martes, 29 de diciembre de 2009

RECUERDO DESDE EL MAR


(Luego de leer Táctica y Estrategia, de M. Benedetti)

Hoy partí de tu puerto.
Una vez más.
Como tantas ... tantas otras.

Me sumergí en la furia de tus olas,
en tu mar profundo de vaivenes y mareas alteradas,
dejándome arrastrar por la corriente hacia donde me llevara,
porque a tu lado no temo donde mi barco encalla.

Es por eso que ahora decido quedarme aquí,
en el instante que me habita tu recuerdo.
Con la sensación de tus besos en mi cuerpo,
con tus manos recorriendo de principio a fin mi espalda.

Me quedo aquí,
con tu alma y sin la mía.
Una vez más.
Como tantas ... tantas otras.

viernes, 18 de diciembre de 2009

AMOR PERFECTO


Hoy hace ya diez años que conocí al amor perfecto. Ese amor que no tiene barreras, que es incondicional, el amor que nos lleva a dar la vida por alguien o hasta implorar por su muerte si eso es lo mejor para el ser amado. El amor que todo lo puede, que nos hace sentir vivos cada día, que nos llena con su luz. El amor de madre.
Hoy hace diez años que fui mamá. Que sentí lo maravilloso de crear a un ser y llevarlo durante casi nueve meses dentro mío y que al verlo el mundo tomara otro sentido.
Hoy hace diez años que nació Agustín, mi hijo.
Agustín llegó a mi vida pendiendo de un hilo y me llenó de un amor hasta entonces desconocido. Al verlo, poco me importó la decena de cables que tenía conectados. Todos fueron invisibles para mis ojos. Sólo veía a un niño hermoso descansando en una cuna, no a un niño enfermo.
Hoy soy lo que soy gracias a los 17 días que vivió Agustín. Hoy me siento una luchadora porque no hacerlo sería una deshonra, habiendo sido testigo directo de cómo un bebé luchaba tanto por su supervivencia. Hoy entiendo que no podemos interferir en el Plan Divino. Que el mapa de nuestras vidas ya está trazado y que lo único que podemos hacer es aceptarlo o morirnos de una depresión si es que no lo hacemos.
Hoy mi vida es plena con mis dos soles y estoy convencida que la Luz de Agustín los guía en cada paso que dan, que los cuida y protege. Que mis hijos de verdad tienen un Angel de la Guarda.
Hoy visitamos el cementerio. Sólo voy una vez por año, porque sé que mi hijo no está allí. Sin embargo, estar allí me acerca un poco más a él, a lo que quedan de su cenizas, y me tomo el tiempo para meditar y reflexionar con él.
Fuimos los cuatro. Renzo preguntó: “por qué vinimos aquí?”, dejándonos sin palabras tanto a Juan como a mi. Pero Juan Diego, ante la falta de respuesta, le dijo “vinimos a rezar”, y a Renzo lo conformó. Luego, en la preocupación de decirle algo, Juan le preguntó: “vos sabías que tenías un hermano mayor?” y mi cara lo dijo todo, porque aún no quiero que se entere. Entonces, otra vez Juan Diego me miró y le dijo a su hermano: “sí, soy yo tu hermano mayor”.
No puedo sentirme más que orgullosa de la familia que hemos formado. Con Juan, Juan Diego, Renzo … y Agustín. Porque sin él yo no hubiera podido hacer todo esto ni ser quien soy hoy.
Así que, hijo mío, sea donde sea que estés, gracias por venir a mi vida, por ser el ángel que me visitó en la tierra, por darme fuerzas para seguir, por enseñarme sobre ese amor incondicional y único, por hacerme crecer.
Te amo, como sólo una mamá puede amar a un hijo. Presente o ausente, con vida o sin ella, cuando se ama incondicionalmente el amor nunca se va.

domingo, 13 de diciembre de 2009

MATILDE Y MARIANA


Matilde y Mariana eran dos jóvenes muy diferentes. Y no tanto. Habían nacido en familias con culturas distintas, fueron criadas bajo reglas diferentes y educadas en colegios con diferentes religiones. Pero aún así las unían muchas cosas en común. Cosas tal vez sin importancia para tantos otros, cosas sencillas, cotidianas, como fumar la misma marca de cigarrillos, comprarse carteras iguales y sorprenderse al verlas, intentar hablar en el mismo instante para decir la misma cosa y reírse a carcajadas de ello, ser mujeres emprendedoras, por donde se las mirase, ser seductoras de cuerpo y mente y -aún más importante- dejarse seducir por el intelecto.

Todo eso, entre tantas otras cosas.

Y es probable que esos hayan sido factores más que suficientes para que entablaran una amistad, para que se quisieran con todo el corazón y para que, a pesar del tiempo y la distancia, sigan sintiendo lo mismo hasta hoy.
Porque resulta ser que algunos meses después de tan intensa amistad Matilde decidió ir tras sus raíces, en busca de un sueño, de un futuro, de un descubrimiento de sí misma y de un amor que ni siquiera ella imaginó iba a encontrar. Decidió salir en busca de su ser mujer, dejando atrás a sus padres y hermano -que no tardaron en unírsele- y a sus amigos, algunos que sabía no volvería a saber de ellos y a otros que miles de kilómetros no serían capaz de separar. Entre ellos, estaba Mariana, que lloró su partida como si una parte de ella también se fuera en ese avión. Y pensándolo bien, probablemente fue así.
Mariana continuó su vida aquí y Matilde allá.
Mariana se casó con el hombre que Matilde había conocido, aunque el tiempo hizo que éste cambiara tanto -no sólo físicamente, claro- que con seguridad Matilde no lo reconocería.
Matilde se casó con ese amor que conoció y la hizo tan feliz.
Ambas tuvieron dos hijos. Por supuesto que cuando Matilde llamó a Mariana para contarle de su primer embarazo, Mariana estaba embarazada.
Ambas, cada cual en su país, salió adelante, triunfó, cayó y se levantó. Quizás hoy ninguna se siente completamente realizada. Ambas tienen sueños que han quedado en el camino y otros que se vislumbran en el futuro, pero las dos saben que eso mismo hace que la vida valga la pena vivirla.
Hace unos años se reencontraron en lo que yo llamaría "país neutral". Matilde fue al casamiento de un amigo e invitó a Mariana a pasar un par de días con ella. Mariana no quiso perder la oportunidad.
Luego del abrazo apretado, los dos días transcurrieron como si nunca se hubieran separado. Hablaron horas, tomaron café en un shopping luego de hacer varias compras y disfrutaron de las instalaciones del hotel. Fueron dos días cargados de emociones y sensaciones, de esos que uno no se arrepiente de vivir.
El tiempo siguió su paso y a pesar de la lejanía, de vivir en continentes diferentes, de criar a sus hijos en distintas culturas, una vez más encontraron un punto de contacto: la escritura.
Matilde y Mariana son dos mujeres que aman vivir. Que saben vivir. Que sienten, que sufren, que lloran, que ríen, que sueñan. Dos mujeres distintas pero con muchas cosas en común. Cosas sin importancia, cosas cotidianas, cosas sencillas, pero que hoy al leerse pueden seguir descubriéndose, día tras día.

Matilde y Mariana son amigas que saben que un "hasta siempre" es algo que se dice, pero que también es algo que se puede cumplir.

domingo, 29 de noviembre de 2009

AH! - POLITICA!


Ah! La política!

Harta. Así estoy de los temas políticos de mi país. Harta de escuchar discusiones. Harta de que la gente se pelee. Harta del banderazo, de los cañones, del arsenal de armas, de acusaciones, de encuestas verdaderas o truchas, de si es más de lo mismo, de si es distinto, del IRPF, del NO IRPF, del país mejor.

Me había dicho a mi misma que no iba a opinar de nada, pero ya a pocas horas de las elecciones me venció la campaña.

Siempre he sido apolítica. No soy ni seré jamás partidaria de ningún partido. Ni de blancos, ni colorados, ni frenteamplistas, ni rosados, ni independientes, ni nada.

Claro que con los años he logrado entender algunas cosas porque no me ha quedado más remedio, al punto de encontrarme hablando de política en más de una oportunidad, cuando toda mi vida evité el tema. Supongo que la madurez (dice un amigo que esto suena mejor que decir la vejez, lo cual es cierto) hace que me replantee ciertas cosas.

