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sábado, 17 de abril de 2010

HAY AMORES ...

Una Atenea como tantas


Susy acababa de salir de su clase de Pilates cuando su teléfono móvil sonó. Llovía torrencialmente, así que con la mano que no sostenía el paraguas, entre sapos y culebras que salían de su boca, hurgó con esa mano libre en el bolsillo de su mochila intentando alcanzar la llamada antes de que colgaran. Fue por eso que ni siquiera divisó en el visor quién llamaba, sino que simplemente contestó, arrimándose bajo el alero de un tejado cercano para mojarse lo menos posible.


- ¡Hola! – contestó, con voz apresurada
- Por el sonido exterior creo que no es buen momento para conversar – dijo una voz gruesa y grave del otro lado.


Quedó paralizada. Miró el teléfono tratando de hallar la respuesta que ya sabía. Y sí, era Iván, su ex.


Iván hacía dos años que había decidido darle un nuevo rumbo a su vida. Un rumbo en el cual Susy no estaba incluida. Hacía dos años habían terminado por causas ajenas a ellos. O más bien, causas ajenas a Susy. Iván fue enviado a China por su empresa como gerente de producción de una conocida firma automotriz. Había sido una oportunidad única y, si bien en principio lo dudó, luego decidió emprender el viaje. Tal vez porque Susy también le dio libertad absoluta para hacerlo. Estaba claro que ella no viajaría. Su carrera como administradora de empresas estaba apenas a un semestre de finalizar y su empresa le tenía preparado un puesto como tal. El haber ido también hubiera significado renunciar a sus sueños. No le parecía justo que él lo hiciera, pero tampoco era justo que ella terminara con su futuro profesional. Amaba a Iván, pero también amaba su vida y más aún se amaba a sí misma. Fue una decisión dura de tomar. Debió ser más objetiva y racional que nunca, pero sabía que si el destino les tenía preparado estar juntos, a la larga así sería.
Durante estos dos años mantuvieron contacto, aunque el tiempo también hizo que el mismo se fuera diluyendo y, si bien siempre supieron uno del otro, en los últimos meses apenas un par de correos electrónicos fueron los que trajeron y llevaron noticias de un continente a otro.


Al escuchar la voz de Iván al otro lado del teléfono Susy olvidó en ese instante la lluvia, el viento y el frío que cortaba su rostro. Parecía que el sol hubiera salido, al menos para ella. Es que sentía que había salido en su alma y alumbraba cada célula de su ser.
Iván hacía apenas unas horas que había llegado de China para quedarse y llamaba a Susy para verse ese día. Susy accedió inmediatamente y dos horas más tarde, ya en su casa, sólo esperaba con cierto nerviosismo la llegada de Iván. No iban a salir a ninguna parte. Ningún lugar era digno de recibirlos, de acogerlos con el silencio que ellos pretendían ni con la calidez que tanto añoraban. Su casa sería el recinto que los protegería esa noche de la incesante lluvia que seguía cayendo sobre la ciudad.


Susy se había esmerado en arreglarse. Se puso un jean gastado pero ceñido, unas botas negras de caña alta, un pulóver verde esmeralda que resaltaba sus ojos, y se peinó y maquilló con algo básico, sin exagerar. Sabía que estos dos años marcaban el paso del tiempo en su cuerpo entero, pero tampoco pretendía que Iván encontrara algo que ella no era.
Encendió un par de inciensos vainilla, el aroma favorito de Iván, y unas velas aisladas que le daban calidez a su hogar. Y justo en el momento que puso un CD en el equipo de música, sonó el timbre.


Apresurada salió a su encuentro. Abrió la puerta y de inmediato se fundieron en un abrazo interminable. Las lágrimas brotaron de los ojos de ambos y la sonrisa era un dibujo permanente pintado en sus caras.


No hubo mucho tiempo para charla al principio. Creo que Iván ni siquiera se percató de la esmerada vestimenta de Susy. Las prendas de los dos fueron quedando dispersas por la alfombra del living y la pasión se apoderó de ellos casi de inmediato. Otra vez Susy sintió las manos firmes y rugosas de Iván sobre su cuerpo. Esas caricias que sólo él era capaz de dar. Sintió cómo la electricidad recorría cada fibra de su cuerpo. Cómo se agitaba la respiración de ambos y cómo se entreveraba el aroma de la piel de uno y otro, provocando una fragancia exquisita, perceptible sólo para ellos.
Se amaron desenfrenadamente una y otra vez. Sus cuerpos expresaron lo que hacía tanto tiempo no expresaban: amor. Fue un encuentro lleno de magia y pasión. Un encuentro como los de antes, como los de siempre.


Ya más calmados, sin tanta necesidad de liberar los bajos instintos, pudieron conversar. Iván le contó sobre su experiencia en Beijing, sobre su carrera y sobre su futuro ya aquí, en Uruguay. Iván había terminado su contrato en China y había vuelto para quedarse.
Susy le contó sobre su trabajo, su carrera profesional y su futuro laboral que era bastante prometedor. Lo que Susy no le contó, fue que en tres semanas estaría viajando a Francia para hacer un posgrado por tres años en París.


Y sí, la vida está llena de encuentros y desencuentros. De elecciones. De decisiones. Susy e Iván. Iván y Susy. O Iván. Y despúes Susy. O viceversa. Ya el tiempo diría cuál de estos sería el verdadero final.

2 comentarios:

  1. sabrá Dios que me removió este cuento, que me hizo llorar...
    es lindo leerte cuando cuentas en cuento...
    ;)
    Besos!!!!

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  2. uff si la distancia mas grande no se mide por los kilometros sino por los tiempos..bah..destiempos
    Besos

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