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miércoles, 4 de noviembre de 2009

EL ABUELO PANCHO



- ¡No vas a creer la noticia que te traemos, viejito! - le dijo Agustín a su abuelo, mientras Betina acomodaba las rosas en el jarrón.

Por suerte siempre llevaban alguna flor que quitaba ese olor a moho insoportable que había en el ambiente. No entendía cómo podía alguien vivir allí. Claro, si es que a eso se le podía llamar vivir.

- Vení Betina, quiero que estés a mi lado para esto - le dijo Agustín, mientras le estiraba la mano para que se sentara a su lado.

Betina no tenía mucho cariño por el abuelo Pancho. A decir verdad, no tenía nada de cariño por él. Cuando lo conoció ya estaba así, como un vegetal, sentado en esa silla vaya a uno a saber desde hacía cuánto tiempo, con sus ojos tristes, con oídos sordos, una cabeza casi pelada, apenas adornada por unos pocos pelos blancos, y su vejez completamente encima. No entendía por qué Agustín insistía tanto en ir a visitar a ese viejo todas las semanas, que más que una persona parecía una planta, pero así y todo, de vez en cuando si él se lo pedía, lo acompañaba.
No era que ella fuera insensible, pero realmente el viejo no le inspiraba ternura alguna. Sin embargo, Agustín hablaba maravillas de él, de cuando estaba bien, de cuando lo cuidaba de pequeño, de las idas a pescar juntos, en fin, de su abuelo con vitalidad. Podía respetar el cariño que su novio sentía por su antecesor, pero no había forma que ella generara al menos simpatía por él. Más bien que hasta le daba un poco de miedo verlo con esa mirada tan perdida y encima con una verruga tan grande en la cara. El pobre hombre no sólo era viejo, sino que la vida había hecho de él un tipo físicamente desagradable.

Betina se acercó a Agustín y se sentó a su lado, frente al viejo. Miró al abuelo un instante, que ni si inmutó de su presencia. Volvió su mirada hacia Agustín, levantó las cejas y apenas si sonrió diciendo: -Bueno, ¿se lo decís pronto así nos vamos? -.
Agustín sabía que Betina no se sentía nada cómoda allí. De todas formas, ese día para él era especial y le molestó un poco la actitud de su prometida.

- ¿Tan apurada estás? - le dijo, con un tono un poco irónico.

- ¡Ay, Agustín! Ya sabés lo que me incomoda estar acá. Además- dijo, bajando un poco la voz, aunque estaba segura que no era necesario pues el viejo estaba en otro mundo hacía rato -no sé para que insistís tanto, si ya no entiende ni escucha nada. Terminala de una vez y salgamos pronto de acá, por favor.
Agustín sabía que en el fondo Betina tenía razón. El viejo Pancho ya no era su abuelo, el abuelo que él conoció. Se había transformado en un ser completamente diferente. A no ser porque se meaba y cagaba encima, daría para pensar que el hombre estaba muerto hacía rato. Al final de cuentas, Betina estaba en lo cierto. Ya no tenía mucho sentido ir a visitarlo. Tal vez, esta nueva decisión en su vida traería consigo el desprendimiento final de su abuelo. Cerrar una etapa para comenzar otra. Dejar atrás su pasado y abrirse camino hacia un nuevo ser.

Respiró profundo, tomó entre sus manos la mano de piel frágil y huesuda de su abuelo. Lo miró directo a los ojos, sin encontrar respuesta alguna. Largó el aire con desilusión pero aún así le dijo:
- Abuelo querido, hoy vinimos a decirte que Betina y yo decidimos formar una familia. En una semana nos casamos. Sé que no me podés escuchar, pero estoy seguro que te sentirías muy orgulloso de mi, de ver que todo lo que me explicaste ... - Agustín no pudo continuar. Miraba a su abuelo, que seguía con la mirada perdida y se dio cuenta que todas sus palabras serían en vano.