Igual no deja de sorprenderme que la gente siga luchando por cosas que no me parecen del todo lógicas.

¡Hay tantas otras cosas por las que luchar! Por el amor, por la libertad, por la igualdad, por ejemplo. Y esto, no se logra con la política, aunque muchos puedan retrucarme que sí. Un presidente no hará que seamos mejores seres humanos. Por el contrario, hoy por hoy, los están degenerando. Crean rivalidades y enemistades varias, fanatismos, desprecio, egocentrismo …

No es así como nos hacemos mejores cada día.

No es así como haremos un país mejor. Y mucho menos, un mundo mejor.

Mañana elegiremos presidente.

Mañana muchos sentirán que eligieron lo mejor. Otros, se quedarán tristes, no entendiendo por qué pasan estas cosas.

Por mi parte, seguiré siendo apolítica toda mi vida.

Por supuesto que mañana sufragaré como corresponde que lo haga. No soy indecisa. No voy a votar en blanco ni anulado. Elegiré a quien considero debo elegir, a pesar de los pesares.

Pero sin importar quien sea electo, seguiré trabajando para que mi propia lucha continúe.

Sin fanatismos, ni enemistades, ni desprecios.

Seguiré luchando para combatir mi ego, bregando por la libertad, la igualdad y el amor desinteresado hacia el otro.

Por suerte tengo un esposo que me acompaña en esta ruta, lo cual me asegura que nuestros hijos crecerán bajo estos ideales, entendiendo que en la vida no se es mejor o peor según el presidente que tengamos, sino por el mundo que construimos nosotros mismos.

¿Utópico mi pensamiento? Sólo si todos seguimos pensando de esa manera. El día que dejemos de pensar que es una utopía es cuando lo convertiremos en realidad.

Buen sufragio para los ciudadanos de mi país.

Por mi parte, el voto más valedero ya fue puesto en casa.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

LIBERTAD


El insecto avanzaba con gran dificultad por la alfombra de lana. Sus patas parecían enredarse, confundiéndose con los largos pelos negros de ésta.

En el silencio y oscuridad de la noche nadie percibía su presencia, ni siquiera el pequeño niño que había salido de su habitación y se había acostado sobre el negro tapete del living, donde poco a poco iba a cayendo en los brazos de Morfeo.

Vaya uno a saber cuál sería el destino de la cucaracha, que seguía su lucha desenfrenada con los flecos de lana, intentando seguir adelante.

Era probable que ya no tuviera ningún destino fijo. Su leitmotiv en ese instante tan solo era escapar, liberarse de esa prisión en la cual se había sumergido, seguramente en busca de las migajas de galletita que el niño más temprano había desperdigado por allí.

El bicho era desagradable, pero el instinto de supervivencia de cualquier ser vivo, hasta el de esta cucaracha, debería ser admirado.

Como en tantos órdenes de nuestra vida, deberíamos observar estas actitudes instintivas para poder hacer un paralelismo con nuestro transcurrir. En este caso, la lucha por la libertad.

Vivimos luchando por la libertad de acción, de movimiento, de pensamiento, de expresión. Todos en algún momento libramos una lucha contra aquello que perseguimos y, como los pelos de la alfombra, nos encontramos con el miedo, la culpa, el dolor, la frustración, el resentimiento. Encontramos los largos pelos que no nos permiten avanzar.

A veces llegamos a saborear esa libertad. Parece que la tocamos con la punta de nuestros dedos, sin embargo muchas de esas veces se nos escabulle entre ellos.

Pero también es cierto que en ocasiones hay quienes nos oprimen, nos aplastan y no permiten que la alcancemos.

No nos permiten ser libres pensadores ni accionar según nuestra voluntad. No siempre depende sólo de nosotros lograrlo.

Esta vida está llena de opresores. Podemos verlos o no.

Como el insecto, que tuvo un atisbo de esperanza para alcanzarla.

La madre del niño encendió la luz, se acercó a la criatura, se agachó a su lado y besó su frente. Lo tomó entre sus brazos e incorporándose caminó unos pasos con el niño en alza hasta desaparecer del living.

Del insecto y su lucha no se supo más.

A la mañana siguiente, la señora de la limpieza enchufó la aspiradora y comenzó a aspirar la alfombra, limpiando así no sólo los restos de galletita que el niño había desperdigado por allí sino también los restos de la pobre cucaracha.

domingo, 22 de noviembre de 2009

OPERACIONES Y AFINES



Como no me alcanza con las pasadas, voy a intentarlo de nuevo. Digo, en esto de la humillación ya creo que me llevo la medalla de oro.

Yo sé, son asuntos médicos, pero vaya que me siento explorada por todas partes. Después dicen si le doy o no el valor que mi cuerpo se merece.

¿Importa acaso si tengo celulitis y todos la ven cuando me pongo el bikini? ¿Importa acaso si ahora que estoy envejeciendo en mis piernas empiezan a aparecer alguna que otra venita más marcada? ¿Importa acaso si estoy o no bien depilada? Y la verdad es que sí, que a mi me importa a pesar de todo. Por eso mismo, también me importa cuando cada año desde hace ya varios tengo que someterme a algún tipo de cirugía.

"Que las cicatrices son las marcas de la vida". ¡Joder! Que preferiría haber vivido menos, ¿eh?

Pensé que el 2010 sería el año sabático. Pero no. Allá iré a quirófano de nuevo. Vaya que me pongan falta.

Otra vez quitarme mis atuendos para vestir una hermosa bata de hospital, gorrito, zapatones ... todo para llegar a sala de operaciones, me despojen de mis vestiduras como si nada y empiecen a cortar aquí o allá.

Está bien, la mayoría de las veces he estado completamente dormida (algunas fueron con anestesia local), pero eso no hace que no sienta la exposición absoluta de mi cuerpo.

"Relajate, todo va estar bien". Claro, ¡si a estas alturas no hay cirujano, médico o enfermero que no me conozca en bolas! ¡Si hasta el hijo del Presidente de la República me vió! Sólo me faltó salir en Cadena Nacional. Seguro que a mi no me censuraban en ninguno de los canales privados. Eso sí, hubiera salido en "horario de protección al menor".

Tengo 37 años y estoy cansada de que mi cuerpo no se entere de mi edad. Apenas si tengo unas arruguitas. Y las canas se cubren con un buen color chocolate (que dicho sea de paso ya es hora que retoque). Eso hace que muchas veces me gane un "¿¿37?? ¡¡Pensé que tenías mucho menos!!". Precioso comentario que alimenta mi ego, aunque de todas formas el resto de mi físico parece que intenta persuadir todo piropo y decide que es hora de concurrir nuevamente a las instalaciones del Hospital Británico (son muy lindas, pero realmente preferiría no tener que visitarlas con tanta asiduidad).

Humor, humor ... tomemos la vida con humor antes que nos gane la depresión.

Bueno, las cesáreas y legrado podría dejarlos fuera, pero si he de sumar intervenciones debo contarlas.

Lo mismo con las cauterizaciones de la nariz. Una con anestesia local y otra con general. Igual no zafé de la batita (toda abierta de costado, por supuesto, el chiripá, gorro y zapatones).

Luego, las hemorroides (de esta es la que se viene el bis). Y voy a contar sólo la operación, no las 17 personas que me miraron el culo en menos de 36 horas, ¿eh?. Ni tampoco voy a contar que cuando llamé a urgencias vino el médico más guapo de todos y encima era cirujano así que muy orondo él empezó a empujar todo aquello para adentro y yo mientras tanto hundía mi cabeza en la almohada, no sólo por el dolor sino por la humillación de que JUSTO ese médico tenía que venir a verme. Tampoco voy a hablar de lo que fue horas más tarde estar en el hospital, en la sala de emergencias, boca abajo con una mecha y un leuco que atravesaba mis nalgas. Ni cuando el médico retiró después de dos horas la mecha y a mi me poseyó el demonio y maldije a toda su familia, por lo cual el médico concluyó mi repertorio con un "queda ingresada" (que por suerte no fue a un psiquiátrico). Estos son mínimos detalles que no hacen la historia, no señor.

