domingo, 13 de diciembre de 2009

MATILDE Y MARIANA


Matilde y Mariana eran dos jóvenes muy diferentes. Y no tanto. Habían nacido en familias con culturas distintas, fueron criadas bajo reglas diferentes y educadas en colegios con diferentes religiones. Pero aún así las unían muchas cosas en común. Cosas tal vez sin importancia para tantos otros, cosas sencillas, cotidianas, como fumar la misma marca de cigarrillos, comprarse carteras iguales y sorprenderse al verlas, intentar hablar en el mismo instante para decir la misma cosa y reírse a carcajadas de ello, ser mujeres emprendedoras, por donde se las mirase, ser seductoras de cuerpo y mente y -aún más importante- dejarse seducir por el intelecto.

Todo eso, entre tantas otras cosas.

Y es probable que esos hayan sido factores más que suficientes para que entablaran una amistad, para que se quisieran con todo el corazón y para que, a pesar del tiempo y la distancia, sigan sintiendo lo mismo hasta hoy.
Porque resulta ser que algunos meses después de tan intensa amistad Matilde decidió ir tras sus raíces, en busca de un sueño, de un futuro, de un descubrimiento de sí misma y de un amor que ni siquiera ella imaginó iba a encontrar. Decidió salir en busca de su ser mujer, dejando atrás a sus padres y hermano -que no tardaron en unírsele- y a sus amigos, algunos que sabía no volvería a saber de ellos y a otros que miles de kilómetros no serían capaz de separar. Entre ellos, estaba Mariana, que lloró su partida como si una parte de ella también se fuera en ese avión. Y pensándolo bien, probablemente fue así.
Mariana continuó su vida aquí y Matilde allá.
Mariana se casó con el hombre que Matilde había conocido, aunque el tiempo hizo que éste cambiara tanto -no sólo físicamente, claro- que con seguridad Matilde no lo reconocería.
Matilde se casó con ese amor que conoció y la hizo tan feliz.
Ambas tuvieron dos hijos. Por supuesto que cuando Matilde llamó a Mariana para contarle de su primer embarazo, Mariana estaba embarazada.
Ambas, cada cual en su país, salió adelante, triunfó, cayó y se levantó. Quizás hoy ninguna se siente completamente realizada. Ambas tienen sueños que han quedado en el camino y otros que se vislumbran en el futuro, pero las dos saben que eso mismo hace que la vida valga la pena vivirla.
Hace unos años se reencontraron en lo que yo llamaría "país neutral". Matilde fue al casamiento de un amigo e invitó a Mariana a pasar un par de días con ella. Mariana no quiso perder la oportunidad.
Luego del abrazo apretado, los dos días transcurrieron como si nunca se hubieran separado. Hablaron horas, tomaron café en un shopping luego de hacer varias compras y disfrutaron de las instalaciones del hotel. Fueron dos días cargados de emociones y sensaciones, de esos que uno no se arrepiente de vivir.
El tiempo siguió su paso y a pesar de la lejanía, de vivir en continentes diferentes, de criar a sus hijos en distintas culturas, una vez más encontraron un punto de contacto: la escritura.
Matilde y Mariana son dos mujeres que aman vivir. Que saben vivir. Que sienten, que sufren, que lloran, que ríen, que sueñan. Dos mujeres distintas pero con muchas cosas en común. Cosas sin importancia, cosas cotidianas, cosas sencillas, pero que hoy al leerse pueden seguir descubriéndose, día tras día.

Matilde y Mariana son amigas que saben que un "hasta siempre" es algo que se dice, pero que también es algo que se puede cumplir.

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