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jueves, 22 de abril de 2010

EL TAXISTA Y LA DAMA



Blanca corría en su casa de un lado para el otro. Segunda semana de trabajo y ya iba a llegar tarde. ¡Con todo lo que le había costado conseguir ese puesto! No tanto por la competencia sino por su audacia, porque de hecho no había visto a ninguna de las chicas que se habían presentado ya que ella había llegado a la reunión dos horas más tarde y, muy suelta ella pero segura de sí misma, le dijo al dueño de la compañía: - Sé que es tarde, pero le puedo asegurar que si me da la oportunidad de entrevistarme, no se va a arrepentir.
No sabía si esa frase había conquistado a su empleador o su curriculum, pero el hecho es que hacía dos semanas ya que trabajaba como encargada de una de las zapaterías más importantes del país.

Si bien ya de arranque se sabía que no era de las chicas puntuales, no se podía dar el lujo de que esto volviera a suceder a tan solo dos semanas de haber conseguido el puesto y, sin embargo, parecía que esa mañana el reloj movía sus manecillas más rápido que nunca. Se dio una última mirada en el espejo. El maquillaje estaba en su justa medida. Se dio el último retoque en el pelo con un poco de spray para arreglar el batido que el día anterior le había hecho su prima, la peluquera. Se acomodó el alfiler de su pollera kilt y decidió pasarle un cepillo rápido a sus botas de caña alta antes de salir. Llegaría tarde, pero Blanca no salía de su casa sin verse bien.

Salió más rápido que volando. Era una bonita mañana de primavera y eso la animó por unos instantes. Apresuró sus pasos primero y luego corrió al ver que el trolebús que la llevaba a destino estaba ya en su parada. Al llegar, este arrancó y la dejó allí, sola, convencida finalmente que no era su día de suerte.

Contó las monedas que tenía en su bolso. Había pagado el alquiler el día anterior y su sueldo aún se haría esperar hasta esa tarde, así que era poco lo que le quedaba dentro de la billetera. Llegaría a tiempo si tomaba un taxi, pero estaba segura que con el dinero que tenía no llegaría a destino. Igualmente tentó a su suerte y decidió que tomaría el primero que pasara. Le pediría al chofer que la dejara unas cuadras antes. Perdido por perdido supuso que así igual ganaría tiempo.
Así que cuando el Mercedes 190 se acercó con su cartel de LIBRE, estiró su mano. El taxista frenó frente a ella y Blanca subió.

- A 18 y Ejido, por favor - El malhumor que llevaba encima para la hora del día en que estaba y la ansiedad por llegar a su trabajo a tiempo hizo que ante la pregunta del taxista de “¿por qué camino prefiere ir?” fuera suficiente para contestar de mal modo: “por el más rápido”.
El taxista poco pareció percibir el estado de Blanca, así que cautivado por su belleza continuó con una conversación trivial:
- Lindos días están haciendo, ¿no?
- Se – contestó Blanca, que no quitaba la mirada del libro que acababa de sacar de su bolso.
- ¿Trabaja por la zona? – continuó el taxista, ignorando el modo en que ella le había contestado.
Blanca levantó la vista, ya un poco fastidiada. ¿Es que el hombre no se daba cuenta que lo que menos quería era conversar?
- Cerca – comentó Blanca, esperando que ese fuera el fin de la conversación. Pero no. El hombre seguía insistiendo.
- Ajá. ¿Dónde trabaja? Si se puede saber… – le preguntó, mirándola por el espejo retrovisor.
- No, no se puede - Blanca comenzó a sentirse un poco incómoda e intimidada.
- Bueno, no se ofenda. Sólo preguntaba por curiosidad. ¿Trabaja muchas horas? – continuó.
- Las suficientes – Blanca miraba el taxímetro avanzar y comenzó a contar sus monedas. Se dio cuenta que ni siquiera podría pagar el destino que le había dicho previamente. Debería bajar un par de cuadras antes