Después, el cáncer de mama. Dos operaciones y encima en la última, antes de irme de alta, entra a sala de nuevo un guapetón (creo que fue el mismo de las hemorroides, pero no lo puedo confirmar con exactitud) a retirar el drenaje. El tipo tiró, tiró, tiró, se apoyó en mi teta tratando de hacer palanca y nada, no hubo forma. No logró retirarlo. Allá me fui a casa con mi carterita roja colgando durante una semana.

Por suerte con la quimio nadie miraba nada, pero las 35 sesiones de radioterapia, otra vez exposición total. Sumado claro a todos los controles que hasta el día de hoy me hago. Ya perdí la cuenta. Pero entre las radio, los controles médicos y mamografías, debo pasar las 100 seguro.

Pero sigo con las operaciones nomás, no sumemos por sumar tampoco.

Un año después, los retoques correspondientes. Dos veces para que la pobre maltratada quedara más o menos bien. Y todos los controles extras, por supuesto con el cirujano de turno. Genio absoluto si los hay, pero no se salva de mi suma de humillaciones.

¡Ah! La fibrogastroscopía y dos fibrocolonoscopía (una fresquita). Anestesia general y vaya uno a saber qué sucedió.

Y finalmente, este año, la vesícula. Operación sencillísma si las hay cuando de laparoscopía se trata, pero que suma a las exposiciones varias.

A ver, mi abuela con 102 años la única que vez que visitó un hospital fue hace poco más de diez años para operarse de cataratas porque no podía enhebrar la aguja (¿?). Y encima parece un chiste que cada vez que cumplo años me diga "ojalá vivas tanto como yo". ¡Ja! ¡Si llego a la mitad ya me siento feliz!

No voy a sacar promedios ni contar las exposiciones-humillaciones que tuve (ya perdí la cuenta), pero sólo de operaciones llevo 12. ¡Uy! ¡Se me viene la 13! Menos mal que no soy supersticiosa, porque sino ...

Dijo el médico ayer que la otra opción eran unas "gomas". No quiero averiguar mucho, porque antiguamente se ataban unas banditas elásticas en las hemorroides hasta que éstas caían. ¡Qué necesidad! Para eso duérmanme y corten todo lo que quieran. ¡¡Total, con un buen calmante y unos días culo pa'rriba seguro voy a ser más feliz!!

Eso sí, miremos siempre el lado positivo del asunto. Capaz que tengo suerte y con tanta exposición logro trascender y entrar en el libro Guiness de los Records!

viernes, 13 de noviembre de 2009

EL DIA EN QUE ANA POR FIN VOLÓ


"¿Por qué?", se había preguntado Ana una, diez y mil veces, pero la respuesta siguió sin aparecer.

Ana conoció a Joaquín un día después de sus 30 y jamás imaginó que se enamoraría de él de la forma en que lo hizo.
No importan ya las circunstancias del encuentro, lo importante es que Ana, sin ser consciente de ello, había esperado por él hasta ese entonces.
Tal vez Cupido había decidido salir a jugar esa noche y tan sólo la voz de Joaquín ya había hecho que ella se fijara en él.
Joaquín tenía una voz dulce, eso era obvio para todo aquel que lo escuchara. Lo extraño era la paz que a ella le generaba.

No supo hasta mucho tiempo después de todos los lugares donde habían coincidido con anterioridad y, sin embargo, nunca jamás habían reparado el uno en el otro.
¿Sería que no era el momento entonces? ¿Y qué, luego sí? Ana seguía con preguntas sin responder.
No entendía. No entendía por qué si Dios existía hacía esas cosas. Por qué se había enamorado de alguien que no podía entregarse por completo a ella. No entendía por qué amar producía dolor. No era lo que le habían dicho. "El amor es lo más maraviloso que te puede suceder", le decían sus amigas, pero Ana seguía creyendo lo contrario.

Es verdad que sólo con él lograba alcanzar estados jamás imaginados. Sólo con él su alma se elevaba. Sólo con él podía sentir ese amor. Pero también sabía lo grande que era su dolor, lo sola que se podía estar en un mundo infinito con infinitos habitantes, lo triste que podía ser vivir con un vacío interior.
Ana sabía que Joaquín la amaba. Jamás dudó de su amor. Lo vio en sus ojos, en su piel, en sus caricias. Lo vio en su alma cuando vibraba al tocar su pecho. Lo vio en sus lágrimas que él tantas veces derramó.
Ana amaba a Joaquín tanto en el ruido como en el silencio, en la sensatez como en la locura, en la cama como en el cemento, en su presencia como en su ausencia.

Ana era fuerte. Siempre había podido luchar contra todo. Pero esta vez y muy a su pesar la había vencido el amor.
Pensó en quitarse la vida. Tal vez así ese dolor que calaba hasta los huesos la dejaría de atormentar. Pero luego se dio cuenta que, si realmente existían otras vidas, eso le imposibilitaría estar a su lado, aunque odiara esperar.
Pensó en rendirse por completo a la infelicidad por el resto de sus días, vivir amargada, sola, desconsolada. Pero tampoco eso era forma de vivir. Como le dijera un amigo una vez: "estarás muerta en vida". ¡Como si existiera alguna otra forma de morir!
Pensó en entregar su cuerpo a otros hombres, pero sabía que eso no la haría más feliz.
Pensó en vender su alma al diablo, pero no era lo suficientemente mala ni siquiera para cumplir con tal fin.

Ana se preguntaba día tras día el por qué. Por qué un amor aunque fuera puro no prosperaba. Por qué los sueños se desvanecían ante sus ojos. Por qué un hombre, su hombre, no la podía hacer feliz. Por qué si se alzaban los brazos al cielo junto a la persona que amaba seguía siendo imposible volar.
Ella había apostado todo y a todo, pero él no pudo seguir.
Ana luchaba con su razón ante el corazón. Y viceversa.

Entre tantas preguntas sin respuestas, entre tantas peleas de su mente contra sus sentimientos, entre tantos "te amo" que se desvanecieron en el tiempo, un día, ya con sus setenta y largos encima y su siempre dibujada sonrisa de Mona Lisa, Ana por fin voló. Dejó este mundo naturalmente, quien sabe si fue para vivir en uno mejor. Lo cierto es que su día llegó. Fue una fresca mañana de abril. La misma mañana que una hora más tarde llegara Joaquín a la casa de Ana, arrastrando su vida, vestido con su ya desteñido traje y sosteniendo entre sus débiles manos el anillo que por fin sellaría su amor.

jueves, 12 de noviembre de 2009

ESCRIBIENDO EN COLORES


El es el sol que alumbra mis días.
El calor que me envuelve en sueños.
Me encandila, me quema, me abraza, me rodea.
También duelen las llagas que deja bajo mi piel, bajo mis sueños, bajo las ilusiones escondidas y sonsacadas.
No puedo vivir sin él pero la intensa exposición me aniquila de a poco.
Mi vida se torna oscura sin su presencia pero mis esperanzas se marchitan con su continuidad.
Qué triste es la vida sin su brillo.
Qué triste es la vida sin un poco de oscuridad.

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Lorca sabía desde que comenzó su poema que llegaría mucho más lejos de lo que pretendía, que las sensaciones que despertaría eran aún mayores de las que él mismo podía percibir.
Pisar un fresco césped y sentir su cosquilleo en una cálida mañana de abril.
Mirar hacia arriba en un bosque tupido y descubrir las copas de los árboles, mientras la suave brisa mueve sus hojas.
Colorear la esperanza para encontrar al amor de nuestras vidas, para moldear nuestros sueños, para saber que un mañana existe gracias al hoy.
Lorca sabía lo que hacía. No en vano eligió pintar el mundo con este color.

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Apasionado el rojo que dibujan los labios que beso.
Ardor que despierta el desenfreno de tu mirada -que se pierde en la mía- y enciende el fuego que nuestros cuerpos avivan.
Me siento guerrera abatida que se vuelve rehén de tu cuerpo.
No tan lejos se vislumbran tierras áridas.
La manzana cae.
La sangre se derrama.
El final feliz no llega.
El cuento concluye inconcluso.
Las rosas pierden sus pétalos.

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Me sumerjo en el mar profundo de tus ojos, a navegar por los destellos de tu mirada.
Me dejo llevar por tu oleaje, como un náufrago en su balsa sin rumbo.
Quiero llegar allí, a donde el cielo se confunde con el mar.
Quiero que tu presencia me guíe a ese mundo sin final.
Quiero tu paz en mi destino, tu dulzura en mis sentidos, tu locura en altamar.

