miércoles, 24 de octubre de 2012

VOS ... YO ... VOS

Estoy cansada de ser tan importante para los demás. Y no lo digo con orgullo ni soberbia, sino con hastío. Porque me parece increíble que la gente no tenga nada mejor que hacer que hablar de los problemas ajenos, que juzguen al otro como si sus vidas fueran inmaculadas, que no tengan la menor idea de lo que uno ha vivido como para venir a decir si lo que uno pudo (o no) haber hecho lo hizo bien o lo hizo mal. Que en pro del bien, hagan mal. Y que, gratuitamente, se sientan dioses o semidioses por haber obrado dentro de sus conceptos de bien.
Ya no sé si es grato o ingrato el saber que soy tema de conversación en las mesas. Lo cierto es que hubiera deseado escribir la historia de mi vida en papel. Sin dudas que el libro se vendería como agua en todas las librerías -más allá de que fuera interesante o no, verdad o mentira. Eso no es importante cuando de hablar del otro se trata. Luego de leerlo quizás la opinión no fuera buena, porque en definitiva no era tan interesante como se pensaba, pero el hecho real sería que el libro se vendería y el dinero estaría inflando mi flaquísima cuenta del banco-. Los programas de chismes de la tarde estarían sacando su buena y jugosa tajada si fuera famosa -y, otra vez, mi cuenta del banco creciendo-.
Pero lo cierto es que no, no lo soy, y la plata (al igual que a la mayoría), no me alcanza.
Simplemente soy una mujer como cualquiera, con miles de problemas resueltos y ocupándome de resolver las cosas día a día, sin pre-ocuparme por lo que vendrá. 
Soy una mujer que toma decisiones, en el acierto o en el error, pero que no se queda parada mirando pasar la vida, porque me gusta que la vida pase siempre a través de mí. 
Soy alguien que se cae y se levanta mil veces y lo hará mil veces más si es necesario.
No soy un ángel. 
Tampoco un demonio. 
Soy un ser humano en vías de extinción, como cualquiera de nosotros. 
Soy quien se equivoca y aprende. 
Soy quien reconoce que aún le queda mucho por entender y hacer carne sobre un montón de cosas, algunas que ya se visualizan y otras que aún no. 
Soy la que busca soluciones para sí misma, porque sabe que mejorarán su entorno. Quien va a terapia para entenderse y quien hace yoga para distenderse.
Esta soy yo. La que sobrevivió a la muerte propia y ajena, la que lloró pérdidas en incansables ocasiones, la que deseó morir y agradeció por vivir, la que se ciega de orgullo y también la que aprende a aceptar, la que muchos hablan porque conocen y de la que otros hablan porque desconocen, la que decide y se hace cargo. La que opta por lo positivo y desecha lo negativo. La que aún tiene mucho por pulir para construir, pero que sabe que será tarea de toda la vida, porque la luz llega en cuentagotas y, cuanto más consciente  se hace uno de la oscuridad, mayores son las posibilidades de que la luz se revele.
No soy nadie y soy todo. 
Soy amada y odiada, pero por suerte para mi, muchísimo más amada. 
Basta de hablar de mi. Sería muchísimo mejor si me hablan a mi.
Y por cierto, no me olvido que somos espejo. Reflejémonos.