miércoles, 15 de junio de 2011

CERCANO FINAL



Aniquilante sensación
de esta maldita teoría
que dice que uno y uno son dos
aunque si los miramos separados
uno y uno son solo uno
en cada lado del cuadrado.
No quiero morir así
encasillada en tu alma
dame la libertad
de correr a mi antojo
por los bosques encantados
por los valles escabrosos.
No quiero que mires mi rostro
con extrañas compañías
no quiero que me desees
tras tu mirada escondida.
Ya casi no quedan horas
para ser
carne de tu carne
agua de tu sed
tu triste romance.
Ya casi no quedan horas
para volver a ser
carne de mi carne
agua de mi sed
mi triste romance.
Ya el dolor se siente
el aliento es leve
las gotas caen
el adiós vuelve.
La odiosa soledad
ya casi
es.

LUNA ROJA



Como fuego
se enciende en el cielo;
y es entonces
el momento fantástico
lo que le da el poder,
de esperar cada tanto,
que su amado la eclipse
y rojo se torne todo su color.
Esta es mi luna,
la que visita mis sueños,
de la que hoy fui testigo
de que espió a su amor.
Esta es mi luna
que se convertirá en llama
y alimentará el alma
de los cuerpos ardientes
de aquellos dos.
Estimulará los sentidos
se dejará inundar
por todo su calor.
No huye,
se queda,
aguarda paciente
que esta noche siguiente
la visite el sol.

jueves, 9 de junio de 2011

ESA BENDITA MANIA DE SONREIR



Como siempre, el tiempo no me rinde. Es por eso que generalmente termino armando viandas para el cole, acomodando uniformes para el día siguiente o poniendo un poco de orden en el tiradero que van dejando mis niños a horas poco propicias, léase entre la 1 y 2 de la mañana. Por supuesto que a esa hora ya ellos duermen cual angelitos, por lo tanto, antes de retirarme de sus habitaciones, los arropo y les doy un beso de buenas noches en sus mejillas calentitas.
A veces, en ese afán de ordenar, me encuentro con cosas tiradas en el piso que me malhumoran un poco, como pedazos de papeles recortados por todas partes, origamis a medio hacer desparramados en el piso o con la manía de mi hijo menor de dejar pijamas de días anteriores tirados, ya que el niño decide usar uno diferente cada día, si no lo controlo.
Anoche, casi lo despierto de tanto que me enojé. Lo primero que vi fue un marcador indeleble metálico tirado en el piso y todo aplastado, seguramente con sus dientes. Había también algunas hojas escritas con dicho marcador. Hasta ahí, todo más o menos normal. Pero al llegar a la guitarra (esa de verdad que los Reyes Magos le trajeron en enero), la encuentro fuera de funda y ESCRITA con ese marcador.
No sé nada de guitarras, así que no puedo describir exactamente dónde estaba escrito, pero para para poder transmitir un poco la idea, en la parte de adelante, arriba (donde sale el "brazo" de la guitarra) estaba escrito de un lado la palabra CARLOS y del otro algo así como UEATER, aunque no era muy legible. Más abajo, unas rayas que supongo yo simularían rayos.
Corrí al baño en busca de alcohol y un poco de algodón, a ver si así la podía limpiar. Algo salió, pero igual quedó un sombreado del CARLOS y algunas líneas más.
Decidí reservarme el rezongo para esta mañana. A pesar del enojo, me dio lástima despertarlo. Total, lo hecho hecho estaba.
Esta mañana, entre corridas al trabajo y salidas al colegio, olvidé por completo el hecho. Pero, al llegar a casa en la tarde, no se salvó.
Le pregunto, con voz seria y firme, si recuerda qué había hecho con el marcador. Con carita de pollo mojado, me dice que había rayado su mesa (ya la había visto, pero tiene tantas rayas que eso no me preocupaba). Le respondo que sí, que está mal, que el marcador es sólo para escribir en hojas o cuadernos, no en cualquier lado. Pero que había algo más que había escrito y no debía haberlo hecho. Le volví a pedir que hiciera memoria. Entonces respondió: "la guitarra". "Exacto!", dije yo, con voz más enojada aún. Allí comenzó mi verborragia: "el marcador no es para usarlo en cualquier cosa, cómo vas a hacer eso!, además, lo destrozaste después de usarlo, ahora no sirve para nada. Y la guitarra, Renzo?? La guitarra?? A vos te parece andar escribiendo en la guitarra??" (seguía mirándome con esa carita de pollito mojado o Gato con Botas de Shrek que tan bien sabe poner). "Decime, qué quisiste escribir en la guitarra? Quién es Carlos? De dónde sacaste eso?". Entonces me dice "CARLOS WALTER". Ya sólo sentir la combinación del nombre Carlos Walter me dio gracia. Pero más aún cuando Juan Diego entró al cuarto y contó: "lo que pasa que en la tele están pasando una publicidad que te regalan la guitarra autografiada de CARLOS BAUTE, se ve que eso fue lo que quiso poner".
Listo. Se terminó el rezongo. Todos nos tentamos, excepto Renzo, claro, que no sabía si al reír iba a mejorar o empeorar la cosa.
Igual terminé mi discurso de buenos modales y de lo que puede escribir y lo que no, pero ya la autoridad, penitencia y todo lo que podía venir después, se desvaneció con la risa.
Este niño es la bendición de esta casa. Es el niño chispita. El niño que nos hace reír, aún cuando se porta mal.
Entonces, me quedo con eso, con la plenitud de tener un niño que haga lo que haga siempre logra arrancarle una sonrisa a los demás, ya sea con su cara de Gato con Botas de Shrek, con un autógrafo en una guitarra o con lo que se le dé la gana. Lo cierto es que no hay un sólo día que Renzo no nos haga reír. No en vano, como dice en el post que una vez escribí
LA VERDAD DE LA MILANESA él decide siempre sonreir.
Amo a mi niño como cualquier padre o madre ama a los suyos. Pero particularmente lo amo por la maravillosa forma que tiene de enseñarme día a día a ser feliz.

jueves, 2 de junio de 2011

ERRANTE




Me habita la incertidumbre,
el querer saber o decir,
el miedo a lo desconocido,
y a lo conocido también.
Me habita el derecho y el sin derecho,
la vida,
la muerte.
Me habita la responsabilidad,
el desafío constante,
la conciencia aniquilante.

Salgo de los roles
y me inserto en mí,
en vos,
en el árbol,
en el pájaro,
en el perro que pasa.
Me quedo dormida
y otro mundo me alcanza.

Despierto cansada,
con ganas de nada.
Me levanto, me apuro,
otra vez los indeseados me acechan.
Pero esta vez
los reconozco,
no les permito que entren,
les cierro la puerta en la cara.

Vuelvo a vos,
al árbol,
al pájaro,
al perro que pasa.
Tampoco es eso.
No es ni uno ni otro.
Mientras tanto, el tiempo pasa.

Entonces, por arte de magia,
la luz llega y me alcanza.
Entiendo de qué se trataba.
Sólo era yo
en lo mundano,
en lo efímero,
en lo profano.
Sólo yo,
siempre buscando lo mismo,
bregando por mi corazón en calma.