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miércoles, 4 de noviembre de 2009

EL ABUELO PANCHO



- ¡No vas a creer la noticia que te traemos, viejito! - le dijo Agustín a su abuelo, mientras Betina acomodaba las rosas en el jarrón.

Por suerte siempre llevaban alguna flor que quitaba ese olor a moho insoportable que había en el ambiente. No entendía cómo podía alguien vivir allí. Claro, si es que a eso se le podía llamar vivir.

- Vení Betina, quiero que estés a mi lado para esto - le dijo Agustín, mientras le estiraba la mano para que se sentara a su lado.

Betina no tenía mucho cariño por el abuelo Pancho. A decir verdad, no tenía nada de cariño por él. Cuando lo conoció ya estaba así, como un vegetal, sentado en esa silla vaya a uno a saber desde hacía cuánto tiempo, con sus ojos tristes, con oídos sordos, una cabeza casi pelada, apenas adornada por unos pocos pelos blancos, y su vejez completamente encima. No entendía por qué Agustín insistía tanto en ir a visitar a ese viejo todas las semanas, que más que una persona parecía una planta, pero así y todo, de vez en cuando si él se lo pedía, lo acompañaba.
No era que ella fuera insensible, pero realmente el viejo no le inspiraba ternura alguna. Sin embargo, Agustín hablaba maravillas de él, de cuando estaba bien, de cuando lo cuidaba de pequeño, de las idas a pescar juntos, en fin, de su abuelo con vitalidad. Podía respetar el cariño que su novio sentía por su antecesor, pero no había forma que ella generara al menos simpatía por él. Más bien que hasta le daba un poco de miedo verlo con esa mirada tan perdida y encima con una verruga tan grande en la cara. El pobre hombre no sólo era viejo, sino que la vida había hecho de él un tipo físicamente desagradable.

Betina se acercó a Agustín y se sentó a su lado, frente al viejo. Miró al abuelo un instante, que ni si inmutó de su presencia. Volvió su mirada hacia Agustín, levantó las cejas y apenas si sonrió diciendo: -Bueno, ¿se lo decís pronto así nos vamos? -.
Agustín sabía que Betina no se sentía nada cómoda allí. De todas formas, ese día para él era especial y le molestó un poco la actitud de su prometida.

- ¿Tan apurada estás? - le dijo, con un tono un poco irónico.

- ¡Ay, Agustín! Ya sabés lo que me incomoda estar acá. Además- dijo, bajando un poco la voz, aunque estaba segura que no era necesario pues el viejo estaba en otro mundo hacía rato -no sé para que insistís tanto, si ya no entiende ni escucha nada. Terminala de una vez y salgamos pronto de acá, por favor.
Agustín sabía que en el fondo Betina tenía razón. El viejo Pancho ya no era su abuelo, el abuelo que él conoció. Se había transformado en un ser completamente diferente. A no ser porque se meaba y cagaba encima, daría para pensar que el hombre estaba muerto hacía rato. Al final de cuentas, Betina estaba en lo cierto. Ya no tenía mucho sentido ir a visitarlo. Tal vez, esta nueva decisión en su vida traería consigo el desprendimiento final de su abuelo. Cerrar una etapa para comenzar otra. Dejar atrás su pasado y abrirse camino hacia un nuevo ser.

Respiró profundo, tomó entre sus manos la mano de piel frágil y huesuda de su abuelo. Lo miró directo a los ojos, sin encontrar respuesta alguna. Largó el aire con desilusión pero aún así le dijo:
- Abuelo querido, hoy vinimos a decirte que Betina y yo decidimos formar una familia. En una semana nos casamos. Sé que no me podés escuchar, pero estoy seguro que te sentirías muy orgulloso de mi, de ver que todo lo que me explicaste ... - Agustín no pudo continuar. Miraba a su abuelo, que seguía con la mirada perdida y se dio cuenta que todas sus palabras serían en vano.

Se levantó, besó la frente del viejo, tomó a Betina de la mano y salió de la habitación, no sin antes mirar atrás y decir sus últimas palabras: - Gracias abuelo por todo. Te veré del otro lado, donde seguro ya estás.-
Cerró la puerta y caminó con su prometida por el pasillo de ese viejo hospital, seguro de que la próxima vez que lo pisaría sería para enterrar el cuerpo de su querido abuelo, pues ese día entendió que Pancho no habitaba más allí.

En la habitación quedó el viejo solo, en la misma pose de siempre, con sus ojos tristes y mirada perdida, con la verruga que se destacaba en su mejilla izquierda. Pero con la diferencia que esta vez un par de lágrimas habían comenzado a recorrer los muy marcados surcos de su cara.

lunes, 2 de noviembre de 2009

¿DONDE CONSIGO MI CUENTO ANIMADO?


Desde pequeña vengo escuchando historias mágicas:

A Blancanieves, que se comió la manzana y durmió hasta que su príncipe azul la despertó.
A La Bella Durmiente, que se pinchó el dedo y le ocurrió algo similar.
A Los Tres Chanchitos, que pudieron construir una casa contra su peor enemigo, el lobo.
A Pinocho, que si mentía le crecía la nariz.
A Juan y sus habichuelas, que logró llegar al cielo ...

Ahora, ya con mis años a cuestas, me pregunto: ¿dónde consigo una casa tan sólida donde no entren más malhechores?; ¿dónde están los príncipes que no se convierten en sapos (ni las princesas en sapas, para ser justos)?; ¿cómo identificar a los que nos mienten si identificarlos no es algo tan sencillo como mirarlos a la cara?; ¿dónde está el fabuloso bosque con habichuelas mágicas que nos permite tocar el cielo con las manos cuando se nos da la gana?

Si, ya sé que son cuentos fántásticos. Pero a veces me dan ganas que se conviertan en realidad.

jueves, 29 de octubre de 2009

UN VIAJE SIN RETORNO


Hoy emprendo un viaje hacia tierras desconocidas. Hacia el interior de mi ser, que hace tanto no visito.

No estoy segura de querer subirme a ese vuelo, pero ya con mi ticket en mano me dirijo por inercia a la puerta de embarque, sin mucho pensar ni analizar.

No miro hacia atrás. Me cuesta y duele despedirme de aquello que dejo, de ver lo que queda en el camino; en ese camino que decidí no volver a recorrer jamás.

Abro las puertas de par en par, sabiendo que algo nuevo me espera tras ellas.

Llego a la sala de embarque. Soy un pasajero en tránsito constante a través de mis sentimientos.

Ocupo un asiento libre, esperando el último llamado para subir a mi avión imaginario, a mi avión sin alas rotas.

Siento miedo. Es lógico, lo nuevo, lo desconocido, siempre trae consigo el miedo alojado. Por eso se hace preponderante concentrarse en el presente, en el aquí y ahora, para no perder el objetivo jamás.

Miro a mi alrededor y me doy cuenta de lo solo que se puede sentir alguien en medio de una multitud.

Finalmente, anuncian la partida.

Subo al avión. Abrocho mi cinturón, el cual me retiene para no escapar.

"Bienvenido a bordo del vuelo de su corazón", se anuncia a todo trapo y a continuación "Fix you" de Coldplay comienza a sonar, mientras las ruedas de mi avión comienzan a encarrilar ...

lunes, 19 de octubre de 2009

MI LUGAR EN EL MUNDO


A medida que iba cayendo la tarde, la sombra de los edificios anunciaban el final de la jornada laboral. Las luces comenzaban a encenderse en los mismos y la gente transitaba en las calles con paso apresurado, huyendo de la noche que pronto se apoderaría de Manhattan.

Era raro, pero a mi la ciudad me gustaba tanto de día como en la noche. Ya hacía un año que vivía allí y aún no me había acostumbrado a ese ritmo alocado y a la vez estructurado que tienen los neoyorquinos. Para mi Nueva York era como vivir siempre dentro de una película hollywoodense. Donde fuera que fuera recordaba algo de algún film: el Central Park, el Empire State, el Chrysler Building, la Biblioteca Nacional, los museos, los hoteles, la 5ta Avenida, la 42th, Saks, Macys, Bloomingdale’s, el Madison Square Garden, el Rockefeller Center con su pista de patinaje que majestuosamente se baña en oro cada noche, los pretzels recién hechos en las esquinas, el aroma al café de los Starbucks, el vapor de los subtes subiendo desde el piso que, increíblemente en la noche, le daba hasta un aspecto siniestro a la ciudad.

