceso comenzó. Ese es el lugar que tantas noches me ha acobijado en mis desvelos de escritura. Es el rincón donde el calor de la chimenea en invierno me cobija y donde el aire fresco del verano puede sentirse entrar por el ventanal. Es donde cuelgan mis cuadros favoritos que alguna vez pinté. Es donde la copa de vino me hace compañía en las noches ni en que los grillos cantan pero en las que la luna se levanta.
El rincón MAGico está tomando forma. Se parece a mí. Poco a poco se llenará de energía y tanto las letras de mis cuentos como los colores de mi paleta comenzarán a surgir.
Y si por esas cosas de la vida a este Juez se le ocurre la espeluznante idea de volver a atacar, he prometido no cometer el mismo error que él. No juzgaré su comportamiento ni lo señalaré con el dedo acusador con el que suele señalarme.
Simplemente lo miraré con ternura y, con todo el amor del mundo, le contaré un pequeño cuento para tranquilizarlo o tomaré uno de mis pinceles e intentaré pintarle su nariz.

domingo, 9 de enero de 2011

GRATITUD


Dar las gracias es un acto simple y sencillo. Sin embargo, a no todos le resulta tan fácil de hacer. O, en otros casos, damos las gracias sin el sentimiento de gratitud que la palabra conlleva. Se nos vuelve tan común que ya se nos hace corriente.
No escapo de este último concepto. Muchas veces doy las gracias sin pensar realmente que estoy de verdad agradecida. Lo hago como un acto de educación, como un impulso natural que nace de los buenos modales que me han enseñado y que como buena aprendiz he incorporado.
Pero a veces, realmente estoy agradecida de corazón. Ojalá todos los días lo recordara, pero aún me olvido. Me olvido cada día de agradecer.
Me olvido que cada segundo es un regalo, que los pájaros cantan felices y yo puedo escucharlos. Me olvido que siento el fresco de la brisa, que veo el azul del cielo o el verde que me rodea.
Me olvido de disfrutar de la risa de mis hijos a cada instante, de verlos crecer a través del juego o las peleas. Me olvido de escucharlos atentamente o de rezongarlos menos. Me olvido que son niños y los trato como adultos y luego como niños de nuevo. Me olvido que son lo más preciado que tengo.
Me olvido que estoy rodeada de seres que me aman, todos a su manera y no a la mía, pero que eso no significa que no me brinden amor. Me olvido que antepongo mis expectativas cuando en realidad no debería esperar nada y sólo recibir.
Me olvido de vivir despreocupadamente, de atender lo inmediato y no estar pendiente de lo que vendrá.
Me olvido de todo.
Pero por suerte, hay momentos como este en que lo recuerdo. Entonces, digo gracias.
Gracias por estar viva. Por mis hijos hermosos que me llenan el alma. Por mi marido que me mima con detalles mínimos como una taza de desayuno en la cama o, como hoy, con una mesa al aire libre con café con leche y tostadas. Por mis amigos que me cuidan, escuchan y, aunque no comprenden, me aceptan. Por mi familia, que es incondicional. Por mis brujitas que me ayudan a descubrir mis propios dotes brujeriles. Por la tierra, el sol, la luna, la lluvia, el viento. Por los árboles que me dan sombra. Los pájaros, los insectos, los animales domésticos y los que no lo son. Por cada segundo que respiro en este planeta que tanto me olvido de cuidar y al que tanto le debo. Por el Universo y sus estrellas. Por lo que conozco y no. Por mi despertar y por mi sueño.
Gracias, gracias, gracias.
Gracias le doy al Gran Arquitecto del Universo.
Sat Nam.