miércoles, 2 de febrero de 2011

A LOS PIES DEL EDEN


La brisa se siente fuerte
en las colinas marcadas
de la anatomía perfecta
de tu unión con la mía.

Las ramas se agitan
intentando imitar
nuestro movimiento.

Las hojas aplauden
cuando finalmente
nos volvemos uno.

Morimos,
y renacemos.

La naturaleza
es nuestra,
y el sol brillante
se transforma en lluvia
para bendecir el encuentro.

Desnudos
bailamos,
reimos,
gozamos,
y, juntos,
agradecemos al cielo.

El recuerdo se impregna
en la piel,
en el alma,
en este amor único,
perfecto,
nuestro
y eterno.