Ya no era una turista, sin embargo, el vivir cada instante con tanta pasión me hacía sentir como tal. Yo no corría a Grand Central por el primer tren que me llevara a mi humilde departamento en las afueras de la ciudad. Por el contrario, me quedaba disfrutando de ver correr a los demás.
El frío en invierno parecía cortar la piel, es verdad. Ni que hablar si nevaba. Pero con mi nariz casi congelada a pesar de estar cubierta con una buena bufanda, llegaba a eso de las cinco de la tarde a la estación y sólo me sentaba a mirar pasar a los pasajeros.

Nueva York es una ciudad muy heterogénea y no hay más que tomarse algunos minutos para darse cuenta de la variedad no sólo de razas y culturas, sino de locuras que hay por allí.
Estaba el violinista con su melodía a veces triste y otras más alegres. Algunos pocos dejaban caer dos o tres monedas, pero sin siquiera escuchar qué notas salían de su violín.
Estaban los maquinistas, con sus gorras azules bien armadas, que iban de un andén a otro, tratando de que sus vagones salieran en tiempo y forma. Atrasarse un minuto puede llevar a una demanda en esa ciudad.

Y también estaba la señora negra, alta, delgada, con su pelo corto y encrespado, de unos cuarenta y cinco años, que cargaba una bolsa azul. Lo particular era que ella nunca iba apurada. Su paso era lento y pausado, y su destino siempre el mismo. Iba hasta los asientos siempre vacíos al costado del andén 4. Con un suave movimiento giraba y se sentaba en el primero, a la derecha del andén, lugar que parecía estar reservado para ella. Una vez allí, parecía desinflarse. Permanecía estática por algunos segundos. Luego de recuperar energías, supongo, aún sentada doblaba su cuerpo hacia delante y abajo y colocaba la bolsa bajo el asiento. Volvía a incorporarse y permanecía quieta allí, esperando. Nunca supe qué ni a quién. Jamás me fui después que ella.

Me gustaba Nueva York. En especial me gustaba Manhattan. A pesar del frío tan frío en invierno. A pesar del calor tan caluroso en verano. Me gustaban los tulipanes en primavera en cada vidriera, en cada esquina. El otoño con su desfile de Saint Patrick por la 5ta. Avenida. El Soho, China Town y el Bronx, aunque este último sólo de día.
Me gustaba ser John Lennon y Yoko Ono paseando por el Central Park, Madonna de compras por las mejores tiendas, Al Pacino comiendo pasta en Little Italy o desayunar con Truman Capote cerca de Tiffany’s.
Me gustaba el arte que encontraba en lugares comunes pero también en rincones inimaginables. Ser Andy Warhol y tener mis 15 minutos de fama.

En Nueva York me sentía como en casa.
Y hasta el día de hoy me pregunto si realmente no lo sería. No sé por qué siempre tengo la bendita o maldita manía de volar. Mi falta de estabilidad conmigo misma hizo que un día me fuera por otros cielos, buscando nuevas ramas donde parar. No sé por qué me soy tan infiel. Aunque pensándolo bien y hablando de infidelidades, tal vez fue porque Manhattan es la Gran Manzana, y hasta a mi me superó el hecho de imaginarme pecando con algo de semejante magnitud.

sábado, 17 de octubre de 2009

BODAS DE HILO O BODAS DE SEDA


¿Quiénes somos? No la ropa que usamos; no somos eso.
Estamos debajo de eso.
No somos nuestro corazón, porque una persona
podría tener un transplante de corazón y seguir siendo ella misma.
No somos nuestros brazos y piernas, ni tampoco nuestro cerebro.
Una persona podría sufrir una embolia y rehabilitar el cuerpo y la mente.
El núcleo existe en un nivel más elevado, el nivel del alma.
Eso es quienes somos.
Hoy, aférrate a tu espíritu. Todo lo demás es efímero.- Yehudá Berg

Al abrir mi mail y encontrarme con la "Afinación diaria de la conciencia", CAUSALmente en un día como hoy me encuentro con esta reflexión, la cual me parece apropiada para todo lo que vengo a escribir.

Pasa el tiempo. Los años empiezan a pesar. Que me duele la espalda, que qué gordo que estoy, que cuánta celulitis nueva!, que la mesada del baño donde sólo había jaboncitos aromáticos y frascos de perfumes ahora está lleno de cremas de todo tipo, tamaño y color, que estamos cansados pero aunque tuviéramos el tiempo disponible ya no podemos dormir 12 horas seguidas (porque el cuerpo ya nos despierta antes), etc, etc, etc.


Pero para sentirnos mejor, digamos que estamos en la joven adultez. Que disfrutamos de ella a pleno, porque no somos ni viejos ni jóvenes, pero tenemos un bagaje de experiencia que nos hace tomar buenas decisiones (aunque a veces también tomemos malas, pero esas nos van a servir para cuando llegemos a la vieja adultez y digamos: "pucha, mirá que buenos que fuimos, como hicimos esto o aquello". Pero para eso falta).
Conservamos el espíritu del juego, de que disfrutes con tus hijos del play, de pelotear en el jardín, de jugar a las luchas o de enseñarles maniobras en skate. O que yo juegue a juegos de caja, lea cuentos, baile, invente búsquedas de tesoros, hagamos mandalas o nos pongamos las túnicas y empecemos a pintar. Somos padres de dos hermosos niños que cada día y cada uno a su manera nos dan felicidad y nos demuestran el por qué vivir vale la pena.

Las bodas de hilo. También se llaman bodas de seda. Y sí, yo creo que estos 12 años han sido así de frágiles, que los hilos han ido tejiendo una malla protectora contra caídas y que la seda ha sido la que nos ha acariciado en cada una de ellas.
No voy a enumerar todos nuestros pesares. Ni falta hace.
Sólo uno, y porque el mensaje de Yehudá viene de la mano con él.
Si sobrevivimos a Agustín, es muy poco lo que nos queda por no tolerar.
Por eso, cuando algo nos pase (como el estúpido robo del otro día), hacé el esfuerzo y recordá la carita de nuestro Angel.
Eso fue frustración. Eso es indignación. Eso es no poder darle a tu hijo lo que merece. Eso es querer tomar cualquier riesgo sin importar las consecuencias. Eso es amar a alguien al punto de dar la vida por el otro y, aún así, no poder hacer nada. Por todo esto, sí que estaba justificado cualquier cosa.
Por el resto de lo que hemos vivido, la verdad que no.

Yo sólo te pido que con ese amor que ya hace tantos años nos enseñó a vivir en 17 días nuestro hijo, así debemos seguir viviendo y amando en este mundo.
A eso vino, a enseñarnos a amar.


No importa si hay humedad en el baño, si las paredes se empiezan a descascarar y no tenemos dinero para pintarlas, si tenemos que invertir en rejas nuevas que no estaba previsto, si demoramos más o menos en tener notebooks nuevamente, si no nos podemos ir de vacaciones o si tenemos que inventar algo para generar más dinero.
Nada de eso importa.

Sólo importa que hace 12 años un día como hoy decidimos dar el sí a nuestra unión y desde entonces aquí estamos. ¿Que ha sido fácil llegar? No, para nada. El camino ha estado llena de piedras, pero las hemos ido pateando y tirando para un costado. Y hemos salido íntegros de cada situación.


Y hoy, 12 años después, podemos decir que vivimos en armonía, que tenemos una familia hermosa, que nuestros hijos crecen sanos, que hacemos lo posible por darles la mejor educación (aunque nos equivoquemos, sí, porque también de eso se trata ser padres), que vivimos en la casa que queremos y que aún tenemos la capacidad de reír juntos en los buenos momentos y llorar juntos también en los malos.


Feliz aniversario, mi amor.

Felices 12 años de dudas, de miedos, de desesperanzas.
Pero principalmente felices 12 años de unión, compañerismo, apoyo y amor incondicional.
Porque sólo el amor cuando es incondicional soporta estas cosas.