Se levantó, besó la frente del viejo, tomó a Betina de la mano y salió de la habitación, no sin antes mirar atrás y decir sus últimas palabras: - Gracias abuelo por todo. Te veré del otro lado, donde seguro ya estás.-
Cerró la puerta y caminó con su prometida por el pasillo de ese viejo hospital, seguro de que la próxima vez que lo pisaría sería para enterrar el cuerpo de su querido abuelo, pues ese día entendió que Pancho no habitaba más allí.

En la habitación quedó el viejo solo, en la misma pose de siempre, con sus ojos tristes y mirada perdida, con la verruga que se destacaba en su mejilla izquierda. Pero con la diferencia que esta vez un par de lágrimas habían comenzado a recorrer los muy marcados surcos de su cara.

7 comentarios:

  1. ¡Cuántas veces creemos que los viejos no nos oyen o no entienden nada...!Esas lágrimas dicen mucho más que las palabras.

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  2. Conmovedor Mage, la descripcion de los personajes me encanto. Los pude ver.

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  3. ¡fELICITACIONES, MAGE! MI ABUELA ESTUVO VARIOS MESES EN ESTADO VEGETATIVO, Y EL MÉDICO NOS ADVIRTIÓ QUE NO HABLÁRAMOS NADA NEGATIVO DELANTE DE ELLA, PORQUE NUNCA PODÍA SABERSE CÓMO ACTUABA LA MENTE. Y ASÍ FUE. UN DÍA MI PRIMA LE PIDIÓ A MI ABUELA QUE SI PODÍA ESCUCHARNOS CERRARA LOS OJOS UNA VEZ, Y PARA SORPRESA NUESTRA, LOS CERRÓ. A PARTIR DE AHÍ, NOS COMUNICÁBAMOS CON EL SÍ Y EL NO. SÍ CIERRA LOS OJOS, NO, CIERRA DOS VECES CONSECUTIVAS LOS MISMOS. ES ADMIRABLE. BESOS. ADRIANA DE TRINIDAD

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  4. CASI ME PONGO A LLORAR...
    SIN LUGAR A DUDAS...DESDE EL FETO RECIEN FORMADO, HASTA EL SUJETO MAS EN COMA...RECIBEN TODO LO QUE LES COMUNICAMOS...Y LO QUE NO TAMBIEN...Y SI NO ES SU CONCIENCIA...ES SU INCONCIENCIA

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  5. Ayyy como me emocionó... mi papá es bien mayor y tantas veces lo veo frágil que no quiero preocuparlo con mis cosas... y siempre que lo hago me sorprende con la respuesta justa! hay, también, belleza en la vejez, la belleza de toda una vida ya cultivada.

    QUE HERMOSO CUENTO...

    Lizi

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  6. Gracias por los comentarios. Gracias por leerme, por dedicarme unos minutos. Por ahora, este es el único medio que tengo para acercarles esto que me apasiona tanto: escribir.
    Es un descubrirme continuo, de mi sentir, de mi creatividad. Nunca me consideré una persona creativa, hasta que un día escribí un cuento. Luego, gracias a mis talleres, he encontrado formas increibles de volar mi imaginación.
    Para ser sinceros a veces hasta yo me asombro de lo que escribo. No porque considere que sea bueno. A veces ni siquiera lo es. Sino porque cuando escribo siento que me salgo de mi o, mejor dicho, uso mi otra parte del cerebro, esa que generalmente está en desuso. Y no se imaginan la sensación extraña que es ser racional de un momento de creatividad. Es como que "observo" ese proceso creativo. Y es muy gratificante.
    Por eso me hace sentir muy bien también poder compartir ese momento con ustedes. Así que nuevamente gracias por estar siempre visitando mi blog y leyéndome.
    Besos a todos.

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  7. Pobrecito, lo vi ahi sentado sufriendo su soledad y su dolor. Enterre a dos abuelas enfermas y los finales de esas mujeres tan vitales fueron crueles. La vejez deteriorada es cruel y lo peor es como nos comportamos frente a esa situación. No les duele las escaras, no les duelen las venas, les duele la soledad, la indiferencia la poca paciencia, la falta de cariño. Por supuesto que entienden, todo entienden , todo sienten, hasta después que dejan su cuerpo, siguen escuchandonos.
    Me resultó real , con la cuota de tristeza y dulzura necesaria. besos

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