- Si no le molesta, preferiría me dejara en 18 y Tacuarembó – le dijo.
- Molestia ninguna, pero me parece que llegará tarde si no la dejo en su trabajo. La noto un poco nerviosa – bueno, al menos el hombre se había percatado de cómo estaba ella. Al final, no parecía ser tan despistado.
- No se preocupe. Es que debo pasar antes por la farmacia – mintió Blanca
- ¡Ah, pero yo la espero, señorita!
- No, no. ¡No hay necesidad! – respondió Blanca un tanto nerviosa – Vaya que haya mucha gente y pierda pasaje.
- Ya le dije, molestia ninguna. Será un placer llevarla a destino y poder conversar con usted un rato más – no había caso, el hombre insistía con hablar. Blanca sentía que no tenía escapatoria. Pensó y volvió a pensar cómo haría para pagar el viaje, pero no había manera de hacerlo. No encontraba salida. Excepto …
- Mire, la realidad es que estoy con el dinero justo. Si usted me espera no podré pagarle, así que le agradezco mucho pero déjeme aquí – ya habían llegado al lugar indicado y el taxi estaba estacionando cerca del cordón. El taxista cerró el taxímetro y se dio vuelta diciéndole:
- Señorita, le dije que será un placer llevarla a destino. No se preocupe por el resto del viaje. Va por mi cuenta.

Blanca estaba sorprendida pero, qué más daba, así llegaría en hora a su trabajo. Bajó, compró una aspirina (sí, una, no había dinero para más) y volvió al taxi donde el buen hombre la esperaba. Fue así que le dijo que en realidad trabajaba tres cuadras más delante de lo que previamente le había indicado y éste la llevó hasta allí. Blanca le pagó con sus últimas monedas y le agradeció el favor que le había hecho. Había llegado a tiempo para abrir el comercio. Bajó del taxi y comenzó a caminar hacia la puerta del negocio cuando escuchó al taxista llamándola:

-¡Señorita! ¡Olvidó algo!

Blanca se dio vuelta rápidamente y se dirigió a la ventanilla del taxi. Al llegar, el hombre le dijo con una sonrisa:

- Olvidó decirme su nombre y a qué hora sale.

Blanca también sonrió. El hombre era agradable después de todo. Dudó un instante pero finalmente accedió al pedido del taxista que unos segundos después pasó a tener no sólo un rostro sino también un nombre, Gregorio.
....

Fue así como esta historia de amor comenzó. Gregorio (Krikor se llamaba en realidad, pero se traducía en Gregorio) fue a buscarla a la salida del trabajo y, a pesar de sus idas y venidas, de los 11 años que los separaban, de las culturas diferentes de las que venían (ella de padres de campo y él de inmigrantes armenios), a pesar de su carácter dulce y de la tosquedad de él, dos años después se casaron. Y dos años más tarde se convirtieron en papás. Y el tiempo pasó y los años también. Y las miserias llegaron y las riquezas también. Todo fue parte del diario vivir. Las peleas, las reconciliaciones, la crianza de su única hija, los viajes, el arduo trabajo, el dolor, el sufrimiento, la felicidad … todo se hizo presente en los casi 33 años que estuvieron unidos.

Todo eso y tantas cosas más para que hoy, en pleno siglo XXI, con dos nietos aquí y uno allá, yo pueda recordarlos y escribir su historia con todo, pero todo el amor que me supieron dar. Así fue como mis padres se conocieron. Así es como hoy yo estoy acá.


Nota: El 24 de abril se conmemora un nuevo aniversario de la partida de mi papá. En menos de un mes, el 20 de mayo, el de mi mamá. Este es mi homenaje hacia ellos, mi forma de recordarlos, mi forma de amarlos.

7 comentarios:

  1. Mirá de lo que me vengo a enterar ! Linda historia Mage. Besos

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  2. Es emocionante poder plasmar en forma tan bella, historias reales, historias propias. No es la primera vez que lo hacés y lo hacés muy bien. Te felicito, mujer con hormonas.

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  3. Cheeeeeeeee...que buena historia de amorrrrrrrr...fue bastante tensionante leerla, un poco por la "densidad" del taxista, un poco por la "histeria" de la dama, pero al final, no s queda, que si podemos bajar un cambio podamos ver un poquitito más allá, no?
    Y la verdad, que bien la contaste. Es una de esas historias simples, pero que, tocadas por la imaginación y la fantasía te quedan como El gran pez.
    Precioso. Un abrazo.

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  4. Que lindo te quedó contado ese inicio de una tan larga historia...
    Que lindos son los inicios...
    Beso

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. gracias gente. Tiene mucho amor, pensé mucho en mis padres al escribirla, así que gracias por los comentarios :)
    besos para todos

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  7. Impresionante Mage. Seguís sorprendiendo a quienes seguimos tus relatos. Beso grande!

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