Felices 12 años de vida compartida, en el mayor sentido de la palabra.

sábado, 10 de octubre de 2009

MUJERES DE NEGRO


Ellas alimentan mi alma, me enseñan, me toman de la mano para que juntas caminemos, comparten sus sentimientos más profundos, me dan un abrazo y un beso cargado de amor, me sonríen, lloran conmigo, me entienden sin tener que decirles palabras, se preocupan por saber cómo estoy, me miman, me cuidan, me contienen, me hacen sentir especial.
Mis mujeres de negro han penetrado en mi corazón y tienen la varita mágica para tocar mi alma. Aprendo a través de sus palabras y lloro de emoción muchas veces tan sólo por verlas a ellas emocionarse.
Mis mujeres de negro son mujeres únicas, mujeres con un potencial enorme de amor para dar a los demás. Mujeres que sienten compasión por el otro. Una compasión que lejos está de ser un sentimiento que indica lástima. Ellas entienden que la compasión es com-pasión, porque así viven todo, con una pasión increíble por lo que creen y defienden.
Mis mujeres de negro aman de verdad, con el amor más puro que pueda existir, aceptan al otro tal como es, trabajan arduamente en la aceptación de sí mismas de forma incondicional para luego poder aceptar al otro de la misma manera. Y esa es la forma de amor más divino. Porque intentan comprender y aceptar tanto la alegría como el sufrimiento del otro, haciéndolo propio.
En fin, podría enumerar mil cualidades de mis mujeres de negro y cada una de ellas sería para halagarlas más y más. Ellas saben que no se precisan palabras para expresar lo que sentimos. Que muchas veces el silencio también es sonido. Y que con una mirada, podemos decirnos muchísimas cosas.
Sólo voy a agregar algo más. Mis mujeres de negro, hermanas que la vida ha puesto en mi camino, son las mujeres más blancas que conocí jamás. La pureza de sus almas, de esa esencia divina y pura, es la que llena mi corazón y la que hace que cada vez que las vea me sienta realmente feliz, contenida y regocijada por tanto amor.
Gracias por barrer mis malos tragos y gracias por las pócimas mágicas que juntas preparamos, para llevarnos luego a casa nuestros frasquitos de pasión, amor y tolerancia con el fin de que nos dure unos cuantos días, al menos hasta el próximo encuentro.
Gracias por ser parte de mi vida y dejarme pertenecer a la de ustedes. Gracias a quien desde arriba nos ha guiado para que juntas brillemos como el sol al mediodía, en todo su esplendor.
Este lazo es eterno y ya no importa lo que pase, porque lo cierto es que este amor no se mueve más de mi corazón.

jueves, 8 de octubre de 2009

CURITA PARA EL ALMA


Quisiera dejar atrás parte de mi pasado, de mi historia, de mis sueños, de mis ilusiones.

Aprieto el alma, para que nada se escape, porque estoy cansada de lanzar mis penas y glorias al vuelo, sin rumbo fijo, sin saber para dónde van.

Me duelen las costillas, los pulmones, el corazón. Pero no lo libero, ahí queda todo igual.

Porque tampoco es cuestión de echarlos a la deriva, pero lo cierto es que no encuentro dónde encauzarlos, a qué puerto llegarán o a dónde terminarán.
Claro que hay muchas cosas que ya están en su lugar, pero otras tantas están así, revoloteando por todas partes.

Tampoco entiendo por qué la vida me vive clavando su daga, dejándome sin aire y, como un testamento en la punta de una espada, así están siempre tantos de los sentimientos que me acongojan, recordándome a cada instante que no tienen escapatoria.

Aunque a veces soy caprichosa y, sutilmente, muevo la espada que me apunta y logro liberarlos. Entonces vuelan, pasean, se ríen, gozan, disfrutan.
El problema es el retorno. Pasan directo a terapia intensiva, y allí se quedan durante un buen período.
Algunas veces pienso que está bien, que vale la pena que entren en CTI. Otras, me duele tanto que me lamento de verdad. "Ni tan arrepentido ni encantado", canta Sabina.

De todas formas, lo cierto es que nada de lo que hago me lleva por el camino de la sanación. Irónico, no? Tanto que acuden a mi como fuente sanadora y resulta que conmigo no puedo hacer nada.

Lo más triste es que conozco las herramientas, pero no sé por qué me niego tanto a usarlas conmigo misma.
Y, sinceramente, espero tener pronto la voluntad para retomar mi merecido descanso de mi más profundo ser.

Y ojalá algún día deje de pedir curitas intentando así engañar a mi alma.

martes, 29 de setiembre de 2009

MOVIENDO TU CORAZON


Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos.
San Agustín
Nos quejamos por todo.

Porque hace calor, porque hace frío, porque llueve, porque hay mucho sol. Nos quejamos porque los niños lloran o porque gritan mucho, porque hay demasiado silencio, porque tenemos hambre y la heladera sólo tiene un poco de fiambre y pan en rodajas o porque esta llena y nada de lo que hay nos gusta, porque estamos cansados, porque estamos aburridos, porque tenemos mucho trabajo ... podría seguir enumerando miles de quejas que tenemos a diario y de las que muchas de ellas ni siquiera nos damos cuenta que expresamos, ya sea a otros o en nuestro interior.

Casi nunca valoramos el tener cada día y al alcance de nuestras manos alimento para llevar a nuestra boca, abrir la canilla y tener agua potable, poder darnos un baño calentito, reirnos un montón de veces al día, recibir un abrazo como al pasar, tener ropa para vestirnos, tener un techo que nos proteje de la lluvia, del frío y del sol, poder disfrutar al aire libre, caminar, correr, reirnos a carcajadas, tener manos para escribir, acariciar, pintar, dibujar, hacer las cosas del hogar ... en fin, es muy raro que cada día tomemos conciencia real de todo lo "normal" que nos rodea.

Tal vez a veces nos ceguemos a la realidad como forma de defensa de nuestra integridad mental. A mi me ha sucedido. Inclusive con los informativos, los cuales he dejado de mirar porque me hacían mal.

Pero no por eso las noticias dejan de llegar. Estoy convencida que cuando algo es necesario que se sepa, se sabe.

Es así que desde hace ya unos días me he sentido por demás removida en mi interior.

En lo personal, he vivido muchos nervios por un muy querido amigo que estaba mal de salud. Por suerte, todo solucionable, pero esto me ha hecho evaluar mi forma de ver la vida que, si bien con mis propias experiencias he logrado canalizar muchísimos temores, otros han quedado por el camino y a través de lo que me rodea sigo aprendiendo a modelar mi transcurrir.
También con una amiga muy querida que se encuentra con graves problemas psiquiátricos, anteponiendo su necesidad de huir de este mundo, dejando quizás a sus niños chiquitos sin una madre, sin importarle nada más que su propio dolor. Quién soy yo para juzgar lo que está bien o lo que está mal. También sé lo que se siente en momentos de tanta depresión. Y quizás por eso, porque lo sé, trato de hacerle entender que los hijos son fuente de sanación de nuestras penas, de nuestros dolores, de nuestras angustias. Sus besos, sus sonrisas, sus miradas, sus caricias ... cada gesto de amor se multiplica a la enésima potencia y nos llena de Luz para continuar andando.

Y al pensar en ese amor incondicional, se me viene a la mente la Aldea de la Bondad, ubicada en la ex Ruta 3 km503, en Salto. Una Organización de Sociedad Civil sin fines de lucro que llevan adelante los padres de Herman, el novio de mi cuñada Lucía, que desde hace más de 20 años les da atención y hogar de por vida a personas de escasos o mínimos recursos económicos que han nacido con daño cerebral irreversible. Esas personas que, aunque no las conozca personalmente, me consta que brindan su amor incondicional a darles a estos seres especiales la mejor calidad de vida que les es posible y todo con poquísimos recursos.

O Shanti, otra asociación ubicada en el departamento de Maldonado, hecha a pulmón y amor, que brinda recursos para niños con problemas de autismo, que va creciendo lentamente, muy lentamente, porque lo económico siempre pesa, pero que sé aunque no he estado (y pronto espero hacerlo) que el amor es el principal factor para que estos niños avancen día a día en sus aprendizajes.

Y así, tantas otras instituciones que funcionan de la misma forma, algunas que conozco de nombre y miles que no, pero que tienen un mismo motor Universal: el amor.

