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martes, 2 de marzo de 2010

NOCHES MAGICAS


Volví por la Rambla de Montevideo, escuchando buena música en una hermosa noche de verano, como hacía días no teníamos. En la radio sonaba una balada brasilera, de esas lindas, suaves y que llegan al corazón. Manejaba tranquila, sin prisa, disfrutando del aire que entraba por la ventanilla. Una luna enorme me acompañó todo el trayecto, reflejándose en el mar.

Acababa de vivir una noche intensa, emotiva, de esas que se me eriza la piel, el alma. Que me calan hasta lo más profundo de mi corazón y movilizan cada fibra de mi ser. Una noche donde sentí que otra vez las puertas de mi casa se abrían para recibirme, con un amor fraternal imposible de explicar. Con sonrisas y abrazos que se sienten profundamente.

Una noche donde el homenajeado no estaba físicamente entre nosotros, sin embargo, su presencia se hacía firme y constante. Alguien a quien por otras circunstancias tuve el gusto de conocer y quien controló durante 9 meses que mi hijo mayor pudiera llegar a este mundo como llegó. Alguien quien también por otros motivos (pero estoy segura que no por casualidad) hoy resulta ser tan importante en mi diario vivir.

Me encantan este tipo de noches, donde la luna se enciende, se refleja en el mar y luego juega a las escondidas entre los árboles.

Me encantan este tipo de noches donde el amor se siente en cada gesto, acción, palabra o pensamiento que nos rodea.

Me encanta reencontrarme con personas que amo profundamente.

Hace un mes fui a una conferencia donde me explicaron un concepto que me pareció tan interesante como real. Hoy, de unos labios sabios, lo volví a escuchar. En la conferencia, nos pidieron que nos reuniéramos en pequeños grupos y habláramos sobre qué es lo que buscamos en este mundo. Las palabras claves fueron: amor, felicidad, paz, entre otras. El Rav conferencista explicó que todos estos conceptos se repiten en cada encuentro que él tiene, sin importar el lugar del mundo en el que esté. Y explicó además que si buscamos amor, paz, felicidad, es porque sabemos de lo que estamos hablando. No podríamos buscar algo que no conocemos. En nuestra esencia, sabemos de qué se tratan. Por eso, volvemos a ir tras ellos. Porque dentro nuestro sabemos lo que significa tener amor, paz, felicidad.

Lo que más me gusta de estas noches, es todo lo que me hacen pensar, recapacitar y crecer. Agradecida estoy de tenerlas. No sólo a las noches, sino a quienes hacen de ellas, como la luna en el mar, la luz que cada día se enciende e ilumina mi camino para que pueda andarlo sin temor a caer.

2 comentarios:

  1. Y por todo lo que decís, a mi me parece que esas son el tipo de noches que son eternas. Besos.

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  2. Qué lnda noche has tenido, me alegro por vos!
    (necesito una con urgencia)

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