martes, 15 de setiembre de 2009

¿ORDEN U OBSESION?


No podía concentrarme en la conversación que estábamos teniendo mi primo y yo. Mientras me hablaba, trataba de llevar un pedacito de su tarta de manzana a la cuchara, sin éxito. El utensilio (y es así, sin ll, ya hace tiempo que me saqué la duda consultando la RAE) iba y venía en el plato, empujando el pedacito de tarta de un lado para el otro, pero nunca llegaba a destino. A él parecía no importarle, sin embargo para mi ya se había transformado en una obsesión. Tuve que interrumpirlo y pedirle que si no podía empujara con el dedo pero que por favor pusiera ese pedacito de alimento donde iba, porque sino lo iba a terminar haciendo yo. Se empezó a reír. No tanto por lo que acababa de decirle, sino porque unos minutos antes me había estado observando y se había percatado que una vez que terminaba de tomar algo tenía su misma costumbre, limpiar el borde del vaso con mis dedos. Ese día nos dimos cuenta que somos obsesivos.

No sé si es tanto obsesión o simplemente orden, hacer que todo esté prolijo y en donde tiene que estar, pero lo cierto es que somos un poquito más histéricos que la normalidad de gente que nos ronda.
No voy a hablar de sus asuntos, a eso lo dejo a él que sabe hacerlo muy bien también. Pero entre los míos se encuentra por ejemplo la costumbre de tener un lugar exacto para cada cosa.
Los adornos en el mueble del living, los perfumes en mi cómoda, las porquerías que tengo sobre la mesada del baño. Todo tiene que estar en su exacto lugar, y esto a veces se transforma en una lucha callada pero eterna con mi prima que ordena mi casa a su gusto y yo luego vuelvo todo a su lugar de origen.
¡Los libros! Todos están ordenados por tema en la biblioteca. Todos con sus lomos visibles y para el mismo lado (detesto los que vienen con el lomo para el otro lado pues hace que los tenga que poner al revés en el estante).
La ropa también no sólo tiene que estar doblada de una manera especial, sino que a su vez está ordenada por tipo: musculosas, remeras de manga corta, manga tres cuartos, manga larga, buzos de lana, pantalones, todo doblado en diferentes pilas. Y la colgada también: primero las polleras (faldas), luego los vestidos, las camisas, los trajes, las camperas, los tapados más largos.
Los zapatos están en cajas, todas con nombre y, si no es así, por tipo también: en una caja grande los que no tienen talón y en otras los que sí. Los deportivos con los deportivos y los de vestir con los de vestir.
Las facturas pagas descansan en un cajón por un par de meses (y esto sucede únicamente por falta de tiempo) y luego un día terminan todas en un biblorato con separaciones de colores bien destacados por empresa.
Los colgantes, las pulseras, los anillos, los relojes. Todo tiene su cajita y su lugar.
En el trabajo soy igual. Todos los papeles en orden y el material de trabajo separado. Cuando trabajaba en la oficina, mis cajones parecían más cajones de exhibición de materiales de oficina que de un trabajador.

Me pregunto cuándo fui que me puse tan histéricamente ordenada, porque recuerdo mis años de juventud donde todo quedaba donde caía. Y por supuesto nunca sabía dónde estaba nada. Pero no me importaba.
Tal vez la falta de tiempo es que hace que tenga todo así, tan prolijito, cosa de ir rápidamente por lo que quiero sin tener que perder minutos buscando.
Podría decir que mi vida está en orden.
Pero hay una trampa.
Es sólo la que se ve.
La otra, la que sólo veo yo y algunos pocos … privilegiados?, tiene matices, altibajos, idas y venidas.
Esa no es tan fácil de controlar.
Y tal vez este sea otro de los motivos por el que mantengo lo de afuera tan ordenadito. Porque lo de adentro es pura revolución.
Lo más cómico es que me gusta ser así, desordenada por dentro, porque es un desafío diario, un encuentro eterno con mi ser, un descubrimiento y una aventura.

Así que podría concluir diciendo que mientras tenga vida tendré desafíos, encuentros y desencuentros, búsquedas y hallazgos, orden y caos.
Mientras tenga vida tendré asegurado el eterno encanto de la seducción por aquellas cosas en las que creo con pasión que me brindarán ese orden interior.
Lo cierto es que mientras tenga vida, viviré persiguiendo mi obsesión.

1 comentario:

  1. Por mi cuenta, yo soy un ser kaósmico: me gusta vivir en un kaos ordenado jejeje para poder volver a empezar una y otra vez. El Frontisterión (que es el lugar en donde habito) tiene paredes ultraordenadas y simétricas y paredes desordenadas y asimétricas, y para rematar: mi cuarto es un torbellino de creatividad caótica donde hasta los muebles rotan de lugar con cierto impreciso tiempo. Sigue escribiendo Mage :D

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