Y hoy un caso particular.
Ninguna institución, sino una niña de un año de edad, Alejandra Martins.
Gracias a Claudia A., con quien trabajo, me entero de la historia de esta niña de Salto (Uruguay)que vive con su familia compuesta por su mamá, su papá y siete hermanos más. Alejandra fue dada en adopción, luego de que su madre biológica se enterara de su enfermedad. Esta familia no dudó en hacerse cargo de esta pequeña y asumir la enorme responsabilidad que significaba cuidar a una niña "piel de cristal o mariposa".

Alejandra no podrá correr, ni tomar sol, ni bañarse como lo hacemos nosotros, ni revolcarse en el césped, ni usar ropas ajustadas, ni rascarse, ni refregarse los ojos, ni cruzarse de piernas, ni recibir un fuerte abrazo, ni tantas cosas que para nosotros son "normales", cotidianas, del día a día.

La enfermedad piel de cristal o piel de mariposa es, como el nombre lo indica, una piel super frágil, donde al menor roce se ampolla o traumatiza.

Alejandra necesita muchos, muchísimos cuidados. Necesita cremas muy caras, shampú especial, cambios de pañales con mayor asuidad.

Por suerte, Alejandra está en buenas manos. Por suerte, su historia llegó al corazón de Claudia. Por suerte, Claudia lo expandió al corazón de todos los que con ella trabajamos . Por suerte, Alejandra ya es parte de nuestra familia de días hábiles a partir de hoy.

Mi reflexión final es que tengamos conciencia plena de todo lo que nos rodea. No nos olvidemos de las cosas que parecen tan sencillas y que están al alcance de nuestras manos. Cada una de esas cosas son una bendición. No olvidemos agradecer por ellas. Porque nadie está libre de nada. Nadie está libre de un día despertar sin techo, sin comida, sin agua, sin ropa, sin un abrazo, sin sol.

domingo, 27 de setiembre de 2009

FELIZ NO CUMPLEAÑOS


Mujer, hija, nieta, sobrina, amiga, compañera, novia, esposa, nuera, cuñada, madre, madrina, tía. Eterna aprendiz de ser-humano. Eso soy. Y gracias a vos.

Has sido quien me ha engendrado y de quien he aprendido cada uno de mis roles. Mi ejemplo de vida, mi modelo a seguir, mi guía constante y precisa en esta ruta que trazo con cada paso que doy en mi camino.

Tu Luz me llena, me conmueve, me garantiza la firmeza de mi andar, me da paz. Y también a veces me abandona, porque dejás que yo misma resuelva las situaciones sin tu ayuda, pero sé que siempre me estás observando desde algún rinconcito, siempre alerta para extender tu mano si así lo precisara.

Trato de ser la madre que me enseñaste, el ejemplo que me diste. No sé si lo logro (muchísimas veces dudo de ello), pero también sé que en cada gesto de amor de mis hijos está tu sonrisa de aprobación presente.

Me has ayudado a superar los duros golpes de mi vida. Estuviste a mi lado casi en cada uno de ellos dándome tu apoyo, tus mimos, tus caricias. Secando mis lágrimas y riendo a mi lado, aún hasta dándome permiso para que definiera por tu vida, para que la decisión que tomara no fuera una carga para mi.

Y sí, luego viví mi propia enfermedad y supe que no estabas porque no hubieras tolerado verme así. Dios no hace las cosas porque sí. Pero también sé que me mandaste un Angel para que velara por mi en cada instante duro que tendría que pasar. Y lo pasé. Y también sé que esto te llenó de orgullo.

Cada uno de esos momentos vividos han dejado en mi estelas que se expanden para poder darle a otros al menos una palabra de aliento.

También este es mi legado. Vos, que vivías con ese amor interior tan grande, siempre al servicio del otro, siendo la guía de tanta gente. Lejos estoy de ser lo que eras. Sé que tengo mi propio andar. Pero tu fuerza, amor y pasión la siento presente en mi de forma permanente.

Mamá, muchas veces quisiera que estuvieras a mi lado. Hoy me encantaría cantarte junto a tus nietos "que los cumplas feliz". Que soplaran las velitas los tres. Ver tu amplia sonrisa junto a ellos. Llenarte de besos y abrazos. Reir todos juntos.

Ya no hay torta ni velitas. No hay canción ni festejos. No hay regalos ni sorpesas. Solo queda el sentimiento triste de no tenerte conjugado con la tranquilidad de que nada te duele, nada te molesta, de que ya estás bien. Donde sea que estés. Hoy sería tu cumpleaños (y aunque no estés no voy a decir tu edad para que sigas conservando tu eterna elegancia).
Feliz no cumpleaños entonces, mamá. Así te quiero, siempre feliz. Como te conocí y te conoció el mundo. Con tu sonrisa permanente. Así sé que estás.

Mi regalo para vos es vivir cada día de mi vida con pasión, amor y mi trabajo interior constante e incansable que me llena de fuerzas para continuar. Así me lo enseñanste. Así será.

Gracias por darme la vida. Gracias por estar siempre presente en ella. Gracias por ser mi mamá.

viernes, 25 de setiembre de 2009

NOCHE DE TESOROS


Es semana de vacaciones de primavera y, si bien los niños de casa están felices de que hayan llegado, no es fácil complacerlos en estos días.
Aún el tiempo está frío como para que jueguen tanto rato afuera. Es cierto que el sol ya empieza a calentar un poco más que hace apenas unas semanas atrás, lo cual permite que se salgan y se oxigenen un poco, más que nada en horas del mediodía; pero después no sólo se aburren de andar en sus bicicletas y patinetas sino que ya es hora de ponerse una camperita o entrar. Generalmente terminan optando por lo segundo.
Uno a la computadora. Otro al playstation. La tecnología ayuda, no hay dudas, pero como madre me entra la culpa de ver a esos niños alienados con los aparatos. Claro, qué ejemplo puedo darles cuando yo hago lo mismo, ¿no?. Mala madre, mala madre, mala madre, me castigo. Se terminó. Hoy decidí que el día fuera diferente. Bueno, al menos la noche.
Aprovechando que mi marido no volvería hasta tarde, empezamos la fiesta. Primero fuimos a comprar unos pegotines nuevos para las bicicletas. Aunque parezca algo muy banal, tiene su explicación para que resulte atractivo.
Salimos de casa y enfilaron para el auto. “No niños, hoy vamos caminando”. Increíble aventura traspasar las rejas que amurallan nuestro hogar y caminar una cuadra por el barrio. Iban contentos, felices, ¡libres!. Llegamos a la bicicletería y tuvieron durante 5 minutos al pobre hombre que paró su trabajo de reparación de pinchaduras para atender a mis lindos solcitos. Miraron los stickers, eligieron, se arrepintieron y volvieron a elegir. Pagaron (cada uno llevaba su propio dinero) y volvimos a casa por el mismo camino que habíamos trazado a la ida.
Apenas entraron corrieron hacia sus bicis a pegarles sus nuevas adquisiciones y después a andar en ellas. Seguro que rodaban mejor con los nuevos calcos. ¡Habían quedado super!
Luego de jugar un rato, volvimos a salir. Esta vez a la peluquería a hacer los cortes típicos de vacaciones para que el lunes vuelvan prolijos a la escuela.
Ya cansada de las dos míseras cuadras que caminamos, decidí que iríamos en el auto. Caminar 10 cuadras más (en total, de ida y vuelta), no estaba en mis planes del día.
Por suerte cuando llegamos no había nadie, así que en menos de media hora ya estábamos rumbo a casa y de pelos cortos. Quedaron preciosos y, lo que es muchísimo mejor, conformes.
Ya casi era hora de cenar, por lo tanto pedimos empanadas que demoraron apenas una media hora en traer. Mientras tanto, cada uno volvió a sus aparatos electrónicos.
Lo bueno es que mantenemos ciertas tradiciones. Es por eso que una vez que la cena llegó, nos sentamos los tres a comer y a compartir una linda charla donde el humor como siempre fue abundante, gracias al menor de la familia.
La cena transcurrió sin discusiones y con una motivación, lo cual hizo que los platos se vaciaran más rápido que lo normal: se venía la búsqueda del tesoro.
Dibujé un mapa de la casa y marqué ciertos puntos en dorado, identificados con distintos símbolos. En cada punto había una pista que los llevaba a la siguiente, no sin antes cumplir una prenda para poder acceder. Las mismas consistían en lavarse los dientes, levantar los platos de la mesa, ponerse el pijama, razonamientos lógicos y bailar. Si lograban pasarlas, debían avanzar hasta la siguiente de un modo especial (en un pie, en cuatro patas, cangrejo, una mano en la cabeza y la otra en la cola del compañero, etc), hasta llegar a la última que los llevaría al GRAN TESORO, dos Super Push Pop (chupetines triples, hablando en español).
Se divirtieron enormemente, haciendo lo que hacen todos los días pero con un desafío por cumplir, además de bailar al ritmo de Daddy Yankee y su “Llamado de emergencia” o de jugar al cine mudo para conseguir su siguiente pista.
Ya con los super chupetines en su poder, me invitaron a ver una película: Open Season. Nos acurrucamos los tres en la cama grande, apagamos las luces y nos pusimos a mirar al oso y al alce de un solo cuerno hacer sus locuras por el bosque.
Al terminar, cada uno se fue a su cuarto, los arropé y nos dimos el beso y abrazo de buenas noches.
Hoy se fueron a dormir sin pelear, sin rezongar, sin gritar. Hoy se durmieron plenos de felicidad.
Y todo porque logramos salir un rato de la tecnología y disfrutar de mimos, juegos y diversión.
Ojalá volvamos a repetirla. Con vacaciones o sin ellas. Seguro que ellos lo recuerdan. Generalmente somos los adultos que nos olvidamos pronto de todo esto.

miércoles, 23 de setiembre de 2009

ALAS AL VIENTO


Pies para que los quiero si tengo alas para volar?
Frida Kalho


Es difícil cuando se conjugan tantas emociones dentro nuestro.
Saber qué está bien o qué está mal.
Saber usar la culpa como herramienta de nuestra conciencia y no como una malvada villana que nos acecha y atormenta, alimentándose de nuestro ego.
Es difícil ser positivo en un mundo lleno de pesimismo y cargar nuestra mente de asuntos bellos, en vez de hacer de nuestros pensamientos una procesión y vivir con el dolor que nos destruye poco a poco.
Es difícil vivir siempre en el amor en un mundo donde el odio libra una batalla permanente contra éste.
Es difícil sentirse vivo cuando lo que nos rodea parece estar tan muerto.
Y aún mucho más difícil es no dejarse vencer en el intento de lograrlo, no caer, no sentirse derrotado, abandonado, perdido.
Es nuestra ardua tarea sacar fuerzas de donde sea.
De nuestros amigos, que estarán allí siempre para brindarnos su mano firme, segura y desinteresada. Para escucharnos, para entendernos o contenernos.
De nuestros ancestros, que lucharon en medio de las peores guerras y sobrevivieron.
De nuestra pareja quien la tenga, que aunque muchas veces los problemas parezcan superar los idilios, permanecen allí, a nuestro lado, a pesar de los pesares.
De nuestros hijos, que nos aman por encima de todo. Que nos regalan sus lágrimas para consolarlos o sus sonrisas para deleitarnos.
O de aquel con el que "de casualidad" nos cruzamos y, sin embargo, nos brinda quizás la palabra justa en el momento perfecto.
Pero principalmente, saquemos fuerza de nosotros mismos.
Disfrutemos y vivamos el día a día, realmente como si no nos quedara otro instante por vivir.
Disfrutemos de nuestras emociones, porque son las que nos recuerdan que estamos vivos.
Aprendamos a vivir en y desde el amor por cada acción que llevemos a cabo.
El presente es ahora, es este preciso momento. No nos aferremos al pasado ni dibujemos un futuro. Creemos el mundo ahora, este es el instante al que pertenecemos. Creemos nuestro propio Universo.
Agradezcamos por cada día que hemos respirado el aliento de esta tierra y de todo lo que habita en ella.
Sonriamos al mundo, a nuestro mundo interior, para poder regalar sonrisas a todo el resto.
Animémonos, tomemos riesgos y aprendamos a volar.
Emprendamos el vuelo fantástico de la vida sin temor a desplegar nuestras alas al viento.

martes, 15 de setiembre de 2009

¿ORDEN U OBSESION?


No podía concentrarme en la conversación que estábamos teniendo mi primo y yo. Mientras me hablaba, trataba de llevar un pedacito de su tarta de manzana a la cuchara, sin éxito. El utensilio (y es así, sin ll, ya hace tiempo que me saqué la duda consultando la RAE) iba y venía en el plato, empujando el pedacito de tarta de un lado para el otro, pero nunca llegaba a destino. A él parecía no importarle, sin embargo para mi ya se había transformado en una obsesión. Tuve que interrumpirlo y pedirle que si no podía empujara con el dedo pero que por favor pusiera ese pedacito de alimento donde iba, porque sino lo iba a terminar haciendo yo. Se empezó a reír. No tanto por lo que acababa de decirle, sino porque unos minutos antes me había estado observando y se había percatado que una vez que terminaba de tomar algo tenía su misma costumbre, limpiar el borde del vaso con mis dedos. Ese día nos dimos cuenta que somos obsesivos.

No sé si es tanto obsesión o simplemente orden, hacer que todo esté prolijo y en donde tiene que estar, pero lo cierto es que somos un poquito más histéricos que la normalidad de gente que nos ronda.
No voy a hablar de sus asuntos, a eso lo dejo a él que sabe hacerlo muy bien también. Pero entre los míos se encuentra por ejemplo la costumbre de tener un lugar exacto para cada cosa.
Los adornos en el mueble del living, los perfumes en mi cómoda, las porquerías que tengo sobre la mesada del baño. Todo tiene que estar en su exacto lugar, y esto a veces se transforma en una lucha callada pero eterna con mi prima que ordena mi casa a su gusto y yo luego vuelvo todo a su lugar de origen.
¡Los libros! Todos están ordenados por tema en la biblioteca. Todos con sus lomos visibles y para el mismo lado (detesto los que vienen con el lomo para el otro lado pues hace que los tenga que poner al revés en el estante).
La ropa también no sólo tiene que estar doblada de una manera especial, sino que a su vez está ordenada por tipo: musculosas, remeras de manga corta, manga tres cuartos, manga larga, buzos de lana, pantalones, todo doblado en diferentes pilas. Y la colgada también: primero las polleras (faldas), luego los vestidos, las camisas, los trajes, las camperas, los tapados más largos.
Los zapatos están en cajas, todas con nombre y, si no es así, por tipo también: en una caja grande los que no tienen talón y en otras los que sí. Los deportivos con los deportivos y los de vestir con los de vestir.
Las facturas pagas descansan en un cajón por un par de meses (y esto sucede únicamente por falta de tiempo) y luego un día terminan todas en un biblorato con separaciones de colores bien destacados por empresa.
Los colgantes, las pulseras, los anillos, los relojes. Todo tiene su cajita y su lugar.
En el trabajo soy igual. Todos los papeles en orden y el material de trabajo separado. Cuando trabajaba en la oficina, mis cajones parecían más cajones de exhibición de materiales de oficina que de un trabajador.

Me pregunto cuándo fui que me puse tan histéricamente ordenada, porque recuerdo mis años de juventud donde todo quedaba donde caía. Y por supuesto nunca sabía dónde estaba nada. Pero no me importaba.
Tal vez la falta de tiempo es que hace que tenga todo así, tan prolijito, cosa de ir rápidamente por lo que quiero sin tener que perder minutos buscando.
Podría decir que mi vida está en orden.
Pero hay una trampa.
Es sólo la que se ve.
La otra, la que sólo veo yo y algunos pocos … privilegiados?, tiene matices, altibajos, idas y venidas.
Esa no es tan fácil de controlar.
Y tal vez este sea otro de los motivos por el que mantengo lo de afuera tan ordenadito. Porque lo de adentro es pura revolución.
Lo más cómico es que me gusta ser así, desordenada por dentro, porque es un desafío diario, un encuentro eterno con mi ser, un descubrimiento y una aventura.

Así que podría concluir diciendo que mientras tenga vida tendré desafíos, encuentros y desencuentros, búsquedas y hallazgos, orden y caos.
Mientras tenga vida tendré asegurado el eterno encanto de la seducción por aquellas cosas en las que creo con pasión que me brindarán ese orden interior.
Lo cierto es que mientras tenga vida, viviré persiguiendo mi obsesión.